TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Analizar el impacto de la economía en la sociedad es complicado. Uno puede pasarse días y días leyendo artículos de investigación sin entender del todo la abstracción matemática per se. En el caso de los premios Nobel a veces resulta fácil de explicar su contribución académica, pero más complicado es explicar el fundamento lógico-matemático que la teoría entraña.

En algunos casos, como fue el de los premiados el año pasado Duflo, Banerjee y Kremer, tanto la motivación de la contribución como su análisis era relativamente sencillo (véase la charla TED), pues dividir la población en dos o más grupos de forma aleatoria para testear qué políticas funcionan para reducir la pobreza es un tema fácil de entender.

Y este año se da la curiosa circunstancia de que, siendo difíciles de entender los avances metodológicos de los autores, ocurre todo lo contrario si queremos comprender su contribución: al fin y al cabo, ahorrarle dinero al erario público es algo que cuadra bastante bien en las cuentas nacionales. En su caso, por mejorar y difundir el uso de las subastas en varios sectores como la energía, la electricidad o el espectro radioeléctrico.

Si partimos de las características de las subastas clásicas, como en Sotheby's, en el draft de la NBA o en Ebay, encontramos varios demandantes para un único bien a subastar (un cuadro, un jugador de baloncesto o un muñeco de Playmobil), vendiéndose cada bien por separado. Por el contrario, en las subastas de Milgrom y Wilson —en concreto en las referentes al espectro radioeléctrico— tenemos que:

  • Los productos subastados están correlacionados entre sí, ya que la adquisición de bandas contiguas permite una mayor capacidad de transmisión de datos respecto a las bandas separadas.
  • Productos similares tienen distinto valor: a menor frecuencia de la banda ésta permitirá una mejor penetración de la red.
  • Al existir distintos compradores para lotes semejantes y correlacionados, el número de rondas, así como el precio y la cuantía mínima por producto, tienen una influencia muy importante en el desarrollo de la subasta.

Partiendo del problema original, en 1993 el gobierno estadounidense estaba diseñando la transición de monopolio a competencia oligopolista en el mercado de las telecomunicaciones debido al progresivo descenso de los costes fijos. Sin embargo, tenían el problema de que, para que las empresas de telecomunicaciones pudiesen operar, necesitaban hacer uso del espectro radioeléctrico. ¿Pero cómo asignar este recurso? Para ello Paul Milgrom y Robert Wilson diseñaron una subasta adaptándose a las características del mercado donde:

  • El alto precio inicial disuadió a muchos compradores de adquirir el espectro sin intención de usarlo, lo cual redujo las posibilidades de venderlo posteriormente especulando con el precio.
  • Se agruparon las franjas en bloques para evitar que partes del espectro quedasen sin venderse tratando de maximizar su uso.
  • Se limitó la cantidad máxima de espectro que las empresas podían adquirir con el objetivo de limitar el poder de mercado de las empresas competidoras.
  • Se diseñaron etapas múltiples, lo cual permitió que los subastadores declarasen sus preferencias en las rondas iniciales.

El resultado de la subasta fue un éxito, permitiendo al gobierno americano recaudar 617 millones de dólares vendiendo 10 licencias a lo largo de 47 rondas, demostrando así la efectividad de la subasta para la asignación del espectro.

Más allá del campo de las subastas, también cabe destacar los trabajos pioneros de Milgrom y Holsmtrom (1991) sobre la relevancia de la reputación en la competencia empresarial  y  Wilson y Kreper (1982) sobre los salarios en contextos de tareas múltiples. Éste  último es un tema interesante y merece atención, ya que a la hora de fijar salarios en contextos de  tareas múltiples, importa tanto  la cantidad  per se, como los incentivos creados en  la forma de pago. Es el caso, por ejemplo, de los salarios de los profesores en las escuelas de educación primaria: ¿debería determinarse el salario de acuerdo a las notas medias de los alumnos, por el número de horas que están en el aula o por la cantidad de exámenes/ejercicios realizados?

Aquí surge el primer problema, pues en un contexto de tareas múltiples no existe una dimensión única a la hora de medir la actuación del profesor. Asimismo, hay muchos factores que, aunque no forman parte directamente de las capacidades del profesor, sí influyen en su desempeño final. Algunos de estos factores pueden ser el entorno sociocultural de los alumnos, el presupuesto global del colegio, la cercanía a fábricas contaminantes, etc.

En este tipo de situaciones, los autores consideran que en vez de ponderar a nivel individual las tareas, lo mejor es pagar al profesor un salario fijo dándole la libertad de distribuir sus múltiples tareas. Lo interesante de este resultado es que, en vez de tratar de asignar un salario concreto por tareas, la solución pasa por buscar los mecanismos adecuados para evitar problemas de información asimétrica entre la dirección y el profesor. Esto es así porque si pagamos mejor por las notas medias los profesores tendrán incentivos para centrarse en los mejores estudiantes descuidando a los peores estudiantes; aunque son estos últimos, especialmente en la educación infantil/primaria, los que mayor beneficio social reportan.

Por otra parte, el trabajo de Robert B. Wilson y David M. Krepes (1982) ha sido uno de los pioneros en el estudio del efecto de reputación sobre el efecto de la colaboración de las empresas. En este caso, los autores analizan la probabilidad de producirse la entrada de un nuevo competidor en un sector dominado por una cadena de tiendas. Partiendo del punto de vista de la cadena monopolista, ante una posible entrada, la empresa tiene dos opciones: fijar precios bajos para evitar que se produzca la entrada asumiendo pérdidas o mantener precios de mercado sabiendo que la empresa entrante puede establecerse en el mercado.

Lo curioso es que cuando el número de competidores es finito, la reputación de “empresa dura” que trata de evitar la entrada de nuevos competidores no es creíble. Esto se debe a que en el largo plazo llegará un momento en el que la empresa dominante permitirá la entrada de nuevas empresas para evitar pérdidas excesivas. Sin embargo, ¿no será más lógico por parte de la empresa monopolista permitir la entrada desde el principio y así ahorrarse las pérdidas de bloquear la entrada?

La solución de Kreps y Wilson consiste en establecer un número amplio de competidores en un tiempo acotado y no infinito. En estas circunstancias, los autores demuestran que establecer una reputación tiene sentido, porque durante el tiempo que dure la reputación la empresa podrá seguir poniendo precios cercanos al monopolista. En este caso, el coste de adquirir esta reputación y bloquear la entrada de empresas es menor que los beneficios esperados tras desmotivar a las empresas entrantes. Aunque en el largo plazo, sobre todo si los costes entre empresas son similares, se produzca la entrada.

Éstas son, a grandes rasgos, las principales ideas y contribuciones de los laureados de este año. En los últimos años la academia ha premiado a economistas que han tenido un impacto significativo a la hora de plantear modelos para la eficiencia. Por destacar algunos, cabe mencionar las mejoras en los análisis de datos a partir de las encuestas por Deaton (2015), o el estudio de la economía del comportamiento por Thaler (2017) y por Kahneman (2002). Esta tendencia hacia la economía empírica nos abre a pensar que posiblemente el Nobel del año que viene verse sobre este tema, aunque a un año vista predecir quien pueda ganarlo sea tan fácil como conocer el ganador de la AFC Champions League la siguiente temporada.


Holmstrom, B., & Milgrom, P. (1991). Multitask principal-agent analyses: Incentive contracts, asset ownership, and job design. JL Econ. & Org., 7, 24.

Kreps, D. M., & Wilson, R. (1982). Reputation and imperfect information. Journal of economic theory, 27(2), 253-279.