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Cuando se trata de populismo, una de las opiniones con mayor difusión consiste en hacer un paralelismo entre populismo y demagogia, acentuando a su vez la supuesta derivación de ésta en autoritarismo, en uso discrecional de los poderes públicos, en omisión de la ley y en abuso de las atribuciones del Ejecutivo en detrimento de los contrapesos institucionales. Lo que de fondo asumen tales aseveraciones es una presunta incapacidad de la ciudadanía (suele observársele como una masa homogénea, motivada por fines inmediatos e irracionales) no sólo para elegir de manera consciente a sus gobernantes, sino también para postrarse en la arena política como un factor de contrapeso. Este tipo de pensamiento esencialmente interioriza la fábula del flautista y los ratones, en que los ratones atrapados por la música (demagogia) son incapaces de discernir quién interpreta esas melodías (populista-demagogo).

Para quienes suscriben este tipo de opiniones, el populismo surge de manera patológica en las democracias alentado principalmente por líderes cuyo éxito deriva del engaño de las masas. Sin embargo, ¿será solamente la habilidad demagógica de los líderes populistas lo que los lleva a las victorias electorales?, ¿cómo es que surgen estos líderes? —o más bien, ¿qué condiciones favorecen su aparición?


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Lo que se pretende aquí es una aproximación a dar cuenta de un factor relevante para el surgimiento de liderazgos populistas que se resume así: dado que la preeminencia de la élite sobre la elección popular es un factor que genera un sentimiento de aversión en la ciudadanía respecto a las élites tradicionales, esto favorece el surgimiento de líderes populistas cuyo programa incluye de forma implícita o explícita un reclamo que puede estar dirigido hacia tales élites, el funcionamiento de la democracia, del sistema político, etc.

En primer lugar, es necesario precisar qué significa el populismo y el líder populista. En su análisis sobre participación y populismo, Anduiza, Guinjoan y Rico (2018) categorizan el populismo como un conjunto de ideas que evidencia un carácter antagónico en la sociedad que divide a ésta en dos grupos totalmente contrarios; la retórica populista identifica este antagonismo como la oposición entre una élite privilegiada y desapegada y “el pueblo”. Resulta inmediata la relación entre esta definición y algunos líderes populistas alrededor del mundo (Erdogan, Trump, Chávez, López Obrador); sin embargo, surge otra cuestión ¿qué hay de diferente entre todos estos líderes populistas? Según Garciamarín (2016), hacer sinonimia de todos los populismos pierde de vista un elemento fundamental respecto al contenido de tal o cual populismo, y por ello propone observarlos a partir de dos dimensiones: a) la simbólica, que atiende principalmente al contenido del discurso orientado a la definición de pueblo —¿qué se entiende por pueblo? y, más importante, ¿quiénes participan e integran el pueblo?—; y b) la material, que comprende la dirección de las políticas públicas, los proyectos, las leyes, etc. —es decir, a quién pretende beneficiar el gobierno de dichos líderes y a costa de qué.

A partir de ello, Garciamarín (2016) se permite concluir que los populismos son de carácter no generalizable de los populismos y dar cuenta de que pueden ser tanto democráticos (si es que reivindican algún sector de la sociedad agraviado y al se busca incluir políticamente) como autoritarios (si aprovechando el descontento respecto al establishment cierran posibilidades de inclusión a otros grupos).

Me remito ahora a la democracia mexicana como caso de estudio, a raíz de lo acontecido en el proceso electoral de 2018 en que el principal candidato opositor, el populista Andrés Manuel López Obrador consiguió el triunfo con un 53% de la votación válida emitida.


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Populismo en México: Del Pacto por México a MORENA y el triunfo de López Obrador

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ostentó 70 años ininterrumpidamente la presidencia de México, fue derrotado en 2000 y 2006 por el Partido Acción Nacional (PAN); sin embargo, en 2012 logró de nuevo la victoria en las elecciones presidenciales y se postró también como principal fuerza política en el legislativo.

El escenario es engañoso ya que, a pesar del avasallador triunfo el candidato del PRI, éste asumió la presidencia con serios cuestionamientos relacionados con el apoyo de los principales medios de comunicación, así como de agentes económicos relevantes. Ante ello, la estrategia del entonces presidente de la República, Enrique Peña Nieto, fue la negociación con las principales fuerzas políticas del país (PRI, PAN y el Partido de la Revolución Democrática) para implementar el llamado Pacto por México [1], que consistió en un paquete de reformas constitucionales en diversas materias (fiscal, electoral, telecomunicaciones, etc.). Las reformas energética y educativa fueron las que mayor revuelo ocasionaron.

A pesar de estar avalado por las principales fuerzas políticas, el Pacto por México levantó diversas críticas; entre ellas, una de las más repetidas fue la mencionada por Rocha  (2013, p. 103): «el pacto no vislumbra ni incorpora ningún tipo de participación ciudadana, […] en realidad es un pacto entre las cúpulas de la clase política mexicana, un pacto entre las minorías empoderadas del país […] su nivel de representación es sumamente cuestionable».

