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Kurdistán, Cataluña, Veneto… ¿es contagioso el independentismo?

El 25 de septiembre se celebró el referéndum independentista del Kurdistán iraquí, el 1 de octubre una parte de los catalanes dijo sí a la independencia y el 22 de ese mismo mes los ciudadanos de Lombardía y Veneto votaron por mejorar su autonomía en un marco de aspiración independentista. Tres referéndums, dos de ellos ilegales, en menos de un mes, para conseguir la independencia ¿Hay alguna conexión entre ellos? ¿hay algo contagioso en el deseo independentista?

Si leemos sobre las historias de estos tres pueblos (kurdo, catalán y de la Padania), veremos que son totalmente distintas. Los Kurdos por ejemplo son uno de los pueblos más antiguos de oriente medio, con más de cuatro mil años y alrededor de 30 millones de personas repartidas entre Irak, Turquía, Irán y Siria. Han sufrido a lo largo de la historia numerosas persecuciones y ha sido víctima de múltiples esfuerzos de erradicación cultural y lingüística.

Actualmente, los kurdos de Irak, que ya funcionaban casi como un país independiente, tienen importantísimas reservas de petróleo, así como un ejército entrenado por Estado Unidos que ha resultado ser de los agente militares más efectivos contra el Daesh. El pasado 25 de septiembre el 92% de los kurdos iraquíes votó a favor de la independencia del Kurdistán, al norte de Irak, que no aprueba este referéndum y ha amenazado con respuestas militares y un bloqueo comercial. El Kurdistán solo ha recibido el apoyo expreso de Israel. No obstante, muchos aseguran que detrás de este referéndum está Estados Unidos, a pesar de que formalmente no haya dado apoyo al proceso de independencia.

La situación de Cataluña es muy diferente. Aunque sí tienen lengua propia, no son una etnia diferenciada; además, sus tradiciones y expresiones culturales no son perseguidas. Respecto a la viabilidad económica de una hipotética república independiente, es más cuestionada tanto por factores institucionales (la independencia significa la salida del marco de la UE) como estratégicos (depende mucho de las exportaciones y no cuenta con recursos estratégicos como el petróleo), precedidos del mal augurio de las cerca de dos mil empresas que han desplazado su sede social desde el 1-O. Tampoco cuentan con fuerzas militares, solo con la policía autonómica. Los marcos ideológicos de fondo también son muy diferentes: frente al motor de inspiración neoliberal del Kurdistán (en su imaginario está el sueño de ser un nuevo Dubái), Cataluña está liderada por la inestable alianza entre la extrema izquierda y un partido de centro derecha.

En cuanto a los resultados, el 90% votó sí a la independencia, aunque las garantías electorales dejaron mucho que desear en el 1-O. La respuesta del Estado también está siendo distinta. Mauricio Meschoulam, internacionalista de la Universidad Iberoamericana, señaló cómo el Estado Español (que tiene mucha más capacidad de respuesta que Bagdad y cuenta además con el apoyo de Europa) optó por usar la fuerza para impedir el voto, lo que dio lugar a desagradables imágenes que dieron la vuelta al mundo. Irak, en cambio, dejó que votaran y optó por desprestigiar el referéndum.

Por último, queda hablar del Véneto y Lombardía, que, a diferencia de los dos casos anteriores, han logrado un referéndum legal según el Tribunal Constitucional italiano, pero consultivo, es decir, de resultado no vinculante. Los impulsores sociales de ambos procesos aspiran a una mayor autonomía dentro de la República Italiana, aunque con pretensiones a largo plazo que, por ejemplo, tienen una fuerte base historicista en el caso del Véneto (se da mucha importancia a la milenaria República de Venecia como elemento clave de su imaginario). «Roma pretende tenernos como súbditos ignorando también la historia de nuestra tradición», expresaba Riccardo Barbisan, de la Liga Norte (partido de la derecha independentista noritaliana), reflejando claramente ese marco postautonomista en que muchas veces se encuadran este tipo de reclamaciones gradualistas.

Vistas las diferencias, la pregunta sería si existe algún hilo conector. ¿Qué hace que haya tantos movimientos independentistas al unísono? Porque, aunque aquí nos centremos en los tres casos protagonistas del pasado mes, encontramos otros muchos pueblos que quieren la independencia como Escocia, Quebec… incluso el Brexit es reflejo también de ese deseo de independencia o, si se prefiere, de reafirmación soberana. Sólo en los últimos 25 años se han celebrado 15 referéndums independentistas.

