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Tras los resultados tanto directos como indirectos de la crisis de 2008 sobre la clase media, así como la decadencia de la “supremacía de la clase media” hemos podido observar como ese aparente amalgama social de grupos sociales perteneciente a lo que el sociólogo español Félix Tezanos llama “inclusión social” durante los años de oro del Estado democrático español (años 70, 80 y 90), a partir de los años 90 comienza un proceso de polarización social que empuja a los integrantes de esta clase a uno y otro lado del límite de la inclusión o de la exclusión, proceso que se ha acelerado increíblemente a partir de la crisis.

Focalizaremos nuestro interés en un primer lugar el concepto de “clase” y si éste se puede aplicar a lo que se conoce como “clase media” desarrollando las características pertinentes para que en un segundo lugar, podamos explicar los atributos principales de esta clase. Para finalizar, en un tercer y último lugar, pondremos en duda tanto la solidez, validez y rigidez de la propia clase, como la del concepto de “clase media”.

Tezanos define la clase social como “conformada básicamente a partir de factores objetivos, que hacen referencia a una determinada ubicación en el sistema social de producción y a la ocupación de una determinada posición en la red de relaciones de interdependencia y subordinación, así como al papel desempeñado en el conflicto de clases”(p.209) en su libro “La explicación sociológica: una introducción a la Sociología”.

Siempre podemos completarla con el camino racional que traza la teoría marxista al afirmar que esta ubicación en el sistema social de producción y la consecuente adopción de una posición u otra en la red de relaciones de subordinación depende en gran parte de las relaciones con los medios de producción, ya que la propiedad de éstos otorgaría privilegios a los propietarios sobre los no-propietarios ya que estos segundos se verían obligados a trabajar para los propietarios de los medios de producción so pena de muerte por inanición (dejando así de lado el idílico pacto entre trabajador y patrón de Smith).

Además de tener unas relaciones de subordinación e interdependencia entre las clases, éstas poseen unas características propias a cada una de ellas englobadas en diferentes factores. Así pues, una clase social posee una “conciencia de clase”, es decir, una identidad social fuerte que trasciende los planos inmediatos y coyunturales y que se extiende a concepciones a largo plazo sobre el conjunto social.

El esquema marxista, describió muy eficazmente las sociedades capitalistas durante la Revolución Industrial y las décadas posteriores de acuerdo con la polarización generalizada de la población según su relación con los medios de producción: a un lado los proletarios (no-propietarios) y a otro lado los burgueses (propietarios), guardando distancia para las excepciones bien puntuales.

Sin embargo, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, tras nuevas experiencias político-económicas nunca vistas (socialismo, Estado de Bienestar, capitalismo de Estado), nuevas concepciones sociales y un mundo dividido en dos Bloques, las siluetas sociales, que ya venían deformándose desde ese rígido esquema expuesto, aceleraron dicho proceso dando diferentes fenómenos: la pérdida de conciencia de clase trabajadora, la paliación de la lucha de clases, el surgimiento de una autodenominada “clase media”…

No debemos olvidar bajo ningún concepto que esta clase social nace de parte de la clase obrera del siglo XIX y que en cierto modo, es producto de ella guardando de esta manera algunos de sus atributos. Este grupo “heredado” serían los denominados trabajadores post-fordistas o personas que pertenecen al sector industrial (viejas clases medias). Además la clase media está compuesta por pequeños propietarios agrícolas, autónomos (o “cuentapropistas” en la literatura Luksemburguista) así como la gran amalgama de “nuevas clases medias”: trabajadores del terciario cualificados, oficinistas, pequeños directivos, ingenieros, trabajadores del campo de las altas tecnologías… A esto deberían sumársele las tradicionales clases medias, ajenas al producto de la clase obrera, como lo han sido el funcionariado y las profesiones liberales.

Constatamos por lo tanto una grandísima diversidad en cuanto a las dedicaciones laborales, así como a las posiciones laborales (un autónomo, un oficinista o un funcionario no están condicionados de misma manera por el mercado laboral) de esta clase social, creando así un primer factor heterogéneo. Otro facto de heterogeneidad son los diferentes escalones de prestigio ya no sólo dentro de una empresa o esfera particular sino a escala nacional entre un tipo de trabajador y otro: el prestigio, incluso el estátus está altamente condicionado por el puesto laboral.

A estos factores se le puede sumar la incertidumbre de la relación con los medios de producción: ¿la clase media tiene una sola relación con los medios de producción? ¿Es propietaria? ¿Es proletaria? Podemos ver que la mayoría de los componentes de esta clase son asalariados y por lo tanto no-propietarios de los medios de producción, mientras que una minoría no desdeñable es propietaria, ya sea rural, ya sea autónoma o ya sea pequeños directivos de empresa. No obstante, haciendo una pequeña marcha atrás, podemos darnos cuenta de que estos estátus de “autónomos, pequeños propietarios” llevan existiendo y siendo una parte importante de la sociedad ya desde que Roza Lucksemburg los tachara de “cuentapropistas con aspiración burguesa” en su Reforma o Revolución. Efectivamente, ese no es un hecho diferenciador con el antiguo esquema pero sí lo es los grupos que no hemos citado: los asalariados que se sumaron a la clase media en la segunda mitad del siglo XX.

