TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

En un tiempo en el que la gente se marcha del campo a la ciudad, Ignacio Urquizu (Alcañiz, Teruel, 1978) hace el camino inverso: Tras muchos años viviendo en Madrid ha vuelto a su pueblo natal en la provincia de Teruel, por la que es Diputado en el Congreso, y tan solo vuelve los días que tiene que trabajar. Sociólogo de profesión, Ignacio ha labrado su carrera académica en universidades como Harvard (EE.UU.) o Essex (Reino Unido), y ha publicado libros analizando la crisis de representación y de la socialdemocracia. Algo de lo que ahora que es Diputado y del Partido Socialista, no puede hablar como observador, sino como protagonista.

¿En qué momento de su juventud se le despertó el interés por la política?
Bueno, he de decir que en mi juventud no tenía mucho interés por la política, lo que quería ser es arquitecto. Pero cuando estaba en el colegio siempre era elegido delegado de curso, y más tarde en el instituto, miembro del consejo escolar. La gente me votaba para que les representara con iniciativa en los lugares en los que tenían que estar los alumnos, tanto para montar jornadas culturales, como campeonatos de futbol o baloncesto. Una de las cosas de las que más orgulloso estoy de conseguir en aquel momento es que en estos campeonatos hubiera como mínimo dos chicas por equipo.
Más tarde, en mis últimos años de instituto, una profesora me dijo que esto de las ciencias políticas se me podría dar bien, ahí empecé a saber un poco más y a descubrir cuáles eran mis ideas.

Usted es político, pero ha desarrollado una carrera científica en las ciencias políticas y sociología, ¿Qué fue primero, su vocación política o la investigadora?
Cuando estaba en la universidad nunca pensé que llegaría a dedicarme a la política, y mira que tuve profesores ilustres con carrera política o con relación con ella, como Jose María Maravall, Jorge Vestrynge o Ramón Cotarelo. Sin embargo, cuando empecé la universidad tuve claro que quería dedicarme a la investigación.
Sí que es verdad que siempre he tenido ese gusanillo de colaborar con asociaciones, como en el instituto por ejemplo, cuando ayudaba a chicos con minusvalías en competiciones deportivas. Después, en la universidad, se me despiertan ciertas ideas políticas, hasta que un día viendo un reportaje del año 99 sobre el Veinticinco Aniversario del Congreso de Suresnes, me dió por irme a la agrupación más cercana de mi casa y hacerme militante de base del Partido Socialista, sin más ambición que la de participar en las asambleas y debates locales. Luego en 2004, cuando me dieron una beca para irme a Estados Unidos, cambié mi afiliación a mi pueblo natal, Alcañiz. Me empecé a involucrar todavía más y me empezaron a llamar a raíz de publicaciones y artículos que hacía. Yo había colaborado bastante con el partido, pero lo veía como eso, una colaboración. Lo que ha venido después aunque no ha sido premeditado, sí que está correlacionado con ésto.

He descubierto que los científicos sociales sabemos nada o muy poco de política

IMG_7460--1-

¿Para un científico social como usted, meterse en política no es como para un culé o un merengue ser árbitro de un clásico?
No, porque lo que he descubierto es que los científicos sociales podemos saber mucho de ciencias sociales, pero nada o muy poco de política. Porque la política tiene dos elementos que no tienen los científicos: El primero, el poder. En la ciencia cuantitativa, el poder no lo puedes cuantificar o ver. Es como muchos oficios artesanales, que solo los aprendes cuando los ejerces. El segundo, explicado por Weber, que cuando eres científico lo que intentas es presentar el conjunto de visiones y valores de una sociedad, y cuando eres político haces una apuesta por un valor o conjunto de valores que defiendes hasta el final. El científico tiene que explicar la pluralidad, mientras que el político debe hacer una apuesta por una forma determinada de entender la sociedad.
Yo no lo veo como una contradicción, sino como un complemento, ya que este periodo me parece muy instructivo y me ayudara a ser un mejor científico político cuando vuelva a la ciencia. Cuando ahora leo a mis compañeros en los artículos y blogs pienso que está muy bien lo que dicen, pero que no saben del oficio de la política.

