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Elecciones chilenas (III): llegó el día

Si tuviera que quedarme con una única cosa de Chile (difícil tesitura), me quedaría con su riqueza paisajística. Desde el sobrio Desierto de Atacama hasta el frío Glaciar Grey, pasando por el imponente Volcán Osorno o el mágico atardecer en la Isla Grande de Chiloé, la diversidad de parajes del país andino es tan reseñable como cautivadora. Pero no es el paisaje natural lo único en que Chile posee una amplia diversidad. Hoy es la primera vuelta de las elecciones presidenciales y los chilenos deciden a cuál de los 8 candidatos quieren encomendar el futuro del país los próximos 4 años.

Chile es una democracia presidencialista desde que recuperó la democracia en 1990. Curiosamente la Constitución chilena data de 1980, cuando el país estaba aún sumido en la dictadura de Augusto Pinochet. Aunque la Carta Magna ha sido reformada en ¡18! ocasiones desde la caída del dictador, la losa de su origen sigue pesando en la sociedad chilena. La propuesta de una nueva constitución ha sido uno de los puntos candentes en esta campaña, pero no el único como podéis leer en este artículo.

Al igual que EE.UU., Chile tiene un sistema presidencial, lo que significa que el Presidente de la República no es electo por el Parlamento, sino por los ciudadanos. En el caso chileno, la elección es directa por sistema de doble vuelta (imitando el modelo francés): si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta, se realiza un balotaje entre los dos candidatos más votados. La Constitución chilena prohíbe al Presidente saliente concurrir a la reelección, pero sí les permite volver a ser candidato en un periodo no consecutivo. Este es el caso de la Presidenta saliente Michelle Bachelet, que gobernó de 2006 a 2010 y de 2014 a 2018. Un dato llamativo es la brutal caída de la participación en las elecciones presidenciales: del 84% en 1989 al 42% en 2013.

Desde 1989 la política chilena ha contado con numerosos partidos políticos, que han operado coordinándose en coaliciones electorales. Tradicionalmente han sido dos los polos electorales. De un lado, la Concertación (después Nueva Mayoría), que agrupó a la oposición a Pinochet desde los democristianos hasta los comunistas. Del otro, todo lo que quedase a su derecha agrupado en una coalición que ha cambiado de nombre en cada elección. La Nueva Mayoría ha ostentado la presidencia 24 de los 28 años de la democracia chilena. La excepción fue Sebastián Piñera, que presidió Chile de 2010 a 2014 y que aspira ahora a repetir mandato.

La presencia de Sebastián Piñera en la segunda vuelta se da por descontada. Todas las encuestas le otorgan una amplia ventaja sobre el resto de candidatos. Lo cierto es que Piñera abandonó La Moneda en 2014 con una aprobación del 50%, mientras que Bachelet apenas llega hoy al 35%. Pese a sus polémicas con negocios turbios, Piñera ha logrado un amplio apoyo en la derecha. Ni siquiera la candidatura de José Antonio Kast, que se ha fugado de la coalición de derechas, ha mermado las posibilidades de Piñera. Aunque Kast ha ganado impulso las últimas semanas, es improbable que pase a segunda vuelta.

La estabilidad en la derecha contrasta con el caos de la izquierda. La coalición gobernante Nueva Mayoría ha estallado por partida doble. Durante el último mandato de Bachelet la coalición se ha ido erosionando poco a poco por la izquierda. Desde el año 2016 empieza a cuajarse un movimiento político que pretende superar el “bipartidismo” imperante en Chile hasta ahora: elFrente Amplio de Bea Sánchez. Para que los españoles me entiendan, el Frente Amplio es el Podemos chileno. Se asemeja más al Podemos de 2014 (ese que aspiraba a la transversalidad, ¿recuerdan?) que al Podemos de 2017. De hecho, Pablo Iglesias ha mostrado su respaldo a su candidata que tiene serias posibilidades de batirse en segunda vuelta con Piñera.

De las cenizas de la Nueva Mayoría ha emergido Alejandro Guillier, más como vencejo al que le cuesta levantar el vuelo que como ave fénix. No sería justo cargar toda la responsabilidad en los hombros de este poco carismático candidato. Guillier es percibido como el heredero de la hoy impopular Bachelet y la coalición que le apoya ha quedado muy mermada, no sólo por el Frente Amplio, sino también por el flanco derecho. Los democristianos del PDC han abandonado la Nueva Mayoría y concurren con su propia candidata, Carolina Goic. Es prácticamente imposible que Goic pase a segunda vuelta, pero cuanto mayor sea su apoyo, menores serán las posibilidades de que sea Guillier quien pase a balotaje. Para mayor inri de Guillier, otros 3 candidatos desde el centro izquierda a la izquierda radical concurren a los comicios para disputarse los últimos puestos.

Las diferencias entre los distintos candidatos son notables como ya expuso Diego F. Herrera aquí en Polikracia. Lo más probable es que Piñera pase a segunda vuelta, pero no está nada claro si se batirá contra Bea Sánchez o Alejandro Guillier. Que Guillier quede tercero no sólo será un golpe para él, sino que será la primera vez en 28 años que su partido queda excluido de la segunda vuelta. El paisaje de Chile, además de diverso, es muy cambiante.

José López Navarro

José López Navarro

Derecho y Ciencias Políticas en la uc3m. Madrid, Toulouse y Santiago de Chile: tres ciudades que te explicarán mi interés en el europeísmo, América Latina y la cerveza. No necesariamente en ese orden.

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