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Introducción

El pasado mes de enero la Revolución Cubana cumplía 60 años, y hace tan sólo tres años, en la era pre-Trump, parecía que se resquebrajaba la posición diplomática de Estados Unidos respecto de la isla caribeña. La noticia que desencadenó esta grieta fue la liberación de “los cinco” agentes de inteligencia cubanos por parte de los EEUU y los anuncios del Gobierno de Obama de retomar los cauces diplomáticos que llevaban desde 1959 bloqueados por parte de Estados Unidos.

Dicha relación dista de pasar desapercibida tanto a nivel mediático como a nivel de las relaciones internacionales desde el comienzo de su establecimiento en 1959: muchos analistas subrayan el trato “de excepción” que mantiene EEUU con Cuba, debido a que no mantiene relaciones oficiales con ella pero sí con otros países de ideología similar como Corea del Norte, China o Vietnam u otros países que “componen el Eje del Mal” como Irán, Siria o Bielorrusia (Lamrani, 2013, pp.20-21). Sin embargo, estas relaciones no sólo son llamativas desde esta excepcionalidad. Debido a la naturaleza cambiante y el dinamismo intrínseco de las relaciones internacionales y el sistema mundial, llama la atención cómo la estrategia diplomática estadounidense conserva esta rigidez con Cuba. Por ello, nos centraremos en los diferentes argumentos que el Gobierno de EEUU ha podido emplear para justificarlo.

Desde un punto de vista realista, el interés nacional es la problemática principal en el planteamiento de las relaciones internacionales: ¿por qué con la caída del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría, la estrategia diplomática de EEUU con Cuba no ha cambiado? Este shock a nivel internacional no ha afectado a la situación de excepción de esta política exterior, pero sí ha tenido que influir en la justificación de esta política.

El debate teórico gira en torno a cuatro elementos principales por los cuales la política exterior de EEUU hacia Cuba tiene un cariz tan excepcional: por un lado las explicaciones donde sale a relucir la “seguridad nacional” en el sentido estricto de Morgenthau (1948); por otro lado y superando el enfoque realista, explicaciones de tipo económico (Suchlicki, 2002); explicaciones de tipo “prestigio internacional” (Sucklicki, 1994); y por último algunos autores se centran en la promoción de los derechos humanos (McCormick y Mitchell, 1988). A lo largo de este breve análisis, analizaremos estas cuatro explicaciones. Podemos diferenciar dos grandes etapas: 1959-1989 (marcada por el realismo estadounidense y la seguridad nacional) y a partir de 1989 (apertura hacia la promoción de DDHH de un carácter transnacionalista).

La explicación realista de la Seguridad Nacional como núcleo del Interés Nacional

La historia de las relaciones entre EEUU y Cuba antes de la Revolución de 1959 se explica perfectamente desde una óptica realista de conflicto entre dos intereses nacionales enfrentados y el triunfo intervencionista de la nación más poderosa que utilizará aparatos jurídicos, políticos y militares para controlar los gobiernos, la economía y el ejército cubanos [1]. Se ve el ejemplo más ilustrativo de esta intervención estadounidense en la dictadura de Fulgencio Batista que derrocó, gracias al apoyo del embajador estadounidense Summer Welles, al gobierno nacionalista y soberanista de Gerardo Machado y que podríamos decir que llevó a la conversión de la isla en el patio trasero de los EEUU.

El primero de enero de 1959 llega a La Habana Fidel Castro, líder del Movimiento Revolucionario que llevaba varios años combatiendo el régimen de Fulgencio Batista desde la fase insurreccional en la Sierra Maestra. Dicho movimiento nacionalista, pese a que no fue después de hechos posteriores cuando se impregnó de la ideología socialista [2], obtuvo una respuesta contundente desde un primer momento en las altas esfera de EEUU. El presidente Dwight Eisenhower planteó que “una acción militar podría ser necesaria en Cuba” y el propio Director de la CIA Allen Dulles precisó el objetivo: “Tenemos que impedir la victoria de Castro”.

Las acciones reales por parte de EEUU se dieron ya con la primera medida del gobierno cubano: la Reforma Agraria. Las medidas coercitivas comenzaron con la ley que cancelaba toda la cuota azucarera, la ruptura de relaciones con La Habana y el embargo total sobre Cuba, incluidos los productos alimenticios, en violación del Derecho Internacional Humanitario (Pérez y Ponce Suárez, 2006). Con el paso de los gobiernos estadounidenses, las medidas se fueron recrudeciendo (prohibición de comercio de terceros países con Cuba y a la vez con EEUU con Kennedy (Pérez y Ponce Suárez, 2006), inclusión de Cuba como “nación terrorista” y prohibición de viajar ciudadanos estadounidenses a Cuba con Reagan, etc.).