El experto en secesionismo Jason Sorens, de la universidad de Dartmouth, enunció la Teoría del contagio: «Está comprobado que el secesionismo en una parte de un país se extiende a otras partes de ese mismo país y que, cuando el Gobierno central no logra sofocar un conflicto de autodeterminación, es más probable que surjan otros nuevos en ese mismo país».

Sin embargo, Sorens afirmaba que «no hay pruebas firmes de que el triunfo independentista anime a nuevos movimientos de este tipo en el resto del mundo». Es cierto que en el caso catalán, por ejemplo, se ha buscado sostener sus argumentos muchas veces en una perspectiva comparativa: si pudieron votar los escoceses, ¿por qué no ellos? En este sentido, Steve Saideman, politólogo de la Universidad de Carleton en Canadá, explica en un estudio que los movimientos secesionistas son contagiosos más allá de las fronteras.

Corroborando esto científicamente encontramos el estudio de Katherine Sawyer, de la Universidad de Maryland, que con un analisis empírico de los datos de movimientos de autodeterminación concluyó que la reivindicación de independencia en un país hace que en los países vecinos se incrementen las posibilidades de que ocurra lo mismo. No obstante, los movimientos secesionistas están surgiendo no solo en los países vecinos, sino en puntos muy dispares del planeta.

Si hay algo que une a Cataluña, Kurdistán y el norte de Italia es que son regiones de una riqueza superior a la media del país al que pertenecen. Cataluña es la primera economía de España en volumen de PIB, Lombardía y el Véneto representan el 30% del PIB italiano, y el Kurdistán cuenta con una gran riqueza en recursos naturales. Sin embargo, esta situación económica es estructural y no responde a la coyuntura, por lo que se hace necesario preguntarse por qué todos quieren la independencia precisamente ahora.

Nazanín Armanian, explicó que lo que ha desencadenado la independencia del Kurdistán es «la inestabilidad del gobierno central irakí, y la tentación de apoderarse del petróleo de las regiones “no kurdas” que han liberado y ocupado -con el apoyo de las tropas de EEUU- durante su lucha contra el Estado Islámico».

En cuanto a la impaciencia independentista catalana, es evidente que se conecta con la enorme crisis económica y financiera que han sufrido y de la que se ha culpado a España en los medios de comunicación que, tal como señala el catedrático Vicenç Navarro , están controlados por la Generalitat, que tiene una importante influencia también sobre los medios privados vía subvenciones. La urgencia estaría o bien a) en la necesidad de revertir esta situación con una requisación de la riqueza distribuida al resto de España o b) de ocultar la ineficacia del gobierno autonómico en su combate contra el vendaval económico.

En tercer lugar, en el Véneto y Lombardía encontramos ciertas similitudes en los discursos nacionalistas de los políticos que también reclaman mayor autonomía, en razón de una historia de independencia y con perspectivas a una economía más próspera cuya condición de posibilidad consideran que es la secesión. Si bien en estos casos no se reclama explícitamente la independencia, sí que sus procesos han experimentado un aceleramiento, aunque no parece existir un mecanismo causal claro, más allá de la aplicación de la teoría del contagio.

Por otro lado, la razón podría ser más sutil: Cristina Fusone, de la Universidad Luiss-Guido Carli en Roma, señala que estos referéndums son utilizados como un modo de «maximizar sus ganancias en las próximas elecciones nacionales» que se celebrarán en 2018. También considera que el deseo de autonomía responde a una restricción en la gerencia financiera autónoma de las regiones italianas desde la crisis europea.

Volviendo a un punto de vista más general, también puede entenderse este auge de los nacionalismos como respuesta al proceso de globalización que el mundo ha vivido en los últimos años. Quizás también en algunos casos el independentismo sea consecuencia de los discursos populistas de los gobernantes regionales, que aprovechan la complejidad de la atribución competencial territorial para culptar excesivamente al gobierno central (de la misma forma que los gobiernos nacionales que culpan a la UE).

En definitiva, cada caso de independentismo tiene sus razones propias, por supuesto, pero sí se puede observar una clara tendencia global de auge independentista, a veces motivado posiblemente por un efecto contagio por el triunfo de nacionalismos cercanos, pero generalmente acompañado por razones coyunturales.

Pilar Bernabé

Pilar Bernabé

Estudiante de Derecho y Periodismo con especial interés por la geopolítica, los derechos humanos y el arte.

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