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Una solución mágica para un problema inexistente

Tras la celebración del primer acto de España Ciudadana se discutió mucho sobre si el concepto de «patriotismo» que abanderó esta plataforma con la que Albert Rivera pretende ensanchar su base electoral escondía en realidad una especie de nacionalismo posmoderno. El líder de Ciudadanos adaptó extractos de un discurso de Barack Obama (“yo sólo veo españoles”) y el resultado, como explicó Roger Senserrich en este artículo, no pudo ser más decepcionante.

Pues bien: el pasado sábado, la formación naranja celebró en Málaga el segundo acto de España Ciudadana. Si en el primero habían contado con personalidades como Marta Sánchez y Pedro Aguado, a este asistieron el escritor Mario Vargas Llosa y el deportista Javier Imbroda. En su discurso, Albert Rivera dijo lo siguiente:

«Queremos ir a votar con una ley electoral justa. Eso significa que los votos de los españoles valgan igual. Y eso significa también que los españoles no estén en manos del 0,5 o del 0,7% de partidos nacionalistas que cambian gobiernos, deciden presupuestos y tienen privilegios. Eso se tiene que acabar. […] Les propongo una de las ideas que vamos a poner encima de la mesa. Una ley electoral con listas abiertas, una ley electoral donde los votos valgan igual y una ley electoral donde tengas que tener como mínimo el 3% nacional para poder estar en el Congreso de los Diputados. […] Como han hecho otros países como Alemania, nuestro sistema electoral tiene que proteger la igualdad de los españoles. Nuestro sistema electoral tiene que proteger el interés general. Quien quiera estar en el Congreso, que saque votos suficientes y que piense en todos los españoles».

Lo que define el carácter populista de una receta es que presenta una solución ineficiente, disfrazada de remedio mágico, para resolver problemas mal formulados o directamente inexistentes.

Un problema inexistente: «Los partidos nacionalistas están sobrerrepresentados en el Congreso de los Diputados»

Contrariamente a la percepción de mucha gente, que sostiene que los partidos nacionalistas están sobrerrepresentados en la Cámara Baja de nuestro Parlamento, lo cierto es que el actual sistema electoral español presenta una serie de sesgos (derivados de su creación en un contexto histórico en el que se pretendía evitar una excesiva fragmentación y garantizar la gobernabilidad) que pueden ser objeto de discusión ante una posible reforma electoral, pero ninguno de ellos beneficia a los partidos nacionalistas:

  • Por una parte, existe un sesgo mayoritario (por el tamaño de la circunscripción y la fórmula electoral) que beneficia a los partidos que mayor número de votos consiguen en detrimento de los minoritarios.
  • Por otra parte, existe un sesgo conservador (por el prorrateo y el efecto de varianza) que beneficia a los partidos con mayor implantación en zonas rurales en detrimento de los urbanos.
  • Por último, existe un sesgo de participación (por la interacción entre participación electoral y magnitud del distrito) que beneficia a los partidos con mayor implantación en zonas de baja participación.

Estos sesgos han provocado algunos desequilibrios visibles: en las elecciones generales de 2015, por ejemplo, IU obtuvo solamente 2 escaños pese a sumar casi un millón de votos a nivel nacional, mientras que ERC tradujo sus 600.000 votos en 9 escaños.

De este hecho se pueden inducir tres posibles hipótesis: que IU está infrarrepresentada (a), que ERC (al igual que otros partidos nacionalistas) está sobrerrepresentada (b) o que ambos efectos tienen lugar simultáneamente (c). Para determinar cuál es correcta, un buen método es comparar los escaños obtenidos por cada partido en el sistema actual con los que obtendría en un sistema proporcional puro (en el que todos los votos “valen lo mismo”). El politólogo Lluis Orriols realiza dicha comparación en esta tabla, que arroja las siguientes conclusiones: UCD, PSOE y AP/PP se han visto tradicionalmente beneficiados por los sesgos del sistema electoral frente a las formaciones minoritarias de ámbito nacional, como IU y UPyD, que se han visto perjudicadas. Aquellas minoritarias de implantación autonómica (CiU, PNV, ERC…) no han sido sustancialmente beneficiadas ni perjudicadas por estos sesgos; algo que refuta la idea, implícita en el discurso de Rivera y extendida entre muchos de sus seguidores, de que están sobrerrepresentadas.

