TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

En los primeros pasos de 2018, las teóricas Nancy Fraser, Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya publicaron en la New Left Review un extracto de lo que sería la obra colectiva Feminismo para el 99%: un manifiesto. A lo largo de veinticinco páginas, se exponen los rasgos que acabarán definiendo las movilizaciones post 8-M: a saber, la necesaria articulación de un feminismo esencialmente radical, dispuesto a ''reformular la justicia de género en forma anticapitalista de modo que nos encaminemos más allá de la actual carnicería en pos de una nueva sociedad '' (Fraser, Arruzza y Bhattacharya, 2018: 124).  Es imposible, aquí, no dirigir la mirada a la teoría política de posguerra (Daniel Bell, por ejemplo) que caracterizó a las ideologías del pasado siglo como programas destinados a levantar la organización humana perfecta. Los efectos de esta política son de sobra conocidos: la eliminación de la duda y del pluralismo social.

La lectura alberga varias cuestiones discutibles. ¿No ha sido la reforma en el seno de la democracia liberal la mejor vía para corregir las injusticias históricas que pesan sobre la mujer? La posibilidad de agregar diferentes demandas en la esfera pública ensancha la imaginación moral y hace tangible el cambio político. ¿Cómo se organizaría el poder en la nueva sociedad? ¿Suscribe el feminismo liberal ''una concepción de la igualdad centrada en el mercado, que encaja con el entusiasmo corporativo de la diversidad'' (Fraser, Arruzza y Bhattacharya, 2018: 128)? Lo que aquí proponemos es un pequeño viaje a los orígenes intelectuales de aquel feminismo reformista que, lejos de santificar al mercado, se preocupa por defender la igualdad y la autonomía racional de las mujeres.

En la Vindicación publicada por Mary Wollstonecraft en 1792 (sufrió las rigideces de la sociedad paternalista del siglo XVIII) se percibe, desde el punto de vista normativo, una defensa del individualismo que pasa desapercibida en la aproximación que realizan Celia Amorós y Ana de Miguel (2018):

«Cada individuo es en este respecto un mundo en sí mismo. Aunque más o menos conspicua en un ser que en otro, la naturaleza de la razón debe ser la misma en todos si es una emanación de la divinidad» (Wollstonecraft, 2019: 68).

La autora inglesa sostiene, con enorme brillantez, que no existe ningún motivo por el cual la mujer deba subordinarse a los designios del sexo contrario, trazando un paralelismo con las monarquías absolutas del Antiguo Régimen que domesticaron la convivencia humana. Si la tiranía política es reprochable, misma consideración merece la desigualdad femenina. Al final, Wollstonecraft demanda un estatus moral para la mujer, el reconocimiento como «un ser responsable cuyas conductas deben ser reguladas por operaciones de su propia razón» (Wollstonecraft, 2019: 44). En el fondo, hay un resabio kantiano en sus palabras —ya sabemos que el filósofo alemán identificó la Ilustración con la huida de la minoría de edad impuesta por los prejuicios y las costumbres.

A John Stuart Mill (1806-1873) también le preocupó el sometimiento de la mujer. Influido por el activismo de su compañera Harriet Taylor, denunció la brecha solitaria que caracterizaba a su tiempo (Stuart Mill, 2010). Señaló que «los fundamentos principales de la moralidad han de ser la justicia y la prudencia; el respeto de cada uno a los derechos de los demás y la habilidad de cada individuo a cuidarse por sí mismo» (Stuart Mill, 2010: 191). No parece que el verbo seleccionado sea fruto de la casualidad: la virtud de cuidarse también corresponde a la mujer. En este sentido, The subjection of Women contiene una crítica a la naturalización de las desigualdades entre sexos, pues no surge «del resultado de una deliberación, o de una premeditación, o de ideas sociales, o de alguna noción acerca de lo que pudiera ser conducente al beneficio del género humano» (Stuart Mill, 2010: 36). La subordinación femenina es una falla intolerable en el interior del proyecto ilustrado:

«La característica peculiar del mundo moderno es que los seres humanos no nacen ya predestinados a ocupar en la vida el lugar que les estaba reservado, encadenados por un eslabón inexorable [...] Son libres de emplear sus facultades y cuantas oportunidades favorables se les ofrezcan para conseguir lo que estimen deseable» (Stuart Mill, 2010: 58).

La(s) conclusión(es) es que 1) liberalismo no equivale a apología de la ley de la oferta y la demanda. Es una teoría política que quiere preservar al individuo de cualquier forma de dominación. Y 2) en sus orígenes, el feminismo liberal no se consagró a la libre competencia. Exaltó los principios de la autonomía racional y la igualdad moral de todos para alcanzar una sociedad mejor.


Arruzza, C., Fraser, N. y Bhattacharya,T. (2018). Manifiesto feminista. New Left Review.Nº 114.

Amorós, C. y de Miguel, A. (2018). Teoría feminista: de la Ilustración al Segundo Sexo. Biblioteca Nueva.

Wollstonecraft, M. (2019). Vindicación de los derechos de la mujer. Taurus.

Stuart Mill, J. (2010). El sometimiento de la mujer. Alianza.