TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Dos elecciones generales y casi nueve meses de bloqueo institucional no han sido suficientes para trastocar el retrato de la ingobernabilidad de nuestro país. La ecuación numérica no deja lugar a dudas: tanto ahora como en diciembre se presentan funestos equilibrios de poder que imposibilitan la formación de un gobierno con una base parlamentaria suficiente sin que antes se acuerde un pacto (de investidura o de gobierno) por el cual una o varias de las partes renuncien a uno de sus principios ideológicos troncales.
Esto es una realidad innegable y ante cuya frustrante evidencia han aflorado llamadas a la concordia, tanto de sectores políticos como de la sociedad civil, para presionar a diferentes partes para que cedan y desbloqueen la situación. Se trata de un choque de convicciones: la responsabilidad ante el electorado frente a la responsabilidad ante la ciudadanía. Y los equilibrios parlamentarios sólo permiten que esto se solvente por medio de dos vías: o bien la gran coalición (cediendo el PSOE) o bien la entente progresista (cediendo Podemos, Ciudadanos o ambos).
Teniendo en mente esta síntesis estática, y buscando escapar de la retórica dual de la amenaza y la entereza que ha caracterizado la gran mayoría de discursos en torno a esta situación, intentaremos revisar la cuestión desde una aproximación teórica que permita valorarla con unos ojos diferentes. Para ello me remito al economista turco Dani Rodrik; según él, el avance de la interconexión económica y las transformaciones políticas del siglo XX fuerzan un contexto en el que los estados se ven obligados a escoger priorizar dos de tres posibles principios rectores en una encrucijada histórica (el trilema): globalización económica, democracia política o soberanía nacional, siendo imposible abarcar los tres a la vez y con igual intensidad. Rodrik parte de la asunción de que se demuestra imposible aspirar a un mundo que sea hiperglobalizado y que al mismo tiempo integre estados plenamente democráticos y plenamente soberanos. De lo que se desprende que solamente existen tres opciones de futuro:
• Priorizar la globalización y la soberanía nacional: a saber, integrarse en la dinámica de la globalización económica y a la vez mantener una estructura de Estado-nación con un alto grado de control político interno. Pero sería a costa de debilitar la democracia, pues un Estado así pasaría a depender en exceso de las exigencias internacionales y carecería de capacidad para cuestionar o negociar las consecuencias que se derivasen de tal integración, tendiendo a verse obligado a desoír las demandas ciudadanas (un ejemplo serían los Estados de la UE en la actualidad).
• Priorizar la democracia y la soberanía nacional: a saber, mantener un modelo tradicional de Estado-nación y replegarse en éste minimizando los efectos de la globalización, para así compatibilizarlo con una democracia más efectiva a expensas de tender a la autarquía (un ejemplo serían algunos de los movimientos euroescépticos).
•Priorizar la democracia y la globalización: a saber, sacrificar las estructuras del Estado-nación para avanzar hacia modelos políticos supranacionales de integración que permitiesen combinar una democracia efectiva con la integración en la economía global (un ejemplo sería el proyecto federal de la UE).
Es interesante tener en cuenta estas reflexiones porque España, por su contexto, se encuentra ahora increíblemente dividida acerca cómo encarar esta encrucijada hacia el futuro modelo de Estado. La fragmentación que presentan los partidos políticos de las Cortes en torno a la cuestión es extrema, y esto, con el trasfondo de una gravísima recesión económica, es lo que está sellando el bloqueo institucional. Huyendo de cuestiones coyunturales, se puede usar el trilema de Rodrik como forma de medir los equilibrios que están provocando esta situación desde una perspectiva diferente (realizaremos este análisis incluyendo a todas las fuerzas con grupo parlamentario, sustituyendo al PNV por CDC, al contar éste último con más diputados aun figurando en el Grupo Mixto, para así hacer un análisis más realista):
a) CDC: Prioriza una soberanía nacional de carácter conservador, para así reivindicar el derecho de Cataluña a una estructura estatal propia ajustada al ideal fiscalmente competitivo de pequeño Estado- nación, comprendiendo la necesidad de hacer cesiones para buscar una integración económica que garantice la viabilidad de la secesión, a expensas de debilitar la efectividad del ejercicio de la democracia.
b) Ciudadanos: Prioriza una noción integradora de la UE y sus instituciones, que permita el pleno desarrollo y la competitividad internacional a través de la agregación del potencial económico conjunto, pero reconociendo la necesidad de que se garantice el ejercicio de una democracia real para con esas instituciones, sin importar que para ello sea necesario disolver el Estado-nación en un modelo más integrado políticamente (han hecho referencias explícitas a aspirar a un modelo federal).
c) ERC: Prioriza una soberanía nacional de carácter popular, para así reivindicar el derecho de Cataluña a una estructura estatal propia ajustada al ideal romántico de pequeño Estado-nación, rechazando la integración económica hacia la que España avanza y propugnando un repliegue secesionista de democracia efectiva.
d) PP: Prioriza una soberanía nacional de carácter conservador, para así mantener la estructura que más se adapte a su noción arcaica y homogénea del Estado-nación, aun aceptando la necesidad de integrarse en los planes económicos europeos resintiéndose la efectividad de la democracia.
e) PSOE: Prioriza una noción integradora de la UE y sus instituciones económicas, que permita el desarrollo en un entorno globalizado al tiempo que reivindica la necesidad de que se garantice el ejercicio de una democracia real para con esas instituciones, aspirando idealmente a un modelo federal que supere las barreras del tradicional Estado-nación (empezando por su implantación en España).
f) Unidos Podemos: Prioriza una soberanía nacional de carácter popular, para así reivindicar el derecho de la ciudadanía a alterar el orden constitucional para adaptarlo a sus necesidades e identidades diversas, pero rechazando ceder ante la integración económica para fortalecer un ejercicio más efectivo de la democracia.
