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"Lo de Venezuela" y las identidades de partido en España

El psicólogo Henri Tajfel constató que el ser humano tiende a formar grupos. El individuo que se considera parte de un grupo proyectará en éste toda clase de virtudes con el objetivo de integrarse aún más. Pero los sentimientos de pertenencia no sólo se construyen en términos positivos, sino que el ser humano tiende a reforzar su identidad grupal criticando grupos rivales, proyectando en ellos los vicios antitéticos a las virtudes que se atribuyen al propio grupo. En palabras más llanas, Tajfel afirma que los hombres tendemos a contraponer el “nosotros” y el “ellos”. Si pasamos de la psicología a la política, rápidamente podremos ver varios ejemplos de hooliganismo partidista: mi honorable partido frente a tu insidiosa formación.

La política en España no se libra de este planteamiento dicotómico. Superar una tendencia natural requiere un virtuosismo de la que el español medio carece, pues el español –pese a alimentarse con un maná divino llamado tortilla de patatas— no deja de ser un humano más. A la hora de reforzar la identidad de partido, hay en España un ingrediente con un altísimo poder aglutinador: la Venezuela chavista.

Casi desde que Chávez llegó al poder en 1999, el PP ha presentado el chavismo venezolano como el pandemónium, el compendio de todos los males de los que el PP nos protege a los españoles. Por el contrario, IU veía en el socialismo del siglo XXI la vía idílica para la igualdad social, erigiéndose en constructores de ese modelo para España.

Cualquiera que haga un ejercicio de honestidad admitirá que el ánimo que movía a IU y PP era hacerse daño mutuamente y aglutinar a sus votantes. El mensaje de ambos no ahondaba en las implicaciones reales del chavismo, sino que se quedaba en aspectos superficiales que se exageraban en no pocas ocasiones. Al fin y al cabo, el recurso al enemigo exterior (chavismo o antichavismo) se realizaba para hacer daño enemigo interior (IU o PP). Hace 2 años el sistema de partidos en España cambió radicalmente conduciéndonos al pluripartidismo que (decían) iba a cambiar todo en este país. Como en tantas otras cosas, Venezuela sigue significando lo mismo para nuestros partidos, para los viejos y los ya no tan nuevos.

El problema es que la Venezuela de 2017 no es la Venezuela del año 2000, ni siquiera es la Venezuela de 2013. El no apreciar este cambio es algo que debería avergonzar a los partidos que emplean Venezuela (en cualquiera de sus variantes) como simple enemigo exterior para aglutinar a los suyos. Que los partidos españoles empleen Venezuela como una mera arma arrojadiza en la lucha partidista nacional es frivolizar con el sufrimiento de millones de venezolanos. Y no quiero generalizar: hay muchos políticos en España concernidos por la situación de Venezuela.

Este artículo es el primero de más artículos que desde Polikracia queremos realizar sobre América Latina, empezando la serie por Venezuela. Soy consciente que la idea que he lanzado necesita más desarrollo y espero realizarlo en futuros artículos. Es conveniente ahondar en el revulsivo que Chávez supuso para la política venezolana, en las implicaciones políticas y democráticas del régimen que nació con la Constitución bolivariana de 1999 y en el deterioro acelerado de tales instituciones desde la llegada de Maduro al poder en 2013. Sólo sobre esa base se puede comprender que el problema de Venezuela en 2017 no es ya una cuestión política, ni siquiera de deterioro democrático: es una crisis humanitaria que la comunidad internacional no termina de reconocer, acaso en parte porque siguen viendo Venezuela con las cortas miras de la política interna.

En cualquier caso, la situación de Venezuela ejemplifica el gran pecado de los españoles de hoy respecto a América Latina: nuestra indiferencia. Hablamos poco de América Latina y, cuando hablamos, lo hacemos en clave interna. Con nuestras semejanzas y diferencias, la política latinoamericana tiene unas dinámicas propias que le dotan de una singular autonomía política. Conscientes de todos los vínculos que nos unen con esos países hermanos, es de recibo que los españoles dejemos de mirarnos al ombligo y atendamos (¡y comprendamos!) a los países de América Latina. Desde Polikracia, ¡despegamos!

José López Navarro

José López Navarro

Derecho y Ciencias Políticas en la uc3m. Madrid, Toulouse y Santiago de Chile: tres ciudades que te explicarán mi interés en el europeísmo, América Latina y la cerveza. No necesariamente en ese orden.

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