TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Este artículo ha sido realizado en colaboración con el siempre acertado Tirso Virgós, experto en liberalismo político. Agradezco inmensamente su colaboración en esta segunda entrega del análisis comparativo entre En Marche y Ciudadanos, donde analizaremos, por mi parte, las coincidencias programáticas, y, por su parte, las similitudes ideológicas.

El 7 de mayo veíamos a través de los medios de comunicación y de las redes sociales cómo Ciudadanos acogía en su sede de la Calle Alcalá a los madrileños simpatizantes y afiliados de En Marche. Todas las personas presentes en la sede sostenían banderas francesas y globos naranjas, como si de un único partido que englobara a miembros de una formación y de otra se tratase. Esto denota una convergencia entre ambos, hasta tal punto, que la formación naranja vive la victoria de Emmanuel Macron como propia, al igual que los triunfos de los partidos del mismo corte, como el de Mark Rutte en las elecciones neerlandesas, entre otros.

Antes de entrar en similitudes o diferencias programáticas, en un primer nivel podemos enmarcar a ambos partidos como partidos catch-all (atrapalotodo), ya que son partidos en los que la pureza ideológica pasa a un segundo plano, tratando de recabar votos transversalmente a través de las divisiones sociales clásicas. Este corte atrapalotodo lo vemos en la aceptación del eje izquierda-derecha por ambos partidos, pero en el cual ellos mismos no se autoubican. Ciudadanos en sus comienzos, antes de abrazar el liberalismo y la socialdemocracia, declaraba su transversalidad, al igual que desde su origen viene realizando En Marche. Es en los estatutos originales en los que Cs se autoubica en el centro-izquierda y comienza a autodefinirse como socialdemócrata y liberal, estrategia obviamente utilizada por la inexistencia de un partido no nacionalista de ese perfil en Cataluña. Finalmente, es en la travesía del partido a las arenas estatales cuando se cumple la teoría de los partidos catch-all, que tienden a viajar al centro del espectro, algo que experimenta Ciudadanos ya desde las Elecciones de 2015, y que se confirma en la IV Asamblea General del partido, con la adopción de la ideología liberal progresista, lo que supone el abandono explícito de la socialdemocracia y una estrategia de mayor consolidación en el centro del eje, debido a la noción de la tradición y cultura centrípeta española.

Actualmente, sobre Ciudadanos se tiene una doble visión, la catalana y la del restante territorio español. En Cataluña, desde su surgimiento, debido a los esfuerzos de la izquierda catalana y en especial de Esquerra Republicana de Catalunya, se asocia a la formación naranja con una posición más escorada a la derecha, llegando a situarle el electorado en un 7’5 en el eje izquierda-derecha, llegando a estar incluso más a la derecha de Convergència (1). Sin embargo, a nivel nacional, casi el 50% del electorado le sitúan en las posiciones 5, 6 o 7, destacando el 6 por encima del resto (Barómetro del CIS, enero 2016). Esta posición representa el centro-derecha, lo que ideológicamente conlleva un liberalismo reformista o modernizado, con componentes laicos y la defensa del Estado del Bienestar.

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Adentrémonos ahora en los programas electorales de ambas formaciones: concretamente, el que presentó el partido francés para las Elecciones Presidenciales y el que presentó Ciudadanos presentó para las Elecciones Generales del 26 de junio:

Educación: Ambos dan una gran relevancia a «la cuna», llegando Ciudadanos a garantizar el acceso universal a la educación de 0 a 3 años, y ampliando En Marche la creación de plazas de guardería, y una distribución de la financiación acorde a la situación social del municipio. Ambos coinciden en el aumento de plazas para profesores, y la dotación de una mayor autonomía a los centros de enseñanza, con una mayor rendición de cuentas. En cuanto a la educación superior enfatizan por igual la importancia de la investigación, apoyan ambos otorgar mayor autonomía a las universidades (con un gran control financiero y de calidad del profesorado e investigadores), reformulando la financiación pública para que sean más accesibles para los ciudadanos, manteniendo al tiempo una correlación entre la cuantía de las subvenciones y el nivel y estándares de las universidades en concreto.

Sanidad: «Más vale prevenir que curar» es el lema que ambos podrían aplicar a sus medidas, puesto que apuestan por invertir más para prevenir, financiando acciones preventivas y apoyando la investigación. Ciudadanos resalta su idea de igualar los servicios y prestaciones básicas en todas las Comunidades Autónomas, y un sistema de sanidad universal, igual que En Marche, que pretende mejorar la cobertura y equipararla en todos los territorios, garantizando su calidad.

Medio ambiente: Ciudadanos no se ha pronunciado en exceso sobre este tema, y poca relevancia cobra en sus «350 soluciones para cambiar España a mejor», salvo la idea de eliminar el Impuesto Especial de Medios de Transporte y sustituirlo por un impuesto a las emisiones potenciales de los vehículos (para proteger la calidad del aire y combatir el cambio climático). Sin embargo, En Marche da bastante importancia al medio ambiente y a la transición ecológica, proponiendo cerrar de aquí a 5 años las plantas de carbón existentes en Francia, prohibir la exploración de gas, financiar el desarrollo de las energías renovables para el año 2022 o fortalecer la lucha contra la obsolescencia programada, entre otras medidas.

