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Si escribimos “pobreza y” en Google, uno de las primeras sugerencias de búsqueda es “pobreza y exclusión social”. Efectivamente, es ya un lugar común que ambos conceptos vayan juntos tanto en literatura académica como en contextos periodísticos. Sin embargo, las diferencias entre ambos no están claramente delineadas (Herzog, 2011: 608; García Blanco, 2006).

Amartya Sen defiende que, si el concepto tiene que ser útil en términos analíticos, éste tiene que aportar algo que el término “pobreza” no haga (2000: 2). No en vano, diferentes autores han criticado el uso indiscriminado del término, caracterizándolo como un “concepto paraguas” sin respaldo teórico, usado sin embargo para agrupar fenómenos de lo más variopintos. De hecho, tal falta de coherencia teórico-analítica podría ser, justamente, la clave de su “éxito discursivo” (Herzog, 2011: 611); «la mera alusión al mismo parece dar cobertura institucional y legitimidad social a políticas e intervenciones sociales que pretenden hacerle frente» (García Blanco, 2006: 2). Otros autores van más allá y arguyen que el auge en el uso del término (por ejemplo, bajo el gobierno de Blair en el Reino Unido) habría ayudado a distraer la atención de otros fenómenos como el aumento de la desigualdad o la reforma del Estado del Bienestar (Béland, 2007). Ante todo esto, existen dos respuestas posibles: dejar de utilizar el término, o intentar elaborar un sustento teórico que lo justifique. Centrémonos en aquéllos que han intentado lo segundo.

Antes de nada, debemos caracterizar la exclusión social como un concepto multidimensional: la exclusión nunca tiene una sola causa, sino que consiste en una acumulación de problemáticas de signo económico y social, cuyas relaciones causales son complejas y, a menudo, indeterminadas (Silver, 2007: 2). Podemos entender la exclusión social como «un proceso estructural de aislamiento social, de quebrar múltiples dimensiones de integración social» (ídem). Subirats et al. (2005), por ejemplo, identifican ocho dimensiones: la económica, la laboral, la formativa, la política, la sociosanitaria, la de vivienda, la relacional y la espacial.

En segundo lugar, la exclusión social es un concepto relativo: implica un supuesto acerca de la normalidad, acerca de los recursos que cubren una vida “digna”. Sen recuerda en este punto que las “necesidades” no son aquellos bienes que necesitamos para la mera supervivencia, sino que, citando a Adam Smith, son aquellos que son necesarios para aparecer en público “sin vergüenza” (2000: 4). En este sentido, por ejemplo, la falta de acceso al mundo digital, hoy en día, tiene mucho que ver con la exclusión social.

Tercero, los problemas económicos pueden ser una causa o una consecuencia de la exclusión social; o, yendo más allá, son parte del “círculo vicioso” que suelen caracterizar los procesos de exclusión social. Desde una perspectiva socioeconómica, debemos tener en cuenta que el acceso a aquellos recursos que son importantes para el bienestar está estructurado por normas, instituciones, infraestructuras o regulaciones que a menudo escapan del ámbito meramente económico (Reimer, 2004: 77). Siguiendo a Wacquant, por ejemplo, no debemos entender como “gueto” aquellas zonas con, simplemente, “mayor pobreza”, sino aquellas zonas institucionalmente marginalizadas a través de mecanismos de diversa índole: falta de infraestructura básica, estigmatización, falta o insuficiencia de políticas sociales y de recursos educativos, etc. La exclusión social puede estar parcialmente causada por factores económicos, pero no se limita a éstos.

Múltiples autores identifican la exclusión social como un fenómeno inherentemente ligado a la sociedad postindustrial. Debido a la descomposición de los elementos centrales de la era industrial, la distribución de riesgos sociales es ahora más compleja y generalizada: «[e]l riesgo de ruptura familiar en un contexto de cambio en las relaciones de género, el riesgo de descualificación en un marco de cambio tecnológico acelerado, el riesgo de precariedad e infrasalarización en un contexto de cambio en la naturaleza del vínculo laboral...» (Subirats et al., 2005: 12). Es decir, la vulnerabilidad ante los riesgos sociales ya no depende exclusivamente de la integración en el mercado laboral, sino de múltiples factores que, pese a que pueden estar interrelacionados, son diferentes, y pueden acumularse en un momento dado de la trayectoria vital, generando exclusión social.

Sin duda, hay mucha heterogeneidad en la literatura existente respecto a la exclusión social: una revisión de la literatura  muestra un desacuerdo latente. A menudo, el término “exclusión social” está caracterizado por una notable indeterminación, es decir, por una falta de ensamblaje teórico que justifique su uso como categoría analítica (en este sentido, destaca el uso de lenguaje metafórico y la falta de análisis empíricos en buena parte de la literatura que trata la cuestión). Tal indeterminación podría conducir, si es que no lo ha hecho ya, al uso del término de manera puramente retórica (“pobreza… y exclusión social”).

Para justificar la existencia y uso del término, por lo tanto, hace falta un esfuerzo en cuanto a la especificación de las dimensiones e indicadores que lo subyacen, y además, una justificación teórica que dote al concepto de la robustez necesaria. De lo contrario, debemos entender que la exclusión social no es un fenómeno per se, sino una mera agregación de problemáticas sociales, en el mejor de los casos, o un simple elemento discursivo, en el peor.


Béland, D. (2007). The social exclusion discourse: ideas and policy change. Policy & Politics, 35(1), 123-139.

Blanco, J. M. G. (2016). Los problemas teóricos y metodológicos del concepto de exclusión social. Una visión neofuncionalista. Revista internacional de sociología, 74(2), 029.

Herzog, B. (2011). Exclusión discursiva. Hacia un nuevo concepto de la exclusión social. Revista Internacional de Sociología, 69(3), 607-626.

Reimer, B. (2004). Social exclusion in a comparative context. Sociologia Ruralis, 44(1), 76-94.

Sen, A. (2000). Social exclusion: Concept, application, and scrutiny. Social Development Papers No. 1. Office of Environment and Social Development Asian Development Bank.

Silver, H. (2007). The process of social exclusion: the dynamics of an evolving concept. Chronic Poverty Research Centre Working Paper, (95).

Subirats, J. (dir.), Gomà, R. & Brugué, J. (coord.). (2005). Análisis de los factores de exclusión social. Documentos de trabajo, 4. Fundación BBVA.