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La crisis de la socialdemocracia: “¡Es la globalización, estúpido!”

Breve historia de la socialdemocracia

La primera vez que se escribió sobre la crisis de la socialdemocracia fue en 1916, concretamente en un ensayo de Rosa Luxemburgo en el que criticaba al SPD por aprobar los créditos para la Primera Guerra Mundial. Desde el surgimiento del primer partido socialdemócrata (precisamente el SPD alemán), el propio Karl Marx criticó la deriva ideológica del partido al abandonar el marxismo (Urquizu, 2012). Para comprender la actual situación de la socialdemocracia es necesario remontarse brevemente a sus orígenes y posterior desarrollo.

Todas las ideologías experimentan transformaciones, escisiones o renovaciones y precisamente ese es el origen de la socialdemocracia. Se abandonó la idea de llevar a cabo una revolución para adoptar posiciones reformistas participando en la democracia liberal, con el objetivo de lograr cambios en la sociedad y mejorar la situación de los obreros. La brecha tuvo lugar concretamente al finalizar la Segunda Internacional. Posteriormente, tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa en 1917 se acrecentaron las diferencias entre “revolucionarios” y “reformistas” (Vincent, 2010). La idea de Bernstein y otros autores, incluido Engels en 1885, era que a través del sufragio universal los obreros podrían organizarse y ganar las elecciones. Se ponían en duda varias previsiones que había hecho Marx respecto al Estado y a la caída del capitalismo. A partir del comienzo de su participación en las elecciones parlamentarias, la socialdemocracia lograría aumentar su relevancia en los diferentes parlamentos europeos obteniendo mayores cotas de poder e incluso el gobierno en algunos países como Dinamarca, Alemania, Suecia (Urquizu, 2012).

Varios autores identifican diferentes fases de la socialdemocracia que vienen acompañadas con cambios ideológicos que se adaptan a las circunstancias. De esta forma, en una primera fase la socialdemocracia se integra en los procesos democráticos, rechazando la idea de acabar con el capitalismo y optando por transformarlo con el objetivo de reducir las desigualdades. En una segunda fase, tras la Segunda Guerra Mundial y con el desarrollo del keynesianismo, cuya teoría abogaba por la capacidad del Estado para influir en la economía generando crecimiento y empleo, se desarrolló la denominada “edad de oro de la socialdemocracia” cuyo mayor logro fue el Estado de Bienestar. Se aumentó la movilidad social y la igualdad de oportunidades, se redujo la desigualdad a través de los impuestos y las transferencias de rentas y, además, se mejoró el nivel de vida de las clases bajas (Urquizu, 2012).

La tercera etapa comienza a partir de los años 80 y a raíz de la crisis económica del petróleo, lo cual implicó que las recetas económicas clásicas que había utilizado la socialdemocracia no funcionasen para esa crisis global. Desde los años 50 las economías nacionales se fueron abriendo hacia un proceso globalizador, mientras al mismo tiempo aumentaba la renta per cápita. La socialdemocracia comenzó a fijarse también en las políticas económicas relacionadas con la oferta y no solo con la demanda, por lo tanto uno de los objetivos era atraer la inversión para mejorar la economía. Urquizu (2012:38) resume en una frase la adaptación ideológica en ese momento: “Sin crecimiento económico no hay reparto de la riqueza, y ambos objetivos son igual de relevantes”.

A raíz de esta adaptación y el reconocimiento de la importancia de las políticas relacionadas con la oferta económica surge la Tercera Vía cuyas dos principales ideas eran la responsabilidad individual y la igualdad de oportunidades (Giddens, 1998). Al margen de evaluar la adecuación o no de estos cambios ideológicos, es posible afirmar que la socialdemocracia se ha ido adaptando a los diferentes contextos desde su aparición y que ideológicamente ha experimentado un proceso de moderación cuyo cénit fue la Tercera Vía. Por eso muchos autores denominan esta última fase como la de la “resignación”(Urquizu, 2012).

