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Orgullo de ser como somos

El Día Internacional del Orgullo LGTBI es una fecha especial. Como cualquier otra jornada de reivindicación, la forma en que se significa social y políticamente ha variado a lo largo de las décadas, y me preocupa el hecho de que hoy en día sean muchas las personas que no se ven representadas en la forma en que se visibiliza nuestra causa. Esto es grave porque la fuerza de esta fecha reside, ante todo, en la capacidad que ha tenido tradicionalmente para unirnos más que nunca y crear impacto colectivo; y es especialmente grave teniendo en cuenta la situación actual. Hay que ser conscientes de que la fiesta del Día Internacional del Orgullo LGTBI es más necesaria que nunca.

Primero, por motivos históricos, que nos exhortan a honrar a los que construyeron el camino para las generaciones actuales. El 28 de junio no es cualquier fecha escogida al azar, representa un punto de inflexión en la lucha por nuestra dignidad como colectivo. Estamos hablando del año 1969: una época de persecución de la diversidad como una perversión a la sombra de cánones morales incuestionados, cánones desde los que justificar la denigración, humillación y penalización de personas que, a pesar de todo ello, construían una conciencia de colectivo que se concentraba en unos pocos bares de clandestina libertad. No era extraño que la policía nos detuviera por aquel entonces, y la presión social era tal que la mayoría de nosotros y nosotras ni siquiera teníamos la posibilidad de externalizar el dolor. El 28 de junio de 1969 fue el día en que decidimos que esto tenía que acabar, que ninguna persona tenía derecho a hacernos sentir inferiores, que no volveríamos a permitir que se nos hiciese llorar en silencio.

También es una fecha importante por simbolizar con su afluencia y persistencia lo que se ha conseguido. El Día del Orgullo ha dado una gran visibilidad a nuestra causa. Porque nadie se atrevía a tratarla, porque era un tabú globalizado que nadie osaba situar en la agenda. Hacían falta personas valientes y dispuestas a decir bien alto y claro que aquí estamos, que somos como somos y que nadie volverá a meternos dentro del armario. De la visibilidad avanzamos al debate, del debate a la comprensión, y de la comprensión a la legislación y el trabajo que han hecho y estamos haciendo las personas activistas por los derechos humanos. Es a partir de este estadio del movimiento (que hay que recordar que es muy reciente) que se han aprobado las principales leyes (por poner el ejemplo de España, la ley que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo del gobierno Zapatero o la ley 11/2014 contra la LGTBIfobia del Parlament de Cataluña) que han permitido que, a día de hoy, las nuevas generaciones tengamos una vida mucho más digna que la que se tenía hace 40 años.

Una tercera razón es que aún queda mucho trabajo por hacer. Las agresiones a personas por el simple hecho de amar o mostrarse tal y como son están creciendo, tal como indican los datos de asociaciones españolas como Arcópoli. Las denuncias se disparan, y prevalecen lagunas como por ejemplo la del deporte (tema principal del Pride Barcelona de este año) que aún demuestran la existencia del tabú. Es muy triste ver que, estando en 2017 y teniendo en cuenta todos los avances a nivel legal y social, aún hay deportistas que no pueden ir de la mano de su pareja o no pueden mostrarse afecto cuando quieran. Es muy triste ver que aún se tiene que escoger entre la carrera deportiva profesional y la vida personal, obstáculo al que los deportistas no LGTBI no se enfrentan.

Por todas estas razones sigue siendo necesario un Día Internacional del Orgullo LGTBI, y reclama por nuestra parte como miembros del colectivo todo el apoyo que podamos darle. Porque la visibilidad aún hace mucha falta. Hace falta mostrar que aún existe la LGTBIfobia, que aún hay agresiones, que aún hay armarios sociales que hay que abrir y muchos tabúes que hay que romper. Y todo ello sin perder de vista la responsabilidad que tenemos en los países más avanzados de liderar globalmente nuestras reivindicaciones, pues no hay que olvidar que la homosexualidad sigue siendo delito en 72 países. Nos conviene ir todos y todas a una; por nuestros derechos, pero sobre todo por los derechos de los que están por venir.

Y no nos equivoquemos: el orgullo no es el de ser gays, lesbianas, bisexuales, trans o intersexuales. El orgullo es el de alzarse cuando la sociedad nos pisa. El orgullo es el de haber demostrado que no somos débiles, ni inferiores, ni mucho menos enfermos. El orgullo es el de haber defendido los valores de la libertad y la igualdad de oportunidades en una época en la que nos ahogaban las cadenas. Pero, sobre todo, el orgullo es el de haber podido ayudar a tantas y tantas personas que solo habían aprendido a sufrir, a callar y a tragarse las lágrimas. No hay mayor recompensa que la de ver que tu trabajo como activista consigue mejorar la vida de las personas. Ver que todo aquello por lo que has trabajado ha hecho que mucha gente pueda aspirar, por fin, a la felicidad, es lo que verdaderamente me produce orgullo de ser LGTBI.

Iván Castelló

Iván Castelló

(Barcelona, 1991) Licenciado en ADE, cursando el master en Dirección de Marketing y Comunicación. Militante del PSC y la JSC, actual Secretario de Políticas LGTBI del PSC Barcelona.

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