TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Tras la caída de la Unión Soviética se pensaba que la democracia liberal sería el único sistema posible y que todos los países se democratizarían con el tiempo (Fukuyama, 1992). Resulta que la realidad es diferente a la teoría. Ahora, las dictaduras también celebran elecciones y no es necesario un golpe de Estado, para que un país deje de ser una democracia. Si bien, es cierto que vivimos en uno de los periodos con más democracias de la historia, si utilizamos una definición de mínimos. Pese a ello, la demonizada polarización podría acabar con ella.

Desde mediados de los noventa se está produciendo lo que algunos académicos denominan la tercera ola de autocratización (Lührmann & Lindberg, 2019). Así como se produjeron olas de democratización, también tuvieron lugar olas de autocratización. Es un fenómeno que en los últimos años se está observando más claramente en países como Hungría, Turquía o Polonia. Precisamente, es un tema que ya tratamos en un episodio del podcast de Polikracia sobre el concepto de la democracia iliberal.

Normalmente, se considera que las democracias más viejas están más consolidadas que las más jóvenes. De esta forma, corren un menor riesgo de sufrir una recesión democrática. La cuestión es que la democracia en sí no es un actor político, son unas normas e instituciones que se implementan como régimen. De la misma forma que hay factores económicos o culturales que pueden acelerar o condicionar la implementación de una democracia en un país, también podría ocurrir que ciertas condiciones dirijan una democracia hacia 'el lado oscuro'. Este artículo se centrará concretamente en el papel que puede tener la polarización a la hora de producir o facilitar una recesión democrática.

El problema con este proceso de autocratización es que no se produce una ruptura inmediata que convierta una democracia en una dictadura. En su lugar, es un proceso gradual, a través de una fachada legal, que lamina poco a poco la democracia (y que choca con la literatura sobre transiciones, muy enfocada en los cambios bruscos y violentos). De esta forma pueden convivir elecciones y dictaduras, son regímenes autoritarios competitivos, que permiten la existencia de una oposición y la celebración de elecciones, pero en las cuales aquel que está en el poder parte de una posición tan ventajosa que no corre el riesgo de perder el poder.

Por lo tanto, una recesión democrática es el proceso por el cual en una democracia reduce su calidad gradualmente de forma que pueda acabar produciéndose una transición hacia un régimen autoritario, aunque mantenga formalmente procesos electorales. Básicamente este proceso ocurre de dos formas. Por un lado, se puede producir una concentración de poder en torno al ejecutivo frente al poder legislativo o judicial, reduciendo así la rendición de cuentas horizontal. Por otro lado, las libertades podrían verse reducidas gradualmente, sobre todo las libertades de expresión y de asociación y la existencia de fuentes alternativas de información. En otras palabras, se dificulta así la labor de control de los medios y de la sociedad civil sobre las instituciones políticas

Esto nos llevaría a pensar que entonces la sociedad civil se movilizaría mayoritariamente para mantener la democracia. Sin embargo, esta no es la regla al observar la evolución de países como Turquía, Venezuela, Hungría o Polonia. En éstos una parte de la población trata de mantener la democracia, pero la otra parte parece más predispuesta a que los gobernantes que apoya se mantengan en el poder que en garantizar la democracia. ¿Por qué? La respuesta podría estar en la polarización y el partidismo. Podría ser que aquellos ciudadanos que apoyan al gobierno estuvieran menos preocupados por la democracia y priorizaran la lealtad al líder/partido y sus políticas. De esta forma, si se estuviese produciendo una recesión democrática, la población sería menos capaz de ejercer como contrapeso en las sucesivas elecciones. Por ello, Graham y Slovik (2019) destacan la importancia de la moderación y de la existencia de clivajes transversales para reducir el riesgo que supone la polarización.

El problema es que esta polarización no sólo tendría lugar entre la población; evidentemente, la élite política también se vería afectada, o incluso podrían ser los causantes. Si esto ocurre, los politicos verán a sus rivales como enemigos ilegítimos y no como adversarios políticos, lo cual reduce bastante las posibilidades de llegar a acuerdos y consensos. Precisamente, ésta es una consecuencia común del populismo; encontrar un enemigo y deslegitimarlo como representante del pueblo, oponiéndose a una visión plural de la sociedad.

Para comprobar el posible efecto de la polarización utilizaré la base de datos más actual de V-Dem. Ésta es una base de datos que genera consenso entre académicos. Precisamente para medir fenómenos como el nivel de democracia y de polarización en una sociedad, realizan varias encuestas a diferentes expertos y académicos de cada país cada año. De esta forma pueden medir la evolución de los diferentes fenómenos.

