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El eje religioso en la geopolítica de Oriente Medio

En 2003, la invasión por parte de EE.UU a la Irak de Saddam Hussein provocó una espiral de inestabilidad mayor de la que originariamente se pretendía evitar. Años después, en 2012, la ola de protestas que recorrió la región contrarias al statu quo post-colonial sumió definitivamente la región en un caos absoluto del que todavía hoy no ha logrado salir. En estas circunstancias, el elemento sectario exacerbó la relación entre las dos principales ramas del Islam, el sunnismo (87%-90%) y el chiismo (10-13%).

Para poder entender su disputa es necesario mencionar brevemente el porqué de la misma. Según el chiismo el verdadero sucesor del Profeta Mahoma es Ali, negando la legitimidad a los tres califas que precedieron a Ali. Este hecho, junto a la batalla en el Desierto de Karbala, son los elementos históricos que han articulado la identidad chií hasta nuestros días. Bajo estas premisas es difícil negar que ha existido una disputa doctrinal desde la muerte del Profeta en el 632 D.C., pero esto no implica reconocer que estas diferencias doctrinales han existido en paralelo a un conflicto violento entre ambas comunidades.

En este sentido, el aumento de la importancia del Islam como elemento vertebrador de los movimientos políticos en tiempos contemporáneos –lo que se conoce con el nombre de revivalismo islámico–, unido a las luchas de poder entre la República Islámica de Irán –de corte chií– y los Gobiernos sunníes del Golfo y de corte salafista han propiciado el final del statu quo post-colonial en países clave como Iraq y Siria. Pero, en la actualidad, este estudio considera que una disputa doctrinal politizada está sirviendo como justificación para legitimar intereses geopolíticos, que poco o nada tienen que ver con diferencias culturales o de identidad, como trataré de demostrar en las líneas siguientes.

1. El despertar chií

En tiempos contemporáneos, la Revolución Iraní de 1979 abrió un nuevo tiempo para el chiismo con el nacimiento del primer Estado chií después de años de secularismo durante la dinastía Pahlavi (1925-1979). (A pesar de la centralidad del chiismo en Irán, cabe notar que el principal núcleo mundial del culto chií es Najaf, en Iraq; en esta ciudad se encuentra enterrado el Imán Ali, el verdadero sucesor de Mahoma según su visión.) La Revolución Islámica liderada por el Gran Ayatola Khomeini no solo tuvo consecuencias políticas en el exterior, sino que además supuso un importante reto desde un punto de vista doctrinal para el chiismo, pues los intentos del Ayatola Khomeini de expandir la llamada Revolución Islámica bajo su autoridad religiosa supusieron un cuestionamiento ideológico.

Para Geneive Abdo (2017) esta decisión «violaba la propia noción de autoridad en el chiismo, la cual descansa en el consenso de que nadie, excepto Ali y los demás Imanes perfectos, está lo suficientemente libre de pecado para ejercer legítimamente dicho poder». Abdo también apunta que «el radicalismo religioso del Ayatola Khomeini supuso una amenaza para la integridad de Najaf, mayor incluso que las políticas represivas de Saddam Hussein».

La estrategia de Khomeini buscaba politizar el chiismo como elemento discursivo y diferenciador, en contra de la estrategia apolítica del Gran Ayatola Sistani, principal líder espiritual en Najaf. En paralelo, el triunfo de la Revolución islámica ayudó a la promoción del centro religioso iraní de Qom, buscando legitimar el nuevo gobierno islámico de Khomeini. Con la invasión de Iraq y los posteriores gobiernos chiíes, la ciudad de Najaf recuperó su papel como centro de culto para el chiismo.

Esta rivalidad teológica es clave para entender el conflicto sectario in Irak. Mientras que Irán busca expandir su gobierno islámico mas allá de sus fronteras, la visión moderada de Sistani ha conseguido hasta ahora contener las aspiraciones iraníes en Iraq, país con la comunidad chií mas numerosa en el mundo árabe. En síntesis, la revolución supuso un marco de referencia para la movilización social del chiismo y produjo en paralelo importantes preocupaciones en los gobiernos sunníes del Golfo Pérsico.

