TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

El objetivo de este artículo es reflexionar acerca de la evolución de los partidos de izquierdas en la actualidad así como sobre las consecuencias de su incierto papel. Para ello, procederé a hacer un breve recorrido destacando la importancia de la caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior desaparición de la URSS (1991), dos acontecimientos que han marcado de un modo fulminante a la izquierda , influyendo en su transformación. Cabe subrayar que centraremos esta reflexión en el ámbito europeo.
Tras la 2º Guerra Mundial, una Europa destrozada necesita de acuerdos entre grandes grupos políticos y de intervención estatal en la economía , si quería evitar el auge inminente del comunismo como alternativa a la miseria en que se encontraba una parte considerable de las sociedades occidentales. En este contexto, y en parte para evitar un estallido social inminente, se generaron los Estados de Bienestar con una fuerte influencia de los sectores socialistas y socialdemócratas que pretendían reformar el sistema capitalista desde dentro , en lugar de buscar la alternativa revolucionaria de estilo soviético que propugnaban los partidos comunistas.
Estas dos tendencias eran las únicas con cierta representación social que estaban presentes en aquellos años dorados de recuperación económica donde, aunque la economía se globalizaba poco a poco, todavía era fuertemente nacional y por ende, el Papel del Estado tenía más sentido que en el escenario económico actual. Las dos tendencias fueron evolucionando , pero la crisis del petróleo de 1973 supuso la primera gran crisis del modelo de Bienestar, surgiendo con fuerza las corrientes liberales y neoliberales (sobre todo con Reagan y Thatcher) que fueron de la mano de una necesaria reconversión económica para salir de la crisis.
Pues bien, pienso que a partir de ese momento la socialdemocracia comienza a desorientarse: Sus políticas públicas eran incapaces de ofrecer respuestas a los problemas que generaban los cambios hacia una mayor interdependencia global, liberada por las grandes transnacionales. Las opciones marxistas ortodoxas, por el contrario, empezaron a transformarse lentamente, pero sin renunciar a la lucha contra el sistema capitalista, al contrario que los socialdemócratas que lo habían aceptado.
Sin embargo, los sectores más a la izquierda del espectro político comenzarán a cuestionar sus preceptos tras el derrumbe del Muro de Berlín y la posterior caída de la URSS. En aquel momento, el viejo sueño de un mundo socialista alternativo al vigente se desvaneció y una actitud firmemente revisionista, enfocada en los aspectos negativos de la URSS (falta de libertades civiles, privilegios de los miembros del Partido frente al resto de la sociedad, en clara contradicción con la ida igualitaria del marxismo, una sociedad muy burocratizada y militarizada etc.) Todas estas situaciones provocaron una desorientación de los objetivos y planteamientos de la izquierda que se han hecho palpables en la sociedad (a través de variados movimientos sociales) y en los partidos.
Así, hoy día dicen ser “izquierda alternativa” los movimientos okupas, gran parte de los grupos ecologistas, feministas y gran parte de los movimientos que se dirigen a la” ciudadanía oprimida” frente a los estamentos dominantes conformados por políticos de carrera y bancos, recuperando la idea de “Tercer Estado” que expuso Sieyès en la Revolución Francesa. Pero si observamos, estos grupos de nueva izquierda no hacen referencias al proletariado, la lucha de clases ni buscan alternativas globales frente al capitalismo. Y ahí está , señores, el meollo de la cuestión. ¿ Hacia donde se dirige la izquierda actual?
Tengamos en cuenta que la sociedad de hoy en día tiene poco o nada que ver con la época de los partidos de masas, la época de entreguerras o la industrialización: La transformación de los oficios y el paso de un modelo económico basado en el desarrollo industrial y el ámbito nacional y otro , protagonizado por las nuevas transnacionales, basada en el consumo y los servicios y de ámbito internacional ha diluido las diferencias de clase debido a la heterogeneidad de profesiones , lo que ha llevado a gran parte de los izquierdistas a dirigirse a los “ciudadanos” en general, en detrimento de “clase obrera” y han modificado su oferta electoral: sin renunciar a los trabajadores, se dirigen también a los colectivos que ven vulnerados o no ven reconocidos sus derechos, como es el caso de los colectivos LGTB , los inmigrantes o aquellos que se ven en situación vulnerable. Dentro de las opciones socialdemócratas mayoritarias (caso del PSOE “español”), las premisas están claras: el capitalismo es aceptado y representamos una de las múltiples maneras de gestionarlo políticamente mediante estrategias como la discriminación positiva y la puesta en marcha de reformas en el sector público menos duras que las neoliberales pero en la misma línea.
Por su parte, los grupos a la izquierda de espectro político construyen frentes alternativos al sistema capitalista sin proponer una alternativa, más allá del asentamiento del Estado de Bienestar. En la actual coyuntura de crisis económica, esta propuesta resulta inviable sin cambiar la dinámica de la economía neoliberal que va en el sentido de reducir las competencias de Estado, vaciando el Estado de Bienestar: Volver a luchar por un Estado de Bienestar sólido como el que había antes de empezar las crisis es legítimo y sin embargo, resulta sólo un parche y no alternativa ninguna, ya que tarde o temprano, podría suceder una crisis de envergadura similar.
[Continuará]