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En el anterior artículo de esta serie se introdujo el modelo que los Países Bajos lleva siguiendo desde 2001 para la regulación y práctica del suicidio asistido y la eutanasia. Éste es un sistema basado en el auto informe del médico interviniente: el médico ha de cumplir ciertos requisitos legales, como consultar a otro médico independiente, los cuales ha de reflejar en el informe que entregará al forense; asimismo, este informe ha de ser enviado a los comités de revisión, que son los que dictaminarán si es necesario transferir el caso al fiscal para abrir diligencias. Por lo tanto, es un modelo de control ex-post, contrario al que el PSOE plantea para España: un control ex-ante basado en comisiones autonómicas.

Aunque los modelos son diferentes, es necesario estudiar cuáles son las implicaciones que el modelo holandés ha tenido en su contexto social y político, para así poder entender cómo “mejorar” la propuesta española. En términos generales, podemos destacar tres momentos relevantes: el nacimiento de los Consultantes SCEN, el establecimiento del Expertisecentrum Euthanasie, y la propuesta de ley para la introducción de un nuevo protocolo para las personas que consideran que su vida ya está “completa”.

La red de consultores SCEN

El término SCEN (abreviatura inglesa de Support and Consultation Euthanasia Network) podría traducirse al español como «red de consulta y apoyo sobre la eutanasia». Fue Fundada en 2001 por la Real Asociación Médica Holandesa —la KNMG. La ley no permite abiertamente, pero tampoco sanciona, la creación de esta clase de red de consultorías. No obstante, podría decirse que el texto legal de 2001 que marcó el nacimiento de la SCEN las promueve, aunque sea de forma indirecta, ya que esta red de consultorías satisface el requisito legal de consultar a otro médico independiente, necesario para escapar de la responsabilidad criminal que podría derivarse de la aplicación de un procedimiento de eutanasia. Así pues, esta red de consultores no está dirigida a los pacientes, sino a los médicos que quieran conceder una solicitud de eutanasia o suicidio asistido a uno de sus pacientes.

En este momento surge el siguiente interrogante: ¿quiénes son estos consultores? La red está compuesta por médicos holandeses que han superado un training de tres días, el cual profundiza en los temas de la eutanasia y el suicidio asistido. Esta formación ha sido ampliamente criticada, ya que un curso de tres días no parece suficiente como para poder considerar a una persona como experta. A pesar de las reticencias, es un servicio muy utilizado por los médicos holandeses para satisfacer los requisitos legales.

Debido a que recurrir a consultores de la red SCEN es una práctica de uso generalizado, hemos de preguntarnos acerca de otra cuestión: ¿qué consideración tienen estos médicos con respecto a la eutanasia y el suicidio asistido? Ya que su opinión ha de servir como apoyo para la decisión del otro médico —como ya se ha mencionado anteriormente, éste es el médico habitual del paciente, encargado de redactar el informe que será trasladado al forense, y más tarde a los comités de revisión—, resulta importante analizar cuál es la tendencia entre estos profesionales.

A este respecto, nos encontramos ante un fenómeno ciertamente preocupante: hay estudios que prueban que los consultores SCEN tienden a considerar el sufrimiento del paciente insoportable con más facilidad que los otros médicos Particularmente, este fenómeno se refleja en el análisis de los casos más complicados, los cuales están relacionados con la demencia, la pérdida de dignidad  o el "hastío de vida". De media, un 48% de los consultores SCEN consideraban que el paciente tenía un dolor insoportable frente a un 30% de los médicos intervinientes (Rietjens, van Tol, Schermer & van der Heide, 2009). Da la impresión de que están más “cómodos” con el concepto de la eutanasia y el suicidio asistido, y por lo tanto hacen un análisis menos estricto de los requisitos. Se ha considerado que estas diferencias de opinión pueden tener origen en el rol diferente que los médicos consultores tienen en el proceso —respecto al papel que desempeña el médico habitual del paciente—, pero aun así éste es un dato que ha de recalcarse.

En cualquier caso, la opinión del médico independiente no es vinculante: decida o no que el paciente satisface los requisitos, el médico interviniente puede denegar o conceder la solicitud en base a su propio criterio, aunque su juicio sea distinto al del médico consultor. La única condición es que en el informe final han de figurar por escrito cuáles eran las razones en las que ha sustentado su decisión discordante con la propuesta del médico independiente. Por lo tanto, a pesar de que los consultores SCEN puedan tener una opinión más favorable a la práctica de la eutanasia, la facultad última de decidir siempre pertenecerá al medico interviniente.

El establecimiento del  Expertisecentrum Euthanasie

El Expertisecentrum Euthanasie, previamente llamado End-of-life Clinic, es una clínica fundada en 2012 por la Asociación Holandesa por El Fin Voluntario de la Vida (Nederlandse Vereniging voor een Vrijwillig Levenseinde). A pesar de que se emplee la denominación de “clínica”, la función que tiene este establecimiento no es ofrecer tratamientos o cuidados paliativos, sino la de servir de nexo de unión entre pacientes interesados en someterse a eutanasia y suicidio asistido y médicos dispuestos a conceder peticiones a estos procedimientos.