Ese mismo año y el siguiente son partícipes de la máxima tensión existida entre estos dos países, caracterizados por dos históricos eventos: la invasión de Bahía de Cochinos (1961) y la crisis de los misiles (1962). La invasión fue completamente sofocada en cuestión de 65 horas y el plan marcado por la CIA de McNamara acabó en la victoria militar de Fidel Castro, quien obtuvo un prestigio internacional que le sirvió para profundizar el proyecto socialista en Cuba (Pérez-Concepción, 2012, p.134-147). En 1962, la crisis de los misiles supuso otro punto de tensión: el avistamiento de las lanzaderas de cabezas nucleares puso en vilo a los dos bloques. En este contexto, se aprecia con total crudeza el paradigma realista: la seguridad nacional de los dos estados representativos de cada bloque estaba en entredicho y, como tal, la de la misma Cuba al pertenecer al bloque soviético. La amenaza para EEUU era la existencia de estos misiles y, para Cuba, la amenaza de una muy posible invasión (esta vez sí de manera formal por EEUU). Aunque no se trate de un cambio de paradigma, sí se empieza a observar cierto uso de instituciones internacionales, como la ONU.

La explicación económica y de prestigio: otras formas de medir el Interés Nacional

Con el fin de la Guerra Fría y el ocaso del bloque comunista sería esperable un cambio en las posiciones de la potencia norteamericana respecto a Cuba. Cabría pensar, conforme a los postulados del paradigma realista, que Estados Unidos debería actuar respecto a Cuba de forma orientada a la maximización de su interés nacional y de su prestigio internacional. En relación con lo primero, entendemos que un buen indicador para medir el interés nacional es la situación de las relaciones económicas entre Cuba y EEUU, debido a la importancia que tiene el embargo comercial, económico y financiero y al considerable impacto del cambio en esta materia que se produciría en caso de que fuese abolido.

En materia económica, el embargo ha tenido consecuencias desastrosas para Cuba. Así lo mostraba en 2002 el Informe de Cuba al Secretario General sobre la Resolución 57/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se cuantifica en 119.2 millones de dólares las pérdidas que sufren las exportaciones cubanas debido al bloqueo, 403.5 millones de dólares por contrataciones a precios más elevados, 62.3 millones de dólares por condiciones de financiación más desfavorables y 65.8 millones de dólares por costos inflados en transporte y fletes. Los efectos negativos sobre la economía cubana también fueron expuestos por el Ministro de Relaciones Exteriores, que los tasa en 72.000 millones de dólares desde el establecimiento del bloqueo.

No obstante, la economía estadounidense también se ve perjudicada por la situación. Con la relación de embargo y bloqueo, las empresas norteamericanas pierden oportunidades de negocio. Muestra de ello son las declaraciones de altos cargos de estas corporaciones tras las recientes negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, en las cuales se congratulan de poder contar con un nuevo mercado y muestran su disposición a operar en él tan pronto como fuera posible. Este perjuicio es tasado en 1.200 millones de dólares según la Cámara de Comercio de Estados Unidos en ventas no realizadas, la cual se posicionó a favor de levantar el bloqueo por este motivo en una carta al presidente Obama. El levantamiento del bloqueo se está convirtiendo en una reclamación cada vez más extendida en la sociedad norteamericana, llegando a expresidentes como Carter o Clinton o incluso a Obama antes de ser presidente.

Otra de las explicaciones por las que la política de Estados Unidos respecto a Cuba se podría mantener igual que hace medio siglo sería la de mantener un prestigio internacional como potencia respecto a los demás países del sistema internacional. Sin embargo, en una situación global como la actual, el comportamiento diplomático de los Estados Unidos con respecto a Cuba parece no tener sentido. En la actualidad, más allá de beneficiarle a nivel mundial, esta postura puede llegar a ser perjudicial (Castro, 2003). En el ámbito mundial, se ha votado un proyecto de resolución contra el bloqueo que, año tras año desde 1992, ha sido condenado por la gran mayoría de países, encontrado la oposición en todas las votaciones de Estados Unidos e Israel. Nunca más de cuatro países han votado en contra de este Proyecto de Resolución. Incluso dentro de las fronteras de EEUU existe un considerable porcentaje de personas en contra del bloqueo y a favor del restablecimiento de la normalidad en las relaciones diplomáticas.

