TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Esta serie de artículos enmarcados bajo la rúbrica de “La Cuestión del Espacio Público” forman parte de una investigación sobre el espacio público en Madrid y las políticas públicas que intervienen en este. Se trata por lo tanto de una serie de reflexiones en torno a la dimensión política del espacio público, así como su interconexión con las dimensiones social, simbólica y económica. Se divide en 7 partes: (I) Introducción (II) ¿Qué es y qué no es? (III) La Economía Política (IV) Lo Simbólico y lo Social (V) Henri Lefebvre (VI) Institución y Periferia y (VII) La Dimensión Política.

Como se adelantaba en la introducción y definición del concepto, uno de los intereses principales sobre el espacio público es la capacidad de acción y de transformación por parte de la Institución y del poder político a través de las políticas públicas. Se pasa a tratar la dimensión política del espacio público primero desde un contexto local y desde las políticas públicas; y, en un segundo momento, en la próxima entrega, desde la reflexión sociológica del espacio situado, desde la dimensión política del espacio público físico. En esta primera parte del estudio político del concepto, nos enfocaremos en el caso español y más concretamente en el "modelo Madrid" como paradigma de gestión pública neoliberal.

Las políticas públicas locales son resultado tanto del contexto ideológico-institucional (a grandes rasgos, el color del gobierno local) como del contexto histórico-social (fuerza y organización de actores sociales). Se pueden diferenciar grosso modo tres paradigmas de gestión pública del municipio madrileño correspondientes a tres épocas tras la dictadura franquista: la lucha vecinal y democracia directa de final de los años 70 y principios de los 80, la gestión neoliberal de los años 90 y sobre todo 2000 y el nuevo municipalismo surgido a partir del 15M (Madrid O. M., 2014:112-141). La transición entre el primer y segundo modelo es tristemente conocida: entrada de la droga en los barrios combativos, cooptación de líderes vecinales por la izquierda institucional y desinflamiento progresivo del movimiento vecinal; pero la transición del segundo modelo al tercero es demasiado reciente como para serlo.

El “modelo Madrid” de gestión neoliberal, gobernanza y ordenamiento del territorio se enmarca en un contexto de crecimiento demográfico y urbano espectacular tras la entrada en la Unión Europea y la “apertura de puertas” en cuanto a inversiones y capital. Esta oportunidad financiera fue aprovechada por mucho capital internacional y empresas multinacionales que situaron en Madrid su sede financiera: es el comienzo de «la centralidad de Madrid» (Madrid O. M., 2014:122-126). Esta condición de centro fue también en el sentido financiero para las grandes operaciones inmobiliarias en España. La bolsa y el aeropuerto, ambos elementos imprescindibles para su conexión con el mundo globalizado y de una proyección internacional, insertaban a la ciudad directamente en los flujos financieros internacionales. La administración local, de corte explícitamente neoliberal a partir de los años 2000, orientó sus políticas públicas al servicio de esta oportunidad económica facilitando las inversiones inmobiliarias además de avanzar en esta conexión internacional. Otra característica de esta etapa de gobierno local fue la puesta en marcha de lo que en literatura marxista se denomina «acumulación por desposesión» (Harvey, 2004): la privatización y externalización de servicios y empresas públicas. Este «cambio de equilibrio entre los sectores público y privado» (Madrid O. M., 2014:93) supuso un triple proceso dentro de la cosmovisión y praxis de la administración (Madrid O. M., 2014:93):

«La institucionalización de la presencia privada en las administraciones locales, (…) la constitución de nuevos bloques oligárquicos alimentados por las políticas pro growth (…) y la naturalización de la doble identificación entre progreso y crecimiento urbano, y entre beneficio privado y progreso».

En el plano del urbanismo y de la ordenación del territorio, esto se tradujo en un modelo urbanístico masivo y descontrolado que a su vez produjo grandes cambios en la estructura social madrileña y en una falta absoluta de planificación territorial, incluidas las infraestructuras. En resumen: «a falta de un plan regional, la metrópolis ha crecido de forma exagerada, caótica y brutal» (Madrid O. M., 2014:126). Este modelo de ciudad y de gestión ha sido, como se ha anotado anteriormente, obra de una alianza o coalición de actores no políticos que abarca a «conjuntos de propietarios, constructoras e inmobiliarias y un entramado financiero de cajas de ahorros» (Madrid O. M., 2014:94) en una suerte de maridaje de la clase política local con estos actores económicos. El “modelo Madrid” se volvió insostenible no sólo desde el punto de vista urbanístico o medioambiental, sino también desde el punto de vista presupuestario: la crisis del modelo neoliberal se produjo a raíz de la enorme deuda contraída debido a los macroproyectos, la urbanización masiva y la bajada de impuestos (Madrid O. M., 2014:135) que se hizo patente durante la crisis económica y financiera mundial a partir de 2011 en Madrid. De hecho, Madrid se coloca en primer lugar al llegar la crisis económica (y aún hoy) en cuanto a deuda del consistorio (Oliván, 2017).

