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Elecciones chilenas (I): el ocaso de la política

El presente escrito es tanto una crítica de la política chilena como, a su vez, un actualizador de lo que serán las próximas elecciones presidenciales. La idea es poder hacer revista de los candidatos y, al tiempo, demostrar la falta de claridad política por parte de cada uno, dejando mucho que desear tanto en sus actitudes personales como en sus capacidades de liderazgo a ante las colectividades que los apoyan.

Desde la vuelta a la democracia, los primeros gobiernos demócratas cristianos lograron una vuelta institucional, reestableciendo aquellas instancias que el régimen militar prohibió; estableciendo una agenda chilena de centro, donde el sistema económico establecido en dictadura, el cual está hecho a manos de los estudiantes de Milton Friedman y él mismo, pudiese tener una permanencia sin afectar a los ciudadanos en los ciclos de crisis. Desde que Chile fundó CODELCO, posee un sistema tanto desarrollista (1940-1970) como neoliberal (1980-actualidad) que ha dependido principalmente del cobre; es decir, los ingresos del país han estado a merced de los flujos de valor de este metal.

En los días modernos, Chile aún posee un sistema monodependiente del cobre y de estos flujos. La idea es poder proyectar un nuevo sistema económico más ecológico, sostenible y que dé una entrada alternativa a los ingresos chilenos. Ésta es, tal vez, una de las tareas más importantes que hay pendientes.

Además, la ciudadanía chilena manifiesta claramente dos demandas para el próximo gobierno. La primera es la mejora de las miserables pensiones que reciben los adultos mayores en Chile, cuyas prestaciones rondan los 200 dólares mínimo, siendo que algunos reciben menos y otros muchísimo más. El coste de vida en Chile es, aproximadamente, de unos 1000 dólares por lo bajo (midiendo el valor del precio, el coste de vida, los arriendos o dividendos hipotecarios, la escuela (pagada), la universidad (pagada)). Y eso es para una persona en su apogeo laboral (30-50 años). Para una persona mayor de edad, el coste sube por medicación, consultas, dificultades… sabiéndolo en primera persona el coste puede ser de hasta 1500 dólares para que un mayor de edad tenga una vida digna y saludable hasta su hora de muerte. El sistema de previsión chilena, el cual funciona en razón de un sistema de especulación monetaria con los porcentajes cobrados a cada trabajador, sumado a los malos cálculos que hacen para la duración de la vida de cada persona, hace que las AFP no terminen por funcionar para una gran parte de la población; menos aún para el trabajador que tiene trabajos remunerados por otros medios y no por contrato.

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Por otro lado, una demanda que también se ha plasmado claramente en la sociedad actual ha sido el debate acerca de la gratuidad de los estudios superiores, a saber, la ampliación material del derecho a estudiar en la universidad. Esto viene de una base estudiantil que ha estado constantemente luchando por la condonación de las deudas del Crédito Aval de Estado, el cual se le proporciona a los estudiantes o futuros estudiantes que no tienen el dinero para poder estudiar, por lo que el Estado les presta dinero a través de un proceso complejo con el apoyo financiero de la banca privada, y luego el estudiante debe devolver el dinero con una cuota del 2% de interés (y esto para los estudiantes que comenzaron a estudiar en el período de las reformas de Michelle Bachelet; quienes han estudiado dentro del mandato de Ricardo Lagos Escobar, la cuota de interés era mucho más alta y, por lo tanto, la deuda mucho más impagable). Ahora bien, hace tiempo que los gobiernos de centro-izquierda han propuesto que las personas que tienen peor situación económica tengan acceso a la Gratuidad. Esto se desarrolla con un mecanismo de ubicación en la situación económica de cada hogar (quienes viven dentro e ingresan x cantidad); de ahí se divide por el número de integrantes y ese número prácticamente decide quién tiene gratuidad o no (ahora expandida al 60 % de las personas, es decir, a todos que ingresen igual o menos al valor de 400 $ por persona).

Por supuesto, este proceso se ha visto mermado por los canales institucionales y administrativo permitiendo que personas de alta gama puedan estudiar gratis. Pero, más allá de todo, la idea base es que el Estado pueda permitir la posibilidad de que todos los futuros estudiantes puedan tener acceso a un estudio superior sin tener que estar condicionados por la situación económica.