Como podemos apreciar la crisis de la socialdemocracia es un tema recurrente que ha acompañado a esta ideología prácticamente desde sus orígenes y sobre todo en los últimos años a raíz de los pésimos resultados electorales que están obteniendo varios partidos socialdemócratas en Europa (Urquizu, 2012; Borrell, 2017). De hecho, Przeworski y Sprague (1988) mostraron el principal dilema de la socialdemocracia en términos electorales y es que la clase obrera no era la mayoría de la sociedad, ni votaban exclusivamente a los partidos de izquierdas. Esto obligaba a la socialdemocracia a adaptar sus programas para aumentar sus apoyos electorales, la consecuencia fue que a medida que obtenían el apoyo de las clases medias convirtiéndose en partidos `atrapalotodo´ renunciaban a ciertos principios ideológicos que les hacíann perder apoyos de la clase trabajadora.

En resumen, el contexto político y económico, junto a la competición electoral, son los factores que producen los cambios ideológicos en la socialdemocracia. Económicamente la pertenencia a la unión económica y monetaria, el aumento de los salarios de los trabajadores, la reducción de la desigualdad y los cambios en las preferencias ideológicas de las clases medias han llevado a la socialdemocracia a adoptar postulados más liberales desde el punto de vista económico. Mientras que en lo que respecta a las políticas de bienestar siempre ha existido un consenso en defender el Estado de Bienestar. Si bien, la Tercera Vía supuso una defensa menos acérrima de las políticas de bienestar y una mayor liberalización de la economía (Urquizu, 2012).

En términos gramscianos, la socialdemocracia logró establecer un discurso hegemónico en torno a la defensa del Estado de Bienestar que han defendido prácticamente todos los partidos hasta los años 80. Sus cambios ideológicos han sido adaptaciones a la realidad que precisamente les han permitido modificar esa realidad.

Análisis de la situación actual de la socialdemocracia

Para comprender la situación actual de la socialdemocracia partimos de la idea de que ésta experimenta transformaciones y cambios para adaptarse al entorno, como otras ideologías. Es posible analizar la relación entre el entorno y la socialdemocracia actual a través de dos ejes: un problema de la oferta partidista o de demandas ciudadanas. La oferta es todo lo relacionado con el partido en si, el liderazgo, el programa y las ideas, el funcionamiento interno del partido o incluso su estilo de comunicación. Mientras que, si se trata de un problema relacionado con las demandas por parte de la ciudadanía, significa que la composición y preferencias de éstos han cambiado sustancialmente. Por lo tanto, los partidos socialdemócratas no han sabido recogerlas y representarlos (Fernández-Albertos, 2016).

Problemas de demanda

Bajo mi punto de vista, se trata tanto de un problema de oferta como de demanda que están interrelacionados y, como indica Fernández-Albertos (2016), se ven agravados por el contexto institucional europeo. En primer lugar, hay que tener en cuenta que las sociedades actuales son muy diferentes a aquellas que dieron lugar al auge de la socialdemocracia tras la Segunda Guerra Mundial. Hace varias décadas había dos clivajes que estructuraban el voto: la religión y la clase (Inglehart et al., 2016). La socialdemocracia recogía las demandas de los obreros a través de los sindicatos, sin embargo, actualmente las sociedades están más fragmentadas y son más heterogéneas. Las tasas de afiliación sindicales han descendido un 15% en la OCDE, situándose de media alrededor del 35% de los trabajadores. Los sectores industriales decrecen y tienen un menor peso en la economía europea, mientras que los sectores que requieren una alta cualificación están en auge. Esto genera una brecha entre los trabajadores cualificados en las ciudades y los obreros en viejas ciudades industriales o zonas rurales. Además, los jóvenes se forman una identidad más heterogénea al socializarse con Internet y las redes sociales, contribuyendo a generar una desconfianza hacia los partidos tradicionales y que prefieran los movimientos sociales (Ludwigshafen et al., 2016).

