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Terminaba la primera parte de este tema hablando de cómo ha operado el resurgimiento nacionalista en Europa, de cómo ha encontrado en la supranacionalidad un reducto ideal de antagonismo y de cómo, ulteriormente, este antagonismo es capaz de subsumir las demandas de la izquierda. Frente al (aparente) colapso del proyecto identitario europeo, el debate en torno al replanteamiento y reconstrucción de la ciudadanía europea ha sido muy extenso, y pretendo resumir a continuación los puntos más importantes de esta literatura.

El primero es la necesidad de repensar la movilidad europea en general y garantizar plenamente los derechos asociados, teniendo presente que la movilidad es un símbolo clave del proyecto europeo (paradigma mundial del alcance de la supranacionalidad como esfera del gobierno multinivel) y el área en que la ciudadanía europea se hace más palpable, promoviendo la adhesión identitaria (el ciudadano europeo por excelencia es, sin duda, aquel que vive en un país extranjero pero común a la Unión). Si bien su funcionamiento es bueno en la esfera educativa, es muy deficiente en la esfera laboral. Se trata, ante todo, de replantearla como una oportunidad junto con la inmigración, tanto socioeconómica como estrictamente identitaria –como muestran los estudios, a mayor solapamiento cultural e identitario, mayor es la facilidad de que el individuo racionalice esa diversidad hacia una identidad netamente europea (Rother y Nebe, 2006).

Esta potenciación de la movilidad, no obstante, debe ir acompañada de dos políticas: una mayor atención hacia aquellos que no hacen uso de tal derecho y una integración de la inmigración dentro del discurso de la diversidad europea. Por lo que respecta a lo primero hablo de atender a aquellos sectores para los que puede darse un efecto boomerang por las externalidades negativas de la movilidad (lo cual a la larga puede resentir su identificación europea en los países de destino más relevantes) y, más genéricamente, por los efectos de la globalización (un ejemplo sería el Globalisation Adjustment Fund, pero los fondos de que está dotado son muy reducidos). Por lo que respecta a lo segundo, se trata de ir más allá de la diversidad entendida como multiplicdiad interna de Estados-nación y de entender que la supuesta amenaza del choque cultural no es algo nuevo en Europa ni exclusivo de los colectivos musulmanes (Favell, 2011).

Más allá de la dimensión horizontal de la ciudadanía europea, es recomendable explorar la inclusión de contenidos propiamente verticales (Bauböck, 2007), para hacer de la ciudadanía europea una realidad más relevante en el día a día del individuo y fomentar el seguimiento y la rendición de cuentas. Pero no basta con hacer de la UE un mecanismo regulador de la competencia o la sanidad; se trata de una cuestión no solamente procedimental, sino ante todo de un mecanismo social que promueva una identificación material; ambas van de la mano, pues solamente la materialidad de la experiencia incrementará el interés democrático por la gobernanza europea. Se trata de profundizar en esa dimensión social cuyo desarrollo ha quedado huérfano y ha alentado en primera instancia el resurgimiento nacionalista —mírese como ejemplo los eslóganes de la campaña del Leave, centrados no en la protección cultural o identitaria sino en la recuperación del control de los 350 millones de libras que supuestamente costaba a la semana la membresía de la UE. A este respecto, varios estudios acerca de la crisis financiera (Varoufakis, 2012; Sitglitz, 2014) coinciden en señalar como determinante la incapacidad de la UE para lidiar con ella —ausencia de mecanismos de deuda, fragmentación de deudas soberanas, rigidez del sistema monetario, choque político-económico—, agriamente contrastada con la ágil actuación de la Reserva Federal estadounidense. Idealmente, tal materialización llevaría a permitir también la adhesión de deberes exclusivamente europeos —por ejemplo, en la forma de una redistribución de renta a nivel europeo—, que consolidarían la solidaridad más allá de las fronteras nacionales y que podrían llenar el vacío provocado por la desertización de la responsabilidad colectiva (Ferrera, 2014).

Por último, se reconoce ampliamente la necesidad de trabajar hacia la constitución de un verdadero demos que dé sustancia y relieve a la categoría formal de ciudadanía. Esto pasa por mejorar el sistema multinivel de la UE y hacerlo más competente —por ejemplo, dotarla de más medios para dar respuestas atentas y veloces a las necesidades de las regiones—, y también por la necesidad de crear una esfera pública netamente europea —por ejemplo, con listas transnacionales al Parlamento. Una aspiración cuya viabilidad, por otra parte, opino que ha sido demostrada por casos como el de la fuga del expresident Carles Puigdemont y su retención en Alemania, que mostró cómo era posible que diferentes voces institucionales y sociales se interpelaran directamente en los medios acerca de un asunto común por su carácter transnacional.

Es probable que leer esto suscite cierto recelo; pareciera que, a la espera de unas elecciones europeas que podrían arrojar resultados récord para los actores euroescépticos, es demasiado tarde —o demasiado pronto— para proponer este tipo de cosas. Quiero concluir con dos ideas: la necesidad de confrontar proyectos identitarios con propuestas sociales, pues en gran medida la izquierda desconoce que cuando falta el pan la identidad excluyente es para muchos un último bastión de privilegio; y la fuerza que, como relataba un compañero en este artículo, tienen las situaciones adversas para promover espacios de transformación positiva.


Bauböck, R., 2007. Why European Citizenship? Normative Approaches to Supranational Union. Theoretical Inquiries in Law, 8(2), 453–488.

Favell, A., 2011. Eurostars and Eurocities: Free Movement and Mobility in an Integrating Europe. Oxford: Blackwell Publishing.

Ferrera, M., 2014. Solidarity in Europe after the Crisis. Constellations, 21(2).

Rother, N. y Nebe, T., 2006. The Question of European Identity. En: Final PIONEUR conference Florence, Marzo, 10.

Stiglitz, J., 2014. The Euro: How a Common Currency Threatens the Future of Europe. NY: W. W. Norton & Co.

Varoufakis, Y., 2012. El Minotauro Global. Madrid: Capitán Swing.