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La sociedad de los datos: blockchain, una revolución para las ciencias sociales

06/09/2017
SERIE DEMOCRACIA DIGITAL

1970, 1998, 2008. Estos tres años marcan la evolución de lo que en 2009 se constituiría como bitcoin. En los setenta comienzan a popularizarse las firmas digitales que utilizan una criptografía de clave pública, es decir, cada usuario posee dos claves, una pública que los demás conocen para ponerse en contacto con él y una privada que solo sabe el usuario y con la que puede acceder a los contenidos de su firma digital. Más tarde, al inicio del nuevo milenio, se empieza a teorizar sobre la posibilidad de una solución descentralizada para los pagos electrónicos. Finalmente, en 2008 aparece el paper en el que se explica el protocolo que luego daría vida al bitcoin. El autor fue Satoshi Nakamoto, seudónimo para el que todavía no se conoce identidad.

El bitcoin abría nuevas posibilidades, se podía intercambiar dinero de forma electrónica sin intermediarios, de forma segura y evitando transacciones fraudulentas. Pero, ¿qué posibilitaba ese funcionamiento? La respuesta es el blockchain, el concepto de base con el que funciona la tecnología del bitcoin. El blockchain es una base de datos con unas características que le confieren un carácter muy especial: las transacciones se realizan con absoluta transparencia y no es necesaria la participación de intermediarios, como los bancos.

El blockchain en castellano se traduce como cadena de bloques, debido a la forma en que funciona. A cada una de las personas que forman parte de una comunidad blockchain se las considera un nodo que, si dispone del equipo informático adecuado, puede ejercer de validador. El validador es quien se encarga de aceptar las distintas transacciones que se producen en una red de nodos. Una vez que una transacción es validada entra a formar parte de una base de datos en la que todas y cada una de las transacciones que se producen quedan registradas y encadenadas unas con otras. De esta forma, una transacción no puede modificarse sin afectar a las demás de su cadena. Además, está base de datos no se registra de forma centralizada, si no que cada validador posee una copia particular y actualizada. Así se dificulta la manipulación de las bases de datos.

alt Fuente: Insider. Guia de blockchain para principiantes https://es.insider.pro/tutorials/2017-04-10/guia-de-blockchain-para-principiantes/

El uso actual más típico del blockchain es en las transacciones electrónicas de criptomonedas, aplicación con la que nació. Sin embargo, cada vez están apareciendo más opciones. En lo referente a los intercambios de dinero, las ventajas que ofrece la cadena de bloques son numerosas. Por una parte, la desaparición de un intermediario centralizado permite que se reduzcan las comisiones, ya no hay un banco que impone cuál debe ser la cantidad a pagar por la transacción. Lo que puede suponer un problema al no existir un regulador que garantice los cobros. A la hora de controlar el movimiento de dinero de una empresa o particular, se reduce la incidencia del fraude fiscal y el blanqueo ya que la transparencia de estas redes ayuda a hacer un seguimiento más exhaustivo de los movimientos de capital. Siguiendo por esta línea, las donaciones de dinero se volverían más fiables. Pongamos el ejemplo de un partido político, se podría controlar de un modo más efectivo la procedencia de sus donaciones durante campañas electorales. Asimismo, los donantes a entidades del tercer sector, entidades sin ánimo de lucro, tendrían más seguridad del destinatario final de su dinero, facilitando identificar fraudes y malas prácticas. Aun así, el uso del blockchain para transacciones monetarias también tiene sus limitaciones: cuando una transacción se ha producido y validado no hay forma de rectificarla, es equivalente a un intercambio de dinero en efectivo.

En otros ámbitos también existen aplicaciones de las que se está empezando a hablar. El voto electrónico es susceptible de funcionar mediante el blockchain. Usando la cadena de bloques se puede resolver el problema del recuento de votos, que se realiza de manera automática, más fiable y mucho más rápida. Por otro lado, la transparencia, que es una de las principales características de esta tecnología, dificulta el anonimato inherente al voto. Aunque la identidad pública con la que se registran las transacciones no equivale al nombre de la persona que las hace, su identidad es fácilmente rastreable.

También se habla sobre el potencial de la cadena de bloques para servir como una red de transmisión de noticias e información. La posibilidad de acceder a la base de datos que indica quiénes han modificado o escrito la información permite evitar fenómenos como las noticias falsas a través de las redes sociales. Crear comunidades públicas en las que la información que circula no pueda ser manipulada de forma impune ayudaría a recuperar la confianza en la veracidad de lo que leemos.

En definitiva, el blockchain es una herramienta para la confianza en los intercambios con desconocidos. Cualquier tipo de transacción es confirmada por los demás nodos de la red y luego pasa a una base de datos, en donde se encriptan para evitar su modificación. Los usos pueden ser muy diversos y aplicados a casi cualquier sector. Desde luego, su implantación en la práctica es muy reducida, y todavía queda observar cómo seguirá evolucionando, pero en estos momentos es una tecnología de la que merece la pena estar atento.

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