La clase obrera es cada vez menos uniforme, por lo que también lo es su elección electoral. Para suplir tales pérdidas, respecto al pasado, los partidos de izquierdas atraen votantes de clase media que sean menos conservadores, en parte porque trabajan para el Estado y se benefician del Estado de Bienestar. Esto provocó que los partidos de derechas asimilasen el Estado de Bienestar para atraer ese perfil de votantes. Lo cual también genera diferentes preferencias en las políticas públicas, la clase obrera se decanta por transferencias económicas y protección del empleo. Mientras que las clases medias son más de políticas activas de empleo y conciliación laboral (Gingrich et al., 2015).

A ello hay que sumarle el proceso de globalización y el auge del liberalismo económico desde los años 80 frente al keynesianismo hegemónico desde la Segunda Guerra Mundial, que han atomizado las sociedades. La vida social se ha individualizado y fragmentado, reduciendo las experiencias familiares y comunitarias estables. Por lo tanto, se remarca la ausencia de una causa común y pertenecer a algo más importante que uno mismo. Este liberalismo económico ha reducido la capacidad de organización de los trabajadores. Ya que, mientras el capital es global y está en constante movimiento, el trabajo poco cualificado se está desindustrializando volviéndose temporal, a tiempo parcial y/o precario. Reduciendo la estabilidad de los trabajadores, también se reduce su capacidad de organización. Existe una clara correlación negativa entre los niveles de afiliación sindical y la desigualdad en un país (Johnson, 2015).

La combinación de la globalización económica, que supone un problema para controlar el capital, y el proceso de individualización cultural que surgió a partir de los años 80 suponen otros problemas para la socialdemocracia. El primero porque imposibilita el éxito de esta ideología en un solo país y el segundo porque complica la solidaridad social, ya que se establece que para alcanzar una buena vida se ha de consumir de forma individual y no estableciendo un objetivo común como ciudadanos. La formación y reformación de nuestras identidades a través del consumo dificultan la construcción de una identidad asociada a la socialdemocracia, la cual antes se formaba a través del trabajo (Lawson, 2014).

Por lo tanto, el contexto actual es muy diferente al existente tras la Segunda Guerra Mundial que era muy favorable para la socialdemocracia. La experiencia colectiva de la guerra, la presencia de la Unión Soviética, la importancia de la clase obrera organizada y un capitalismo regulado permitían a la socialdemocracia desarrollar sus políticas públicas. Actualmente el capitalismo ha evolucionado hacia un capitalismo cognitivo y financiero, más líquido y volátil, en el cual la renta del trabajo tiene cada vez menos peso sobre el PIB. El peso del sector privado y del sector servicios es cada vez mayor (Ludwigshafen et al., 2016; Lawson, 2014).

Hay otro aspecto importante relacionado con las preferencias de los ciudadanos y sus actitudes hacia los partidos políticos. La crisis económica ha supuesto un terremoto que ha despertado el interés y la participación política de diferentes segmentos de la población dependiendo del país y los efectos que haya tenido. Pese a ello, se muestra una tendencia al alza en lo que respecta a la desconfianza hacia los partidos políticos y los propios políticos, aunque haya diferentes intensidades dependiendo del país (Pauly, 2018). Este suceso afecta a todos los partidos, pero no por ello deberían dejar de preocuparse por este aspecto. La identificación partidista es cada vez más débil, generando un aumento de la volatilidad en las elecciones y con ello cambios en los sistemas de partidos (Dalton et al., 2000). Urquizu (2012:145) afirma que “no es la socialdemocracia la que está en crisis, sino la democracia.”

Tanto la economía (el capitalismo y la globalización), la sociedad (la estructuración de clases y las preferencias de la ciudadanía) y el contexto político han cambiado. La desaparición de la Unión Soviética y la construcción de la Unión Europea han establecido un marco político diferente. Sobre todo al formar parte de la eurozona, ya que se han de adoptar unas reglas que limitan la capacidad de maniobra respecto a las políticas económicas. Los Estados han cedido más soberanía en el ámbito económico que en el político y esto ha producido una convergencia en las políticas económicas de los partidos socialdemócratas, liberales y conservadores/democristianos (Fernández-Albertos, 2016).

