TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Uno de los nombres más mentados, normalmente para mal, hace unos cuatro años por estas mismas fechas fue el del señor Victor D’Hondt, jurista belga e “inventor” de la fórmula electoral que hoy utilizamos en nuestro país. Partidos minoritarios como UPYD o IU clamaban contra una traducción de votos a escaños que entendían que les perjudicaba en beneficio de los partidos tradicionales, y por todas partes afloraban gráficos, de mayor o menor precisión, con cómo habría quedado el Congreso de los Diputados si la ley electoral hubiese sido otra.

Ayer, en su acto en la ciudad de Cádiz, Ciudadanos volvía a poner sobre la mesa el asunto a apenas mes y medio de las elecciones generales, haciendo una propuesta que, a mi juicio, no hace más que perjudicar sus intereses. En este post intentaré explicar el porqué no es una buena idea y a qué problemas podría enfrentarse antes, durante y después de su hipotética implementación.

En primer lugar cabe señalar que, normalmente, los partidos con mayores dificultades para conseguir escaños en el Congreso intentarán abogar por un sistema más proporcional. ¿Cómo se logra esto? Circunscripciones más grandes, un umbral legal (el 3% que tienen que superar los partidos para entrar) casi inexistente o una fórmula electoral que sea más proporcional que la de D’Hondt (la llamada “Cuota Hare”, por ejemplo). Por su parte el sistema mayoritario suele coincidir con distritos uninominales, un diputado por cada uno de ellos, en los que el ganador es elegido por mayoría simple o a una segunda vuelta y, conduce, según la famosa Ley de Duverger al bipartidismo. Este último sistema sacrifica la proporcionalidad en la representación de intereses a cambio de esa estabilidad que garantizan los dos partidos y la posibilidad de acudir a un representante más “cercano”, ya que al fin y al cabo ha salido elegido en mi distrito y si quiere volver a ser elegido tendrá que ayudarme con inversiones, atención y visitas a mi ciudad para plantearme depositar de nuevo la papeleta con su nombre.

El problema es que en ambos casos se trata de ventajas falsas. Con respecto a la Ley de Duverger esta parece cumplirse solo a nivel de distritos pero no al de todo un país. El mejor ejemplo actual es el de lo ocurrido con Escocia en las últimas elecciones del Reino Unido. Es cierto que Cameron ha logrado la mayoría absoluta, pero el SNP se perfilaba como necesario para una hipotética coalición con los laboristas antes de la sorpresa del día de las elecciones, quebrando ese hipotético bipartidismo previsto. El motivo es sencillo: existen cleavages que provocan la aparición de otros partidos, como puede ser el nacional, y en el caso de España tendríamos numerosos distritos ganados por partidos como Coalición Canaria, PNV, CDC o incluso el BNG, que incluso podrían reaccionar frente a esta reforma mayoritaria con alianzas de coordinación para mantener intactas, o incrementadas, sus cuotas de poder. En lo referente a conocer al diputado representante del distrito la evidencia parece decir que esto es un mito. Es decir: es más probable que más gente conozca a su candidato que en nuestro sistema actual (¿Alguien conoce al cabeza de lista de su provincia?) pero esto no tiene por qué traducirse en una mayor relación votante-votado post-elecciones.

A la vista de los hechos la lógica dicta que Ciudadanos, siguiendo lo propuesto por UPYD en su día, querría optar por un sistema proporcional…y en parte lo ha hecho. Pero el problema es que solo en parte, y ha querido introducir una mitad de distritos uninominales para garantizar la conexión representantes-representados que, al final, solo sirve para introducir un sesgo mayoritario en el sistema y, además, privarles de numerosos escaños que podrían disputar con un sistema proporcional puro. La idea es que 175 diputados sean elegidos en una circunscripción nacional y otros 175 en 175 distritos de unos 260.000 ciudadanos cada uno. La inspiración se supone que viene del sistema alemán, pero en este los diputados elegidos en los distritos uninominales sirven para “sentarse” en los escaños ganados por las listas, y no se agregan (Salvo excepciones) sus asientos a los vencidos a nivel regional. Primer fallo de la propuesta.

