TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

No es ningún secreto que durante la pasada década el populismo y los nacionalismos se han abierto paso dentro de la discusión popular, esgrimiendo varios de los argumentos más candentes del debate de ideas. Entre ellos existe uno tremendamente particular que, además de ser un punto de vista ya centenario, nunca dejará de ser actual: "Los inmigrantes vienen para quitarnos nuestros trabajos". Este argumento, a parte de particularmente erróneo por otros factores que no explicaremos en este artículo, infla las velas del proteccionismo para varias corrientes políticas que se sitúan en puestos de poder. Pero la discusión proteccionista siempre ha estado limitada a los mercados de trabajo obreros o agrarios, dificultando ver cuál es el problema del argumento y entender qué sucede realmente. Por eso desde aquí nos hemos hecho la siguiente pregunta, ¿y por qué no se habla de proteccionismo en el tenis?

Si lo pensamos bien existen grandes similitudes entre el sector del tenis y otros procesos de internacionalización de mercados. Este deporte ha sufrido un proceso de globalización que ha creado un único mercado global que ha superado al anterior conjunto de mercados nacionales, ha sufrido la destrucción de la escena semiprofesional/amateur acabando con las oportunidades de los tenistas locales y se han suprimido las medidas proteccionistas que los tenistas amateur disfrutaban en su momento con el comienzo de la llamada Era Open. En contraste, no hay voces que clamen por la protección del tenis local, lo cual se debe posiblemente a distintos motivos: ya sea por el gusto del espectador por el buen tenis (y diferenciar quién es mejor en un deporte de suma cero es sencillo), la inexistencia de gremios de tenistas (la WTA y la ATP se fundaron de forma posterior a este proceso) o la cultura deportiva de competición. Por lo tanto, se pueden hacer paralelismos entre el tenis y otros mercados para poder entender qué sucede realmente cuando se eliminan las barreras proteccionistas. Intentemos entender el mercado del tenis.

Hasta 1937, este mercado se puede simplificar de la siguiente forma:

  • Existen dos clases de eventos, los cuatro Grand Slam (los torneos más prestigiosos del mundo del tenis) y el resto de torneos.
  • El aficionado puede pagar para asistir a dichos eventos, y el coste es la suma del precio de la entrada más el coste de desplazamiento.
  • Algunos de los torneos forman parte de circuitos profesionales dirigidos por promotoras comerciales.
  • Los tenistas que deciden hacerse profesionales son automáticamente descartados para los Grand Slam.
  • Los torneos no ofrecen oficialmente ninguna remuneración económica a los tenistas, aunque extraoficialmente sí se dan ciertas compensaciones por los gastos de participar en los torneos.

En este escenario, pocos tenistas (solo los mejores y más carismáticos) son capaces de vivir del tenis. Cada torneo depende exclusivamente de los aficionados que están dispuestos a asistir (mayoritariamente público local debido a los costes de desplazamiento) y profesionalizarse implica ser excluido de los Grand Slam. Consecuentemente, el nivel del tenis es bajo y hay una alta fragmentación en el mercado tanto por las distancias geográficas como por el cisma entre profesionales y amateurs.

A partir de 1937, la televisión irrumpe en la escena: en dicho año Wimbledon es retransmitido por televisión por primera vez. Este “shock tecnológico” aumenta exponencialmente el número de espectadores que pueden disfrutar del tenis a un coste prácticamente nulo, y lleva este mercado gradualmente a una escala global, es decir, se van unificando los mercados nacionales en único mercado del tenis. No obstante, el espíritu amateur que prevalece en los Grand Slam impide la explosión definitiva del tenis hasta 1968, cuando se inicia la Era Open.

A partir de 1968, la escena del mercado del tenis cambia completamente: los grandes torneos se organizan en un circuito profesional, incluyendo los Grand Slam, que empiezan a repartir premios económicos dependiendo de la actuación personal de cada tenista. Por tanto, el mercado se puede entender de la siguiente manera:

  • Desaparece el cisma entre profesionales y amateurs.
  • Existen dos clases de eventos, los torneos profesionales y los torneos locales.
  • El espectador puede elegir entre asistir a un torneo profesional o amateur, pagando en un cierto coste, o ver un torneo profesional por televisión a un coste prácticamente nulo.
  • Los tenistas compiten por jugar en el circuito profesional.
  • Los mejores tenistas solo juegan en los torneos profesionales.
  • Los tenistas locales que sean incapaces de competir en el circuito profesional deben jugar en los torneos locales.

En este nuevo panorama (o nuevas condiciones de la oferta), las preferencias del aficionado son el factor de la demanda que determinarán la evolución del tenis:

  1. Si el aficionado medio prefiere pagar por asistir a un torneo local a ver por televisión un torneo profesional, entonces los torneos locales conforman un nicho de mercado en el cual sobreviven los tenistas locales.
  2. Si el aficionado medio prefiere ver por televisión un torneo profesional a pagar por asistir a un torneo local, entonces los torneos locales serán marginales, sostenidos por una exigua base de aficionados locales, y los tenistas locales sufrirán para mantenerse en el tenis.

