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El Rey Juan Carlos I abdica: ¿y ahora qué?

Estas últimas semanas, desde las pasadas elecciones europeas hasta hoy , están dando mucho de qué hablar. En primer lugar , las pasadas elecciones permitieron supusieron una entrada en caída libre del bipartidismo, siendo PP y PSOE , las fuerzas políticas que más sufrieron en los comicios, a pesar de la victoria electoral, por un escaso margen de dos escaños, del Partido Popular y el descalabro cada vez mayor del partido socialista, que podría perder la hegemonía en la izquierda y ser relegado a tercer partido, sin liderar la oposición. Aún es pronto para vaticinar el fin del bipartidismo y habrá que esperar para ver si las nuevas fuerzas políticas modifican el escenario parlamentario y municipal. Una cosa es innegable: Desde la izquierda, el fenómeno Podemos ha logrado, no sólo alcanzar 5 escaños, sino despertar una ilusión en ciertos sectores. Si nos vamos a su programa electoral, encontramos cosas razonables (como la Tasa Tobin) pero mucha ilusas o incluso insultantes, como es desde mi punto de vista, la renta mínima de ciudadanía básica sin ninguna condición previa. Esto quiere decir: dinero gratis, a cambio de nada. Derechos sin Deberes. No, gracias. Es posible, sin embargo, que estos detalles importantes se pulen y transformen con el tiempo hasta llevar a cabo la realización de un programa político coherente, como a todas luces puede ser el de IU sin importar que nos guste o nos disguste. Lo que está claro, no obstante, es que las fuerzas mayoritarias se temen lo peor. Crece el centro-transversal y ciudadanista (UpyD y Ciudadanos, si los contabilizamos en bloque) y fuerzas de izquierda alternativa y radical (IU, Podemos) y los partidos nacionalistas y abiertamente independentistas que dejan un panorama desolador, en medio de una crisis económica complicada ,al régimen monárquico del 78.

Pues bien, por si no hubiese sorpresas suficientes, este lunes 2 de junio el Rey D. Juan Carlos decide abdicar en su hijo, el futuro Felipe VI. Y claro , esto genera inevitables reacciones,que se deben fundamentalmente al origen de la restauración borbónica que vino de la mano del régimen franquista. Esto es una verdad innegable que nadie a derechas o a izquierdas podrá negar: El Rey fue escogido como sucesor de Franco. Sin embargo, desempeñó un papel decisivo en una transición en la que se cometieron errores de suma importancia que hoy pagamos, como fue no dejar clara en la constitución qué es una nación, que son “nacionalidades históricas” y que “regiones”, qué aspectos son competencias exclusivas del Estado y cuales de esas administraciones paralelas, que son las autonomías y que constituyen en mi opinión (al menos en el hecho de que haya 17 y diseñadas para favorecer los feudos políticos de diferentes partidos ) el mayor error de la transición, mermando la igualdad formal de los ciudadanos ante la ley.

Bien, sin más preámbulos. A todas luces, vivimos una época de cambio social y de crisis institucional. No sólo en España, pero nos centraremos en el caso español que más me atañe y preocupa. ¿ Tiene legitimidad la petición de plebiscito que llevan a cabo muchas fuerzas políticas? Sí, sin duda es una petición legítima si tenemos en cuenta tanto la procedencia del Rey, como la coyuntura estructural socio-económica y el peso de las generaciones que no votaron la Carta Magna. Pero que sea legitima la causa, así como la protesta, no implica que sea legal. La constitución establece su propio procesamiento para ser reformada (un proceso difícil pero ¿acaso la ley superior del Estado, nos guste o nos guste, debe ser fácil de cambiar?) Este procedimiento implicaría necesariamente una mayoría de fuerzas políticas que promuevan el cambio y quizás esto no sea algo tan lejano y técnicamente, si respetamos el Estado de Derecho, debemos exigir cambiar dentro de su estructura legal y no al margen. Esto puede ser una forma de cambiarlo, aunque considero que a pesar de ello, habría que finalmente someterlo a un referéndum más que nada porque la instauración de una república supondría la redacción de una nueva Constitución y recordemos que la de 1978 fue ratificada mediante este proceso.