Como se ha atestiguado estos últimos años, no se trató sólo de la crisis de un modelo de ciudad, sino de todo el sistema político y económico puesto en cuestión por el mayor movimiento ciudadano del Estado español desde la Transición: el 15-M. De la crisis económica se pasó a la crisis política y social. Este vuelco político se produjo al final de un ciclo de movilizaciones que comenzó con las huelgas generales previas al “despertar ciudadano” y que finalizó con la entrada de “confluencias ciudadanas” a muchos de los ayuntamientos más importantes. El contexto es conocido, ¿pero cuáles fueron (y son hoy) las propuestas e idiosincrasias que caracterizan a estos ayuntamientos del cambio?

Para ampliar sobre las crisis: "Crisis: un fenómeno recurrente", Fidel Oliván en Polikracia, 2014.

El nuevo municipalismo bebe principalmente de la corriente política clásica del autogobierno o de la democracia directa/participativa, y en menor medida de la deliberativa, dentro de la conocida tríada. Se opone de esta manera a la democracia representativa liberal, ya que pone el énfasis en la cercanía de la democracia para generar participantes en igualdad. La primera tarea de esta propuesta localista sería por lo tanto la “toma del poder” y el desalojo de la clase política actual, que representa la lacra de la pretendida democracia representativa, la corrupción y las redes clientelares (Madrid O. M., 2014:143-144). Para ello haría falta un vehículo especial diferenciado de los partidos clásicos: se trataría de candidaturas ciudadanas, confluencias o movimientos controlados democráticamente por los ciudadanos. Una vez en el poder, la tarea sería triple (Madrid O. M., 2014:155-163): en primer lugar, reducir las funciones expertas (amateurizar la política) y controlar la deuda, estableciendo un control del despilfarro. Casi todos los ayuntamientos del cambio, y en concreto Madrid, han resultado ser sorprendentemente efectivos en este sentido (para más información, ver Oliván (2017)). Por otro lado, la transformación radical de los hábitos burocráticos, la praxis legislativa, el modelo burocrático, la orientación de las políticas públicas y en definitiva el marco legal local de los ayuntamientos. La orientación de estas políticas públicas iría claramente en sentido contrario del quehacer del “modelo Madrid”, avanzando en la colectivización de los servicios, es decir, volviendo a municipalizarlos. En tercer y último lugar, la fiscalización periódica y democrática de las decisiones, mostrando máxima transparencia en las cuentas y decisiones. Estas intenciones se han visto muy limitadas por la propia estructura burocrática municipal previa, sobre todo debido a unas redes de poder o redes clientelares densas y establecidas compuestas por actores diversos (medios de comunicación locales, empresas privadas, despachos de abogados). El propio personal administrativo, acostumbrado y formado para responder al modelo de gestión anterior o las políticas públicas, deudas y consorcios pasados con influencia sobre los años futuros, son otras de las razones por las cuales el proyecto neomunicipalista puede quedarse a mitad de camino.

Para ampliar sobre los gobiernos municipalistas: "Los ayuntamientos del cambio, a la manera de Caravaggio", Fidel Oliván en Ctxt, 2017.

Este contexto augura no sólo un mayor interés institucional por lo social y por la participación ciudadana en el desarrollo de las políticas, lo que permite el surgimiento de políticas públicas que avancen en la transformación democrática del espacio público; es también la importancia otorgada al espacio público como “ágora” para esta democracia directa, para este autogobierno que se defiende desde la apuesta municipalista. En el siguiente y último apartado se concretará esta relación entre política y espacio público concretos. Por último, si la intención es introducir contextualmente la relación de la política con el espacio público urbano, es preciso hacer un breve apunte sobre la idea de periferia.

En vez de acudir a trabajos generales que sin duda son referentes y están al alcance de todos como los de Millington (2011), Harris y Vorms (2017) o Holston y Caldeira (2008), parece más interesante acudir directamente a los trabajos concretos sobre la periferia madrileña. En este sentido, los textos de Naredo (2003) sobre la creación material de la periferia madrileña y la introducción del Diccionario de las periferias sobre el mismo proceso visto desde la perspectiva histórica y de clase (Carabancheleando, 2017) parecen más sugerentes.

