TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

África alberga el mayor número de países con altos índices de desigualdad hacia la mujer, los cuales superan constantemente la cota del 60% (IIAG, 2016). Si bien es un asunto de gran gravedad, el número de estudios desde los diversos campos de conocimiento enfocados a la igualdad de género es aún muy pequeño. Por tanto, mientras que en muchos otros países ya se están empleando medidas para lograr la igualdad, en relación a África ni siquiera comprendemos aún la vertiente teórica. Respecto al ámbito práctico, dados los niveles tan bajos de desarrollo económico del continente (en 2016 un 70% de africanos no tenía acceso a alimentos de manera frecuente (Afrobarometer, 2016)) y la tremenda inestabilidad de sus sistemas políticos (el índice medio de corrupción registrado en 2016 era del 60% (IIAG, 2016)), la mayoría de las políticas o intervenciones, nacionales e internacionales, están enfocadas a fomentar el desarrollo económico o a consolidar el funcionamiento de sus gobiernos, eclipsándose académicamente el asunto del género. Cuando nos movemos a nivel micro, observamos además que los africanos manifiestan un considerable apego a la tradición y la cultura, lo que hace que sean propensos a mantener costumbres antiguas sin mostrar por lo general innovaciones éticas (Alesina, Brioschi y La Ferrara, 2016); un ejemplo de ello sería la mutilación genital femenina. Por ello, aunque se diseñaran políticas públicas enfocadas a resolver problemas individuales como la desigualdad de género, los africanos tenderían a mostrarse reacios a ello y, probablemente, posicionarse en contra. ¿Cómo escapar de esta doble dinámica? La opción que sugiero es simple: un mayor uso de los medios de comunicación.

Así, planteo la hipótesis de que es más probable que aquellos ciudadanos africanos que utilicen la radio, la televisión o el periódico de manera frecuente y con fines meramente informativos muestren ideas más igualitarias sobre la mujer. Para validarla recurro principalmente a Afrobarometer, una base de datos consistente en encuestas individuales disponibles en 6 rondas entre 2000 y 2016. Estos cuestionarios a la ciudadanía africana abordan asuntos relacionados con su situación y opinión personales. Incluyen preguntas directamente relacionadas con el género («¿crees que las mujeres deberían tener los mismos derechos que los hombres?», «¿crees que las mujeres están capacitadas para ser líderes?», «si tuvieras que elegir 3 problemas nacionales fundamentales, ¿estaría género entre ellos?»), así como otras más generales que pueden revelar diferencias entre el comportamiento masculino y femenino («¿cómo de libre te sientes de decir lo que piensas?», «¿estás interesado en asuntos públicos?», «¿eres un miembro activo en un grupo social?», «¿eres un líder en un grupo social?», «¿con cuánta frecuencia te quedas sin dinero?») (Afrobarometer, 2000-2016).

La proporción de africanos que considera el género como uno de los asuntos nacionales más importantes es extremadamente bajo: en torno a un 1% para cada una de las seis muestras. Es más interesante lo que observamos a continuación: un 76.5% de la muestra considera en 2005 que las mujeres pueden liderar, pero tan solo un 67.7% lo cree en 2016. Este descenso podría ser debido a la conjunción de dos factores: que las mujeres han comenzado a ocupar un mayor número de puestos políticos y que los gobiernos muestran peores resultados en general (ver los índices publicados por el IIAG), de modo que los ciudadanos percibirían este peor rendimiento como debido a la incorporación de la mujer a la esfera institucional. Por otro lado, las cifras de las preguntas más generales revelan comportamientos sexistas, pues las mujeres muestran valores más bajos en todas las muestras. Por ejemplo, en 2016 un 49.9% de las mujeres encuestadas se mostraban interesadas en asuntos públicos, mientras que este valor era de un 63.3% para los hombres. De manera similar, en 2016 un 6.2% de los hombres afirmaban ser líderes en grupos sociales, mientras que en el caso de las mujeres el porcentaje era solamente de un 3.6%.

Para averiguar si las cifras anteriores pueden verse alteradas como consecuencia de un mayor acceso ciudadano a la información, conviene emplear un análisis econométrico.

El primer gráfico muestra la relación entre ciudadanos que opinan que las mujeres deberían tener los mismos derechos que los hombres y el uso del periódico; el segundo, la relación entre ciudadanos que opinan que las mujeres pueden ser líderes y, de nuevo, el uso del periódico. Cada punto representa un país en un año (calculado como la media de las respuestas de todos los individuos en ese año/país). La correlación, si bien dispersa, es positiva. Elaboración propia, datos de Afrobarometer (2000, 2004, 2008, 2012, 2016) e Ibrahim Index of African Governance.

Analizando los resultados, se observa que la radio y el periódico están positivamente asociados a una mentalidad más igualitaria mientras que la televisión muestra un comportamiento ambiguo. Esto puede deberse a que cuando un individuo ve la televisión con fines informativos es probable que cambie de canales o permanezca viendo la televisión al terminar el informativo, accediendo así a otro tipo de contenido. Si bien aún no hay investigaciones sobre el efecto de la televisión más allá de intenciones informativas en África, sí que las hay para otros países, en general aquellos desarrollados: éstas suelen concluir que la televisión, de hecho, contribuye negativamente a la percepción de la mujer. Otra posible explicación es que existe mucha más censura en la televisión que en el resto de medios: en Camerún existen 12 emisoras de radio y 6 periódicos pero tan solo un canal de televisión, patrón que se repite por toda África. Por ello, la información a la que el ciudadano accede puede que no sea objetiva; si la norma del país a priori son ideas discriminatorias hacia la mujer, lo más probable es que la televisión las reproduzca. En cuanto a las preguntas más generales, los resultados son algo distintos: la televisión mantiene su carácter ambiguo, a lo que se suman la radio o el periódico en ciertas preguntas. Por tanto, no encontramos ningún patrón de relación entre medios de comunicación y comportamiento ciudadano.

