TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Este artículo apareció originalmente en Ssociólogos el 23 de abril de 2014. Consúltese en: http://ssociologos.com/2014/04/23/que-ha-ocurrido-con-la-clase-obrera-que-significa-realmente-clase-obrera-objetiva-subjetiva/

Introducción. ¿Qué ha ocurrido con la clase obrera?

Como un muerto viviente, la mil veces asesinada clase obrera reaparece en el campo de batalla una y otra vez en forma de huelgas, manifestaciones, conflictos sociales y hasta conflictos geo-estratégicos. Los pistoleros del posmodernismo arremeten incesantemente contra el supuesto cadáver que nunca existió (o que por lo menos ya no existe) haciendo todo tipo de triquiñuelas panfletarias, liposucciones estadísticas y cortinas de humo que no hacen nada más que revivir el debate sobre la clase obrera, que desde su punto de vista no debería ni ser planteado.

Ahora bien, negar las clases sociales a la vez que se está trabajando a tiempo completo para una clase en concreto, con un planning ideológico discursivo muy clasista no deja de ser contradictorio. David Harvey (Harvey, 2012:65) nos advierte de la desorganización de la clase obrera al mismo tiempo que la reorganización de la burguesía a nivel occidental, esto es, que la clase obrera nunca ha luchado tan poco por sus intereses y que por su lado la clase burguesa nunca ha gozado de tanto poder y tanta actividad en la defensa de sus intereses. Un panorama poco alentador que se explica en parte dada la época del “no hay alternativa” que pregonaba Thatcher y que ambienta el ensayo de Harvey.

En este breve artículo nos centraremos en dos grandes puntos para explicar la actualidad de la clase obrera pero sobre todo para encontrar la verdad debajo de tanto papel mojado: en un primer lugar nos centraremos en la estadística real de lo que se puede considerar clase obrera utilizando sobre todo el análisis de Peter Mertens (Mertens, 2011:13-38) a la vez que hacemos la distinción entre clase social objetiva y subjetiva que explicaría en parte la sensación de desaparición de la clase obrera para en un segundo momento centrarnos en la actualidad de la clase obrera en el territorio español y en el plano internacional.

¿Qué significa realmente clase obrera?

Es necesario comenzar el análisis de la clase obrera definiéndola. Un estratagema bastante corriente para negar lo evidente es tomar un término y someterlo a análisis no con su definición sino con la que nos interesa. Así, de esta manera, los teóricos posmodernos de la clase obrera niegan su relevancia actual ya que “hay más diferencias económicas entre un obrero europeo y un obrero vietnamita que entre un obrero europeo y su patrón”: se pretende rebatir un concepto unido a una definición marxista con una argumentación que combate otra definición. Clase obrera no significa un grupo social con unos ingresos inferiores a X, se trata de una categoría cualitativa enclaustrada en el proceso de producción: es un grupo social definido por su posición con respecto a los medios de producción y no un estrato socioeconómico de prestigio, ingresos etc. Insistimos tanto en esto ya que es en su propia definición donde estriba el interés: la explotación y la extracción de plusvalía sobre el salario del obrero. El esquema de clases marxista tradicional implica la existencia, por lo tanto, de dos clases: explotados y explotadores, propietarios de los medios de producción y desposeídos. Este esquema tantas veces asesinado (él también) plantea algo evidente que se nos suele escapar: hay gente que posee edificios, oficinas, ordenadores y transportes y que los utiliza a través de asalariados para obtener una ganancia… y gente que trabaja para este primer grupo y que no es propietaria de nada de esto y que obviamente no puede obtener ningún beneficio. Es en el seno de esta clase donde se da el trabajo productivo, el único que genera riqueza para la sociedad. En palabras de Mertens (2011:20): “Ahí es donde reside precisamente el papel de la clase obrera como actor del cambio histórico. Los trabajadores productivos están en el centro de la producción y se enfrentan cada día a la contradicción entre trabajo y capital. Están mejor situados por consiguiente para entender la esencia de este sistema.”

La cuestión de la “clase media”, burócratas, cuentapropistas y demás no va a ser analizada ya que precisaría de un análisis particular.