Los problemas de comunicación política no existen, porque cuando tienes algo que comunicar todo es bastante fácil

Según usted en su libro La Crisis de Representación en España, uno de los principales problemas por los que el PSOE y otros partidos llegaron a esa crisis fueron el negacionismo y la desconexión con muchos cambios sociales que se produjeron a raíz de la crisis económica. ¿A día de hoy considera que el PSOE ha vuelto a conectar con la sociedad?
Bueno, estamos en ello. La desconexión es importante incluso comparándola con otros momentos históricos, pues es una desconexión que tiene que ver con un cambio de era, brechas generacionales, cambios tecnológicos, y un conjunto de elementos que en otras épocas no se dieron. Es una brecha a lo mejor más grande que en otras ocasiones, pero desde luego que no es la primera vez que hay una crisis de este tipo. Creo que todos estamos trabajando en conseguirlo, porque es un problema incluso de partidos nuevos como Podemos. Ellos ahora están perdiendo muchos apoyos porque seguramente han desconectado de lo que había sido su origen y bases: nacieron conectando muy bien con el enfado ciudadano, y en el momento en que ese enfado se transforma en desilusión y pesimismo, esa desconexión también les afecta a ellos.

¿Cree usted que el principal problema del Partido Socialista estos años ha sido una cuestión de propuestas o de no saber explicar sus propuestas?
Las dos cosas están relacionadas. Cuando daba clase solía decir que los problemas de comunicación política no existen, porque cuando tienes algo que comunicar todo es bastante fácil. El problema de fondo no es un problema español, sino de la socialdemocracia a nivel europeo. En Europa la socialdemocracia está teniendo problemas para adaptarse a este nuevo contexto histórico de revolución tecnológica y profundos cambios que no son baladí. La socialdemocracia ha pasado varias fases y ahora estamos en la cuarta. Es en ese ajuste donde nos encontramos. No es un problema de comunicación, sino más bien de hacer el reajuste de etapa a la que se está enfrentando la izquierda a nivel europeo.

En el mundo rural donde yo vivo no se ven grandes diferencias de clase, pero en la ciudades es donde se van a producir las grandes contradicciones.

En un artículo en EL PAÍS, usted recordaba que el PSOE había perdido el apoyo de las clases medias-altas, de los que vivían en las ciudades, los más educados, y afirmaba que aquellos eran los más representativos de la modernidad. ¿Qué propuestas debiera hacer su partido para volver a "seducir" a esos grupos?
Muchas de estas cuestiones ya están recogidas en nuestros últimos debates y Congresos, y tienen que ver con la economía digital, los cambios en las relaciones laborales y los cambios educativos para afrontar esta nueva etapa. Pero sí que dentro de estos cambios, hay que prestar atención a lo que pase en las grandes ciudades. En el mundo rural donde yo vivo no se ven grandes diferencias de clase, pero en la ciudades es donde se van a producir las grandes diferencias y contradicciones.
¿En qué sentido? Hay dos elementos que hacen que uno pueda desarrollar un proyecto de vida: el empleo y la vivienda. Los empleos de las ciudades tendrán mucho que ver con la información e innovación, y serán de un alto valor añadido. De modo que los empleos más precarios y rutinarios que pueden ser substituidos por maquinas, harán que la gente menos formada tenga serias dificultades para tener acceso a una renta. En segundo lugar, las ciudades tienen un espacio limitado, y eso hace que haya un difícil acceso a la vivienda, creando así “ciudades valladas”, ciudades para gente de renta alta expulsando al extrarradio a la gente que tiene renta baja en condiciones de mucha desigualdad. En el momento actual donde aproximadamente el 70% de la población española vive en las grandes ciudades y la previsión a futuro es que ese porcentaje aumente, lleva a que sea en las ciudades donde se vayan a producir los principales conflictos sociales, económicos y políticos. Y es ahí efectivamente donde la socialdemocracia tiene un problema. Con la gente más formada, los que están en las urbes. Es ahí donde debería empezarse la reflexión de lo que debiera ser un proyecto político.

Screen-Shot-2018-01-15-at-02.28.57

¿Hasta qué punto el cleavage o conflicto territorial en Cataluña lastra al PSOE?
No creo que sea un lastre para el PSOE, sino para la sociedad en su conjunto. Hay un choque de identidades donde la mitad de la población dice que quiere vivir en un espacio público que no comparte con la otra mitad. El reto que tenemos es que los dos bloques tengan una idea de espacio público compartido con elementos comunes compartidos. La identidad suele ser una cosa privada que cada uno define como quiere en su casa, pero cuando ésta se hace pública y objeto de confrontación, es cuando el problema entra en ebullición y se hace difícil de gestionar. Debe haber soluciones transversales, porque tenerlas de bloques, hará que el espacio público compartido se rompa.

