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¿Qué piensan los jóvenes catalanes sobre la independencia?

Este artículo apareció originalmente en Bez.es el día 24 de mayo de 2017.

El proceso catalán sigue avanzando capítulos en medio de una creciente tensión entre los Ejecutivos e instituciones de ambos lados del Ebro. Su primicia informativa sigue en la cúspide de la pirámide jerárquica, tanto de las agendas mediáticas, políticas y sociales, y su futuro, cuanto menos, es realmente incierto.

El caso catalán, marcado por la centralidad y hegemonía informativa, ha supuesto desde el inicio una lucha constante para acercar a los diferentes grupos sociales a una posición determinada. Los jóvenes, por su mayor volatilidad y escasa tradición (y sentimiento de pertenencia a los partidos), son y han sido un segmento muy codiciado.

Tradicionalmente, se ha asociado a este sector con las posiciones más a la izquierda del eje ideológico. Por ejemplo, en el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en la escala de 0-10 (0 extrema izquierda-10 extrema derecha), la media española se situaba en torno al 4,6, mientras que la población de entre 18 y 24 años se autoubicaba en 4,3. Parecidos a los resultados del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) en 2017, donde la media catalana era un 3,9 y la de los más jóvenes 3,67. En correspondencia, también se les ha relacionado con los sectores más rupturistas con el statu quo, más revolucionarios y abiertos a los nuevos paradigmas y contextos.

Es por esto que, sus percepciones acerca del independentismo, parecían estar situadas en un punto más favorable a la secesión que la media de Cataluña. Y no es de extrañar pues, que en un alarde de ingeniera electoral, las entidades y partidos independentistas tratasen de abrir el abanico censal en pos de unos mayores réditos, intentando avanzar la edad mínima para votar hasta los 16 años (en la consulta del 9N del 2014 ya fue así, pero finalmente no se llevará a cabo). Y no precisamente para favorecer las ansias democráticas, ni en aras de la proporcionalidad de la región, sino que por una razón más resultadista, ganar votos. Ampliar el pastel.

¿Dónde se sitúan los jóvenes catalanes?

Si tomamos como punto de partida la pregunta establecida en los barómetros de opinión del CEO desde 2015, que hace referencia explícita a la independencia, se prueba que los jóvenes catalanes (18-24 años) eran ese año el estrato social más cercano y favorable a la secesión (55,3% en frente al 44,1% de media).

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(Fuente: German tools)

Pero contrasta con la situación actual. Dos años después, es este mismo grupo el que ha experimentado un descenso más notorio de las posiciones pro independencia (más de 10 puntos), hasta llegar al 45,3% en el último estudio. Perdiendo por primera vez la hegemonía, superados por el sector compuesto por los ciudadanos de entre 35 y 49 años (46,8%) y a solo un punto de la media catalana 44,3%.

Cierto es que esta pregunta tiene una temporalidad muy breve (solo 3 años) y puede dar cabida a cierto grado de desviación de los resultados. Por lo tanto, es preciso recurrir a otras variables, para resaltar la hipótesis de la pérdida de músculo independentista en la columna vertebral del proceso, los jóvenes.

Siguiendo el mismo patrón, en todos sus estudios, el CEO pregunta sobre la relación Cataluña-España y cuál es la preferencia de los encuestados (a escoger entre: región de España, comunidad autónoma, Estado federal o país independiente). En 2013 el 51% de la población de Cataluña (de entre 18 y 34 años) manifestó que creían que Cataluña debería ser un Estado independiente, dato meridianamente superior al 41% favorable, a esta misma posición, del 2017 (10 puntos menos, una pérdida del 17,3%).

El nacionalismo siempre tiende a tratar de monopolizar a su electorado a través del sentimiento, y es aquí precisamente, en el sentimiento de pertenencia, donde la bajada generalizada se pronuncia más entre los jóvenes. El Institut de Ciencies Polítiques i Socials (ICPS) en su sondeo de opinión anual, muestra como en 2012 un 30% de los ciudadanos de Cataluña, de entre 18 y 24 años, únicamente se sentían catalanes. En 2016 la realidad es distinta: 19 puntos menos (un 11,2%) y casi un 30% menos que la opción más frecuente (tan catalán como español, 40%).

Finalmente, una última variable a analizar para acabar de corroborar la huida de los jóvenes de las posiciones más rupturistas (en el marco del proceso), es la intención de voto. Si en 2013 un 50,8% de la población más inexperta se decantaba por partidos de intenso calado nacionalista/independentista (CIU, ERC o CUP), en 2016 estos datos eran mucho más reducidos: 31,6% (JxSí o CUP). Lo que supone un descenso de casi 20 puntos en tan solo tres años. Y respecto al año pasado, ya con la coalición Junts pel Sí en la terna de opciones, la caída es del 9,1% (40,7% en 2016 al 31,6 en 2017, según los datos facilitados por el CEO).

En definitiva, los datos corroboran una realidad: el proceso empieza a perder adeptos. La prueba más fehaciente es el desgaste mostrado por los más jóvenes en el mundo de la política, y esta pérdida no es baladí. El músculo secesionista tenía, en el sector más joven, su núcleo y principal soporte. Sabedores que los segmentos de más edad, sobre todo a partir de los 65 años, son los más reacios a emprender aventuras inciertas, como la separatista (un 41,4% de la población de más de 65 años, según el CEO, estarían a favor de la independencia, lejos del tope, que se encuentra entre los ciudadanos de 35-49 años, 46,8%).

Una pérdida de más de 10 puntos respecto al 2015 entre los más jóvenes (según el CEO), es una importante piedra de toque para los partidos y organizaciones favorables a la ruptura. La reducción del pulmón del proceso supone, obligatoriamente, la falta de aire secesionista. El hastío hacia un proceso sin fin, estancado hace años en una procesión de capítulos históricos y estériles a la par (sin la obtención de ningún rédito), provoca una creciente desafección que, a su vez, impulsa al Govern a emprender medidas desesperadas para no perder, definitivamente, el tren a ninguna parte. Hace tiempo la esperanza eran los más jóvenes; sin ellos, quizás, la esperanza ya no existe.

Alex Sainz de Vicuña Prat

Alex Sainz de Vicuña Prat

Politólogo, Máster en comunicación política y graduado en comunicación. La actualidad política, y social, son mis principales áreas de interés.

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