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Las elecciones del pasado 21 de diciembre en Cataluña requieren de un detallado análisis que, ante todo, sirva para responder a una serie de cuestiones básicas: quién ha salido victorioso tras el 21-D y qué escenarios de oportunidad se abren a partir de ahora.

1.-Quién ha salido victorioso el 21-D

Triunfo electoral de los separatistas

La jornada del 21-D, que tenía a todos en vilo, se zanjó con una nueva victoria electoral del separatismo y concretamente de la estrategia de Puigdemont, que superó las expectativas de las encuestas y de sus adversarios directos. Así, PDeCAT quedó en segunda posición dejando atrás a ERC. La lectura de este hecho se explica porque Puigdemont se logró convertir en el alma del procés. Esto es fundamental: las elecciones del 21-D fueron unas elecciones con orientación plebiscitaria que los separatistas vendieron hábilmente como un pulso al Gobierno de la nación. En ese contexto, Puigdemont logró unir su imagen a la de la Generalitat, escenificando a las instituciones catalanas en pulso frente al Gobierno de España representado por Rajoy. El posicionamiento previo de Puigdemont como President ha facilitado enormemente la visualización de este concepto.

De este modo, cuando Puigdemont se exilió a Bruselas, estaba haciendo un claro ejercicio de comunicación política: transmitía a los separatistas que la Cataluña que él representaba era una “víctima del Gobierno de España”, a pesar de que Junqueras y los Jordis cumplieran condena por su delito y él la evadiese. El 21-D dejó constancia de que había ganado el pulso, permitiendo que la agenda de PDeCAT siga siendo la agenda principal del contubernio de fuerzas separatistas.

Nuevamente, juntando sus escaños, las tres formaciones separatistas van a revalidar su mayoría absoluta. Lo mismo que sucedió en las elecciones de 2015. Dos años y una DUI y un 155 después, el número de potenciales partidarios de la independencia de Cataluña son más o menos los mismos.

Fracaso del Gobierno de España

Si hay un perdedor de las elecciones catalanas, éste es el Presidente Mariano Rajoy. El PP se ha convertido en un partido residual en Cataluña y aunque hay muchos factores que permiten explicarlo, su gestión de la crisis catalana desde el Gobierno de la nación es una de las causas más claras.

1. En primer lugar, haciendo un ejercicio de la prudencia que tanto le caracteriza, Rajoy hizo caso omiso al 9-N de Artur Mas, principal antecedente del 1-O. O no quiso o no supo darle importancia a la independencia pensando probablemente que la marcha de la economía y el pactismo tradicional de CiU impondrían un cambio en la agenda política y la derecha catalana volvería al statu quo constitucionalista. Dicho de otro modo: no estoy juzgando si lo que hizo el Presidente del Gobierno el 9-N fue correcto o incorrecto, sino criticando que no hiciese nada visible a los ojos de cualquier ciudadano.

2. En segundo lugar, el Gobierno no presentó ninguna narrativa alternativa para vencer al secesionismo a base de argumentos ni mediante una narrativa de España capaz de movilizar. Simplemente basó toda su respuesta al procés en que su realización vulneraba la legalidad constitucional, como si eso fuese a intimidar a un partido cuya premisa fundamental es conseguir una ruptura institucional. De este modo, el Gobierno de España no presentó ninguna postura en relación al debate identitario y sólo pudo recurrir a la fuerza.

3. Cuando el Gobierno de España combatió las urnas del 1-O tratando de impedir el referéndum mediante el legítimo ejercicio de la fuerza, su estrategia se mostró vulnerable. No fueron capaces de intuir que los mandos de los Mossos podían no ser leales a las instituciones españolas y ampararse tras el principio de proporcionalidad para desobedecer al juez. Al no calcular debidamente la reacción de los Mossos, el resultado fue que el número de efectivos policiales enviados al 1-O no fue suficiente. Además de esto, emplear la violencia -por mucho que entiendo que se trata del monopolio de la fuerza legítima- sin una estrategia comunicativa que permita hacerla comprensible en el escenario internacional, te deja a merced de todo tipo de trampas mediáticas: diarios de todo el mundo, a excepción de la hermana Francia, abrían portada con la violencia del 1-O, lo cual proyectó a los secesionistas como víctimas, ganando éstos capital político. No obstante, el Gobierno tuvo suerte de que la independencia de Cataluña no interesase realmente a ninguna superpotencia y menos a los países de la UE, que tienen también regiones con tensiones secesionistas que podrían agudizarse. Esto y las estructuras en las que está inmersa España (la UE y otros socios comerciales) terminaron por conseguir que la visión de los secesionistas como víctimas no se perpetuase.

4. Finalmente y siendo coherente con el marco leguleyo por el que se guiaba el PP, el Gobierno invocó el artículo 155 de la Constitución, con más pereza que ilusión, cuando fue inevitable tras la declaración de independencia. El artículo sirvió para restituir la legalidad y anunciar unas elecciones que pedían a gritos Ciudadanos y el PSOE. No obstante, hubo una diferencia: cuando llegó el momento de aplicar el 155, el PP y el PSOE lo asumieron como una necesidad que realmente les desagradaba, mientras que Ciudadanos, más consciente de lo que sus potenciales votantes pedían, respaldó sin tapujos el artículo.

El auge de Ciudadanos
Si hay algún concepto que permita definir el resultado electoral de la formación de Rivera e Inés Arrimadas, este es el de “victoria simbólica”. El hecho de que un partido constitucionalista, anti-secesionista y defensor sin tapujos de la unidad de España haya ganado pone de manifiesto que ha dejado de haber mayoría silenciosa en Cataluña.