La explicación de promoción de Derechos Humanos: el cambio de paradigma

Visto todo lo anterior, ¿por qué la política diplomática sigue sin cambios sustanciales? La clave está en el cambio de discurso orientado hacia el respeto a los derechos humanos en la isla y la necesidad de “implantar los valores democráticos en este país”, un discurso que estos días vuelve a ser familiar cuando EEUU habla de Venezuela. En este sentido fueron las declaraciones de Bernard Aronson, Secretario Adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos (Alzugaray, 2004)«Si Cuba celebra elecciones totalmente libres y justas bajo supervisión internacional, respeta los derechos humanos y deja de subvertir sus vecinos, nosotros podemos esperar que mejoren significativamente las relaciones entre nuestros dos países». Posteriormente, el gobierno de Clinton seguiría el objetivo de la promoción de la democracia, lo que sustituyó temas como el anticomunismo o la seguridad nacional (Alzugaray, 2004). En la actualidad, se concibe el bloqueo como un arma para «lograr la democracia» en Cuba (Suchlicki, 2002).

En palabras de Condoleezza Rice mientras ostentaba el cargo de Secretaria de Estado, EEUU no ha sido neutral en lo que respecta a la «importancia de los derechos humanos» o a la «superioridad de la democracia como forma de gobierno», ni en la teoría ni en la práctica (Rice, 2008). EEUU, como país dominante, ha apoyado la “transición” en países de su entorno como Haití, conjugando su doble filosofía de realismo —en tanto que implantación real de la democracia— e idealismo —apoyando a unos líderes que busquen solucionar los problemas de desigualdad y justicia social (Rice, 2008). También encuentra fundamental promover el derecho a la propiedad privada, que ve indispensable para afianzar el respeto a los derechos humanos. De esta manera, hasta que Cuba no cambie su política en este aspecto la postura de EEUU no variará.

Conclusiones

Existe por lo tanto una situación de excepción constante en la política exterior estadounidense respecto a Cuba justificada por un cambio de argumentación “a la carta”. Esta argumentación parte desde una primera explicación realista basada en la "seguridad nacional" durante la Guerra Fría hasta una segunda explicación, posterior a la caída de la URSS, basada en el mayor peso de la “promoción de Derechos Humanos y valores democráticos” de manera activa. De hecho, como bien dejaban entrever la propia vocera de estas políticas, la Secretaria de Estado de los EEUU Condoleezza Rice (2008), el realismo estadounidense es una combinación entre los postulados más realistas de la seguridad nacional y un toque idealista de “promoción de sus valores”, donde destacan la democracia liberal y los Derechos Humanos económicos y políticos.

Con los recientes acercamientos entre los gobiernos de ambos países, que pese al parón Trump han avanzado más en estos últimos años que en los últimos 50, todo apunta a que la situación de las relaciones cambiará en un sentido más aperturista. Si se analiza el sistema internacional como un todo, se constata que ha habido una acumulación de fuerzas por parte de Cuba y de sus aliados en el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) que llevan más de una década presionando a EEUU en cuanto al caso cubano, pese a que en los últimos años la derecha haya ganado mucho terreno en el continente. Una vez más, de acuerdo con lo expuesto, EEUU tendría que responder al estímulo de la Comunidad Internacional y cambiar el trato injusto a Cuba. Sin embargo, vista la actitud del nuevo gobierno Trump, cabe la posibilidad de que las relaciones continúen bloqueadas y lo único que cambie sea la argumentación dada a esta situación, como ocurrió anteriormente. Queda pendiente observar si las recientes negociaciones entre Cuba y EEUU conllevarán un cambio histórico entre estos dos países o si éstos continuarán incomunicados.


[1]    Desde la base de Guantánamo hasta la Enmienda Platt en la Constitución cubana.

[2]    En la rueda de prensa en La Habana el 13 de Enero de 1959 Fidel desmarcó el conjunto de la Revolución Cubana del movimiento comunista. De hecho, los primeros líderes políticos al cargo del gobierno eran conocidos conservadores y liberales cubanos como el juez Manuel Urrutia (Presidente de la República) o José Miró Cardona (Primer Ministro).


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