Estos días he visto las protestas ciudadanas exigiendo un proceso constituyente y he acudido a sol en una de las ocasiones porque me considero republicano y presidencialista . En ese sentido, mi corazón comprende las reivindicaciones y las comparte. Ahora bien , repasemos: ¿qué se necesitaría para que un proceso constituyente tuviese éxito en un momento de crisis institucional como el presente?

1º. Un cuestionamiento del modelo de Estado presente: Esto es, abrir el debate a la ciudadanía y a sus representantes en aras de alcanzar acuerdos. Hay que romper con los tabúes de la corrección política. ¿Queremos monarquía o república? ¿ Sistema presidencialista o parlamentario? ¿Centralismo o Federalismo? Todas estas preguntas deberían figurar en un futuro referéndum que de verdad quisiera cambiar las cosas y permanecer en tanto que proyecto político y realidad jurídica suprema del Estado como el preferido por la inmensa mayoría de los españoles.

2ª Fuerzas políticas ideológicamente dispares que promuevan este cambio. Si retrocedemos a ayer o a anteayer en la Perta del Sol de Madrid, vemos que la principal bandera que se enarbola es la de la segunda república, un símbolo político que ha quedado anclado a una idea progresista y socialista de república. No vi ninguna bandera de la primera república y eso que republicanos liberales y hasta conservadores hay. Llama la atención que los nacionalistas , con sus respectivos símbolos identitarios,como la senyera, salgan a reivinidicar lo mismo. Quizás piensen que una república sus deseos emancipatorios serán más factibles. El problema es que al no existir fuerzas que promuevan al cambio más que a un determinado espectro idológico, una parte de la población aceptaría los cambios y la otra los rechazaría drásticamente y no me refiero a un 80 % contra un 10 % sino a cifras mucho más alarmantes como un 60 % – 40% aunque evidentemente todo esto es especulación. En definitiva hace falta generar un proceso constituyente largo si se quieren evitar paulatinas crisis institucionales y no encadenarnos a una única opción, como parecen indicar (aunque sé que no es la intención de muchos) las manifestaciones pro republicanas sin niniguna (ni una) rojigualda. Desde luego, no creo que toda la población esté a favor de una nueva “segunda república.”

Ahora me gustaría especular un poco sobre Felipe VI. El modelo está cayendo y está claro que pretenden salvarlo, pero ¿cómo lo harán? Hay bastante especulación con la posibilidad de que el nuevo monarca quiera hablar con las fuerzas políticas que antaño hicieron la transición para crear un nuevo modelo de Estado una vez el haya asegurado su posición como continuador de la estirpe real borbónica. ¿ es factible? Muchos piensan que no , pero creo que si no hace nada, no contribuirá a salvar al crisis institucional y podría caer con todo el equipo frente a una población que desde un espectro político específico reclama un cambio. De estas especulaciones destacan que el borbón abra el melón autonómico y promueva , negociando con los nacionalistas, y con los principales partidos, una federación asimétrica o confederación para España, lo cual piensan que podría calmar a una parte de la población catalana que promueve una república independiente. Honestamente, creo que ésto no sería así y que lejos de saciar sus demandas, se sucedería un aumento de las reivindicaciones, básicamente y en base a la cercana experiencia histórica, porque las fuerzas políticas nacionalistas, deben su razón de ser y su estrategia a buscar tratos de preferencia territorial en términos de competencias, con los partidos que regentan el gobierno central. En definitiva, si una república o una monarquía contribuyen a ofrecer un cambio, mi preocupación seguirá siendo la misma: que este cambio sea positivo para los ciudadanos y para España, sobre todo a largo plazo.

Isidoro Sevilla

Isidoro Sevilla

Sociólogo y politólogo por vocación. Máster en comunicación política e institucional e interesado en geopolítica. Con la idea de esforzarme día a día en todos los ámbitos de mi vida.

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