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Fierecillas sin domar (II): llegó el momento de las minorías

A la primera ministra británica le ha salido el tiro por la culata. Lejos quedan las expectativas de conseguir una amplia mayoría conservadora que le permitiese más manga ancha a la hora de negociar las condiciones del Brexit con la Unión Europea. Confiando en las encuestas que le otorgaban casi 20 puntos de ventaja con respecto a los laboristas, Theresa May anunció el 18 de abril unas elecciones anticipadas para garantizar la [«certidumbre, estabilidad y el fuerte liderazgo»](que Gran Bretaña necesita antes de acometer las negociaciones. (http://www.bbc.com/news/av/uk-politics-39627177/theresa-may-s-full-announcement-on-calling-snap-election). Después de los resultados del pasado jueves, lo único que parece seguro en el país es la propia incertidumbre.

Si bien la mayoría absoluta con la que contaban los tories tras la victoria de 2015 (con el entonces Primer Ministro Cameron al frente) era más bien exigua —de apenas 17 diputados— y no tan amable como se pudiera desear —un gran número de diputados no estaba dispuesto a hacer ninguna concesión a Europa en las negociaciones—, al menos contaba con un liderazgo indiscutido. Ahora May ha perdido no solo la mayoría, sino también autoridad. El Partido Conservador no suele respetar a aquellos líderes que no son capaces de mover mayorías y, aunque la primera ministra ha pedido perdón a aquellos ministros y parlamentarios que han perdido su asiento en la Cámara, ya se han producido las primeras renuncias en su gabinete.

Con 318 diputados, 13 menos que en la legislatura anterior, a los tories les harán falta 8 escaños más para tener la mayoría que les permita gobernar. Lejos de atender a las peticiones de dimisión que le llegan desde los principales partidos de la oposición, la decisión de May ha sido acudir al Partido Unionista Democrático (DUP), que añadiría 10 votos más a la cuenta conservadora. No deja de resultar significativo que un partido con solo el 1,5% de la representación parlamentaria tenga en estos momentos tan tamaña importancia. El DUP es un partido unionista y de derechas, y se perfila como el único aliado natural al que los conservadores pueden recurrir.

Este apoyo puede materializarse de dos formas. La primera sería de índole más informal, y su puesta en práctica se reduciría a la votación conjunta de los parlamentarios del DUP junto al gobierno en mociones de confianza y cuestiones presupuestarias, a cambio de la implementación de ciertas políticas de interés para su electorado norirlandés. Es lo que se conoce como un confidence and supply deal. La segunda posibilidad sería llevar a cabo una colaboración más formal, introduciendo a los diputados del DUP en las dinámicas del Partido Conservador. Por el momento, May parece inclinarse más por la primera opción, habiendo aseverado en sus declaraciones que no busca crear una coalición.

Debido a un sistema electoral mayoritario y a fuertes clivajes históricos rural-urbano, Reino Unido no ha tenido muchos gobiernos en minoría y, cuando se han dado, no han ofrecido resultados demasiado alentadores. La tónica general de estos gobiernos ha sido la de renquear por un corto período de tiempo para terminar obligando al país a volver a las urnas. Ninguno de ellos consiguió nada especialmente memorable. En el caso de los conservadores y el DUP, a pesar de ser ambos de corte conservador, existen divergencias políticas e ideológicas que pueden hacer peligrar el entendimiento mutuo. Algunas de las preocupaciones que los tories ya se han visto obligados a atender tienen que ver con las ideas religiosas y anti LGTBI del partido norirlandés. Irlanda del Norte es la única región del Reino Unido donde el matrimonio entre personas del mismo sexo aún no está permitido, tras la aprobación del mismo en Escocia en el año 2014. La primera ministra ha asegurado que no habrá ningún retroceso en esta materia, pero siendo el DUP un partido en el que dos tercios de sus miembros consideran que la homosexualidad está mal, los colectivos LGTBI siguen expresando su disconformidad con cualquier tipo de acuerdo. Algo parecido ocurre en lo referente al aborto: según una encuesta llevada a cabo en 2014, un 73% de los votantes del DUP está en contra de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Irlanda del Norte, cuya legislación en este ámbito es mucho más estricta que en el resto del país.

En lo relativo a la salida de Reino Unido de la Unión Europea, a pesar de que Irlanda del Norte votó por la permanencia, el DUP fue el único partido de la región que hizo campaña a favor del Brexit. Sin embargo, su posición al respecto es hasta cierto punto paradójica. Irlanda del Norte comparte frontera física con la República de Irlanda, y un cierre hermético de las fronteras les daría un argumento muy poderoso a los nacionalistas irlandeses para unificar la isla de una vez por todas. Más allá de ese punto, la visión del DUP y de los conservadores coincide en su apuesta por un Brexit de carácter más duro, abandonando la unión aduanera con la UE y optando por el establecimiento de tratados de libre comercio con diferentes lugares del mundo. Se espera que el DUP utilice el acuerdo con los tories para no perder la financiación que Irlanda del Norte recibía de los fondos comunitarios de Bruselas una vez firmados los acuerdos y que tendrá que encontrar otra fuente una vez se complete el proceso de salida.

Por otro lado, el líder laborista Jeremy Corbyn también podría intentar formar gobierno en caso de que los conservadores no alcanzasen el acuerdo. La posibilidad es muy remota, pero Corbyn, lejos de descartarlo, ya está preparando las conversaciones con la Reina en caso de que May no lo logre. Su intención sería guiar una coalición progresista que incluya al Partido Nacionalista Escocés (SNP), los Liberal Demócratas, el Partido Verde y el Partido de Gales. Pero incluso si los tories logran formar gobierno, Corbyn se ha demostrado capaz de ser un poderoso líder para la oposición, pasando de ser considerado el dirigente laborista más débil desde Michael Foot en 1983 a ganar 30 escaños. Todo ello amparado en unas ideas de corte mucho más izquierdista que las que imperaban antes en el partido, rompiendo con el consenso forjado en la era de Blair de que en el Reino Unido se puede ganar desde el centro, pero no desde la izquierda. La incógnita ahora está en cómo, de formar la coalición, se comprometería con sus aliados; o cómo, en caso de pasar a la oposición, resolvería asuntos pendientes con sus críticos dentro del laborismo (aunque no parece que vayan a molestarle mucho, habiendo salido en su defensa incluso algunos pesos pesados que antes le habían confrontado abiertamente, como es el caso de Chuka Umunna).

Independientemente de lo que suceda, en un país dividido en dos bloques tan marcados y competentes electoralmente (tanto los tories como los laboristas han sobrepasado en estas elecciones la barrera simbólica del 40% de voto popular), los dos partidos mayoritarios van a tener que ser mejores negociando apoyos de lo que fueron haciendo campaña.

Laura Vicente Jiménez

Laura Vicente Jiménez

(Madrid, 1993) Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado en Amnistía Internacional y en Cooperacion y Desarrollo.

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