La propuesta de una nueva barrera electoral lanzada por Ciudadanos, por tanto, pretende quitar representación a partidos legítimos que ya se encuentran representados en su justa medida bajo una motivación puramente ideológica.

Un problema mal formulado: «Los partidos nacionalistas tienen un peso excesivo en la negociación de políticas y de gobiernos»

Siendo discutible esta afirmación, el discurso mantenido por Ciudadanos sugiere el carácter poco legítimo de una moción de censura (la de Pedro Sánchez) que ha salido adelante con el apoyo de 180 diputados del Congreso que representan a un millón más de votantes que los 169 diputados que la han rechazado. No es cierto que políticas y gobiernos sean determinados por «el 0,5 o el 0,7%».

Por otro lado, la relevancia de los partidos nacionalistas a la hora de negociar políticas y gobiernos no viene condicionada tanto por el sistema electoral como por la dinámica parlamentaria. La dificultad de los partidos mayoritarios para llegar a grandes acuerdos ha concedido en muchas ocasiones a los minoritarios de implantación regional una posición “privilegiada” en diferentes negociaciones que podría revertirse sin necesidad de reformas electorales.

Por último, y quizá como punto más relevante, cabe afear la comparación parcial y simplista que Rivera y muchos de sus simpatizantes hacen con el sistema electoral alemán, donde rige una barrera electoral del 5% a nivel nacional para lograr representación en la Cámara Baja (“Bundestag”). En Alemania, país al que Ciudadanos pone como ejemplo para dotar de solidez a su propuesta, la Cámara Alta (“Bundesrat” o Consejo Federal) tiene un papel fundamental en la política nacional al funcionar como una auténtica cámara territorial, que es lo que en España debería aspirar a ser nuestro Senado. Se trata de una cámara poderosa que decide sobre aspectos muy relevantes y donde los landers (regiones) no se consideran infrarrepresentados.

Como desarrolla este artículo de Pablo Simón y Kiko Llaneras, España se encuentra muy avanzada en la dotación de competencias a sus regiones (self-rule) pero, a diferencia de Alemania, las regiones tienen escaso poder a la hora de participar en decisiones colectivas (shared-rule). Así, nuestro Congreso de los Diputados recoge en la práctica muchas de las atribuciones de una cámara de representación territorial y se convierte en el principal escenario donde los partidos nacionalistas periféricos (principalmente vascos y catalanes) tienen que acudir a negociar sus reivindicaciones. Sin embargo, la propuesta de Ciudadanos respecto al Senado no es su reforma sino su completa eliminación. Por lo tanto, hablar de la implantación en España de una barrera del 3% a nivel nacional para restar influencia a partidos nacionalistas “como en Alemania” es tremendamente tramposo si se obvian el resto de diferencias existentes entre ambos sistemas.

Una solución mágica

Más allá de los argumentos ya expuestos por los que la nueva barrera electoral podría resultar una medida populista, contraria a la proporcionalidad e insensible a las particularidades de nuestro sistema, se trataría además de una solución ineficiente para dar respuesta a las inquietudes planteadas por Ciudadanos. Ineficiente porque las formaciones políticas de cualquier país tienden a adaptarse al sistema electoral en el que concurren para maximizar su representación. Una barrera del 3% a nivel nacional animaría a los partidos de implantación autonómica a cooperar presentándose en coalición a las elecciones. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, en las últimas elecciones europeas, cuando la existencia de una única circunscripción nacional favoreció alianzas como las de PNV y CiU en una misma lista.

Con la distribución de candidaturas y votos de las elecciones generales de 2016 y aplicando la barrera del 3%, todos los partidos nacionalistas periféricos quedarían fuera del Congreso. No parece una brillante idea para solucionar la crisis territorial que aquellas formaciones que representan la voluntad del 38% de los electores vascos y el 32% de los electores catalanes queden excluidas del debate parlamentario.

Para finalizar, y como señala el sociólogo Pau Marí-Klose, es probable que esta medida, que surge en un contexto de polarización en torno al eje territorial y consciente de sus escasas posibilidades de éxito, esté siendo utilizada para acentuar dicha polarización y pescar votos en el caladero del nacionalismo español de derechas y el jacobinismo de izquierdas. Es curioso que proceda de Ciudadanos, que del populismo siempre se ha declarado enfrente.

Alvaro Lario

Alvaro Lario

(Granada, 1993) Estudiante de Ciencias Políticas y Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. Oriento mi formación hacia la comunicación y el marketing. Entre mis intereses, política y viajes.

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