Liposucción estadística

Una vez definida esta clase a grandes rasgos, centrémonos en los datos que nos ofrece la Comisión Europea en 2007 en cuanto a los sectores de empleo en el mundo.

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Un primer vistazo nos puede llevar a algo evidente: la agricultura está en un claro descenso desde la Segunda Revolución Industrial (principios de siglo XX), el sector servicios parece haber captado toda esta fuga de trabajadores y la industria, donde se concentra la clase obrera, se ha estancado en un 20% desde los años 70. No existe un retroceso en el número relativo de empleados de clase obrera.

No obstante con tan sólo ir un poco más allá de esta tabla simplista, nos damos cuenta de que esta división es, como comenta Peter Mertens (2011:20) extremadamente arbitraria. No debemos caer en el error de identificar clase obrera con proletariado industrial: los asalariados agrícolas, los transportistas, los trabajadores de la logística, de la limpieza, del almacenamiento también son clase obrera. Es aquí donde reside la “trampa” estadística: el modelo predominante de las subcontratas (y subsubcontratas) hace que una jugosa parte de la clase obrera sea considerada sector servicios ya que la subcontrata se considera ajena al sector industrial. Es lo que en la literatura de Gorldthorpe se denomina proletariado de los servicios. Al poner los datos sobre la mesa nos damos cuenta que en 2008 en España había 2.9 millones de trabajadores del sector industrial considerados como tal y que otros 3 millones no son contabilizados como tal ya que no forman parte del tejido industrial directo. Hay que tenerlo en cuenta ya que el dato original se ha multiplicado por dos.

La mal llamada desindustrialización

Otra gran falacia que concierne a la clase obrera es la desindustrialización. La visión eurocentrista del discurso hegemónico en este tema olvida algo fundamental: la General Motors, la Hewlett Packard o la planta de Coca Cola que cierran en Europa y EEUU no desaparecen, sino que se reubican en zonas donde el salario es mucho más bajo (un coste de capital variable menor) que se concentran en el Sudeste Asiático, Centroamérica y Oriente Próximo (pensamos en las prendas de Bangladesh, las maquilas mexicanas o los balones de Pakistán). Es irreal pensar que una desaparición del tejido industrial (desindustrialización) conllevaría las ganancias estratosféricas de las multinacionales, por lo que debemos definirla como deslocalización o reubicación de la industria. No obstante, Mertens (2011:31) contabiliza en sólo el 7% la parte de los empleos perdidos de la industria a causa de la deslocalización en Europa. Cabe recordar que los datos económicos de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), donde se concentra más de la mitad de la población mundial están en plena efervescencia industrial: los chinos y los indios se encuentran hoy en el estado productivo en el que se encontraban los ingleses a mediados del siglo XIX, solo que con una masa relativa de población increíblemente mayor.

El factor más importante de la pérdida de puestos de trabajo en la producción es el aumento de la productividad, que no tiene nada que ver con la desindustrialización ya que no “desindustrializa” sino que al contrario se produce más pero con menos trabajadores. Esta masa de desempleados (o ejército industrial en la teoría marxista) hace una presión a la baja en los salarios fácilmente comprensible si aplicamos la ley de la oferta y la demanda al mal llamado mercado de trabajo. El sistema de subcontratas, como ya hemos comentado, sería el segundo factor más importante a tener en cuenta, lo que produce una complexificación de la industria al posicionar intermediarios (las ETTs) entre las grandes empresas productoras y el mercado de trabajo. Se trata de una estrategia de defensa del gran capital contra la organización obrera ya que fragmenta la plantilla de una misma empresa no sólo territorialmente sino también gracias a sucursales, empresas intermediarias, separación de asalariados entre temporales y fijos con la consecuente rivalidad e indefensión sindical y salarios más bajos de los primeros… Como explica Peter Mertens (2011:33): “la subcontratación es un ataque contra la fuerza colectiva de los trabajadores como clase.” A través del sistema de subcontratas podemos ver que no existe una desindustrialización tampoco en este sentido: se ha vuelto más compleja y más ramificada.

En resumen, “no se trata pues de desindustrialización sino de fragmentación de la clase obrera productiva en empresas más pequeñas y en agencias de trabajo temporal”.