Cultura: Ambos partidos apoyan notoriamente la cultura. Ciudadanos, por su parte, pretende rebajar el IVA cultural del 21% al 10%, crear un Nuevo Estatuto del Artista y del Creador y hacer del Ministerio de Cultura una institución que promueva la pluralidad cultural y lingüística española. Por otro lado, En marche pretende también que las instituciones reflejen la diversidad de la sociedad francesa, y hace hincapié en la paridad en el sector escénico, puesto que las mujeres representan más de la mitad de los estudiantes de artes escénicas, pero sin embargo tan solo el 12% de directores teatrales son mujeres. Pretenden apoyar a los artistas y la creación, el acceso universal a las actividades de educación artística y cultural, o el fomento de la cultura entre los jóvenes, regalando vales de 500 euros a jóvenes para que acudan actividades culturales como museos, teatro o cine.

Inmigración: Ambos basan la inmigración en el refuerzo de las fronteras europeas, aumentando así la vigilancia y protección de éstas, por lo que proponen una política común de asilo e inmigración, y un sistema común por parte de los miembros de la Unión Europea de control de fronteras.

Empleo: Como ya se mostró en la anterior entrega del análisis de estos dos partidos, ambos se nutrían electoralmente en gran medida de la clase media asalariada y emprendedora, por ello la mayoría de sus medidas están enfocadas a estos emprendedores. Por un lado, Ciudadanos propone que los autónomos no paguen cuota si están por debajo del salario mínimo interprofesional y, de estar por encima, que paguen en función de sus beneficios; además, aboga por bajar los impuestos a la clase media trabajadora (disminuir el IRPF 2 puntos, eliminar el Impuestos de Sucesiones, etc.), todo con la idea de generar riqueza en la clase media y fomentar el emprendimiento. Por otro lado, En Marche también se centra mucho en los emprendedores, proponiendo un derecho a un seguro de desempleo para los emprendedores que no tienen éxito en su andadura empresarial, eliminando los cargos a los autónomos el primer año, ayudando a fortalecer las áreas de recursos humanos y seguridad de los empleados y poniendo especial atención en los jóvenes, queriendo fomentar la contratación de «formación».

Europa: Ambos son férreos defensores del proyecto europeo y de su integración. Ambos creen en las políticas emanadas desde Europa, con políticas comunes para áreas clave de seguridad, inmigración, comercio o tecnologías. Ambos ven la Unión Europea como un logro y un avance, destacando la libre circulación de personas, abogando por la eliminación de fronteras internas y por unas fronteras exteriores seguras, confiando en que Europa es la mejor garantía para la paz, coincidiendo ambos en la creación de un cuerpo de defensa común europeo. Ambos desean la optimización y la mayor democratización de Europa, queriendo abrir el debate para una reforma de la entidad supranacional.

Educación, sanidad, medioambiente, cultura, inmigración, empleo o exterior no abarcan la totalidad de un programa, pero analizar las propuestas de ambos partidos por cada uno de estos bloques nos hace darnos cuenta de la similitud entre las medidas que pretenden adoptar Ciudadanos y En Marche. En primer lugar hay que tener en cuenta que un programa electoral y las medidas que en él se reflejan son totalmente coyunturales, y es diferente la situación económica y social francesa de la española. Aún asi, siendo la formación francesa la que más énfasis pone sobre el medio ambiente, podemos concluir con la analogía de base y de fondo de las propuestas de Ciudadanos y En Marche, ambos comprometidos con el proyecto europeo, con el deseo de fomentar el emprendimiento en la clase media, con una idea de mayor accesibilidad educativa y de mejora de su calidad, comprometidos con la cultura y apostando por la investigación en el sector sanitario con la clara intención de mejorar su calidad y conseguir la igualdad interterritorial.

Ciudadanos, en su nueva definición de valores aprobada en la IV Asamblea del Partido, entronca sus ideales con los de la Revolución Francesa, la Ilustración y las Cortes de Cádiz, para acabar definiéndose como un partido «liberal progresista, demócrata y constitucionalista». En Marche, por su parte, también se asienta sobre las bases del liberalismo, aderezado con referencias al espíritu y la grandeza de Francia. Dos concepciones similares pero no idénticas, reflejo de los múltiples rostros del liberalismo en estos tiempos.

Decía George Kelly (2) que el liberalismo francés siempre había sido más efectivo luchando contra el poder que ejerciéndolo. También es cierto que la época de esplendor liberal francesa vino a principios del siglo XIX, cuando Constant trazó su distinción entre la libertad de los antiguos y la de los modernos y Tocqueville se refirió a la vitalidad de lo local y lo asociacional para evitar la uniformidad y la apatía causadas por la democracia. Este combate inicial, en mitad del tumulto de los cambios de régimen, quedó pronto sepultado por el triunfo de las corrientes más moderadas y la entrada en el tablero del socialismo. El Siglo XX ofreció similares perspectivas, destacando entre los pensadores liberales Alain y Raymond Aron, que fue faro de críticas a las corrientes de pensamiento dominantes, más alineadas con la Unión Soviética y que seguían percibiendo al liberalismo como un “extraño ente”.