Tal vez el lector más detallista se haya percatado de algo: ¿cómo sabemos que no son predominantemente las personas más progresistas, con mentalidad más moderna y por tanto con actitudes menos sexistas, las que quieren estar informadas? De ser así, los resultados no serían válidos: la asociación positiva entre medios de comunicación e ideas igualitarias estaría causada por una variable no contemplada. Una opción para sortear esta problemática sería recurrir a una serie de preguntas de la propia base de datos que permiten clasificar a los individuos según su nivel de “progresismo”. Por ejemplo, «¿cómo te sentirías si tu vecino fuera homosexual?». Estudiando las respuestas para los distintos grupos, se comprueba que la proporción de ciudadanos que recurre con frecuencia a medios de comunicación es aproximadamente la misma tanto para personas progresistas como conservadoras.

Ejemplo de este análisis: para los ciudadanos respondiendo "strongly dislike" (a los que les desagrada fuertemente tener vecinos homosexuales) el porcentaje que usa la radio cada día es del 43.9%; para los que responden "strongly like" este porcentaje es del 44.4%. Afrobarometer, 2016.

Concluyendo, hemos visto que de hecho un mayor acceso a las noticias está ligado a una mentalidad menos sexista. Puede que éste sea el primer paso para que más adelante los distintos comportamientos cambien, de modo que, por ejemplo, la proporción de hombres y mujeres interesados en asuntos públicos sea aproximadamente la misma. Convendría profundizar en el efecto de la televisión en sí, para saber qué ocurre exactamente, si bien los datos sobre ésta son muy escasos todavía. Como sí disponemos de datos acerca de la frecuencia con la que el individuo utiliza la televisión, tal vez buscando relaciones entre frecuencia y tipo de contenido podríamos avanzar en esta línea de investigación. Finalmente, para extender algo más el análisis, he contemplado también el uso de internet con fines informativos.

Elaboración propia, datos de Ibrahim Index of African Governance y Afrobarometer (2000, 2004, 2008, 2012, 2016).

Nótese que la primera regresión (columnas (1)) la aplico solo en la muestra donde internet no está disponible (aquellos países o años), mientras que la segunda -más completa- (columnas (2)) se aplica en aquellas regiones o años donde la variable internet sí está registrada, por lo que, técnicamente hablando, no hay sesgo por variable omitida. Asumo una especie de supuesto de caminos paralelos; es decir, si no fuera por internet, los coeficientes en ambas columnas serían los mismos. Podemos observar cómo el coeficiente de internet es significativo y alto (incluso en una muestra el más alto) con respecto al resto de medios de comunicación. Si bien el uso de internet es aún muy bajo en África, es cierto que ha aumentado significativamente a lo largo del siglo XXI, partiendo de apenas un 1% de la población con acceso a él en 2000 hasta llegar a un 20% en 2016 (IIAG, 2000, 2016). Podría ser interesante centrarnos a partir de ahora en internet y televisión únicamente, ya que Afrobarometer comenzará a incluir ambas variables para todos los países y años, así como estudiar si el uso de internet comienza a absorber el efecto de los otros medios más tradicionales.

Un último punto que estudiar próximamente sería el posible vínculo entre la opinión sobre género y las relaciones ciudadanas con el gobierno: ver si es más probable que aquellos individuos que confían más en las distintas administraciones públicas tengan ideas más igualitarias sobre la mujer. De esta manera, estaríamos construyendo y analizando un puente entre cuestiones macro y micro y podríamos refutar –o corroborar– las teorías que conceden más importancia a los problemas puramente nacionales, como el desarrollo económico o la inestabilidad política, y que afirman que hasta que no resolvamos estos primero no podremos solventar los individuales.


Afrobarometer Data, Rounds 1, 2, 3, 4, 5 & 6, Years 2000, 2004, 2005, 2008, 2012 y 2016. http://www.afrobarometer.org.

Amnesty International (2018).  Amnesty International Report 2017/2018: The State of the World’s Human Rights https://www.amnesty.org/

Ibrahim Index of African Governance, años 2000-2016, Mo Ibrahim Foundation. https://mo.ibrahim.foundation/iiag/faq/

Jensen, R., Oster, E., Gentzkow, M., Katz, L., Levitt, S., Mathur, D., Shapiro, J. (2007). The Power of TV: Cable Television and Women’s Status in India. Disponible en http://www.nber.org/papers/w13305

Olatokun, W. M. (2008). Gender and National ICT Policy in Africa: Issues, strategies, and policy options. Information Development. https://doi.org/10.1177/0266666907087697

Rani, M., Bonu, S., & Diop-Sidibé, N. (2004). An Empirical Investigation of Attitudes towards Wife- Beating among Men and Women in Seven Sub-Saharan African Countries. Afr J Reprod Health Rev, 116–136. http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/