Problemas de oferta

Estos serían los factores relacionados con la demanda, respecto a la oferta hay autores que inciden en que estos factores no serían tan determinantes como los anteriores. Si se trata de un problema de liderazgo, comunicación o programa, con cambiar a los líderes y a los asesores por unos mejores, el problema estaría solucionado (Fernández-Albertos, 2016). Sin embargo, considero que hay dos factores de oferta que sí repercuten sobre la socialdemocracia. El marco de acción política y el modelo de partido también condiciona su relación con los votantes.

Al cambiar la estructuración de clase y las preferencias de los ciudadanos, la socialdemocracia también debe cambiar los canales con los que se relaciona con la sociedad. No puede limitarse a una relación única con su respectivo sindicato, ha de abrirse hacia otros movimientos y actores sociales. La participación política ciudadana está aumentando a través de asociaciones y movimientos sociales, los ciudadanos proponen de esta forma asuntos de interés colectivo (Lévesque, 2016). El reto de la socialdemocracia en este aspecto es construir amplias coaliciones, que sean plurales y heterogéneas. Observando el éxito electoral de Obama en Estados Unidos, una coalición de este tipo incluye minorías étnicas, urbanitas progresistas, outsiders – trabajadores precarios, desempleados o con trabajos temporales –, clases medias y trabajadores industriales (Ludwigshafen et al., 2016).

Respecto al marco de acción política, Lindvall y Rueda (2014) observaron que los socialdemócratas se encuentran en una disyuntiva respecto a los trabajadores. Si deciden impulsar políticas favorables a los insiders (trabajadores con empleos estables), pierden el voto de los outsiders que, entonces, prefieren votar a partidos que vayan a cambiar el statu-quo. Mientras que si es al revés, los insiders votarán a partidos que quieran mantener el statu-quo, el cual les es favorable. Este dilema afecta en muchos otros ámbitos, relacionados con las nuevas desigualdades, a la socialdemocracia al tener que elegir entre sus votantes tradicionales y otros segmentos que son necesarios para ampliar sus mayorías. De lo contrario, los partidos socialdemócratas podrían acabar como los partidos verdes o algunos liberales, convirtiéndose en un actor subordinado a otros partidos o dependiente de regiones concretas (Ludwigshafen et al., 2016).

Algunos de los dilemas a los que se enfrenta la socialdemocracia o el hecho de que sus políticas ya no sean tan efectivas está relacionado con el desarrollo de la globalización y la construcción de la Unión Europea, de la cual la socialdemocracia ha sido un firme defensor y partícipe en su desarrollo. La situación actual constriñe la capacidad de maniobra de las políticas socialdemócratas, el poder en manos de los gobiernos nacionales se ve reducido si las decisiones económicas más importantes se toman en otros países y continentes. La socialdemocracia ha de ser capaz de regular los mercados si estos perjudican a los ciudadanos. Si la economía – el capitalismo –ha evolucionado a través de la globalización, la socialdemocracia también ha de hacerlo (Lawson, 2014).

Más Europa como solución

Por lo tanto, varios autores inciden en que la socialdemocracia ha de abogar por una mayor integración europea, sobre todo en el plano político (Urquizu, 2012; Lawson, 2014; Lévesque, 2016; Borrell, 2017). Aunque la socialdemocracia se enfrente a la dificultad de crear una Europa más social y solidaria, ha de elevar el marco de la acción política al nivel supranacional. La crisis de la socialdemocracia está ligada a la crisis en la construcción de la Unión Europea, ambas relacionadas con el fenómeno de la globalización y el desarrollo del capitalismo. Para ambas crisis, una posible resolución, es una profundización en la integración europea (Lévesque, 2016).

Esto no solo podría permitir dar respuesta a problemas de índole social o económico, si no también aquellos relacionados con el medio-ambiente. Se trata de controlar y regular la globalización, como fenómeno económico, hacia una globalización social. Antes era posible a nivel nacional, actualmente lo es a nivel supranacional (Lévesque, 2016). Teniendo en cuenta el trilema de Rodrik, según el cual solo podemos escoger dos opciones de las tres siguiente: Integración económica, Democracia y Estado-Nación. En este caso, se trata de escoger integración económica y democracia (Rodrik, 2007).

