TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

El buen profesor te agita por dentro. Te invita a descubrir. Te empuja a leer.

Fue Ángel Rivero quien me sumergió en el mundo de Pessoa, el poeta portugués más influyente del siglo XX. El que se asoma a los versos de Mensagem puede encontrar una visión del mundo que combina lo mesiánico y lo místico con la esperanza puesta en el futuro.  El propio Manuel Mayo, editor de la obra en castellano, enmarca el texto en el saudosismo (1910-1915), la corriente intelectual cuya máxima «sacar a Portugal de la postración creando un nuevo espíritu nacional» (Pessoa, 2017: 9)  y que tuvo a Pascoaes como precursor y fundador del órgano de propaganda A Águia.

El carácter regeneracionista y su pretensión de llevar al país luso a un Cronos de resurrección colectiva parece asemejarse al clima intelectual que impregnaba España en los estertores del siglo XIX, cuando Francisco Silvela diagnosticó una época sin pulso: «hay que abandonar las vanidades y sujetarse a la realidad, reconstituyendo todos los organismos de la vida nacional sobre los cimientos» .

Para el dictador Salazar, las estrofas encajaban con los objetivos del Estado Novo, un proyecto que ambicionaba «restaurar el poder del Estado mediante los valores católicos y la integración orgánica de la vida nacional para fortalecer la independencia de Portugal frente al exterior» (Rivero y Colom, 2005: 3). Premiado por el Secretariado de Propaganda, Mensagem es una exaltación del mito del rey Sebastián. Inmerso en la conquista del norte africano, el fallecimiento del monarca inaugura en Alcazarquivir (1578) un ritualismo que le convierte en objeto de deseo para subvertir la decadencia de la patria.

Pessoa exhibe un esquema que se ajusta a tres estadios que se superan de forma lineal. El esplendor de la Edad Media (Llevando a bordo al Rey D. Sebastián, / e irguiendo como un nombre, alto el pendón […] / se fue ya la nave) sigue a un presente aciago y oscuro que debe superarse (Cumplido el Mar, se descompuso el Imperio. / ¡Señor, falta por cumplirse Portugal!), a través del advenimiento de un héroe cuyo virtuosismo otorga al país plenitud histórica (Sé faro, camino, espada, fe, / pendón de gloria en gloria alzado / ¡Haces posible Portugal por haber sido!).

Paraíso-decadencia-redención. La trinidad nacionalista que se reproduce en la obra sirvió para que los jerarcas del Estado Novo la establecieran como lectura obligatoria en las escuelas. La famosa triple F que Salazar politizó para someter al pueblo portugués (fútbol, fado y Fátima) (Rivero, 2007) parecía tener un nuevo acompañante con Fernando. Y digo parecía porque acabó siendo denunciado por masón, al amparo de la ley aprobada en 1935 por la recién estrenada Asamblea Nacional, que se propuso la persecución de las llamadas sociedades secretas.

La traducción al castellano de un conjunto de escritos del poeta lisboeta revela un universo mucho más complejo que aquel milenarismo que imbuye la métrica de Mensagem. En el centro, una defensa de los principios del liberalismo político, que para Pessoa consistían en «el respeto por la dignidad del Hombre y por la libertad de espíritu, o, en otras palabras, el individualismo y la tolerancia» (Pessoa, 2018: 261). Esta defensa se produce en un contexto histórico muy particular, caracterizado por el avance de las utopías revolucionarias que amenazaban la estabilidad de las incipientes democracias europeas.