Tradicionalmente, el sector energético mexicano ha encontrado su tutela en el Estado. Tras la reforma energética, se planteó la participación del sector privado en procesos derivados de la implementación de tecnologías para la investigación y la extracción de hidrocarburos. Si bien el proyecto de reforma en ningún momento hace mención de la concesión como mecanismo para la participación de privados, la “participación” sirvió al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), oposición no partidista hasta ese momento, para denunciar la intención de privatizar la empresa más importante del país: Petróleos Mexicanos (PEMEX).

A su vez, la reforma educativa consistió en diversas modificaciones de la ley orientadas a la modificación de las condiciones laborales de los educadores en educación básica y media-superior. Si bien la negociación con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) estuvo inmersa en la dinámica de negociación por parte de las élites, se manifestaron fuertes reacciones en jornadas violentas, la respuesta de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Esta situación también fue capitalizada por MORENA al hacer constantes llamados a la cancelación de tal reforma.

MORENA fue fundado en 2012 por Andrés Manuel López Obrador, quien había participado como candidato opositor de izquierda en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012 por el PRD. En 2014 logró el registro como partido político, aunque su tarea de movilización y de situarse como un liderazgo populista (según la definición que se ofrece aquí) ya estaba presente anteriormente. La retórica lopezobradorista incluyó siempre constantes referencias a la “mafia del poder”, forma particular de referirse a la élite política y económica, y, al mismo tiempo, se apoyó en diferenciar esa mafia del “pueblo bueno y sabio”, el cual era ignorado y burlado por las élites dominantes.

La importancia de las movilizaciones de MORENA frente a las reformas del Pacto por México están recogidas aquí por uno de los dirigentes del partido, Martí Batres:

«[2013] fue de movilizaciones contra la reforma energética: primero las asambleas municipales, el 10 de febrero; luego las jornadas contra el aumento de impuestos, el 8 de marzo; después las asambleas estatales, el 18 de ese mes, y más tarde las jornadas contra los gasolinazos […] se vivieron las cinco grandes movilizaciones nacionales: el 8 de septiembre, 22 del mismo mes, 6 de octubre, 27 de ese mes y 1 de diciembre y, finalmente, los cercos ciudadanos al Senado, Cámara de Diputados y Congresos locales».

Al tiempo que la retórica “antineoliberal” de López Obrador y MORENA obtenían triunfos a nivel local, los pobres resultados del Pacto, así como los casos de corrupción en los que se involucraba en aquellos tiempos a gobernadores, rectores de universidades públicas y otros funcionarios cercanos al PRI, confluyeron en que la popularidad del entonces presidente llegara a un máximo histórico de 74% de desaprobación (Mitofsky, 2018).


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CONCLUSIONES

Si se acepta que la democracia en su funcionamiento real implica acuerdos entre élites, los cuales pueden tener lugar a expensas de no implementar mecanismos por los cuales la ciudadanía sea representada, entonces es probable encontrar movimientos o liderazgos que desafíen el statu quo —tal sería el caso del populismo. Por ello es posible pensar que el populismo es un síntoma de la democracia. ¿De cualquier democracia? Posiblemente no. Cabría determinar qué situaciones, decisiones o contextos son los que favorecen el desgaste de las élites, considerando de antemano que éstas son imprescindibles en el tablero político de la democracia.

La incipiente democracia mexicana experimentó su primera alternancia en el poder Ejecutivo en el año 2000. Para entonces, las élites que instauradas en el sistema político dependían en gran medida de las relaciones sostenidas con el partido dominante, y el gradual desgaste del establishment generó la aparición de un liderazgo que reavivó antagonismos que parecían no tener cabida en los espacios institucionales.

López Obrador posee una larga carrera política, ciertamente no es un fenómeno inédito su protagonismo en la arena pública. Con dos derrotas electorales consecutivas, llama la atención que en la tercera contienda haya sido el candidato más votado en los últimos 30 años y que, a su vez, PRI, PAN y PRD vivieran seguidamente una de las peores jornadas en la repartición de escaños al Legislativo. Esto habla de la profundidad del deterioro de las élites frente a la ciudadanía; la posibilidad de su restablecimiento, o de su sustitución por otras nuevas, permanece abierta.


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Garciamarín, H. (2016), “El Brexit como síntoma: sobre el populismo de derecha radical”, Horizontal, 4 de julio, enlace: https://horizontal.mx/el-brexit-como-sintoma-sobre-el-populismo-de-derecha-radical/

Garciamarín, H. (2016), “No todos los populismos son como el de Donald Trump”, Horizontal, 20 de mayo, enlace: https://horizontal.mx/no-todos-los-populismos-son-como-el-de-donald-trump/

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Político.mx (21-03-2019) “CNTE: ¿por qué protesta vs Reforma Educativa de EPN y ahora con AMLO? Recuperado de: https://www.politico.mx/minuta-politica/minuta-politica-gobierno-federal/cnte-por-qu%C3%A9-protesta-vs-reforma-educativa-de-epn-y-ahora-con-amlo/

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[1] Al cambio de gobierno en 2018, el Pacto por México, curiosamente, fue retirado de las comunicaciones oficiales, pero fue recuperado por Animal Político. Ver en: https://es.scribd.com/document/115226400/Pacto-Por-Mexico-TODOS-los-acuerdos.