En realidad, el auge de Ciudadanos se explica básicamente porque ha sido el único de los grandes partidos que ha focalizado el conflicto catalán en el clivaje puramente identitario. Ha entendido que la partida iba de sentimientos y que la disyuntiva era posicionarse entre una identidad exclusivamente catalana y una identidad española que se sentiría incompleta sin Cataluña. Por todo ello, muchos votantes del PP y del PSC (asociados simbólica y materialmente al llamado “cinturón rojo” de la ciudad condal, habitada por charnegos) han hecho voto útil en favor de la formación naranja al percibir en ellos el mensaje más claro contra el secesionismo. En un escenario de polarización identitaria, ganan los que son capaces de interpretar más nítidamente cada una de las identidades en pugna.

2- Potenciales escenarios

Las elecciones del pasado 21 de diciembre en Cataluña han plasmado lo que mucha gente de la calle veía con claridad: que la sociedad catalana está experimentando un clima de polarización que divide la región en dos mitades separadas, principalmente por la manera de concebir la identidad nacional. Frente a esta confrontación, se abre un escenario de posibilidades para la acción para los secesionistas, los constitucionalistas y las agrupaciones afines a Podemos.

Para los secesionistas

• Lo que está claro es que, tras la victoria de Puigdemont, los nacionalistas no tienen incentivos para suavizar su postura contra el Gobierno de España ya que no han perdido apenas votos y superan los escaños necesarios para gobernar por mayoría absoluta. Si optan por la moderación en sus relaciones con el resto de España será de manera temporal para evitar una vuelta a la aplicación del artículo 155. Pero la agenda del procés seguirá prácticamente intacta.

• El President será del PDeCAT ya que ha sido la formación con mayor número de votos y la que ha encabezado con éxito el procés. Dicho esto, considero que apostarán en primera instancia por tratar de que dicho President sea Puigdemont, aunque no pueda estar físicamente presente en la investidura. Además, si se apoya a Puigdemont como candidato y éste no puede presentarse porque la ley impide la nominación telemática, el nacionalismo podrá venderle nuevamente como una víctima de los abusos del resto de España hacia Cataluña. No obstante, aunque no gobierne Puigdemont y lo haga algún otro diputado del PDeCAT, se tratará de enfocar la legislatura como una “legislatura de transición a la independencia”, partiendo de la premisa de que el reférendum del 1-O constata que tienen derecho a ser soberanos al margen de España. No obstante, se trata de una manera de enfocar el Gobierno, que por lo demás no romperá con las leyes españolas durante buena parte de la legislatura, ya que saben que no cuentan con respaldo internacional ni capacidad de maniobrar para conseguir la ruptura. Pero basta con que el electorado perciba que ese es su objetivo a largo plazo. Es posible, eso sí, que la ausencia física de Puigdemont facilite el entendimiento momentáneo y eventual con el Gobierno de la nación, que ahora mismo tiene incentivos para negociar siempre y cuando esta negociación no implique la posibilidad de romper con España.

Para los constitucionalistas

• Los partidos contrarios a la independencia tienen la ventaja de que ahora la Cataluña no separatista también sale a las calles y se expresa con mayor energía, al haber visto que el procés ha causado reacción en toda España -como bien expresan las banderas que rodean muchos balcones en múltiples barrios de ciudades y pueblos de todo el país- y que, en definitiva, no están solos. La legislatura convertirá a Arrimadas en la líder de la oposición y, si el constitucionalismo no quiere perder la oportunidad, será necesario que el PSC y el PP hagan autocrítica y se posicionen en la misma línea que Ciudadanos en lo que respecta a la dialéctica contra el secesionismo. Lo cual, sinceramente, no creo que suceda.

• Un elemento a tener en cuenta entre los escenarios de oportunidad del constitucionalismo es la idea de “Tabarnia”. Tabarnia no es más que una sátira que pretende mostrar las contradicciones del discurso separatista y que parte del reconocimiento de que hay una Cataluña que quiere seguir siendo española (representada por Barcelona y Tarragona, las provincias que tienen en proporción menos votos de formaciones secesionistas) y que además es rica, frente a una Cataluña que quiere la independencia y que, según esbozan, “vive de subsidios de la primera”. Se trata pues, de una burla, pero a la que la prensa ha dado voz dando a entender que la división de la CCAA está reconocida en la Constitución Española, amén de lo que opinen las provincias que integra. En definitiva, es una “broma” que puede ser políticamente útil para crear una imagen de comunidad y unión entre los catalanes que se oponen a la independencia. No obstante, es pronto para saber si tendrá algún tipo de recorrido político a largo plazo o no.

Para Podemos y sus agrupaciones afines

• Los resultados electorales en Cataluña llevan a estas agrupaciones a realizar un serio ejercicio de autocrítica en relación tanto con su posicionamiento en la cuestión catalana. La apuesta por un referéndum vinculante era una apuesta complicada en unas elecciones con carácter de plebiscito, donde lo habitual es votar a los actores que tienen su identidad más claramente definida. Pero este debate implica una reflexión profunda que permita rearticular su discurso, algo que tardará tiempo en plasmarse. Por el momento, las organizaciones afines a Podemos tienen la oportunidad de centrarse en la política municipal, concretamente en que Ada Colau vuelva a ganar en Barcelona. De conseguirlo, no se podría refutar la tesis de que hay un voto diferencial entre los comicios municipales y los autonómicos. Es decir, muchos votantes que apostarían por Ada Colau en las municipales, no votarían a Podemos en las autonómicas. Y tocaría explicar el motivo, aunque probablemente una de las razones sea que las elecciones municipales no se van a concebir como un plebiscito.

En conclusión, todo parece indicar que el clima de polarización seguirá reinando en Cataluña. Lo que no sabemos es por cuánto tiempo se relajarán las tensiones.