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Sobre la fuga de empresas: respuesta a Juan Ramón Rallo

La semana pasada el Economista Juan Ramón Rallo afirmaba por redes sociales, y posteriormente en su artículo en El Confidencial, que la salida de las empresas de Cataluña incentivaba al gobierno de la Generalitat a formalizar la temida Declaración Unilateral de Independencia (DUI), debido a que el coste económico de dar el paso se ve reducido si esas empresas ya han marchado.

Esta afirmación, que a primera vista parece una locura, oculta algo de verdadera: es cierto que si planteamos la independencia catalana como un problema de teoría de juegos en el que la Generalitat es el jugador, le resultará más apetecible declarar la independencia en la medida en que ésta se asocie a un coste menor. Pero Juan Ramón Rallo comete el error de identificar esta posibilidad, que es solo un efecto menor a corto plazo, como la tendencia esperada una vez se hace el cómputo global. Incluso en el caso de que planteáramos el supuesto de que en este problema solo existiera el muy corto plazo, también deberíamos tener en cuenta las muchas tendencias adversas de la huida de las empresas con efectos inmediatos.

En primera instancia deberíamos hablar de los puestos de trabajo que generan las oficinas centrales de las empresas. Si simplificamos los posibles trabajadores de una oficina central encontramos puestos de alta cualificación (CEOs y altos administrativos) y de baja cualificación (secretarios, limpieza, operadores...). Hagamos un ejercicio virtual: los primeros son ciudadanos de clase alta, y debido a su valor como labor se desplazarán allá donde esté la empresa, por lo que en primera instancia ya perdemos recaudación en rentas altas. Los segundos generalmente perderán su trabajo, con lo que pasarán a tener que cobrar por desempleo del nuevo Estado catalán y también su contribución a las arcas del Estado será más reducida. Lo cual ya reduce ingresos y aumenta gastos, disminuyendo la capacidad del futuro presupuesto estatal. Por mucho que se reduzca el gasto en el momento de independencia, también se aumenta directamente en otras partes de forma inmediata. Por no hablar de su posible efecto multiplicador.

Debido a que la recaudación del impuesto de sociedades se hace de forma estatal, que la Generalitat obtenga el control total es desde luego un plus para ellos, pero un proyecto de independencia inevitablemente generará inestabilidad, y la inestabilidad siempre es adversa a las inversiones. Lo que provocará que la recaudación también baje. Además, esta inestabilidad debería estancar la generación de empleo. Este efecto se ve multiplicado por la salida de las empresas debido a que la opinión reflejada en los mercados es de escasa fe en el proyecto catalán. Este efecto adverso a la inversión se da a largo plazo, pero su prospección afecta a la toma de decisiones a corto plazo.

Segundo, Rallo expresaba que la salida de los principales bancos hacía más fácil que Cataluña evitara corralitos y adoptara el Euro como moneda pero sin tener banco de la Eurozona, ni pertenecer a la UE, al igual que Macedonia. Es cierto que esta posibilidad está más presente que nunca, pero provocaría un problema a la hora de ajustar el nuevo presupuesto. Cataluña tiene una elevada deuda a su espalda, deuda que ahora mismo está soportando el estado español. El hecho de no poder emitir moneda, ni tener una entidad que les permita la compra de deuda justa, les cargará de problemas presupuestarios desde el primer minuto. Por otro lado los bancos tradicionalmente catalanes seguirán dentro de la jurisdicción Española y no catalana al haber huido, lo que hará aún más probable la imposibilidad de emitir deuda y el cierre de las inversiones en Cataluña (especialmente teniendo en cuenta que dichos bancos ya han demostrado escasa confianza en el proyecto independentista). Aunque se diga que es una jugada pro-independentista al evitar el corralito y usarlos como nexo entre Cataluña y la UE. Al estar estos bancos en España, no debería ser difícil para España o la UE tasar el movimiento de capitales de estos bancos, dificultando mucho que esto sea una jugada positiva para la economía catalana.

Otro efecto a corto plazo de la declaración de independencia es la reducción de la competitividad de forma directamente proporcional a la aceptación de la tarifa arancelaria de la OMC. Cataluña, teniendo una economía muy fuertemente ligada al resto del tejido económico español y europeo, vería su competitividad reducida relativamente en comparación a España y Europa. Cataluña no puede competir en igualdad de condiciones con el país vecino que carece de aranceles. Esta pérdida de competitividad se incrementaría al no poder devaluar su moneda por seguir usando el Euro, por lo que la devaluación fiscal o salarial sería la única alternativa para mantener la competitividad. El hecho de tener los bancos fuera del país, junto con la inestabilidad y pérdida de competitividad creada por la independencia, haría aún más difícil que los particulares pudieran conseguir líneas de crédito debido a que el interés de la deuda se elevaría. Se daría a corto plazo una pérdida de poder adquisitivo. Esta destrucción de competitividad sí afectaría de forma inmediata al tejido empresarial, que en su articulo Rallo afirma que quedaría inalterado, además de acrecentar la reducción de inversiones.

Por último, la independencia exige que la Generalitat cree algunas estructuras nacionales que no soporta en este momento. Viendo el patrón de gasto que planean implantar (la Suiza del Mediterráneo, según el Club Wilson), sumado a la creación de nuevas estructuras, la segura reducción de la recaudación estimada, el inmediato golpe que sufrirán los mercados que dependen de fronteras abiertas, la caida de la competitividad...es la receta para una recesión.

Por fortuna y a pesar de las predicciones de el Director del Instituto Juan de Mariana parece ser que los actores de clase media independentistas han interpretado la salida de las empresas con otros ojos. Los economistas de corte académico también difieren de su opinión. Lo que hagan los políticos, por supuesto, es otro tema, aunque parece ser que hasta los mayores profetas de la independencia se están retractando a corto plazo. Siempre, claro está, que lo que se pretenda asegurar con la independencia catalana es la salud económica. En el corto plazo no hay indicios de ello, y la salida de las empresas confirma esta visión. En cuanto a la salud de las cuentas de la Generalitat, la independencia parece ser una apuesta poco fundamentada: lo que ganen por un lado al no tener que aportar al fondo de solidaridad autonómico, lo perderán en subvenciones nacionales y europeas y por la bajada de la recaudación estimada. El evitar un corralito, al no tener los bancos alejados de la cobertura del BCE, haría que la emisión de deuda se viese frenada, que el interés de esa misma deuda se disparase o ambos casos, lo que nunca es una noticia positiva para los presupuestos de un Estado.

Es por todo ello que a corto plazo la salida de las empresas y bancos de Cataluña es una mala noticia para el proceso independentista. Independientemente de que haya menos gastos a los que hacer frente por un lado, no podemos ignorar las pérdidas que siguen creando la huida de las empresas y bancos, de efectos devastadores cuando se escarba mínimamente la superficie.