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Extremadura: una región en el olvido

En medio de la situación tan convulsa que vive España, monopolizada por el proceso catalán, se perpetúan otras realidades que bien merecen ser escuchadas. Ante unos de los principales argumentos secesionistas, la desigualdad imperante en nuestro país (siendo Cataluña de los territorios más perjudicados), cabría ahondar en la fundamentación de tal agravio. Puesto que si se habla de una región olvidada, desamparada a la suerte de los vaivenes de la economía, esa es, sin duda, Extremadura.

No se quejan (o eso hasta ahora), no hacen ruido, no tienen los altavoces mediáticos ni el foco político a su disposición, pero no por ello deja de ser extremadamente injusta su situación. Hablar de precariedad y de injusticia desde Cataluña, viendo la situación de otras zonas de España, debería servir para darnos cuenta del enorme déficit argumentativo del relato secesionista.

El principal indicativo macroeconómico, que nos da una perspectiva general de la situación de un territorio, es el PIB per cápita. Este dato ya nos alerta de la situación tan complicada a la que debe hacer frente la región extremeña. Su renta per cápita (16.329 euros), es la más baja de todas las CC.AA. Cifra muy lejana a la realidad vasca (31.805 euros), madrileña (32.723 euros) o catalana (28.590 euros).

Economía lastrada por un mercado laboral muy frágil (y precario), con un 24,5% de paro (solo superado por Andalucía), siendo el segmento juvenil el más perjudicado (un 41,5%). Un territorio sin futuro para los jóvenes, empujándolos a abandonar su casa en busca de oportunidades. Estos datos no dejan de ser la constatación de que Extremadura vive una situación de enorme complejidad, con un sector industrial meramente testimonial, sin posibilidad de competitividad y falto de una estructura sólida, su economía trata de resguardarse bajo el paraguas del mundo rural y el sector servicios.

¿Las causas?

El principal obstáculo que lastra toda la economía de la región es, sin duda, el pobre nivel de infraestructuras y el escaso alcance de estas. Hecho que imposibilita la presencia (o expansión) de un tejido industrial potente, capital para liderar la economía.

Una de las principales infraestructuras, y que debe asegurar una conexión rápida y eficaz por el territorio, es la red ferroviaria. De vital importancia para atraer a las inversiones, puesto que de ello dependen los costes de sus negocios. Y Extremadura posee una de las redes de trenes más deficientes del país. Sin AVE, sin tren de larga distancia (única comunidad con este lastre) y con una infraestructura del siglo pasado que dificulta el transporte de mercancías. Estos obstáculos ahuyentan a muchos actores, que en otras circunstancias podrían establecer vínculos comerciales con la región.

Por ejemplo, el trayecto hasta la capital española supone, en muchos casos, una odisea con retrasos y averías que derivan en que, para recorrer los poco más de 400 kilómetros que separan Badajoz de Madrid, se emplean casi 5 horas y media. El caso de la capital cacereña no dista mucho, más de 3 horas y media para enlazar los 300 kilómetros hasta Madrid. A esto hay que sumarle las pocas comodidades que atesora el servicio, el precio (elevado, teniendo en cuenta las prestaciones) y la frecuencia de paso.

Y no solo sucede con la conexión con Madrid (epicentro de la península), también con las principales ciudades españolas (menos Sevilla, debido a la cercanía por carretera). Tratar de llegar a Barcelona en menos de 10h (sin gastarse mucho dinero) es una quimera y la conexión resulta peor para ir a Valencia.

Realidad que también se reproduce en la conexión entre las dos principales urbes extremeñas. Sin autovía, o tren, que las conecte directamente, las opciones para enlazar los 92 kilómetros que los separan son por autovía, teniéndose que desviar hasta Mérida (1h 30min), o por carretera convencional (1h 16min), cruzando un puerto de montaña. Situación idéntica en el caso del tren, que también se desvía por la capital autonómica, alargando el trayecto hasta 1h 50min aproximadamente.

En el siguiente mapa, se mostrará una comparación de la conexión ferroviaria de las capitales de provincia (peninsulares) con Madrid (proporcionalidad evaluada a partir del km/min).

Distancia proporcional trayecto en tren a Madrid (km/min)

MapaTrenesCCAA

Se puede observar como Extremadura en su conjunto (también algunas provincias como Teruel, Lugo, etc,) muestra un déficit comparativo en torno a la conexión férrea con Madrid. En Badajoz, por ejemplo, se emplea casi 1 minuto (0,80) en recorrer cada kilómetro que separa la localidad extremeña con la capital. Muy lejos de Barcelona o Zaragoza, las más próximas (proporcionalmente) a Madrid, que emplean tan solo 0,24 minutos por cada kilómetro.