A esta clínica acuden principalmente aquellos pacientes cuya petición a someterse a este tipo de prácticas ha sido denegada, y por lo tanto están buscando así una segunda oportunidad. Como se analizó en el primer artículo, los pacientes holandeses no tienen explícitamente reconocido en la ley el derecho a pedir estas prácticas. Sin embargo, debido a la existencia de esta clínica han adquirido un derecho de facto.

De nuevo, los textos legales no hacen ninguna mención explícita relacionada con este tipo de clínicas. Sin embargo, si examinamos atentamente las guías médicas, los informes anuales de los comités de revisión y el texto de la ley, podemos llegar a la conclusión de que aunque no estén prohibidas, su función no cumple con los estándares y requisitos especificados en la ley. En particular, es complicado argumentar que la decisión del paciente está tomada con el necesario cuidado y que emana de una larga relación de confianza con el médico: de media, los médicos del Expertisecentrum Euthanasie pasan entre tres y cinco horas con el paciente.

El funcionamiento de esta clínica ha sido bastante controvertido. De un lado tenemos la opinión de la KNMG, que considera que su establecimiento hace que los pacientes adopten una “visión de túnel” en la cual la muerte es la única opción, excluyendo automáticamente otras opciones paliativas. Del otro, encontramos que la clínica en su primer año de funcionamiento concedió la eutanasia en once casos de “hastío de vida”. Se denomina así a los casos en los cuales el paciente no sufre debido a una condición médica diagnosticada y simplemente está “cansado de vivir”. El problema radica en que no hay una condición médica, como por ejemplo una enfermedad terminal, de la cual emane el dolor insoportable que justificaría la práctica de la eutanasia.

Nos sumergimos así en un terreno pantanoso en el que encontramos casos que rozan la depresión y enfermedades de carácter psiquiátrico, las cuales tienen connotaciones muy complejas y cuyo análisis en profundidad excedería la extensión de este artículo. Por tanto, al no existir un dolor insoportable que emana de una enfermedad diagnosticada, técnicamente la eutanasia no debería estar autorizada en estas situaciones —al menos en principio, ya que ninguno de estos casos ha llegado al fiscal.

Hemos de reflexionar en torno al hecho de que se hayan autorizado prácticas de eutanasia en estos once casos, referentes a una situación explícitamente no permitida por la ley. Hablamos, por ejemplo, de casos en los que existen dudas sobre el sufrimiento del paciente, ya que éste aparentemente no presenta una condición médica. Es en estos casos, que conllevan un grado de complejidad mayor, donde resulta incluso más importante que la relación médico-paciente sea de larga duración, poniendo el acento en la confianza en la que ha de basarse la toma de la decisión correcta.

Sin embargo, es bastante difícil que el procedimiento fast track que ofrece el Expertisecentrum Euthanasie cumpla con tales estándares. En conclusión, con el establecimiento de esta clínica se observa un fenómeno de forum shopping (en español, «búsqueda de un foro de conveniencia») en el cual los pacientes adquieren un derecho de facto a solicitar la eutanasia o el suicidio asistido. A pesar de que un mayor acceso a estas prácticas no debería estar ligado a una degradación de los estándares, el hecho de que no se hayan investigado los once casos de “hastío de vida” da pie a dudas sobre la importancia que debería otorgarse a que todos los procedimientos de eutanasia cumplan estrictamente con los requisitos legalmente exigidos.

Propuesta de regulación del suicidio asistido para personas que están “cansadas de vivir”

A principios de Febrero los medios españoles se hicieron eco de la propuesta del gobierno Holandés de regular una “pastilla suicida” para aquellas personas mayores de setenta años que están “cansadas de vivir”. Sin embargo, durante la semana en la que se conoció la noticia hubo bastante desinformación al respecto.

La realidad es distinta: la propuesta de una “pastilla suicida” no es nada nuevo; de hecho, es algo que ya se propuso en 1991. Sin embargo, fue rechazada en el año 2000 en la decisión judicial respecto al caso Sutorius: estar “cansado de vivir” no fue considerado como una razón valida para solicitar la eutanasia. En 2010 se intentó reavivar el debate, pero no fue hasta 2014 que el gobierno estableció una comisión para estudiar si realmente era necesario regular tal “pastilla suicida”. El veredicto de la comisión fue que no era necesario regular una pastilla que permitiera el suicidio asistido a los mayores de 70 años que consideran que su vida ya está “completa” y que se han “cansado de vivir”.

A pesar de la negativa de la comisión, el gobierno holandés considera que sí que es necesaria. En contraste, resulta de gran relevancia que la comunidad médica apoye la posición de la comisión, oponiéndose a la propuesta. Hasta el momento la opinión de la comunidad médica había estado acorde con la del gobierno y los jueces. En añadidura, es muy importante ver el cambio de discurso del gobierno: se ha transformado y ha pasado de tolerar la eutanasia y el suicido asistido como una alternativa lícita cuando una enfermedad genera un dolor insoportable, a considerar legítimo que una persona muera por “sufrir de vejez”.

