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Syriza, del sueño a la realidad

Hace apenas un año y medio, Grecia vivía sus segundas convulsas elecciones en apenas un año. Nos encontrábamos con un país en crisis a todos los niveles, asolado por el alta tasa de desempleo junto una deuda externa que asfixiaba a su sistema de servicios públicos, teniendo como consecuencia un incremento sin precedentes de la pobreza en Europa. Ante dicha anómala situación el desgastado tándem de bipartidismo, Nueva Democracia y PASOK, pactaron una serie de acuerdos de mínimos a la desesperada. Su última baza era que los fondos de un nuevo rescate conseguirían mantener la estabilidad en el país y alejarlo de la bancarrota y que este hecho camuflaría los nuevos recortes en el sistema público, pero no sirvió. Grecia se había estado convirtiendo desde hacía años en una olla a presión y las nuevas políticas de austeridad surgidas del segundo rescate económico la hicieron estallar.

La agitación en las calles evolucionó en representantes y agresividad transformándose las manifestaciones en huelgas y éstas en disturbios. Todas ellas tenían un único objetivo: terminar con el supuesto servilismo de sus dirigentes a las instituciones europeas y recuperar el nivel de vida y de inversión pública pre-crisis. Este contexto de tensión socio-económica permitió el auge de las voces antistablisment, que prometían revertir la actual situación actual y tras un 2015 de infarto el panorama político heleno realizó un giro de 180º. El bipartidismo tradicional explosionó, pasando su suma de los 251 en 2009 a sólo 92 y el hueco de poder en el hemiciclo fue ocupado por la formación “anti-Troika” SYRIZA. Los griegos apostaron por la izquierda radical en una última esperanza de recuperar el nivel de vida y condiciones pre-crisis, buscando el oasis de austeridad cero prometido por Alexis Tsipras y ahora, ya con el poder era el momento de convertir las palabras en hechos.

El nuevo ejecutivo griego empezó con la fuerza y agresividad que les caracterizaba, eran conscientes que tenían a amplios sectores de la población de su lado y que esto podía suponer un punto clave a la hora de negociar. Los primeros movimientos de Tsipras pasaron por tratar de aplazar las medidas de austeridad y exigir unas mejores condiciones a sus acreedores, pero no consiguió sus objetivos. Las instituciones comunitarias, con el apoyo de Alemania, se mantuvieron firmes en los tratados, conscientes de que aceptar las nuevas condiciones griegas podía provocar un efecto contagio hacia los demás países intervenidos y poner en jaque, o incluso causar el colapso económico, al conjunto de la UE. SYRIZA perdió el primer pulso.

El segundo frente se erigió poco después en torno al tercer rescate económico y sus consecuentes nuevas medidas de austeridad. Tras no lograr sus objetivos anteriores, el ejecutivo necesitaba más que nunca legitimarse delante de sus electores y por eso basó su estrategia en el apoyo popular, traspasando así la decisión de aceptar o no las condiciones europeas del rescate a sus ciudadanos mediante un referéndum. Esta consulta tensionó y polarizó a una población ya maltrecha por el corralito en curso, puesto que se convirtió de facto en una votación económica de: Euro Sí o No, o incluso política de: Europa Sí o No. Con la victoria del No y el pueblo griego abalando así la tesis de SYRIZA, parecía que se había llegado al punto de no retorno entre Grecia y Europa, dejando a los primeros en la cuerda floja. Las instituciones comunitarias decidieron nuevamente mantenerse firme aún con los riesgos que podía ocasionar su decisión, tratando de aguantar el asalto a Tsipras que precisamente, y tras unos días de presión máxima, decidió dar marchar atrás y poner punto y final a su particular huida en adelante.

Apenas una semana más tarde el ejecutivo heleno ratificó un memorándum aceptando incluso peores condiciones que las iniciales, mostrando en cierto modo que toda la escenificación no fue más que una mera puesta de escena, o como se diría en Poker, un “farol”. Este hecho marcó el inicio de una profunda división interna dentro del partido entre moderados y radicales. Tsipras dimitió, convocó elecciones y las volvió a ganar, no obstante el ideario de SYRIZA ya estaba herido de muerte. Desde este punto hasta la actualidad todo fue cambiando progresivamente. El espíritu combativo que caracterizó a dicha formación desde sus inicios se desvaneció con los meses, aceptando desde entonces una a una las medidas exigidas por la UE, volviendo en este aspecto a los tiempos clásicos del bipartidismo. El gran enemigo de la Troika había capitulado sin concesiones. Con el radicalismo que les había catapultado a la presidencia fuera de combate, el inicio de una etapa basada en el convencionalismo hizo mella en su potencial electorado.

Como se puede observar en el gráfico la moderación en su discurso (conocida coloquialmente como la “PASOKización” de SYRIZA) ha provocado que el apoyo de parte relevante de seguidores haya ido migrando a otras formaciones más radicales como KKE, Unidad Popular o ANTARSYA. Por otra parte, no conseguir los objetivos que se planteó también ha generado que otra parte del electorado haya decidido volver a apoyar a Nueva democracia e incluso, aunque más lentamente, al PASOK, vislumbrando así un hipotético retorno del bipartidismo.

¿PERO POR QUÉ SYRIZA REALIZÓ ENTONCES ESTE CAMBIO DE RUMBO?

La respuesta más probable es que la moderación de SYRIZA esté fundamentada en la lógica política de supervivencia. La imposibilidad de lograr su ambicioso objetivo de revertir la austeridad y plantar cara a la UE, teniendo finalmente que claudicar por miedo a que el país cayera en la bancarrota bajo su mandato, provocó malestar en el sector más radical de sus votantes, que progresivamente abandonaron la formación y se dirigieron a otros partidos. Ante este contexto el partido de Tsipras decidió que la mejor forma de asentarse sería moderarse y convertirse en una especie de PASOK renovado que atrajera de nuevo al sector socialdemócrata griego que había perdido la confianza. Este cambio le permitiría no solo permanecer políticamente, sino tener opciones de gobierno cuando se iniciase un nuevo hipotético tándem bipartidista junto a Nueva Democracia. El tiempo y la realpolitik hizo despertar a SYRIZA de un sueño que se convirtió en pesadilla y ahora la formación trata de encontrar su espacio en la realidad, centrando su mensaje y consolidando su implícito primer objetivo: desbancar al PASOK.

Aleix Sánchez

Aleix Sánchez

(Barcelona, 1992) Politólogo y cursando grado de ADE. Enamorado de Europa del Este y el Lejano Oriente.

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