El rechazo del portugués al comunismo se intuye en otra de sus célebres obras, El banquero anarquista. Acusa al experimento soviético de retrasar el estado de libertad al que aspira el ser humano, sojuzgado por el poder de los comités populares (Pessoa, 2017). Del fascismo le asustaba su animadversión al individuo, que aparecía disuelto en el carácter organicista que se le atribuía a la nación. Fue Corrado Gini quien empleó esfuerzos para proporcionar una base científica al fascismo: «la agencia destinada a efectuar los altos intereses de la sociedad es el Estado, sacrificando si fuera necesario los intereses individuales» (Gini, 1927). Merece la pena incorporar la literalidad de las palabras de Pessoa, fechadas entre 1933 y 1935. Refiriéndose a las dictadores del periodo de entreguerras, se expresa como sigue:

«Ellos se inhiben naturalmente de considerar al espíritu como una realidad, porque el espíritu es individual y ellos son antiindividualistas; porque los productos del espíritu son generados en libertad y ellos son los antiliberales; porque el espíritu es ajeno, si no opuesto, a todo lo que es regular, administrativo» (Pessoa, 2018: 205).

A tenor de estas proclamas, no sería muy arriesgado afirmar que Pessoa tenía entre los estantes de su apartamento de Lisboa una copia de Sobre la libertad. El ensayo de John Stuart Mill (2013) inicia con una cita del barón von Humboldt:

«El gran principio, el principio dominante, al que conducen los argumentos en estas páginas, es la importancia esencial y absoluta del desenvolvimiento humano, en su más rica diversidad».

Para ambos, el talento y la genialidad solo podían florecer en un orden político basado en la  libertad. Al filósofo le aterraba el poder uniformizador de la Revolución industrial del siglo XIX, pues exaltaba al ser humano como una pieza más del engranaje del proceso de producción. A Pessoa le irritaba el estatismo de su tiempo porque no entendía el valor de la espontaneidad, eliminada por completo para confluir en una voluntad general sacralizada; a este respecto, dejó apuntado sobre la Italia de Mussolini que «considera al hombre como una cosa, pues lo subordina al Estado, la Italia fascista desprecia las libertades individuales» (Pessoa, 2018: 322).

Este individualismo antropológico se traduce en una visión minimalista de la política: para Pessoa ésta no debía aspirar a la construcción de una nueva temporalidad histórica, a una transformación radical que abriese el camino para una humanidad sana e infalible, tan reclamada por los artistas e intelectuales del modernismo. Al contrario, esperaba de la política bajos vuelos. La tarea de los gobiernos es para él la de garantizar las condiciones para que cada uno pueda decidir su proyecto de vida. O mejor dicho, la condición esencial: la libertad. Solo a partir de ella el ser humano puede discutirse, reflexionarse y encontrar un camino que recorrer.

Lejos de ser un apóstol del Estado Novo, Pessoa mantuvo una actitud crítica con la deriva autoritaria que se vivía en la Portugal de los años treinta. Reivindicó para todos los artistas la libertad de expresión, acosada por un régimen que practicó la censura literaria. Con cierta dosis de ironía, anotó: «Queda la libertad, es cierto, de escribir sonetos a las muchachas y de hacer cuentos, preferentemente sobre la vida de provincias» (Pessoa, 2018: 302).

La dimensión política del poeta se conjuga con un compromiso explícito con el individualismo como fuente de la felicidad humana. Su única lealtad es consigo mismo, que es la forma de defender la libertad de todas y todos. Un militante contra las religiones profanas que señalaban al disidente. Un tolerante en acción.


Gini, C. (1927). The Scientific Basis of Fascism. Political Science Quarterly. Vol.42 (1).

Pessoa, F. (2018). Sobre el fascismo, la dictadura militar y Salazar. La Umbría y la Solana.

Pessoa, F. (2017). El banquero anarquista. Eneida.

Pessoa, F. (2017). Mensaje. Colección Visor de Poesía.

Rivero, A. (2007). Nuestra Señora de Fátima y el nacionalismo del Estado Novo. Revista Académica de Relaciones Internacionales, núm.7.

Rivero, A. y Colom, F. (2005). El altar y el trono: ensayos sobre el catolicismo político iberoamericano. Anthropos.

Stuart Mill, J. (2013). Sobre la libertad. Alianza Editorial.