Aunque pueda parecer curioso en el país que vio enzarzarse a Rousseau, Diderot, D’Holbach o Voltaire, lo cierto es que Francia ha tendido a rechazar la palabra «liberal», denostada y deformada hasta ser confundida con la noción de «libertario» en la mayoría de los ambientes. Los resultados de la primera vuelta en las últimas elecciones trajeron este asunto a la palestra de nuevo: ¿Le Pen y el fascismo o Macron y el neoliberalismo? Más allá de la absurda equivalencia, bien criticada por Benoît Hamon (3), esto es un nuevo episodio de la interesada confusión entre libertarios y liberales, que en el caso francés tiene menos sentido aún.

El liberalismo de Macron hunde sus raíces en Tocqueville y prosigue con la tradición del solidarismo francés de León Bourgeois y del New Liberalism inglés. El gran peso del Estado en Francia hace difícil una interpretación más constantiana, que limite su poder frente a la esfera personal del ciudadano. En Marche ha abogado por criticar las «barreras y frenos» inútiles que pone el Estado, impidiendo liberar la «energía creadora» de los franceses, pero no carga contra su rol y lo utiliza también como palanca de cambio social. No es de extrañar que desde los sectores más libertarios se haya acusado a los vestigios de liberalismo francés de ser excesivamente dirigista e influido por el socialismo hasta quedar desdibujado (4).

Caso diferente es el español, habida cuenta de los problemas para la consolidación del aparato estatal durante el Siglo XIX. Como explica Greg Luebbert (5), España combinó un estado débil con unas oligarquías perfectamente capaces de captar sus rentas y una burguesía incipiente pero con escaso desarrollo. El liberalismo que triunfó fue uno más de élites y asociado al conservadurismo. No se hizo buena la frase de Harold Laski sobre el liberalismo como «ideología destructora de barreras» (6), y tampoco hubo un impulso suficiente por parte de las corrientes más liberal progresistas ni del socialismo reformista (al menos hasta entrado el Siglo XX) como para constituir un sistema estructurado. Los vaivenes de la pasada centuria impidieron la consolidación de un partido liberal en el sentido defendido por En Marche.

Ciudadanos asume también esa idea «igualitaria» o socioliberal para inspirar sus discursos y programas. Ambos partidos hacen especial hincapié en la igualdad de oportunidades, componente clave de las teorías de justicia liberales desde Ralws, pero Ciudadanos desconfía más de la actuación del Estado, probablemente influidos por la trayectoria histórica del país. Los naranjas han insistido en la necesidad de acabar con el «capitalismo de amiguetes», algo que, en cierto sentido, tiene relación con la trama de la que hablan sus adversarios morados, y en dejar más dinero en manos de los ciudadanos, con menos impuestos y menos trabas para desarrollar su proyecto de vida.

Ambas formaciones comparten también un europeísmo fuerte, especialmente en el caso de En Marche, que ha hecho de la bandera estrellada uno de sus símbolos. En este sentido, heredan la tradición ilustrada de internacionalismo del proyecto liberal (que Berlin veía continuada en un comunismo procedente de la misma raíz de las luces) y consideran la UE como el único lugar de desarrollo de nuevos proyectos de desarrollo para los ciudadanos. Ciudadanos, sin embargo, no ha utilizado tanto esta simbología ni se ha posicionado tan claramente.

Liberales, internacionalistas europeístas y con especial dedicación a la igualdad de oportunidades y a la eliminación de «trabas» al desarrollo de los ciudadanos. La formación naranja y En Marche representan dos proyectos similares, aunque no idénticos (dadas las características de sus países de origen), que han comenzado a germinar en Europa en los últimos tiempos. Parece temprano para aventurar hipótesis sobre nuevos cleavages (sociedad abierta-sociedad cerrada), pero los partidos liberales, tras su lento declive durante todo el siglo XX, parecen estar recomponiéndose y ofreciendo alternativas en Europa. El tiempo dirá si la tendencia se mantiene y si dan satisfacción a lo prometido, contra la citada predicción de Kelly.


(1) (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/08/17/catalunya/1376770776_741778.html)

(2) (https://www.amazon.com/Humane-Comedy-Constant-Tocqueville-Liberalism/dp/0521030722)

(3) (http://www.liberation.fr/direct/element/pour-hamon-macron-est-un-adversaire-politique-mais-le-pen-une-ennemie-de-la-republique_62761/)

(4) (http://www.slate.fr/story/144592/macron-liberalisme-scandinave)

(5) LUEBBERT, Gregory M. (1997). Liberalismo, Fascismo o Socialdemocracia: Clases Sociales y Orígenes Políticos de los Regímenes de la Europa de Entreguerras, Zaragoza, Prensas Universitarias.

(6) LASKI, Harold J. (2012). El Liberalismo Europeo, Madrid, Fondo de Cultura Económica.