No obstante, encontramos en contraposición un factor homogeneizador como es la ideología que pese a resquebrajarse su omnipresencia, tiende a ser un concepto generalizador de esta clase: el conformismo, la ambición, la moderación, la importancia por la familia y la competitividad. He aquí uno de las paradojas de la clase media que más han de estudiarse: la conciencia de clase media. Pese a que la mayoría de la población se considera, cada vez más “clase media” la ideología o conciencia de clase media, pero sobre todo las acciones o solidaridad de clase son contrarias a la esencia de la clase media.

La conciencia de clase media es prácticamente generalizada (hablamos siempre de las fechas en las que nos hemos colocado, años 70, 80 y 90) su contenido es esencialmente ajeno a ella y desde luego muy difuso a la hora de materializarlo, es decir, a la hora de expresarlo en las acciones de clase. El conformismo, la ambición, la competitividad, la moderación son concepciones directamente heredadas de la conciencia de clase burguesa ya que son los modelos por los que se rige. Ahora bien, los efectos son muy diferentes: pese a crear cierta tranquilidad en la clase propietaria, la competitividad y la ambición son automáticamente destructivas dentro de la clase media. ¿De qué manera puede ser ventajoso, ya que se trata de un concepto aparentemente inherente a la clase media, el leitmotiv de la competitividad en el mercado laboral para la clase media, al constatar la tendencia desigualitaria que se viene dando? De la misma manera, ¿de qué manera la moderación y el conformismo, en otras palabras el “statu quo”, “que nada cambie”, son ventajosas para una clase que va siendo carcomida por un fenómeno ya inherente a las sociedades capitalistas avanzadas como es el paro estructural? Se puede decir, por lo tanto, que se trata de una herencia (o imposición) de la conciencia de otra clase ya que ésta no le es inherente, ya que no le es ventajosa. Este fenómeno es predominantemente explicable gracias a la hegemonía de los medios de comunicación y de información que recordemos, son empresas, y por lo tanto sujetos a una ideología e intereses particulares.

Heterogeneidad en la composición y en ciertas características vertebradoras, elementos heredados de otras clases sociales y una conciencia y solidaridad de clase contradictorias con los intereses de la clase media nos llevan a preguntarnos la viabilidad, la utilidad o la veracidad del concepto de clase media. Añadámosle los últimos eventos en la sociedad española tras la crisis y nos encontraremos con un esquema aún más ambiguo y desdibujado.

Desde el año 2008, en el territorio español se ha dado una clara agudización del proceso de exclusión y de desigualdad social que ha afectado al conjunto de la sociedad (a menos que incluyamos en esta las ininterrumpidas ganancias de los grandes capitales “españoles” que atestiguan una vez más, que hasta en crisis los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres). En otras palabras, la exclusión ha afectado a una gran parte de la clase media española de acuerdo con los datos del INE, con una tasa de desempleo del 26% de la población activa. Es una ratificación directa de las teorías y predicciones de Tezanos sobre las tendencias de exclusión (23,4% de tasa de exclusión social en España de acuerdo con el EAPN). Se trata por lo tanto de una movilidad descendente hacia la exclusión de toda la clase media (funcionarios y pequeños propietarios incluidos).

Además, como elemento realmente novedoso y poco contemplado en el análisis Delphi (entrevistas a especialistas) presente en el libro, las contestaciones a esta tendencia desigualitaria y excluyente, identificada con la ideología neoliberal del “Dios mercado”, están siendo numerosísimas: nuevos discursos institucionales que plantean alternativas al sistema, nuevas contestaciones de tipo popular (movimiento 15-M, movimiento 112 mexicano, movimiento Occuppy estadounidense…) incluso nuevo lenguaje político (“régimen”, “dictadura”, “alternativas”, ¡incluso “revolución”!), todo esto caldeado en una marea de tensión social ascendente, de conflicto de clases muy candente, de una alta combatividad (3 Huelgas Generales en tan sólo 2 años), en pocas palabras de una retoma de conciencia de clase (pero no de clase media) y de solidaridad de clase (cálido recibimiento de la población madrileña a los mineros de toda España, movimiento Stop Desahucios…). Dichas contestaciones y la forma que están teniendo (muy condicionada a su vez por la desmembración del Estado de Bienestar, de las políticas asistenciales, del abobamiento de los sindicatos y de la impotencia política institucional) hubieran sido imposibles de imaginar tan solo unos pocos años antes.

Podemos concluir que el concepto de clase media tiene contradicciones terminológicas internas, que pasan por su composición, sus características, su conciencia y acciones de clase contradictorias, pero sobre todo la nueva tendencia de agudización del conflicto social y la respuesta que da esta “clase” en este período de crisis económica, política y social en España.