En retrospectiva, es claro que las preferencias del aficionado se han correspondido al segundo escenario. Por lo tanto, vemos cómo las fuerzas de mercado determinan la evolución del tenis como deporte, donde shocks tecnológicos como la televisión posibilitan la profesionalización, permitiendo el florecimiento de toda una industria con sus correspondientes empleos. Las preferencias del consumidor determinan elementos tan importantes como el tamaño del mercado.

Además, es importante apuntar que dichas preferencias no solo determinan las ganancias de los tenistas locales sino también las ganancias de los mejores tenistas.¿Cómo? La teoría económica clásica dicta que el salario de una persona es igual a su productividad; si definimos la productividad de un tenista como su capacidad para atraer espectadores y aficionar al público general al tenis, las ganancias de cada tenista reflejan lo atractivo que es para los aficionados del tenis. Utilizando los datos que publican periódicamente las dos organizaciones de tenistas profesionales (ATP y WTA) sobre las ganancias de los tenistas, un análisis econométrico nos revelará cómo son las preferencias del aficionado.

La siguiente gráfica muestra la distribución de los premios en lo que llevamos de 2018 (hasta el 16 de julio) entre los 200 mejores tenistas del mundo (200 mujeres y 200 hombres). Se ve claramente que los mejores tenistas se llevan la mayor parte del pastel económico, lo cual se debe a que llegan consistentemente a las rondas finales de los torneos profesionales, y dichas rondas son las que generan mayor expectación pública, lo que se ve reflejado en las audiencias televisivas y en los precios de las entradas para estas rondas.

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Si el atractivo del tenista incrementara de manera proporcional a su ránking (lo cual depende del aficionado), un modelo lineal debería predecir las ganancias de un tenista según su ránking. No obstante, como muestra la siguiente gráfica, un modelo lineal no es un buen predictor de las ganancias de las tenistas femeninas en lo que llevamos de 2018 (algo que por otra parte se puede ver a simple vista).

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Al ser la distribución claramente no lineal, una única recta no describe bien los datos. Pero, ¿y si utilizamos dos? Las siguientes dos gráficas muestran las ganancias de los tenistas masculinos y femeninos junto con las ganancias predichas por el mejor modelo con un cambio estructural.

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La diferencia entre los modelos es significativa: hemos pasado de explicar un 40% de la variabilidad de las ganancias a un 90-94%. Pero aún más importante, esto significa que dentro de los mejores 200 tenistas del mundo, sin importar si hablamos del tenis masculino o femenino, podemos distinguir entre un selecto grupo de tenistas más demandados por el público (top 12 en el tenis masculino, top 15 en el femenino) y el resto; lo cual es cuando menos impactante, ya que ser el número 13 del mundo requiere una cantidad de inversión enorme y refleja un nivel profesional excepcional.

Podemos ir más allá: nuestro modelo puede ser mejorado fácilmente con un cambio estructural. No tiene mucho sentido que nuestro modelo haga una predicción de ganancias negativas para los tenistas que están aproximadamente alrededor del ránking 190-200 y, además, las discrepancias entre las ganancias actuales y las predichas pueden ser sustanciales en ciertas partes de la distribución. Por lo tanto, ¿y si usamos un modelo con tres rectas?

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Es evidente que este modelo con dos cambios estructurales predice las ganancias de los tenistas según su ránking casi a la perfección; las discrepancias que aún se mantienen se deben principalmente a las lesiones de los tenistas (ya que, al usar el ránking de los tenistas, los puntos obtenidos el año anterior en cada torneo se mantienen hasta que se juegue el correspondiente torneo otra vez en el presente año). Los resultados nos muestran que el aficionado diferencia entre tres grupos de tenistas: los mejores tenistas (compuesto por el top 10 en el tenis masculino y el top 7 en el femenino), los tenistas competentes (si es posible ser sólo competente siendo el número 15 del mundo) y el resto de tenistas.

Este modelo simplifica la realidad del mercado laboral del tenis del momento y nos permite eliminar parte del ruido blanco para ver claramente que el proteccionismo no beneficia realmente a los trabajadores en general, sino a los trabajadores de baja calidad (otra cuestión es si la protección de los trabajos de baja calidad es algo deseable o no). Las fuerzas del mercado son determinadas por la demanda de los consumidores, y éstas dan preferencia a los deportistas de élite dejando a los demás fuera del mercado. Si los gustos del espectador se perpetúan, el tenis amateur no tendrá sostenibilidad ni cabida sin intervención externa, especialmente teniendo en cuenta que los patrocinios son contratos publicitarios firmados bajo la premisa de la audiencia potencial. Es en el espectador/consumidor donde radica la sostenibilidad de unos y otros agentes, propiciando la desigualdad salarial entre amateurs y profesionales. Este dilema no existe en el tenis, posiblemente por la existencia de la cultura de competición deportiva.

Esta misma situación es extrapolable a muchos otros sectores y nos ayuda a pensar acerca de cómo los mecanismos del mercado funcionan en ellos. En otros mercados que también sufren de una fuerte globalización, como bien puede ser el agrario, la falta de cultura de competición podría estar haciendo que juzguemos la situación desde una perspectiva diferente. Y aunque cada mercado es único y posee de unas características diferentes, los mecanismos son los mismos. La liberalización de un mercado beneficiará a los agentes que más gusten al consumidor, los más eficientes. El proteccionismo en un mercado beneficiará a los agentes más alejados de los gustos del consumidor, los más ineficientes.