2. El salafismo

El desarrollo económico en el Golfo durante gran parte del siglo XX ayudó en gran medida a la promoción del salafismo, corriente rigorista del Islam muchas veces relacionada con el terrorismo yihadista. Sin embargo, esta asunción esconde una complejidad mucho mayor: el salafismo es una filosofía cuyo método para ser llevada a cabo es el wahabismo; sin embargo, no todos los salafistas son wahabitas, pero todos los wahabitas son salafistas. Además, estos últimos se pueden dividir entre quietistas, políticos y yihadistas. Aunque su relación con el Estado y los métodos empleados para llevar a cabo sus visiones varían, todos están de acuerdo en «el regreso a un Islam como el que se practicaba en tiempos del Profeta y sus seguidores, los llamados ancestros (al salaf) de donde deriva el termino salafista» (Abdo, 2017). Por lo tanto, el rechazo chií hacia los tres primeros sucesores del profeta atenta contra las creencias salafistas, por lo que consideran que «los chiíes no son verdaderos musulmanes y su fin último es acabar con las creencias sunníes».

En este sentido, el primer Estado chií en tiempos modernos representó una importante amenaza para las sociedades del Golfo, ya que las largamente marginalizadas comunidades chiíes encontraron en la revolución un ejemplo para su movilización. Además, para Arabia Saudí la República Islámica de Irán suponía un escollo para sus aspiraciones políticas y religiosas para con la comunidad musulmana mundial, la llamada Ummah. En definitiva, la identidad sectaria fue manipulada por Irán y Arabia Saudí como parte de su lucha por la hegemonía regional, pero también por los grupos salafistas yihadistas para los cuales los chiíes son «el enemigo cercano en contraposición con el enemigo lejano representado por EE.UU” (Ghobadzdeh et al., 2015).

3. La construcción del Estado-nación: Iraq y Siria

Tras el final del periodo colonial, nuevas ideas liberales basadas en la construcción de Estados-nación articulan los nuevos gobiernos nacionalistas y seculares. Una nueva generación de líderes buscaron promover identidades nacionales basadas en las tradiciones, rasgos culturales o lenguas comunes en cada país, dejando en un segundo plano elementos religiosas o sectarios.

A pesar de un fuerte apoyo popular y del respaldo de una buena parte de los intelectuales, estos regímenes rápidamente buscaron imponer sus dictados y borraron cualquier atisbo de oposición. Como consecuencia, una gran parte de aquellos que se oponían al régimen buscaron y encontraron en el Islam los elementos ideológicos sobre los que vertebrar su oposición política. La Primavera Árabe supone para muchos la ventana de oportunidad para tomar el poder e incluso los propios regímenes autoritarios utilizaron la carta sectaria buscando una estrategia de "divide y vencerás". Solo aquellos movimientos más sectarios pudieron plantar cara a los regímenes, mientras que aquellos que lideraron las protestas, así como los movimientos islámicos más moderados, fueron apartados en los primeros estadios de la revolución.

Dichas conclusiones varían entre países y por ellos analizaremos los casos de Siria e Iraq buscando entender algunas de las particularidades que estas dinámicas conllevan.

3.1 La Larga Sombra de la Invasión de Iraq (2003)

Tras la invasión de EE.UU. en 2003 la mayoría chií tomó el poder y el control del Estado después de años de discriminación bajo el Régimen de Saddam Hussein (Hadad, 2014). Para entender el uso de prácticas sectarias en Iraq es fundamental retrotraernos al Iraq pre-2003, el cual podríamos categorizar desde la óptica sectaria como «chií-iraquí pero no como sunní-chií». Fanar Haddad (2016) considera que «el Estado iraquí no fue anti-chií per se, más bien consideró sospechosos a aquellos cuyas vidas e identidades se articulaban en torno a su condición chií, y por tanto presentando verdades paralelas en relación con la historia de Iraq». Sin embargo, la discriminación de facto creó un cierto resentimiento dentro de la comunidad chií como resultado de su estatus de ciudadanos de segunda.