La propuesta del gobierno es que el paciente pasara por un proceso similar al actual, en el cual un médico evalúa si es válida su petición. Además, el médico realizaría una evaluación para comprobar que el paciente no sufre ningún tipo de enfermedad psicológica, como por ejemplo depresión. No obstante, hay dos diferencias importantes con el procedimiento actual.  En primer lugar, ya no es necesario que el dolor insufrible surja de una condición médica. Además, no será el médico el que administre la eutanasia o el suicidio asistido, sino que sería el paciente quien, tras adquirir en la farmacia la pastilla, se la auto-administraría.

La KNMG ha criticado fuertemente esta nueva propuesta por varias razones. La ley del 2001, a pesar de sus fallos y lagunas, exige un estudio profundo del caso por parte del médico, siempre teniendo en cuenta que el dolor radica en una causa médica. Sin embargo, esta nueva propuesta, desde el punto de vista de la KNMG plantea un análisis mucho menos exhaustivo. Esto es problemático, ya que los casos que contempla son mucho más complicados, debido a que el origen de la petición es un sentimiento de “hastío de vida”.

Además, recalcan que esta propuesta puede tener efectos adversos en la sociedad, ya que los ancianos son un sector muy frágil al que es fácil estigmatizar. La KNMG considera que el sentimiento de “hastío de vida” oculta algo que es totalmente evitable: el sentimiento de soledad. Se teme que si esta propuesta consigue el suficiente apoyo, los pacientes se vean guiados por esta solución antes que considerar otras opciones posibles que no acaben en la muerte. La propuesta iba a ser retomada a principios del 2020, pero debido a la crisis del coronavirus actualmente no se ha vuelto a plantear.

¿Qué implicaciones podría tener en España?

Trasladando estas implicaciones sociopolíticas al contexto español, si se sigue el modelo propuesto por el PSOE, no parece plausible que se dieran las mismas externalidades. Esto se debe principalmente a que el modelo tiene una base distinta, al recurrir la propuesta española a un control ex-ante, mencionado en el primer artículo.

Al igual que en el modelo holandés, en el texto no se contemplan explícitamente las consultorías relacionadas con la eutanasia o la creación de una clínica especializada en estas prácticas. Por lo tanto, cabe la posibilidad de que se desarrollasen, aunque su popularidad no alcanzaría la que ha gozado su homóloga holandesa. Lo que se plantea en España es que sean las comisiones las que decidan si se puede proceder con la petición, lo que minaría el atractivo de una clínica para las “segundas oportunidades”.

Asimismo, ha de señalarse que en España sólo se permitiría solicitar la eutanasia o el suicidio asistido para pacientes que sufren una enfermedad grave e incurable o crónica e invalidante. Por lo tanto la existencia de tales servicios no tiene tanta cabida como en los Países Bajos, donde la eutanasia y el suicidio asistido pueden ser solicitadas para cualquier tipo de enfermedad que genere un dolor insoportable. Un servicio que sí podría proliferar sería el de asistencia legal especializada en apelaciones de prestaciones de ayuda para morir que fueran denegadas.

Si ya es alarmante el impacto que la última propuesta de regulación holandesa pueda tener en los Países Bajos, el efecto de una propuesta así en nuestro país podría tener un impacto aún más grave. En España hay mas de dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas, y más de un cuarto de los españoles entre 65 y 79 años están aislados socialmente —casi la mitad entre quienes tienen 80 años o más.

Tal y como comenta la KNMG, las solicitudes de eutanasia o suicidio asistido por “hastío de vida” ocultan la realidad de la soledad de los mayores. Desgraciadamente, en España ésta es una situación muy presente, sobre la que se han realizado estudios e incluso campañas de concienciación. Hasta el Congreso de los Diputados ha reflexionado sobre el problema y ha propuesto medidas para combatir la soledad crónica. Aunque el desarrollo de una propuesta como la holandesa sea lejano, es importante tener presente lo frágil que es este sector de la sociedad.

En síntesis, la regularización (y semi-despenalización) de la eutanasia y el suicidio asistido da lugar a que se desarrollen servicios relacionados con tales prácticas. En el caso holandés cabe destacar los consultores SCEN y el Expertisecentrum Euthanasie. A pesar de que ninguno de estos dos servicios deberían ir ligados a una atenuación del cuidado y del escrutinio en la aplicación de los requisitos legales por parte de los médicos, hay casos que indican lo contrario. España debe tener en cuenta estas externalidades para así poder reforzar la ley de la eutanasia, si es que ésta acaba tramitándose.

Finalmente, es importante tener en cuenta que al permitir la eutanasia y el suicidio asistido bajo ciertas circunstancias, se abre la puerta a una mayor “desregulación”. Esto se ve reflejado en propuestas como la de permitir el suicidio asistido para mayores de 70 años que sienten un “hastío de vida”. Teniendo en cuenta la situación española, es incluso aun más importante que se aborde primero el problema de la soledad y aislamiento social antes de debatir este tipo de propuestas.


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