Clase en sí, clase para sí: la discontinuidad entre la clase social objetiva y la subjetiva

En El Capital, Marx hizo una distinción entre la clase en sí y la clase para sí que nos es útil en nuestra exposición: la clase en sí sería la pertenencia objetiva de un individuo a una clase social determinada por su relación con los medios de producción y la clase para sí sería la interiorización de su posición y la actuación en consecuencia basada en una defensa de los intereses de su clase. Ortelio Pérez Díaz nos recuerda que los individuos de una clase social determinada “desarrollan una subjetividad, niveles de conciencia, intereses, formas y estilos de vida específicos, condicionados por su situación peculiar en una sociedad dada”. Cabe decir que la concordancia entre clase social objetiva y subjetiva es muy irregular y en la mayoría de las ocasiones falsa. Es por esto que hablamos de “diferentes niveles de conciencia” y del no determinismo de la conciencia de clase: pertenecer a la clase obrera no nos determina mecánicamente a pensar como clase obrera. Esto se debe a la porosidad del aparato cognitivo, no somos autómatas ni tampoco ermitas aislados de la sociedad: si bien es cierto que la clase obrera se mueve en unos círculos más bien cerrados (taller, barrio), tiene conversaciones parecidas y unos intereses comunes, también es cierto que de los miles de mensajes que diariamente un individuo es receptor, prácticamente todos son controlados y filtrados por unos medios de comunicación, publicidad y propagandísticos asociados a una clase que les es ajena: la clase burguesa.

Esta aparente simplificación deja de serlo cuando se somete a un estudio riguroso como el de Owen Jones en “Chavs: la demonización de la clase obrera” en el que explica minuciosamente los aparatos, medios y fines con los que la clase dominante en el Reino Unido ha estigmatizado a la clase obrera (sus comportamientos, sus actitudes y acciones) a la vez que bombardea incesantemente a ese público con imágenes de opulencia, consumismo y lujo propios de la clase burguesa. Todo esto nos puede resultar familiar con un sencillo ejemplo: en la parrilla televisiva tenemos por un lado “El Diario de Patricia”, donde se ridiculiza y estigmatiza sistemáticamente a la clase obrera y por otro lado el programa que vanagloria a los emprendedores y el paternalismo del patrón sobre el trabajador, “Tu Oportunidad” (ambos programas con un público muy extenso).

Hagamos una breve comparación entre la clase social obrera objetiva y la subjetiva. El gráfico 1 presenta la estructura social española en 2010 según el modelo EGP (Erikson y Goldthorpe) que es el que se aplica a escala europea para poder comparar entre los diferentes países. No refleja la distinción que estamos utilizando (propietarios-desposeídos) pero podemos identificarla: la clase obrera correspondería a las clases VII, VIII y IX del esquema de Goldthorpe, es decir, trabajadores de servicios y del comercio (proletariado de los servicios, con un 14,7%), trabajadores manuales cualificados (10,1%) y manuales no cualificados (24,4%) que juntos suman 49,2% del total de los empleados. La clase X del esquema de Goldthorpe, no presente en este gráfico, corresponde a los parados, amas de casa y excluidos que engrosarían las filas de la clase trabajadora, por lo que falsea el muy abultado 49% de los asalariados. Se trata de un porcentaje relativo muy superior al que hacían referencia Marx y Engels cuando se referían a la clase obrera a mediados del siglo XIX. No obstante, la estructura social española sobrerrepresenta el proletariado de los servicios y la clase obrera en comparación con los países más desarrollados de la UE.

En el gráfico 2, podemos observar la percepción de clase que tiene la población española en 2010. Si bien las categorías no coinciden con el gráfico anterior, sí que se pueden considerar la “clase social más baja” (1-2) sumada a la clase social (3-4) como la percepción de clase obrera, las categorías (5-6 y 7-8) a la clase media y la (9-10) a la de directivos y altos profesionales. El análisis dista mucho de ser riguroso pero a grandes rasgos se puede entrever una tendencia generalizada en las sociedades occidentales: la sobrerrepresentación de la percepción de clase media y la estigmatización de la clase obrera. El gráfico estima que tan sólo el 29% de los encuestados se considera clase obrera, por lo que existe un gap de 20 puntos porcentuales con respecto a la clase social objetiva. Las razones de la estigmatización de la clase obrera, ya explicadas, crean un fuerte sentimiento de desidentificación con la clase obrera.