En el Iraq post-2003 la disputa dentro del chiismo es especialmente relevante. En 2014, el Gran Ayatola Sistani llamó a todos los iraquíes a defender el país contra el Estado Islámico, el cual controlaba en aquel entonces un tercio de Iraq. Su llamada movilizó a un importante número de iraquíes chiíes, pero también a sunníes, cristianos y yazidíes, los cuales constituyeron las Unidades de Movilización Popular (UMP) (Hashd al-Shaa'bi) (Hadad, 2018). Las UMP han sido caracterizadas internacionalmente y dentro del mundo árabe como «grupos chiíes librando una guerra contra las áreas sunníes y llevando a Irak hacia el apocalipsis sectario» (Hadad, 2018). Por el contrario, Haddad argumenta que «las UMP son un amplio espectro de unos 140.000 miembros y en torno a 40 unidades paramilitares cuyas relaciones con el gobierno iraquí, con Irán e incluso entre ellos varían enormemente» (Hadad, 2018).

Podemos encontrar la misma complejidad en al apoyo sunní al Estado Islámico (IS). En esta línea, Geneive Abdo (2017) menciona que los lideres tribales sunníes «respaldaron y apoyaron al ISIS […] después de lo que ellos consideraban años de marginalización y represión de los gobiernos chiíes». Como resultado, algunas de las UMP no solo lucharon contra el Estado Islámico sino también contra las comunidades sunníes que les apoyaban. Con esta idea en mente, puede ser difícil de entender el apoyo de varios grupos sunníes a las UMP, pero al contrario consideramos que son la muestra de la complejidad que existe en la región.

3.2 Siria y la carta sectaria

En Siria, fue durante el Mandato Francés (1920-1946) cuando la identidad sectaria se politizó. El caso sirio presenta un elemento interesante, ya que no sería hasta 1973 cuando la minoría alawita (10%), que desde 1970 controla el país, obtendría el reconocimiento oficial como parte de la comunidad chií. Este evento nos puede ayudar a entender cómo las diferencias sectarias o ideológicas son a veces sobredimesionadas buscando unicaménte crear división.
Por lo que respecta a la guerra civil en la que se encuentra sumido el país, el elemento sectario ha ganado peso durante los últimos años, pero nunca ha sido el factor central. En este sentido, la guerra civil es para Christopher Phillips (2015) «el resultado de factores estructurales, económicos y socioculturales presentes en el corto y largo plazo, pero no debido a diferencias identitarias profundas».

En 2011, una población rural empobrecida se levantó contra «la elite corrupta […] dando a entender que sus preocupaciones eran principalmente económicas y no políticas» (Phillips, 2015). Además, se cree que Bashar Al-Assad «facilitó el tránsito de yihadistas sunníes a través de la frontera iraquí» (Phillips, 2015) buscando debilitar al ejercito de EE.UU. en Iraq. Además, en los comienzos de la Primavera Árabe «liberó yihadistas encarcelados […] esperando que radicalizasen la oposición» (Maher, 2018), tal como ocurrió. Estos grupos acabarían luchando contra el propio Bashar Al-Assad y tomarían el control de una parte importante del país en nombre del Estado Islámico.

Finalmente, el caso sirio ha sido comparado con una nueva guerra mundial en un campo de batalla acotado a las fronteras sirias; la comparación no parece exagerada si nos detenemos en el incalculable número de actores que o bien desde el terreno o financiaramente han tomado partido a lo largo de los más de siete años de guerra. Como ejemplo sirva el apoyo al Régimen de Al-Assad de la milicia libanesa Hezbollah tomando partido directamente sobre el terreno, mientras que la Guardia Revolucionaria Iraní ha asesorado y financiado al ejercito sirio. EEUU o Rusía también han buscado posicionarse en el conflicto al igual que paises como Qatar, Turquía o Arabia Saudí, los cuales han apoyado «milicias con un pronunciado elemento sectario» (Phillips, 2015). En definitiva, distintas agendas e intereses se emtremezclan ante el sufrimiento de una población que no alcanza a ver el final de sus penurias.