Estas situaciones se explican como efectos del eterno problema que impide a Chile emerger de su estado subdesarrollado: la desigualdad. Este problema es al que todos los candidatos quieren dar término con sus propuestas: algunos hablan de igualdad ciudadana, igualdad regional, igualdad económica... otros hablan de igualdad de oportunidades, igualdad democrática, igualdad laboral, igualdad social. El discurso chileno ha sido saturado con estas cuestiones, materializadas en la definición de las necesidades económicas estratégicas de la población como medio para abordarlas.

Ahora bien, en la República del Chile existen de demandas ciudadanas que han probado, nuevamente, que el sistema neoliberal implantado por los Chicago Boys, Milton Friedman y el régimen militar, junto con el pensamiento de Jaime Guzmán, funciona como un sistema de explotación a la ciudadanía con una competencia absolutamente monopólica; y monopólica debido a las cadenas, puesto que los mercados han tendido, en Chile, incluso a crear duopolios o, en el particular caso de la empresa encargada de las transacciones de pago por tarjeta (débito o crédito) por la vía de Redcompra, Transbank, un monopolio en su área. Para dar ejemplos: las farmacias chilenas han servido como grandes promotores y modelos del sistema neoliberal de competencia monopólica. En Chile solo existen tres cadenas grandes de farmacias, que poco a poco le han quitado lugar al mercado de las farmacias pequeñas y comunales (Salcobrand, Farmacias Ahumada y Cruz Verde); precios caros, pocos beneficios para los clientes asociados y, además, crean siempre problemas a la hora de vender los productos genéricos (tanto es así que el Estado tuvo que intervenir para forzar la venta de genéricos). El sistema de supermercados en Chile va por el mismo camino, donde las cadenas Jumbo, Líder (de Walmart) y Unimarc han ido extendiendo su mercado y desplazando a los pequeños comerciantes; incluso, para poder seguir compitiendo, crearon sus propias filiales medianas afines para que el cliente creyera que existe una competencia cuando en realidad es una ilusión (el Ok Market y el Big John).

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La muestra del fallo de un sistema neoliberal como el chileno está precisamente su anatomía existencial, como es la palabra competencia, ideada peligrosamente por Adam Smith, el mismo que atestiguó que si el sistema capitalista se dirigía hacia el libertinaje mercantil terminaría por perder el sentido primario de su origen. De hecho, la escuela monetarista de Von Hayek y sus seguidores determinaría, en una visión extrema de la demanda en el mercado, que el sistema capitalista de Occidente, o sea, neoliberal, se enfoca más en la estabilidad del mismo sistema que en la estabilidad del Estado y el sistema político. A su vez, al enfocarse en su propia estabilidad, no recae en saber si existe desigualdad o no, dado que los índices económicos son más importantes que el índice Gini.

Un grave atraso en Chile que los candidatos no han podido obviar es el fallo en el sistema de transporte público, Transantiago-Metro de Santiago, que de público tiene poco ya que subsiste con un sistema de autofinanciación (copiado a la versión española-colombiana, pero sin que el Estado subvencione ninguna parte de los pasajes). Los pasajes, costando casi 740 $ CLP (o sea, con un pago de dos pasajes diarios se tiene que al mes se gasta como 40.00 $ CLP, casi 1/5 del salario mínimo en Chile), provoca angustia y desesperación entre los conciudadanos chilenos, sobre todo debido a que no hay una buena relación calidad-precio: malos viajes, retrasos, cortes de luz, pocas líneas de metro (ahora una más en obras y tres más en preparación para ser aprobadas en el presupuesto público 2020-2025); además, en el Transantiago, sistema de microbuses de Santiago, existe una incoherencia drástica en el sentido de las líneas y sus recorridos, dejando lugares alejados de la capital con menos micros que en las zonas más céntricas.

Hay muchas demandas en Chile que atender, y estas elecciones presidenciales, donde la abstención se prevé mucho más alta que en el 2014 (arriba del 50%), está dejando en claro la necesidad de que los candidatos, y las dos candidatas, proyecten estas demandas ciudadanas latentes y nunca tratadas como corresponde, con política y no con clientelismo.

Diego F. Herrera Gré

Diego F. Herrera Gré

Politólogo en Chile. Republicano. Desde la ciencia política haciendo análisis contemporáneos. Especializándome en las Relaciones Internacionales.

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