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El hecho de que las crisis sean un fenómeno recurrente en el capitalismo (Krak del 29, depresión de los años 30, Crisis del petróleo de los 70, depresión asiática de los 90, crisis financiera del 2008) nos hace reflexionar en cuanto a diferentes cuestiones: ¿son algo inherente al capitalismo? ¿van en aumento? ¿se pueden controlar? ¿cuál es su origen?

En este breve artículo utilizaremos el enfoque marxista, que explica muchas de las incoherencias que saltan a la vista en la teoría económica neoliberal de las crisis. Es útil recordar que es un enfoque que trata a la economía no como lo que se considera hoy día, es decir, una ciencia aséptica y desideologizada que trata las relaciones entre los bienes y el ser humano, sino como lo que en el fondo es: una ciencia que trata las relaciones entre los seres humanos dentro de la producción, distribución y consumo. Cuando hablamos de economía, olvidar al productor, al consumidor, las relaciones entre los humanos en la esfera de la producción y consumo y sobre todo, sus relaciones de poder, significa olvidar gran parte del fenómeno económico, cosa que sigue unos intereses muy definidos: hacer de la economía un instrumento técnico que no refleje las desigualdades inherentes en el sistema.

Comenzamos la exposición viajando hacia la sociedad feudal, donde las crisis que se daban eran de subproducción, esto es, que se producía menos de lo que se necesitaba. Nos es familiar la manera en la que los fenómenos de hambruna, malas cosechas y miseria, condicionados por el ciclo del cultivo de la tierra y sus resultados (ya que era el único sector productivo), aparecían en el día a día feudal. El intercambio presente en las sociedades feudales correspondía al esquema M-D-M (Mercancía-Dinero-Mercancía) primando en este caso el valor de uso (el valor que tiene una mercancía según el uso que le damos) sobre el valor de cambio (valor de una mercancía como mercancía de intercambio). Un ejemplo típico es el campesino que vende su cosecha (mercancía) a cambio de unas monedas o algo de sal (dinero) para que él pueda comprar madera para su hogar (mercancía). Podemos ver como el esquema M-D-M se cumple y como el valor inicial M es igual que el valor final M: el intercambio se da entre valores iguales, nadie va a intercambiar algo de un valor mayor por algo de menor valor. Esta producción simple es una producción para el consumo típica de la producción precapitalista.

No obstante, con la mercantilización en los inicios del capitalismo, algunos campesinos cuentan, tras varias décadas de comercio, con una suma de capital (dinero) que les permite comprar una mercancía y luego volver a venderla por una suma de capital mayor. El campesino deja de ser productor para convertirse en lo que Engels llama la clase comerciante, una clase parásita porque ejerce de intermediario entre dos productores, no produce y sin embargo es indispensable. Actúa entre la producción de estos dos productores a la vez que se lleva el beneficio del intercambio. Este esquema sigue el conocido ciclo D-M-D’ (también llamado circulación del capital): compra de mercancía a cambio de dinero (D) para venderla a un precio mayor, en el mercado (D’). Este diferencial, D’-D, es el origen de la acumulación capitalista, que se convertirá en el objetivo último de los comerciantes, la acumulación por la acumulación, ya que de esta manera crece su capital.

Pero, ¿de donde viene el diferencial D’-D? Los economistas clásicos explicaban que este sobrevalor o plusvalor, se producía en el intercambio: mágicamente se añadía un valor cuando una mercancía se intercambiaba. Marx demostró que este plusvalor se lo da el factor trabajo, es decir, el productor o trabajador cuando produce la mercancía. Podemos tener un campo de trigo, los utensilios y el capital para poner todo en marcha pero todo esto no tienen ningún valor: hacen falta trabajadores que conviertan todos estos elementos en un producto final que se puede vender y que tiene valor. A la hora de pagar al trabajador por su mano de obra, se le paga menos de lo que produce sino la producción para la venta no tendría ningún sentido, no generaría beneficio para el capitalista. Es lo que la economía marxista llama plusvalía, es decir, D’-D. Además, si vamos hasta el final del razonamiento, si los trabajadores no reciben el total del valor de lo que producen, la demanda es necesariamente menor que la oferta, por lo que el consumo es inferior a la producción simplificando mucho. Aquí se ve patente el fenómeno de la sobreproducción.