Conclusión

Los regímenes autoritarios que tomaron el poder tras la independencia fracasaron en la construcción de Estados-nación (Abdo, 2017), no sabiendo adelantarse a la recuperación del Islam como elemento fundamental de la oposición política. En esta línea, la invasión de Iraq en 2003 y la Primavera Árabe provocaron un gran vacío de poder que aprovecharon diferentes actores regionales. Además, Irán y Arabia Saudí han isntrumentalizado las diferencias sectarias entre sunníes y chiíes como medio para disputarse la hegemonía política dentro del mundo musulmán.

En definitiva, creo que con el fin de tomar el tomar el poder o manternerse en él se ha buscado inyectar una disputa sectaria en el caso sunní-chií en Oriente Próximo, donde a pesar de las diferencias no existían odios ancestrales ante de 2003.

Como conclusión no debemos olvidar que la mayoría de las personas no son ideológicamente intransigentes, únicamente reaccionan ante las crisis políticas o económicas tomando decisiones en un sentido u otro. Cuando los Estados colapsan, las personas tratan de encontrar redes familiares, tribales o sectarias de confianza.

El artículo completo, escrito originalmente en inglés, se puede encontrar en el siguiente enlace https://www.academia.edu/36797996/The_Sunni-Shi_a_conflict_and_Islamic_Revivalism


Arun Sinha (1978), “Shia-Sunni Conflict”, Economic and Political Weekly Vol. 13, No. 45, 1841.

Bassel F. Salloukh and Co.(2015), “The Politics of Sectarianism in Postwar Lebanon”, Pluto Press, 2.

CFR (2014), “The Sunni-Shia Divide”, Council of Foreign Relations. Available at https://www.cfr.org/interactives/sunni-shia-divide (Accessed by 5/04/2018)

Christopher Phillips (2015), “Sectarianism and Conflict in Syria”, Third World Quarterly, 2015 Vol. 36, No. 2, Routledge, (2015), 357.

Eric Davis (1981), “Iraq's Risk in Its War”, New York Times (1923-current file), ProQuest Historical Newspapers, A23.

Fanar Haddad (2014), “A Sectarian Awakening: Reinventing Sunni Identity in Iraq After 2003”, Current Trends in Islamic Ideology, Vol 17 , 147.

Frederic M. Wehrey (2014), “The Long Shadow of the Iranian Revolution. Sectarian Politics in the Gulf”, Columbia University Press, 12.

Fanar Haddad (2018), “Understanding Iraq's Hashd al-Sha´bi”, Arab Politics Beyond the Uprising, The Century Foundation.

Fanar Hadad (2016), “Shi'a Centric State Building and Sunni Rejection in Post-2003 Iraq”, Carnegie Endowment for International Peace, 10.

Geneive Abdo (2017), “The New Sectarianism: The Arab Uprising and the Rebirth of Sunni-Shia Rebirth. Chapter 2. Mullahs and the Militias”, Oxford

Naser Ghobadzdeh & Shahram Akbarzadeh (2015), “Sectarianism and the prevalence of ‘othering’ in Islamic thought”, Third World Quarterly, 36:4, 691-704.

Phebe Marr (1981), “Sectarian Strife is On the Wane in Iraq Despite War with Iran”, New York Times (1923- current file), ProQuest Historical Newspapers.

Luis Losada

Luis Losada

(León, 1993) Politólogo y Jurista por la UCM. Máster en Estudios Internacionales por King´s College London. Interesado en temas de seguridad en América Latina y Oriente Próximo.

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