Este análisis puede esquematizarse de la siguiente manera:

a) CDC: soberanía + globalización.
b) Ciudadanos: democracia + globalización.
c) ERC: soberanía + democracia.
d) PP: soberanía + globalización.
e) PSOE: democracia + globalización.
f) Unidos Podemos: soberanía + democracia.

De lo cual se desprende que el equilibrio de fuerzas es actualmente ingobernable por varias razones: primero, porque es un dato curiosamente ilustrativo que cada una de las variables aparezca cuatro veces, y aún más que cada una lo haga concretamente dos veces en el ideario de partidos mayoritarios (lo cual evidencia que ninguno de los tres partidos mayoritarios actualmente cuenta con un esquema paralelo) y otras dos en el ideario de partidos minoritarios. A veces la simplificación conceptual permite advertir pautas como ésta, que permiten visualizar claramente el casi perfecto equilibrio de fuerzas que a día de hoy presentan las Cortes.
En segundo lugar, el equilibrio de poderes se bloquea en tanto que hay parejas que se repelen. A saber, el modelo de Estado-nación al que apela el PP es muy cercano conceptualmente al que reivindican algunos sectores secesionistas, pero es evidentemente opuesto en cuanto a su implantación empírica, pues la noción territorial e identitaria de cada bando niega la del otro (el juego de suma cero del nacionalismo). Y en medio está el espacio ideológico de UP, que integra partes de ambas nociones (y coincidiendo conceptualmente con los dos postulados priorizados por ERC), pero sin ser capaz de pactar con ninguna, pues acepta la esencia del derecho a decidir pero no su aplicación unilateral (aunque tampoco un Estado-nación español de rasgos arcaicos).
Tercero, porque hay principios ideológicos que desvirtúan la función de las Cortes, pues se deduce del punto dos que hay ciertos partidos que forman parte de la representación de la soberanía nacional española pero actúan movidos solamente por el interés de un fragmento territorial, al que dotan de una soberanía nacional inexistente, anulando el sentido de su participación en las Cortes y minando su efectividad. Seguramente sean estos grupos los que representan una amenaza más grande a la solución del bloqueo actual.
Cuarto, se deriva de todo lo anterior que solamente hay una combinación de fuerzas que permite una amalgama parlamentaria sólida, pues la alianza entre el PSOE y Ciudadanos es la única que permite la formación de un gobierno con una visión clara del modelo de Estado, al ser los únicos dos partidos
cuyos principios rectores coinciden sin ser excluyentes empíricamente (y esto, por otro parte, no hace
más que demostrar el peligro del nacionalismo como principio político, en tanto que es el único capaz de generar nociones conceptualmente parejas pero empíricamente incompatibles, generando la oposición más pura, pues se basa en una negación recíproca que no permite aproximación).
¿Podemos usar también este análisis para extraer conclusiones prescriptivas? Volviendo al origen, hemos partido antes de la asunción matemática de que solamente existen dos vías posibles para formar un gobierno con suficiente apoyo parlamentario, y solamente una de estas vías incluye al PSOE y a Ciudadanos como actores principales, aunque requiere también el apoyo explícito de UP. Pero, ¿por qué es más viable que ceda parlamentariamente UP que Ciudadanos? Primero, porque ya se ha demostrado que PSOE y Ciudadanos son los únicos que comparten prioridades en cuanto al modelo de Estado (UP y ERC también los comparten, pero apelan a diferentes Estados), además del hecho diferencial de que Podemos debería priorizar el factor democrático como criterio de alianzas, al ser el único que le permite conectar con los proyectos de otros partidos, mientras que se ha visto que su criterio de soberanía es intermedio e inconexo con ninguno de los dos extremos que también lo priorizan.
La suma de PSOE y Ciudadanos (de 117, siendo preferible un gobierno de coalición, que sería el
verdadero gesto de compromiso por parte de Ciudadanos) requiere, además, 59 votos de UP (asumiendo que todas las demás fuerzas voten en contra). Un voto crítico para facilitar una investidura les pondría en una situación muy cómoda para fiscalizar al ejecutivo, tener protagonismo parlamentario y ejercer una importante influencia en el policy-making aprovechando la preeminencia que tendría el legislativo en una legislatura así. Hay otros muchos escollos, sí, como es el caso de las nociones divergentes de federalismo que manejan PSOE y Ciudadanos (uno más identitario, plurinacional y asimétrico; el otro más eficientista, racional y simétrico), pero probablemente no exista una posibilidad de consenso más plausible, y de todos modos no parece que unas terceras elecciones pudiesen alterar significativamente el panorama.
Ocurre a menudo que las situaciones como ésta requieren perspectivas novedosas que aporten una forma insospechada de analizarlas y, ojalá, una solución. En este casó el trilema de Rodrik se aplica a una cuestión muy concreta, pero no deja de ser el eco de un problema de fondo que marcará el futuro de una UE en crisis tras el referéndum británico: el reto de superar las estructuras anquilosadas del Estado-nación decimonónico, para ilusionar nuevamente a la ciudadanía con un proyecto europeísta integrador y democrático que permita afrontar un futuro hiperglobalizado en el que, posiblemente, no quede más remedio que unir fuerzas para garantizar la prosperidad del viejo continente.