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En prácticamente todas las sociedades del mundo existen divisiones sociales —diferencias entre los seres humanos que son significativas socialmente—, por lo que son sistemas con alguna forma o formas de estratificación social. Esto significa que la sociedad está categorizada según una jerarquía, la cual ofrece un mejor acceso a los recursos. En las sociedades primitivas estas diferencias las marcaba la edad, el género o la fuerza, mientras que en la actualidad principalmente son los ingresos y el patrimonio.

La movilidad social no es otro fenómeno que la movilidad en la jerarquía social. Es decir, la posibilidad de ascender o descender en esa jerarquía, aunque la mayoría suelen moverse horizontalmente. Una sociedad con una alta movilidad social implicaría que los individuos puedan ascender en la escala social según su “esfuerzo y méritos”, pero también que puedan descender en esa jerarquía. Mientras que una sociedad con una baja movilidad social impediría a aquellos en posiciones más bajas ascender, por lo que sus esperanzas serían menores y su disconformidad con el sistema mayor.

Hay que distinguir entre dos tipos de movilidad social: la intergeneracional y la intrageneracional. La primera mide la movilidad de una generación a otra, es decir, de padres a hijos. Por ejemplo, los padres son obreros y los hijos acaban trabajando como directivos de multinacionales. La segunda es la que se produce en una misma generación, en caso de que los padres asciendan en sus empleos como para pasar de clase baja a clase media.

¿Cómo podemos medirlo? A través de encuestas se pregunta por el nivel de ingresos y por la ocupación, y a partir de ahí hay varias opciones. Se puede preguntar por el nivel de ingresos y la ocupación de los padres, la propia previamente o realizar una encuesta panel con el mismo grupo de individuos, esto es, volver a realizarles las mismas preguntas años más tarde. De esta forma se puede comprobar la movilidad social intergeneracional (comparando con los padres) o la intrageneracional (a lo largo de la vida de un individuo/hogar).

Es por ello que la educación tiene un papel fundamental para aumentar la movilidad social, ya que cuanto mayor sea el nivel de estudios más probable es acceder a una ocupación social de mayor estatus. Si bien todavía queda mucho por investigar, como el papel de la familia y el desarrollo de las preferencias educativas y laborales de los individuos.


Erikson, R. and Goldthorpe, J. H. (1992). The Constant Flux. Oxford: Oxford University Press

Swift, A. (2004). Would Perfect Mobility Be Perfect? European Sociological Review, 20(1), 1-11.