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Tres claves para comprender la comunicación política de Trump

Apenas cuatro meses lleva Donald Trump ocupando la Presidencia de los Estados Unidos, pero ya ha tenido tiempo de enfrentarse duramente a jueces, fiscales, periodistas e incluso al (ya defenestrado) director del FBI.

De este modo, no se han cumplido los pronósticos de quienes señalaban que, una vez entrara en el Despacho Oval, se moderaría en sus planteamientos (de la misma forma que no se moderó tras ganar las elecciones primarias, llegando a tildar a su adversaria de “asquerosa” en uno de los debates presidenciales). Trump ha suavizado su lenguaje verbal y no verbal (algo fundamental si quiere menos “memes” y más imágenes propias del líder del mundo libre), pero sigue anclado en la zona de ruptura aconsejada por Steve Bannon, el estratega jefe al que Ivanka Trump y Jared Kushner quieren borrar del organigrama para imponer una línea política más pragmática.

A la espera de ver cómo se resuelven las intrigas palaciegas entre Bannon y el matrimonio, la realidad es que Trump no levanta cabeza en los índices de popularidad, debilitado por el fracaso de su veto migratorio, las conexiones con el Kremlin y sus enfrentamientos con los republicanos a cuenta de la reforma sanitaria. Este descenso de la popularidad de Trump, muy vinculado a la cobertura ampliamente crítica que ofrecen los medios de comunicación de su gestión, puede tener (o ya está teniendo) como traducción una estrategia de comunicación presidencial que pivote sobre los siguientes ejes:

  1. La familia. Pese a su reducida agenda como Primera Dama de los Estados Unidos, Melania Trump goza de una popularidad considerablemente más alta que la del Presidente, algo sobre lo que él mismo ha bromeado en público y que, con toda seguridad, sabrá aprovechar de prolongarse su declive en las encuestas (como ya hicieran Bill Clinton y, más recientemente, el propio Obama). Ivanka, con un cargo oficial en la Casa Blanca y un rol más activo que su madrastra, también ayuda a personificar la institución y a humanizar al Presidente, pudiendo ser percibida como el contrapunto a un hombre cuyas estridencias no conocían límite durante la campaña electoral.

  2. Soslayar los mass media. A diferencia de Obama, y atendiendo a las recomendaciones de Maquiavelo, Trump está apostando por ser temido (y no amado) por los medios. O, al menos, prefiere pasar por alto a los periodistas críticos y sus filtros que intentar atraerlos de las múltiples maneras existentes. A fin de cuentas, el Presidente goza de un poder inmenso al marcar la agenda política del país y sabe que los medios le necesitan para mantener sus audiencias, mientras él puede transmitir cómodamente sus mensajes a través de las redes sociales y retratar a la prensa como parte del establishment y el sistema corrupto. Es decir, que rechazando los filtros no sólo evita grandes distorsiones de sus mensajes, sino que refuerza su relato electoral como outsider enfrentado a los políticos de Washington y los poderes fácticos. Otros outsiders como Le Pen o Corbyn también mantienen relaciones complicadas con los medios, y no les ha ido nada bien, pero Trump (por ahora) ha decidido permitírselo.

  3. Rally 'round the flag. Este efecto, también conocido como cierre de filas, tiene que ver con la subida de la popularidad presidencial tras una agresión externa a la nación, como podría ser un ataque terrorista. Ejemplo de ello fue lo sucedido con Bush y Hollande tras los atentados del 11-S y Charlie Hebdo, respectivamente, si bien con la vuelta a la normalidad el efecto se disipa y únicamente queda la popularidad fruto de los factores más cotidianos. En cualquier caso, algunos presidentes han encontrado en las intervenciones militares constantes un antídoto para desviar la atención de las cuestiones domésticas y reforzar su liderazgo. Recientemente, muchos contemplaron con perplejidad el bombardeo de la administración Trump sobre Siria y se preguntaron si acaso sería la antesala a una intervención más duradera con botas sobre el terreno, o hasta dónde llegaría la escalada de tensión entre Estados Unidos y Corea del Norte dados los últimos acontecimientos.

La respuesta a estas y otras preguntas no las conocemos, pero la experiencia nos señala que un Presidente en horas bajas puede ser imprevisible.

Sergio Pérez Diáñez

Sergio Pérez Diáñez

Politólogo por la Universidad Pablo de Olavide. Estudiando comunicación política en ICPS - Universitat Autònoma de Barcelona. En Tinkle Consultants.

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