En la medida en que haya una mayor fragmentación identitaria, los proyectos socialdemócratas o de izquierdas van a tener más dificultades

Es imposible no hablar de la socialdemocracia sin hablar de Europa. Hace unas décadas la socialdemocracia europea triunfaba con gente como Willy Brandt o Mitterand, y protagonizó muchos de los grandes cambios en la Unión Europea ¿Cómo podría recuperar ese protagonismo?
En la Unión Europea se ha producido una integración económica muy asimétrica y una integración política muy deficitaria. Aunque empieza a haber partidos europeos, éstos son agregaciones de partidos nacionales, y la Unión Europea todavía no funciona como una democracia convencional con un gobierno y una oposición. Los Estados europeos deben empezar a asimilar que hay que pasar de ser Estados-Nación a Estados Miembro. Y eso tiene consecuencias a la hora de elaborar proyectos políticos, donde la redistribución se haga no solo dese el punto de vista territorial, sino del de los ciudadanos. Debemos ir caminando hacia una UE que sea una democracia convencional.

La socialdemocracia está íntimamente unida al proyecto Europeo, porque no existe ni en Asia, ni Estados Unidos, ni América Latina. De modo que si queremos que la socialdemocracia en la UE esté sana, tenemos que solucionar estos elementos.

¿Pero cómo es posible articular un proyecto socialdemócrata europeo cuando son tan distintos los votantes alemanes a los españoles?
Yo creo que no son tan dispares. Una persona conservadora o progresista en Alemania y en España, puede tener perspectivas distintas en lo nacional, pero no en otros valores como la igualdad o la redistribución. Sin embargo, la perspectiva étnica afecta mucho de cara a la redistribución, por eso en países como Estados Unidos, si no hay un fuerte estado de bienestar es por una cuestión étnica de que los blancos no quieren redistribuir hacia los afroamericanos. En la medida en que haya una mayor fragmentación identitaria, los proyectos socialdemócratas o de izquierdas van a tener más dificultades. Por eso creo que la izquierda debe cambiar el paradigma de pensar en Estados-Nación, por Estados Miembro y ciudadanos. Y aunque hablemos idiomas distintos, tenemos problemas compartidos. Si no lo hacemos Europa puede fracasar, y si fracasa, la socialdemocracia habrá sido incapaz de dar respuestas a los problemas de la gente.

Entonces, ¿debe la socialdemocracia recuperarse en Europa para que el PSOE remonte?
No son cosas muy diferenciadas. Si por algo se ha caracterizado la socialdemocracia es por su gran capacidad de adaptación, y lo que ha pasado con el PSOE en España le ha pasado al socialismo en toda Europa.

Como creo que la empatía es importante, no me cuesta llevarme bien con los diputados independentistas, porque sé que lo están pasando mal con este conflicto

Screen-Shot-2018-01-15-at-02.26.27

Hablemos un poco más de lo personal, ¿Cuáles son los “compañeros de trabajo” aquí en el Congreso con los que mejor se lleva?
En el grupo socialista me llevaba muy bien con Julián Lopez o Jose Andrés Torres Mora, ambos profesor como yo. Y fuera de mi grupo con bastantes: Del PP coincido mucho con Guillermo Mariscal, un tipo excelente, y Pablo Casado, porque ambos tenemos hijos de edades parecidas. También con Iñigo Errejon, a quien considero un muy buen tipo, y en el PDCAT con Carles Campuzano o Ferran Bel, porque su pueblo (Tortosa) está hermanado con el mío. La gente aquí es maravillosa.

¿Hasta qué punto el tema catalán ha llegado afectar a las relaciones personales con diputados independentistas?
A mí no mucho. Nos respetamos mutuamente y hablamos de vez en cuando. Y es que entiendo que en política uno de los elementos importantes es la empatía y el saber ponerte en el lugar del otro. Y eso lo tienes que hacer con tus votantes y la sociedad, pero en este conflicto, también con los independentistas. No debe ser fácil ni para ellos lo que está pasando. Cuando en una sociedad se producen rupturas emocionales todo el mundo lo pasa mal, y como creo que la empatía es importante, no me cuesta llevarme bien con ellos, porque sé que mis compañeros del PSC lo están pasando mal, pero también los independentistas. Lo que ha pasado les ha generado una frustración muy grande, pues había mucha gente de buena fe que pensaba que podría darse la independencia, y con más o menos razón, habrá sido una decepción para ellos. Además tengo un segundo factor, que hablo catalán, soy del Barça, y hasta veo los dibujos animados en catalán. Incluso con gente de Esquerra como Rufián, aunque tenga menos trato, mantengo una relación cordial.

En una palabra
- Líder, histórico o actual: Harold Wilson, Primer Ministro del Partido Laborista británico.
- Un discurso político: Los de Indalecio Prieto, en especial el del conocido como "túnel de la risa".
- Un libro: Paper Stones, de Przeworski.
- Un sueño: Vivir en un país mucho mejor, más justo, y con más movilidad social.
- Un miedo: Que mi etapa en la política no sirva para nada. Que el haber dejado mi carrera académica haya sido en vano.