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Recientemente, investigando por la red, leí un artículo en The Guardian, en el cual destacan un estudio de Lucy Hunter Blackburn. Ella averiguó, que la bajada de tasas universitarias en Escocia a coste cero para los alumnos, unido a la disminución de becas, beneficia particularmente a las clases medias y altas, perjudicando a las clases más bajas. El hecho de recortar las becas que costean el nivel de vida o el traslado a la universidad, obliga a los estudiantes de clases bajas a endeudarse más. El estudio demuestra que las familias que ingresan más de 31.000 libras al año ahorran más, a medida que aumentan sus ingresos, al no tener que pagar ninguna matrícula universitaria.

Estas conclusiones no son nuevas, cuanto mayor sea el nivel de renta, más probable es alcanzar la universidad. Normalmente en las sociedades desarrolladas se persigue la igualdad de oportunidades, lo cual significa permitir que cualquier persona, sin importar su religión, origen étnico, género o cualquier posible diferenciación, incluyendo el nivel de ingresos, tenga las mismas oportunidades de acceso a la educación o al mercado laboral. Porque no es lo mismo provenir de una familia de clase alta, con todas sus ventajas como mejores libros de texto, un profesor particular o un ambiente familiar más estable, que provenir de una familia de clase baja. Esta diferenciación comienza ya desde parvulario, primaria y secundaria. Por lo tanto para hacer realmente efectiva la igualdad de oportunidades a la hora de acceder a la universidad, es necesario realizar reformas en las etapas educativas mencionadas anteriormente.

Principalmente existen cuatro modelos de sistemas universitarios según la OCDE, algunos ya los expuse en este artículo, pero esta vez he querido investigar a nivel mundial y con otros datos, no solo referidos a los costes. En primer lugar, como es habitual, los países nórdicos (Dinamarca, Noruega, Islandia, Suecia y Finlandia). Estos países tienen de media una alta tasa de acceso del 74% (representa la proporción de personas de una determinada edad que entran en el nivel terciario de educación), cuando la media de la OCDE se sitúa en el 59%. Hay que tener en cuenta que estos países tienen de los impuestos más altos y progresivos, lo cual les permite poder ofrecer las matrículas gratuitas y cuantiosas becas para que los alumnos se trasladen a las cercanías de la universidad, costeándoles un nivel de vida básico. Más del 55% de los estudiantes se beneficia de una beca o préstamo. En estos países el acceso a la educación terciaria no es visto como un privilegio, sino como un derecho. Sin embargo, pensároslo antes de ir a estudiar ahí, ya que a los estudiantes internacionales sí les cobran tasas universitarias.

Por otro lado, está el modelo anglosajón, implantado en Australia, Nueva Zelanda, Holanda, Canada, Estados Unidos y Reino Unido. Es destacable que estos países el coste de la matrícula es muy superior (9000 libras en el caso de Reino Unido), pese a ello, la tasa de acceso está al nivel de los países nórdicos (75%). Esto es posible, ya que un 75 % de los estudiantes reciben una ayuda en forma de préstamo o beca. Además las universidades son financiadas en gran parte a través del sector privado, ya sean ONG´s o empresas. Permitiendo al Estado desarrollar amplios planes de préstamo para los estudiantes, que normalmente los van devolviendo a medida que aumentan sus ingresos. Este modelo permite el acceso a muchos estudiantes, si bien, en periodos de crisis la idea de endeudarse puede desalentar a las familias. También es remarcable, que estos países gastan más por cada estudiante en el nivel terciario, lo cual no sorprende teniendo en cuenta que muchas de las mejores universidades del mundo se encuentran en estos países.

becas

Como demuestra este gráfico, países como Reino Unido, Nueva Zelanda, Australia, Holanda, entre otros, invierten gran parte de lo gastan en la educación terciaria en préstamos o becas. Sin embargo, hay que ser precavido con los préstamos, ya que un posible aumento de los impagos puede ser perjudicial tanto para el Estado, como para los estudiantes.

Por último, esta el modelo mayoritario en Europa (no voy a analizar el modelo de Japón, Chile o Corea del Sur), implementado en países como Francia, Italia, Portugal, Austria, Polonia, Bélgica, Irlanda y la propia España. En estos países el coste de las matrículas suele ser muy bajo o gratuito, en España el coste medio a nivel nacional son 1.100 euros. Aunque menos de un 40% de los alumnos reciben una beca o préstamo, lo cual provoca que la tasa de acceso sea mucho menor situándose en el 56%.

En el caso de España, la tasa de acceso es ligeramente inferior (53%), pero un 23% de los alumnos reciben una beca (2011), un porcentaje bastante bajo comparado con otros países. Además España gasta un 5,5% del PIB en educación, mientras que la media de la OECD se situa en el 6,1%, Reino Unido y Dinamarca la superan, con un 6,4% y un 7,9% respectivamente. Por lo tanto como hemos comprobado, nuestro modelo universitario no es ni mucho menos un ejemplo a seguir. Existen dos vías, el modelo nórdico o el anglosajón y no tengo una respuesta contundente sobre cual sería el más apropiado. Si bien, como expliqué al comienzo del artículo, si lo que perseguimos es la igualdad de oportunidades hay que invertir en las primeras etapas educativas, es ahí donde realmente se pueden disminuir las diferencias.

Respecto a la universidad en España, cuyo sistema sabemos que es necesario reformar y dada la delicada situación de la economía nacional, me decantaría por el sistema anglosajón. Como muchos sabréis y nos explicó José Fernandez-Albertos, nuestro Estado de Bienestar beneficia sobretodo a las clases medias y altas, lo que me recuerda al caso de las universidades en Escocia. Por lo tanto, probablemente para que nuestro sistema universitario se acerque al ideal de la igualdad de oportunidades, sería necesario aumentar las tasas universitarias, pero desarrollando un sistema de becas y préstamos que realmente estén a la altura, otorgando las ayudas a aquellos que más lo necesitan. Por lo tanto se trataría de implementar unas tasas progresivas y unas becas y préstamos progresivos, para que quien pueda pagar las tasas las pague y quien no pueda tenga pese a ello la oportunidad de poder ir a la universidad.