En este sentido, una primera lectura de la periferia como “lo que se opone al centro”, como una suerte de reparto funcional y zonal de la población sería un posicionamiento demasiado naïf. Hay que considerar a la periferia como «una solución y, al mismo tiempo un problema para contener las externalidades de la desigualdad social que (…) tiende a desbordarse continuamente» (Carabancheleando, 2017:15). Esto se hace más evidente en el caso madrileño, donde el control autoritario de la población del extrarradio –mayoritariamente llegada en los años de desarrollo de las provincias rurales limítrofes– era “el pan de cada día”. La construcción de poblados y asentamientos (núcleos satélites y poblados de absorción), como Villaverde, San Blas o Carabanchel, para situar la industria y la población obrera lejos del centro, fue una necesidad urgente desde el comienzo del boom poblacional madrileño. Esta constante perduró hasta el estallido social de los “poblados” en los años 70 y 80, donde Orcasitas, El Pozo o Almendrales se levantaron en protesta, consiguiendo el Plan de remodelación de barrios (1979-1989) y gran cantidad de equipamientos periféricos. De esta homogeneidad periférica tan potente políticamente, se pasó a una heterogeneidad mucho más frágil debido a la entrada en la Unión Europea y la desindustrialización en las décadas posteriores (Carabancheleando, 2017:19-21). Esta heterogeneidad se acrecentó con la llegada masiva de inmigrantes a finales de siglo y con la pérdida de lazos sociales y comunitarios a raíz de la crisis económica.

Para ampliar sobre las desigualdades urbanas: "Barrio rico, barrio pobre: análisis del 24M en Madrid por Distritos", Fidel Oliván en Polikracia y Politikon, 2015.

¿Cómo se podría definir una periferia? Ciertamente, si se habla de periferia madrileña, lo primero en que se piensa es en toldos verdes sobre ladrillo rojizo caravista. Más allá de esta imagen familiar, una periferia es en primer lugar una zona distanciada del centro (Millington, 2011) pero no tiene por qué serlo geográficamente. Por ejemplo, pueden serlo desde el punto de vista de la conexión con el transporte o desde el punto de vista de la estigmatización. Así, aunque alejadas del centro, las urbanizaciones de las Rozas o de Majadahonda no tienen nada que ver con las también lejanas zonas de San Cristóbal de los Ángeles en Villaverde o de San Fermín en Usera. En segundo lugar, se trata de un «espacio excluido de los beneficios sociales, tanto materiales como simbólicos, normalmente asociados a los espacios centrales» (Carabancheleando, 2017:21). A este concepto de periferia hay que añadir la estigmatización de la población local de estas periferias por parte del resto de la ciudad, así como las «representaciones mediáticas (…) que reactualizan la devaluación simbólica que acompaña a la material» (Carabancheleando, 2017:21). Por último, habría que añadir, como hace la mencionada obra, la presencia de políticas de vivienda social como los realojos, la ausencia de recursos sociales y comerciales y abandonos institucionales.


Carabancheleando. (2017). Diccionario de las periferias. Métodos y saberes autónomos desde los barrios. Madrid: Traficantes de Sueños.

Harris, R., & Vorms, C. (2017). What's in a Name?: Talking about Urban Peripheries. Toronto: University of Toronto Press.

Harvey, D. (2004). El "nuevo" imperialismo: acumulación por desposesión. Londres: Socialist register.

Holston, J., & Caldeira, T. (2008). Holston, J., & Caldeira, T. (2008). Urban peripheries and the invention of citizenship. Harvard Design Magazine, 28, 18-23.

Madrid, O. M. (2014). La apuesta municipalista. La democracia empieza por lo cercano. Madrid: Traficantes de Sueños.

Millington, G. (2011). 'Race', Culture and the Right to the City: Centres, Peripheries. New York: Springer.

Naredo, J. M. (2003). Anatomía y fisiología de la conurbación madrileña: gigantismo e ineficiencia crecientes. Madrid: Club de debates urbanos, Instituto Juan de Herrera.

Oliván, F. (15 de Julio de 2017). Los ayuntamientos del cambio, a la manera de Caravaggio. Contexto y Acción. Obtenido de http://ctxt.es/es/20170712/Politica/13742/ctxt-ayuntamientos-del-cambio-remunicipalizacion-deshaucios-deuda-municipal.htm