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Desde el pasado otoño una propuesta Europea se ha encontrado con enormes fricciones en el parlamento Europeo, y no; no hablo del Brexit, sino de la denominada Google Tax. El escenario político presenta países como Suecia, Dinamarca e Irlanda que han mostrado su descontento hacia la medida. Mientras que países como Reino Unido y España se han mostrado fuertemente a favor. Por otro lado, Francia y Alemania han mostrado intencionalidad de llegar a un acuerdo a favor, pero se han mostrado reluctantes en su aplicación y promoción. ¿Cómo es posible que un tema tan técnico como un impuesto cree tal diferenciación de posturas?

Para entender el debate, hay que comprender que es la Google Tax. Este impuesto ha sido planteado para poder corregir un desequilibrio fiscal en el mercado de publicidad online y de las empresas que manejan datos. Empresas como Google/Facebook/Amazon que declaran sus beneficios en países ajenos en los que ejecutan su producción comercial. No tributando en territorio europeo los beneficios publicitarios que crea en Europa, alegando que el alojamiento de las páginas no es Europeo, por lo que tributan generalmente en EEUU en vez de en la UE; beneficiándose así de un sistema fiscal mucho mas laxo. Para subsanar este problema la UE se está planteando un impuesto del 3% a los beneficios de estas empresas para así poder corregir esta desviación. Lo que serian un total de 4,92 billones de Euros recaudados. El motivo por el cual esto es necesario se justifica con dos datos:

La tasa impositiva efectiva promedio de los sectores de negocio tradicionales europeos es del 23,2%.
La de Google, Amazon, Facebook y Apple es del 9,5%.

Un impuesto de estas características se trataría de una solución second best, es decir, no es la óptima pero si la más óptima de las que son viables. No podemos acceder a la solución más eficiente, que seria que estas empresas pagaran religiosamente sus impuestos cumpliendo la ley y sin buscar loopholes, lo que es un imposible. Por lo que se recurre a un impuesto recaudatorio con una tasa base y nada más para garantizar, no solo que exista el fair trade entre este sector económico y el resto de sectores, sino para además corregir la evasión fiscal.

Para que un impuesto de estas características salga adelante necesita el apoyo unánime de todos los países miembros de la UE, pero las críticas de los países en contra son más que legítimas a pesar de la necesidad de un impuesto así. Kristian Jensen, la ministra de finanzas danesa; argumentaba que debido a que este impuesto está enfocado a empresas americanas seguramente se creara una respuesta desde Washington. Una apreciación más que legítima considerando la tendencia proteccionista del actual gobierno americano. También países con bajos impuestos como Luxemburgo estan en contra. Y por supuesto Irlanda al tener varias oficinas centrales de estas multinacionales.

Hay dos gobiernos europeos que ya han anunciado que sacaran adelante una "Google Tax" tanto si existe acuerdo europeo como si no: España y Reino Unido. Pero existe otro país del mundo que ya introdujo una Google Tax en 2017 y al que podemos remitirnos para ver su funcionamiento y efectividad: Australia.

Ante la alarmante noticia de que al menos el 25% de las grandes empresas de Australia no pagaban impuestos, el gobierno australiano creó un plan de choque impositivo y legal para evitar este desfalco, el conocido como MAAL (Multinational Anti-Avoidance Law). Este paquete ha estado dirigido también en empresas del sector del comercio online y ha conseguido que todas las empresas del sector (Amazon, Apple, Microsoft...) menos Google paguen el porcentaje impositivo que deberían haber pagado desde el principio. Aun así y al no estar incluida en esta definición otra se ha escapado, se trata de Facebook. Esto se debe a que ambas empresas tributan sus beneficios en Singapur y Estados Unidos en vez de en Australia, pagando solo 467.000$ de los 136$ millones que deberían pagar. Lo que para el gobierno australiano levantó la necesidad de una Google Tax.

La respuesta de Google no se hizo esperar una vez la tasa se implemento por primera vez. Pero por otro lado Facebook se igualó al resto de corporaciones y llegó a reestructurar la empresa para garantizar transparencia y adaptarse a las nuevas leyes e impuestos, cortando la pipeline en la cual los clientes de Facebook en Australia mantenían sus relaciones contractuales con Facebook Irlanda. Esto es al menos un éxito parcial a falta de ver como se comportan Google y el resto de empresas en el largo plazo.

Debido a la falta de consenso tanto en Europa como en la OCDE para alcanzar una solución internacional. Que los gobiernos nacionales de varios países como España, Reino Unido y Australia estén formando una respuesta contra este tipo de abusos de ciertas corporaciones es bienvenido. Pero esta decisión de crear la Tasa Google a niveles nacionales podría ser un enorme problema.

Más allá de la preocupación de que los impuestos corporativos frenan la innovación, razonamiento legítimo al ser estas empresas un fuerte motor de la innovación. Existen preocupaciones derivadas de no alcanzar un consenso internacional. Como la posibilidad de que se dupliquen los impuestos cobrados a estas empresas. Si cada país desarrolla un sistema impositivo distinto con diferentes pesos y medidas, no resultaría complicado que ciertos productos sean impostados en varios países debido a su localización online. Además existe el problema de la existencia de países free riders, que al ofrecer deducciones o impuestos más bajos facilitaran que estas empresas tengan un loophole por el que evitar el pago de impuestos. Este último problema no es nuevo, y Australia lo esta intentando solucionar con el MAAL con cierto éxito, pero en Europa esto no es posible por la existencia de la libre circulación de capitales, medidas anti desviación de capitales solo tendrían efecto hacia fuera de las fronteras comunitarias. Si Irlanda, que ya se ha comportado de esta manera en el pasado; no acepta ningún pacto ante una Tasa Google, las posibles medidas nacionales de los países comunitarios se verán fuertemente debilitadas.

Por otro lado las preocupaciones sobre que este impuesto seria cobrado a los clientes (las empresas) están tremendamente infundadas, el mercado publicitario online tiene una curva muy elástica en la oferta y en la demanda. La cantidad final de dicho mercado no debería variar mucho, pero debería caer. Considerando la sobreinversión existente en publicidad en la actualidad, eso podría incluso reportar beneficios a empresas y a la sociedad. El coste de la oferta dependería de los ratios de las elasticidades, información que no tenemos y que es específica de cada sector. Solo podríamos afirmar que el coste del impuesto sería cobrado enteramente a los clientes si el mercado publicitario online tuviera una oferta inelástica y una demanda elástica.

Al final del día y como conclusión hemos de entender que la Google Tax en cualquier caso es un óptimo de segundo grado. Aun teniendo ciertas limitaciones este impuesto se trata de una medida de corrección fiscal. Y si queremos realmente que haya una competencia efectiva entre empresas y sectores estamos obligados a llegar a un acuerdo entre países. Sin free riders. Pero esto difícilmente pasará.