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No es el fin de la eternidad

3-9-25-37. La progresión en el número de escaños de Ciutadans desde su fundación en el año 2006 ha ido de la mano del desarrollo del Procès independentista y encontrado su culminación (¿o solo un nuevo mojón en el camino?) en las elecciones del 21 de diciembre. Un millón y cien mil votos que confirman a la fuerza liderada por Inés Arrimadas como el partido más votado de Cataluña, aventajando en casi 200.000 sufragios a su más inmediato perseguidor. La jerezana no podrá ser presidenta por los números obtenidos por los partidos independentistas, pero ha convertido a la formación naranja en una máquina de captar voto de los más favorables a la permanencia en España, primero horadando al PSC y luego abriendo hueco a un Partido Popular que se ha desplomado hasta los tres escaños. El Ciutadans que nació para cubrir el centro-izquierda nacionalista ha crecido y se ha desplazado en el eje ideológico hasta formar el catch-all party que ha conquistado 37 de los 135 escaños del Parlament.

Junto con Inés Arrimadas, el candidato más feliz en Cataluña es Carles Puigdemont. El ex presidente, huido a Bélgica, ha sobrepasado las mejores expectativas y liderado al bloque independentista con 34 escaños, dejando a Esquerra Republicana atrás con 32 y apenas 11.000 votos menos. Entre los antiguos compañeros de Junts pel Sí suman 66 escaños, que abren la puerta a un posible gobierno que cuente con el respaldo de la debilitada CUP (4 escaños, pero de nuevo con la llave) para sumar una mayoría de 70, dos por encima de los 68 necesarios. Sin embargo, el segundo gran objetivo, ganar en votos, ha vuelto a verse truncado. Cuentan con 2 millones de votos frente a los dos millones doscientos mil de los no independentistas. Baile entre bloques y algún movimiento de escaños entre ambos, pero mantenimiento de la estabilidad.

¿Qué va a ocurrir ahora? Tal y como explicaba ayer, la posibilidad de un gobierno alternativo se desvaneció con el pinchazo de Esquerra y la raquítica subida de un PSC que no ha capitalizado su alianza con la antigua Unió y apoyo a una "Tercea Vía" fuera de la polarización. No hay salida por la izquierda (un hipotético arcoiris entre ERC, CUP, CeC y PSC sumaría solo 61 escaños) ni vía "constitucionalista", aunque fuera apoyada por la formación de Domènech (65 escaños). La única salida que parece atisbarse es un gobierno que cuente, de alguna manera, con JxCat, Esquerra y el apoyo de un tercer partido que, probablemente, sería la CUP.

Decía Lluis Orriols que Ciutadans iba a necesitar anclajes más sólidos que el mero identitarismo para poder consolidarse en los niveles de apoyo que tiene actualmente. El problema es que esa hipótesis valdría para un contexto de "normalización" política en el que Cataluña no está ni parece que vaya a estar en el futuro cercano. Tal y como decíamos ayer, y más tras haber revalidado la mayoría absoluta, Puigdemont no tiene ningún incentivo para rebajar el nivel de tensión o de exigencia, y en competencia por el voto independentista, Esquerra Republicana tendrá que mantener el pulso. Al otro lado del arco, Ciutadans recogerá el guante. En la política catalana actual, no hay nada más fuerte que la identidad, y con las profundas divisiones existentes al respecto de la pertenencia nacional en este momento, mantener el conflicto puede ayudar, y no perjudicar, a construir identidades no solo nacionales, sino también de partido.

La solución del problema catalán no parece encontrarse en el corto plazo, y ni tan siquiera en una inexistente reconfiguración de fuerzas en la Comunidad Autónoma. ¿Tiene entonces salida a nivel nacional? Sugería ayer Pablo Simón que el resultado catalán puede tener mucha influencia en la relación entre PP y Ciudadanos. Hasta ahora, la posibilidad de unas elecciones pendía como una espada de Damocles sobre los naranjas, que habían perdido 8 escaños en las elecciones del 26 de junio y pactado con los populares en clara posición de desventaja. Presentados como partido de gobierno en Cataluña, ¿puede arriesgarse Rajoy a darles alas para crecer en toda España al calor de la reciente victoria?, ¿puede endurecer Ciudadanos sus demandas al PP, más confiados en su posibilidad de aguantar o mejorar en unas nuevas generales?

Sea como fuere, el mapa de partidos se ha reconfigurado en Cataluña. Donde hubo predominancia de CIU ahora hay dos partidos: la reformada Convergencia, integrada en la lista de Puigdemont, y Esquerra Republicana, condenada, cual Sísifo, a no obtener nunca el liderazgo soberanista. Donde estuvo el PSC está ahora Ciudadanos, representando al sector más opuesto al independentismo, y los socialistas de Iceta, más proclives a la búsqueda de una salida del enfrentamiento. Catalunya en Comú, la CUP y el PP suman arenas 15 escaños entre los 3 y representan meros apoyos electorales que, sin embargo, pueden valer una investidura. Belgiquización y necesidad de buscar un arreglo que, sin embargo, podría no ser rentable electoralmente para ninguno de los implicados.

El posible referéndum sobre la independencia lleva estando sobre la mesa desde hace años, pero ha vuelto a sonar con fuerza en las últimas semanas. No solo el PSC o CeC, sino también una Esquerra Republicana que prometió abandonar el camino de la unilateralidad, e incluso un Puigdemont que ha hablado acerca de "mayorías" para un referéndum, en votos y escaños. Qué tipo de referéndum es algo que está por ver, pero los incentivos para continuar la escalada, tal y como decía antes, siguen ahí. El gobierno del Partido Popular, despiezado en Cataluña por el ascenso de Ciutadans, tampoco tiene motivación alguna para aceptarlo, temeroso de que la formación de Rivera pudiera capitalizarlo y venderse como única alternativa real al separatismo. Si no es la prolongación del conflicto, al menos sí que será una guerra fría.

Y, sin embargo, no son solo los votantes los que influyen a los partidos, sino que también ocurre a la inversa. El giro de Artur Mas hacia la independencia cambió las preferencias de muchos votantes de CIU, y, en el mismo sentido, un paso atrás de varios de los actores implicados podría reconducir la situación hacia un referéndum negociado (poniendo de acuerdo a ERC, JXCat, PSC y CeC, por ejemplo) y una mayor presión sobre el gobierno de Mariano Rajoy. Sin el apoyo firme de Ciudadanos en el Congreso, unas nuevas elecciones podrían abrir nuevas ventanas de oportunidad y ofrecer una salida al conflicto catalán, aunque sea de manera temporal.

Hasta que se forme gobierno y se asienten los restos de la batalla, sin embargo, toca esperar y asumir la dinámica de bloques. Desde el 2012 hasta hoy han pasado muchas cosas a nivel regional y nacional, y dos sistemas de partidos volaron por los aires. Tres elecciones autonómicas y dos consultas después, varios peones se han convertido en reinas, pero ninguno de los dos jugadores ha logrado obtener ventaja. Cataluña,por un tiempo, se habrá de seguir conllevando.

Tirso Virgós Varela

Tirso Virgós Varela

(Ferrol, 1993) Derecho y Políticas por la UC3M, European Politics en Oxford. Liberalismo, federalismo e historia de las ideas. Hablo europeo en la intimidad.

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