En este esquema capitalista, la crisis no se produce por subproducción sino al contrario: algunos productos no se venden, la abundancia provoca la crisis: se trata de las crisis de sobreproducción (o subconsumo). Se produce cuando el diferencial D’-D se hace menor. Esto ocurre en todos los mercados cuando la competencia aumenta: a más competencia, más bajos los precios y a menos que se le pague menos al trabajador, D’-D disminuye. Es en esta disminución donde reside la naturaleza de las crisis en el capitalismo. Esta disminución de la tasa de ganancia ((D’-D)/D) en un mercado o sector implica su estancamiento, ya que no aceptará nuevas inversiones, lo que llevará a que los capitalistas lleven su capital a otro sector provocando una sobreinversión en ese nuevo sector.

Esta sobreinversión satura la tasa de ganancia (mayor competencia, menores precios: volvemos al principio), lo que provoca un cese de inversión en esos sectores, es decir, un capital que deja de circular, que se guarda y se inutiliza. A esto se le llama interrupción en el proceso de circulación (retención del poder de compra), el cual puede provocar el fenómeno de la sobreproducción. El ciclo del capital D-M-D’ se interrumpe y el beneficio comienza a caer, haciendo un efecto multiplicador sobre la ya descendiente tasa de ganancia.
Cuando la tasa de ganancia (D’-D)/D disminuye en prácticamente todos los sectores, la recolocación de capital no tiene ningún tipo de beneficio para el capitalista. En palabras de Paul Sweezy en “Teoría del Desarrollo Capitalista”:

“Cuando esto sucede, los capitalistas no están obligados a reinvertir bajo condiciones que deben considerar como desfavorables: pueden posponer la reinversión hasta que las condiciones les sean favorables otra vez (D’-D sea normal otra vez) o bien se hayan resignado a una nueva y más baja tasa media de ganancia.”

Entretanto el aplazamiento de la reinversión ha interrumpido el proceso de circulación y provocado la crisis y la sobreproducción.

“La crisis y la depresión subsecuente forman parte del mecanismo por el cual la tasa de ganancia es restituida completa o parcialmente a su nivel previo. No es verdad por consiguiente que la tasa de ganancia deba desaparecer o volverse negativa para producir una crisis.”

En otras palabras, las crisis forman parte del ciclo económico del capitalismo y juegan un papel esencial: restablecer el equilibrio de la tasa media de ganancia (tasa de ganancia no de una empresa o sector en particular sino del conjunto de las empresas de una sociedad) mediante la destrucción de capital (cierre de empresas, trabajadores despedidos, amortizaciones que no se cumplen). La crisis y sus consecuencias sobre la población son una fase ordinaria de la economía. Este es uno de los mayores aportes de la economía marxista a la teoría de la crisis, que retrata el carácter inhumano del sistema capitalista y nos anuncia una afirmación cruel y verdadera: el capitalismo necesita a la crisis para sobrevivir.

En una segunda parte analizaremos las teorías de la tasa descendiente de ganancia y de la sobreproducción, donde daremos un paso adelante en la teoría de la crisis. Enumeraremos los elementos a través de los cuales la tasa de ganancia consigue mantenerse firme la mayoría del tiempo y permite de esta manera la supervivencia del capitalismo. Debatiremos en torno al futuro de las crisis, su mayor frecuencia y su posible carácter crónico.

En una tercera parte, siguiendo los artículos de P. Herrera y J.R. Moreno sobre la crisis actual, intentaremos aplicar todos los apuntes teóricos a la actual crisis del sistema capitalista que nos arrastra hacia el desempleo, la precarización y la pauperización desde el año 2008.