En primer lugar, seleccionamos los datos desde 1990 para observar si realmente se está produciendo una recesión democrática entre los países democráticos. Evidentemente son nuestro objeto de estudio, por lo que excluimos las dictaduras o regímenes autoritarios ya consolidados. Nos interesa el proceso que lleva una democracia a virar hacia un regimen autoritario. Para medir la democracia utilizo la variable poliarquía en V-Dem, que tiene en cuenta los requisitos establecidos por Robert Dahl (1998) para clasificar un régimen como democrático.

Se puede observar que este recesión democrática comienza realmente a partir de 2010, si bien la polarización sí comienza a ascender antes. Lamentablemente sólo hay datos que midan la polarización desde el año 2000. No es posible establecer una causalidad a partir de estos datos, tan sólo es posible observar cierta correlación entre el aumento de la polarización y el sucesivo retroceso de la democracia en el mundo. Por lo tanto, en segundo lugar, trataré de profundizar en este fenómeno observando la relación entre ambas variables diferenciando entre las democracias jóvenes y aquellas más antiguas.

Aquí se pueden observar algunas apreciaciones interesantes. Las democracias más jóvenes experimentaron recesiones democráticas antes que las más antiguas. De hecho, éstas siguieron aumentando sus niveles democráticos hasta poco después de 2010, cuando comienzan a experimentar un descenso que las situó actualmente en sus niveles más bajos desde 1990. Por otro lado, en ambas se produjo un aumento constante de la polarización; si bien en las democracias más jóvenes ya tuvieron lugar a un nivel más alto que en los regímenes más antiguos, y el aumento de la polarización tuvo lugar después de que comenzase ese retroceso democrático.

Hay que tener en cuenta que en las ciencias sociales los fenómenos suelen ser multicausales, por lo que podría ser que la polarización acreciente o potencie fenómenos como una recesión democrática, pero solo en continuación con otros factores devenga decisiva.

Por último, a través de una regresión trataré de observar más detenidamente qué efecto puede estar teniendo la polarización sobre el nivel de democracia. Junto a otras variables como el hecho de ser una democracia antigua, el PIB per capita, el nivel educativo medio del país y una dummy para cada año. Para ello, contamos con 1124 observaciones y un R cuadrado de 0,59.

Según estos datos podemos confirmar que las democracias antiguas son más resistentes a una recesión democrática, pero no habría que descuidar la evolución que están sufriendo recientemente. La polarización tiene un fuerte efecto a la hora de reducir la calidad democrática y es un efecto que no se reduce en caso de limitar la muestra a las democracias antiguas.

Ahora bien, si la polarización efectivamente genera las condiciones para que los líderes políticos lleven a cabo una recesión democrática gradual, cabe preguntarse entonces cuáles podrían ser las causas detrás del reciente auge. Teniendo en cuenta cuándo comienza el incremento de la polarización, una posibilidad sería la crisis económica, en cuyo caso el incremento de la desigualdad y la pobreza podrían haber aumentado las divisiones sociales y con ello la polarización.

Otra posibilidad serían las redes sociales: es precisamente en esas fechas cuando comienza a incrementarse el número de usuarios en ellas. Las redes sociales tienen el riesgo de generar filtros burbujas y con ello potenciar el sesgo de confirmación. Sin duda, éste es un tema muy actual que merece ser tenido en cuenta a pesar de que pueda parecer secundario a primera vista.

En cualquier caso, que una democracia haya aguantado muchos años no es ninguna garantía. Garantiza una mayor resistencia frente a una recesión democrática, pero pese a ello también son vulnerables a la polarización.


Coppedge, M. (2017). Eroding regimes: What, where, and when?. V-Dem Working Paper, 57.

Bermeo, N. (2016). On democratic backsliding. Journal of Democracy, 27(1), 5-19.

Dahl, Robert A. (1998). On democracy. Yale University Press.

Graham, M., & Svolik, M. (2019). Democracy in America? Partisanship, Polarization, and the Robustness of Support for Democracy in the United States. Partisanship, Polarization, and the Robustness of Support for Democracy in the United States (March 18, 2019).

Levitsky, S., & Way, L. A. (2010). Competitive authoritarianism: Hybrid regimes after the Cold War. Cambridge University Press.

Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). How democracies die. Broadway Books.

Lührmann, A., & Lindberg, S. I. (2019). A third wave of autocratization is here: what is new about it?. Democratization, 1-19.

Lührmann, A., Mechkova, V., Dahlum, S., Maxwell, L., Olin, M., Petrarca, C. S., ... & Lindberg, S. I. (2018). State of the world 2017: autocratization and exclusion?. Democratization, 25(8), 1321-1340.