Esta crisis de la socialdemocracia, como las pasadas, está causada por los cambios económicos y sociales. Como en anteriores ocasiones, su resolución pasa por una adaptación de esta ideología a la realidad. Ha de adaptarse a los actuales retos – la globalización, los cambios en la estructura de clases, el surgimiento de nuevas desigualdades y el cambio climático – transformando su funcionamiento interno, para abrirse a la sociedad creando mayores coaliciones, y encuadrar sus ideas a un nuevo marco de acción política para responder a estos retos. Siendo una de las claves para ello, una mayor integración europea.

En definitiva, los problemas de la socialdemocracia, el capitalismo, la globalización, la Unión Europea y la democracia están íntimamente relacionados. Aunque sobre este último aspecto no se ha profundizado tanto, ya que habría sido necesario incluir el auge del populismo en este artículo. Pese a ello, el reto de la socialdemocracia es enorme. Ha sido un actor clave para explicar el surgimiento de los Estados de Bienestar y la construcción de la Unión Europea. Por lo tanto, ha de ser capaz de reformar estas dos cuestiones para regular el capitalismo globalizado hacia una globalización social.

Se puede dar la paradoja de que la socialdemocracia necesite reformar la Unión Europea para volver a ser un actor principal, pero sin ser un actor principal no podrá reformar la Unión Europea. Solo el tiempo resolverá esta paradoja.


Borrell, Josep. (2017). Los idus de octubre: Reflexiones sobre la crisis de la socialdemocracia y el futuro del PSOE. Madrid, España. Editorial Catarata.

Dalton, R., McAllister, I., & Wattenberg, M. (2000). The Consequences of Partisan Dealignment. In Parties without Partisans. Political Change in Advanced Industrial Democracies. Oxford University Press.

Fernández-Albertos, José (2016). El declive de la socialdemocracia: ¿crisis de oferta o problema de demanda?. AHORA. Recuperado de: https://www.ahorasemanal.es/el-declive-de-la-socialdemocracia:-crisis-de-oferta-o-problema-de-demanda

Giddens, Anthony. (1998). La tercera vía: La renovación de la socialdemocracia. Madrid, España. Editorial Taurus.

Gingrich, J., & Häusermann, S. (2015). The decline of the working-class vote, the reconfiguration of the welfare support coalition and consequences for the welfare state. Journal of European Social Policy, 25(1), 50-75.

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Lévesque, Benoît. (2016). The crisis in European social democracy: a crisis like no other. OpenDemocracy. Recuperado en: https://www.opendemocracy.net/beno-t-l-vesque/crisis-in-european-social-democracy-crisis-like-no-other

Lindvall, J., & Rueda, D. (2014). The insider–outsider dilemma. British Journal of Political Science, 44(2), 460-475.

Ludwigshafen, Piraeus, Valetta (2016). Rose thou art sick. The Economist. Recuperado de: https://www.economist.com/news/briefing/21695887-centre-left-sharp-decline-across-europe-rose-thou-art-sick

Pauly, Marcel. (2018). The crisis of the European Left: Are social democrats still alive?. Vox Europ. Recuperado en: http://www.voxeurop.eu/en/2018/social-democracy-crisis-5121747

Rodrik, Daniel. (2007). The inescapable trilemma of the world economy. Dani Rodrik´s weblog. Recuperado en: http://rodrik.typepad.com/dani_rodriks_weblog/2007/06/the-inescapable.html

Urquizu, Ignacio. (2012). La crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis? Madrid, España. Editorial Catarata.

Vincent, Andrew. (2010). Modern Political Ideologies. Oxford, Reino Unido. Editorial Wiley-Blackwell.

Tarek Jaziri Arjona

Tarek Jaziri Arjona

Director de Polikracia y estudiante de Ciencias Políticas y Sociología en la UC3M. De origen español, alemán y tunecino.

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