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Max Weber y el PSOE

Más de 300 días sin Gobierno. Nos acercamos cada día más al aniversario del desgobierno, un año en el que se ha imposibilitado la puesta en marcha de un proyecto, en el que se obstaculiza la creación de leyes, la aprobación de los Presupuestos Generales, sin poder controlar las acciones del Gobierno, aunque sea en funciones, y con la amenaza de nada más y nada menos de 6.100 millones por parte de la Unión Europea, algo traducido en recortes, congelaciones, y no convocatorias a oposiciones al empleo público o administración.

Max Weber en su obra “El político y el científico” establece una relación entre la moral y la política y describe que cada acción éticamente orientada puede ajustarse a dos máximas fundamentalmente distintas e irremediablemente opuestas, dos clases de éticas: la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. La ética de la convicción podríamos definirla como aquella fidelidad a nuestras convicciones más allá de las consecuencias que pueda producir nuestra moralidad. Un claro ejemplo de la ética por convicción es el de Nicolás Salmerón, quien llega al Ejecutivo de la Primera República en 1873 tras la dimisión de Pi y Margall, y dimite de la Presidencia por su negativa a firmar penas de muerte.

Por otro lado, la ética por responsabilidad ordena tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción, es una moral subordinada a la política, el político sacrifica sus convicciones morales por las consecuencias. Un ejemplo de la ética de la responsabilidad la encontramos dentro del propio Partido Socialista, cuando Felipe González en 1986 da un drástico giro de su “no” a la OTAN al “sí” a la permanencia; aquí Felipe González y el PSOE se habían afanado desde 1981 porque España no ingresara en la Organización ya que ésta legitimaba las dictaduras portuguesa y griega, y finalmente, desde 1984, apoyaba la permanencia y utilizó la fuerza del Estado y de los medios públicos para manifestar su voluntad de permutar la intención de voto reflejado en las encuestas. Posteriormente, el propio Felipe González, dijo que renunció a sus principios por el bien de España, es decir, renunció de sus convicciones por asumir las consecuencias, es decir, se comportó, desde el punto de vista de Max Weber, como un “héroe”.

El Partido Socialista se encuentra en estos momentos en dos bandos esclarecidos y expuestos por Max Weber, el bando que lucha por sus convicciones, en el cual podríamos situar al PSC, Pedro Sánchez y sus seguidores, los que se afanan por impedir un Gobierno del Partido Popular; y el bando que reniega de su ideología por un bien mayor y sus consecuencias, donde se encuentra el Partido Socialista de Andalucía, Javier Fernández y la Gestora, los que están dispuestos a abstenerse para poner en marcha la legislatura. El autor alemán, aún así, no separa por completo ambas éticas, de hecho, las expone como elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre auténtico, al hombre con verdadera vocación política.

El Comité Federal finalmente ha decidido abstenerse mediante votación con un resultado de 139 votos a favor y 96 en contra, y es que Max Weber ya lo manifestaba en su obra, en la que claramente apuesta por la ética de la responsabilidad: “Es infinitamente conmovedora la actitud de un hombre maduro que siente realmente y con toda su alma esta responsabilidad por las consecuencias y actúe conforme a una ética de responsabilidad. Esto sí es algo auténticamente humano y esto sí cala hondo”. Además sitúa la característica esencial del buen líder político en aquel que es capaz de asumir y meditar las consecuencias de la acción hasta el punto de sacrificar sus convicciones.

Álvaro Morales Coloma

Álvaro Morales Coloma

(Santa Cruz de Tenerife, 1996) Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. Enamorado de la filosofía política y de las teorías e ideologías políticas.

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