Otra de las infraestructuras clave para asegurar el desarrollo económico de cualquier región, estimulando la proliferación de un sector secundario competitivo, e impulsando el turismo, es la presencia (o proximidad) de un aeropuerto. Instalación clave para poder potenciar la distribución (o recepción) de mercancías de forma rápida y eficiente.

Para realizar un análisis estricto en este apartado, se han contabilizado todos los aeropuertos que sustenten un tráfico aéreo anual por encima de los 500.000 pasajeros y se ha procedido a analizar que provincias (tomando como referencia la capital) tienen en su territorio una instalación de dichas dimensiones o, por otro lado, que estas se encuentren a menos de 120 kilómetros de distancia. También se ha procedido, bajo los mismo parámetros, a evaluar la cercanía de aeropuertos con un tráfico de mercancías superior a 1 millón de toneladas anuales.

Una vez más Extremadura queda relegada a un segundo plano, siendo las regiones costeras (y Madrid) las más beneficiadas en este aspecto. La fuerza centrífuga de la capital, con el mayor aeropuerto español, tanto en número de pasajeros como de mercancías, provoca que en los territorios colindantes no hayan proliferado infraestructuras de este tipo, debido a la innecesidad de un gasto de tal calibre. El problema surge cuando la región extremeña, siendo la más periférica de este grupo, se rige por los mismo argumentos.

¿El resultado? Extremadura se posiciona al final de la lista. Siendo Cáceres y Badajoz de las capitales provinciales con un aeropuerto más lejano: Sevilla, a 270 y 215 kilómetros respectivamente.

En el caso de los aeropuertos de mercancías, los resultados vuelven a colocar a Extremadura en una posición trasera. Dificultando, una vez más, la correcta implementación de nuevos agentes económicos en la región.

En definitiva,la situación extremeña se resume en: mala conexión por carreteras, nefasta por trenes y casi inexsistente por aire. Además, de la lejania de los puertos de mercancías y las continuas promesas incumplidas. Promesas de mejoras para subsanar estas deficitarias infraestructuras que siguen siendo un obstáculo casi infranqueable.

¿Por qué?

Extremadura tiene una baraja realmente difícil de jugar: una posición geográfica periférica (lejos de las áreas calientes y nexos comerciales), una población escasa (y muy dispersa) y, finalmente, una reducida influencia política en las principales instituciones del país (pocos escaños, pocos ministros, pocos votos).

Baraja que a la postre ha derivado en una difícil posición negociadora para sacar adelante propuestas tan legitimas, y necesarias, como la de un tren digno. Demanda que se ha perpetuado en el olvido de los dirigentes estatales. El coste del Gobierno central a desechar estas propuestas, como consecuencia de las variables planteadas, es muy bajo y, por esto, esta promesa, ya exigua, se ha dilatado tanto en el tiempo.

A corto plazo no daría réditos electorales (pocos diputados en juego en Extremadura, y poco cambiantes) y a largo plazo es una situación que, debido a los factores ya comentados, no supone un problema. Y si algo se sabe de las acciones de los gobernantes es que se rigen por el cortoplacismo, por llevar a cabo estrategias que les puedan beneficiar en futuros comicios. En busca de poder, de réditos electorales.

¿Es justo?

Resulta paradójico que comunidades con recursos mucho más abundantes, con un músculo económico muy definido, señalen a las regiones más abandonadas para justificar sus ansias monetarias. Reclamas que, debido a estas poseer un altavoz mayor y un mayor grado de influencia política (más diputados, más puestos de responsabilidad, etc.), no hacen más que ensanchar las distancias entre territorios. La rueda de las injusticias no se detiene.

Algo falla cuando una de las regiones más favorecidas, y con un nivel económico muy potente, clama justicia y exige una reestructuración del sistema territorial español. Y las comunidades abandonadas, por culpa del escaso poder mediático que poseen, resten en el olvido. En silencio.

No se puede tratar de impulsar la libre competencia entre territorios tan desiguales.No es justo pedir a la economía extremeña enfrentarse a la catalana, sin el paraguas del Gobierno central, puesto que esta posee muchas menos herramientas. Si queremos que todas las comunidades se rijan por el mismo patrón, el primer paso debería ser igualar, proporcionalmente, todas sus cartas.

Extremadura no debe pagar una doble condena. Las regiones en el olvido, no por olvidadas, merecen ser castigadas.

Alex Sainz de Vicuña Prat

Alex Sainz de Vicuña Prat

Politólogo, Máster en comunicación política y finalizando Grado en comunicación. La actualidad política y social son mis principales áreas de interés.

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