Un par de simulaciones nos permiten ver cómo hubiera quedado el Congreso de los Diputados en 2011 y cómo, previsiblemente, puede quedar en 2015 si solo contamos los 175 diputados elegidos por sistema proporcional con circunscripción nacional. Presupondré que no hay barrera legal y que la fórmula electoral utilizada es Hare por ser la más proporcional.

Como se aprecia en el gráfico el PP hubiese quedado con 79 diputados, el PSOE en 51 e IU sería tercera fuerza con 12. UPYD tendría 8, los mismos que CIU, y tras ellos una sopa de letras oscilando entre 1 y 2 escaños. Sea como fuere, al menos en estos 175 diputados el porcentaje de escaños poseído por UPYD se multiplicaría por 3 (al 4,6%) e IU pasaría de un 3,1 al 6,9%, mientras que el PP se quedaría en un 45% frente al 53% actual. Aplicaremos ahora la misma técnica, Hare y barrera de 0% incluido, para una hipotética simulación del Congreso 2015. Siguiendo el promedio de encuestas de Kiko Llaneras como porcentaje de votos obtenidos, y suponiendo una participación del 77% sobre el censo de 36.510.952 electores tendríamos estos resultados:

Como se puede apreciar no están repartidos los 175 diputados, sino que se distribuyen de la siguiente manera: 48 para el PP, 40 para el PSOE, 31 para Ciudadanos, 24 para Podemos y 8 para IU (151 en total). Estos resultados podrían variar (siempre aumentando el número de escaños) en función de las correcciones que hubiera que hacer al tener en cuenta el resto de partidos que entraran en el Congreso, pero la idea principal es que con esta reforma se incrementaría la proporcionalidad del sistema y aumentaría el peso de los partidos que no son los dos tradicionales…pero solo entre esos 175 diputados. ¿Qué ocurriría con los otros 175?

La distribución de los mismos en distritos uninominales invita a pensar en muchos escaños ganados por PP, PSOE y, en el caso de zonas con peso del nacionalismo, CDC, PNV o CC, liquidando las esperanzas de Ciudadanos, Podemos e IU salvo en lugares muy contados, diluyendo completamente el efecto proporcional que se había asegurado con la primera reforma.

Una hipótesis a por qué Ciudadanos ha optado por esta corrección es que verdaderamente confía en un sorpasso al PSOE y convertirse en una alternativa de “voto útil” para que no gane el PP en posibles segundas vueltas en esos distritos (aunque esto sea aventurar muchísimo). Otra es que el rediseño de los distritos para incluir a 260.000 personas sirva para neutralizar la hemorragia de votos de la formación naranja en las provincias más pequeñas, el granero del bipartidismo, **pero esto podría hacer que nos adentráramos en las procelosas aguas del Gerrymandering **

Otro problema, este de calado jurídico, que se plantearía con esta reforma, sería el hecho de que implicaría una reforma constitucional, dado que el artículo 68.2 fija como circunscripción electoral la provincia. Algo que ni en el caso proporcional ni en el mayoritario se daría en este caso. Ciudadanos ha expresado su deseo de reformar muchas cosas…¿pero se atrevería a abrir este melón? El procedimiento de reforma normal se recoge en el artículo 167 e implicaría mayoría de tres quintos en ambas cámaras y un posible referéndum. ¿Encontraría aliados y el respaldo de la calle?

Proponer reformas al sistema electoral español está muy bien y es un debate que merece la pena abrir. Personalmente estoy en desacuerdo con la idea de Ciudadanos pero temas ya señalados como el cambio de circunscripción o una nueva fórmula electoral merecen ser analizados con mayor detenimiento, algo que sin duda se hará en una nueva legislatura marcada por los cambios. Debemos recordar, eso sí, que los actores políticos no anticipan racionalmente los acontecimientos dado que eso solo podrían hacerlo con información perfecta. A priori la propuesta de Ciudadanos parece tener todos los visos para explotarles en la cara pero, en caso de que se llevara a cabo implicaría que el partido naranja hubiera alcanzado unas cuotas de poder considerables, ¿y quién sabe si entonces les saldría rentable? El tiempo dirá.