El panorama español no deja lugar a dudas: a pesar de la deslocalización, del posfordismo y de la actual ofensiva neoliberal contra el mundo del trabajo, la clase obrera representa un 49% de la población empleada en 2010, sin contar con los excluidos, amas de casa y desempleados, frecuentemente olvidados por la teoría de clases neoweberiana pero que poco a poco encuentran su sitio gracias a la economía feminista y su unión con el marxismo.

Gráfico 1: Estructura social de España en 2010 según el esquema de Goldthorpe. Fuente: Javier Segura del Pozo 2012

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Gráfico 2: Clase social subjetiva en España en 2010. Fuente: CIS.

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El panorama de la clase obrera internacional

En Espacios de Esperanza, David Harvey (2012:61-62) hace un boceto sobre las características de la clase obrera a nivel internacional estableciendo comparaciones con la clase obrera original a la que se dirigían Marx y Engels en su Manifiesto: “El escenario presentado por el Manifiesto comunista, por lo tanto, no ha cambiado radicalmente en su base. El proletariado mundial es más amplio que nunca […]. La fuerza de trabajo está ahora mucho más dispersa geográficamente, es culturalmente mucho más heterogénea[…]”. Además, se trata de una clase obrera mucho más feminizada, cuyo núcleo está en el Sudeste asiático y que sobrevive en unas condiciones iguales o peores que las que hoy nos parecen surrealistas en Occidente. Con la entrada de China, India, Bangladesh, Indonesia, Vietnam y el bloque soviético en el mercado internacional de trabajo en los años 90, la fuerza de trabajo asalariada a nivel mundial se multiplicó por dos en tan sólo 10 años (Gráfico 3). Este hito se ha conseguido gracias al desarrollo de las fuerzas productivas en los países emergentes, como advierte Richard Freeman “pagando el precio de la globalización”.

Gráfico 3: Reparto de la fuerza de trabajo mundial. Fuente: OIT

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A su vez, la parte de los salarios en la renta mundial ha decrecido considerablemente desde la entrada de estos países al presionar a la baja los niveles de salarios en el mercado mundial y sobre todo con el aumento de la explotación sobre estos nuevos obreros desprotegidos sindical y legislativamente con la destrucción del tejido social de las sociedades socialistas del Este. El gráfico 4 nos recuerda que la lucha de clases está al orden del día: la renta del trabajo baja estrepitosamente desde los 90 en una caída de 7 puntos mientras que la renta del capital los recupera.

Gráfico 4: Parte de los salarios en la renta mundial. 1990-2010

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La clase obrera es más numerosa y actual que nunca. Resumen y conclusiones.

Tras emplazar en el marco teórico lo que entendemos por clase obrera y someterlo a un análisis cualitativo del que hemos extraído su definición, nos hemos centrado en los errores e imprecisiones presentes en la contabilización de la clase obrera y el sector industrial a la vez que hemos desmentido el concepto de desindustrialización y lo hemos sustituido por la deslocalización. En un segundo momento hemos diferenciado entre clase social objetiva y subjetiva para explicar el abandono de la percepción de clase obrera en la sociedad española. Finalmente hemos aumentado la escala analizando la actualidad de la clase obrera a nivel internacional.

En este artículo se ha intentado desmitificar la decadencia del concepto de clase obrera, argumento que blanden desde los posmodernos más alejados del marxismo, como Beck, hasta aquellos que se creen cerca de éste, como Negri. Los aparentemente poderosos argumentos de la desindustrialización y de la sociedad posmoderna se hacen añicos cuando los sometemos a un análisis riguroso materialista desde una óptica internacionalista, porque si alguna característica comparten todos los obreros del mundo, es que no tienen patria. Si el concepto de clase obrera, que tal y como hemos podido observar goza de una salud y una esencia actual muy fuerte, dejó su impronta en el siglo XIX y XX a través del proletariado occidental, ¿de qué tamaño y profundidad será la huella que deje el proletariado de los países emergentes, mucho más numeroso, feminizado y heterogéneo?