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10.316 días. Éste es el tiempo que el muro más famoso de Europa estuvo levantado, separando dos ideologías irreconciliables y sus correspondientes e incompatibles maneras de entender el mundo. Para mayor infortunio de los habitantes alemanes y especialmente berlineses, este conflicto ideológico mundial no entendía de naciones y estaba por encima de las hasta ahora inexpugnables fronteras políticas, y viendo las terribles guerras civiles acontecidas tanto en Corea como en Vietnam por la misma causa, parecían incluso ubicarse en una posición privilegiada dentro de la partida de ajedrez geoestratégica que se disputaban EEUU y la Unión Soviética. Durante esta etapa, dos sociedades germanas surgieron y se desarrollaron de acuerdo a las normas y pautas marcadas por sus estados guardianes. Fue un periodo de tiempo fundamentado en la reconstrucción tanto de un país arrasado hasta sus cimientos por el peor conflicto bélico de la historia, como de una sociedad que ansiaba encontrar una nueva identidad y valores que los alejaran de los fúnebres recuerdos pasados, y hay que comprender que en este contexto 10.000 días son muchos días.

5 de Febrero de 2018, y de nuevo 10.316 días. Éste es el tiempo que lleva Berlín sin el muro. La cuenta vuelve a estar a cero. Si nos basáramos en una mentalidad matemática, podríamos llegar a la conclusión de que para esta fecha el problema de la integración entre ambos estados podría haber finalizado, pero nada más lejos de la realidad. Aunque Alemania hoy es físicamente un único estado y existe una alta cohesión y sentimiento de unidad entre sus habitantes, la identidad forjada en la guerra fría aún sobrevive en la mentalidad de una gran parte de la población: el muro mental que se edificó en la conciencia de los habitantes de la RFA y RDA aún no se venido completamente abajo.

POLÍTICA

En 2017 hubieron elecciones federales en Alemania y se repitieron nuevamente unos resultados que dibujan y rememoran las antiguas RDA y RFA de la guerra fría. Un cuarto de siglo no ha sido suficiente para cohesionar políticamente a la sociedad alemana, demostrando que, tal y como muestra el gráfico, hace falta algo más que una canciller criada en Alemania del Este para solventar dicha situación.


Tal y como se puede apreciar, desde una perspectiva política siguen existiendo dos Alemanias y, de un mismo modo, dos Berlín. Y es que las fronteras reaparecen de forma acusada: mientras que en la antigua República Federal Alemana el bipartidismo obtiene una cómoda mayoría absoluta de votos y los partidos antiestablishment no consiguen llegar al 20%, en su homónima exsocialista de la RDA estos cosechan cerca del 40% de los sufragios y compiten directamente con unas CDU y SPD lejos de imponerse.

Las principales causas de este suceso radican en dos factores clave que se han acentuado en los últimos años. En primer lugar, las consecuencias de la crisis económica afectaron de forma notoriamente más profunda al Este que al Oeste. El estallido hizo aflorar las diferencias estructurales ocultas de ambos territorios en cuanto a materia económica y laboral, las cuales se vieron aún más acentuadas con el detrimento de los servicios públicos y del estado del bienestar. Estos hechos provocaron nostalgia de la RDA en un sector de la población, la cual se tradujo un aumento de votantes a sus herederos políticos, Die Linke (La Izquierda). Por otro lado, el este de Alemania siempre ha sido mucho más homogéneo desde una perspectiva étnica, pues la inmigración durante la Guerra Fría se produjo fundamentalmente hacia el lado occidental. Tras la caída del muro, las oleadas migratorias entraron también en esta parte de Alemania, menos acostumbrada a la diversidad, y por ende al multiculturalismo, lo que tuvo como consecuencia un incremento de partidos contrarios a la inmigración como el AfD (Alternativa para Alemania), más aún tras la llegada de refugiados de oriente medio.

DEMOGRAFÍA y MIGRACIONES INTERNAS

Más allá de la política, también es notable destacar un proceso migratorio de Este a Oeste que sigue produciéndose, ahora ya sin coacciones, más de dos décadas después de la unificación. Ser un estado unificado no ha contrarrestado el movimiento migratorio interno de una parte relevante de la población activa de la antigua Alemania Oriental que va a Occidente en busca de mejores oportunidades laborales. Este flujo continuo ha provocado un gran envejecimiento de los residentes de los antiguos territorios de la RDA, así como una pérdida de población, acentuada en las zonas rurales, que se estima en más de dos millones de personas tras 1990.


Los datos no dan margen a dudas: aunque Alemania pierde población en su globalidad, el Oeste sigue aumentando su número de residentes. En un mismo sentido, el gran flujo de población joven a Occidente generó un brusco descenso de la natalidad en la antigua RDA, siendo un claro indicativo de este fenómeno la reducción del porcentaje de mujeres menores de 30 años en un 30%. Este hecho ha tenido como consecuencia el cierre de escuelas (alrededor de 2.000), así como el declive de gran parte del tejido productivo de la región, provocando así un ciclo que se retroalimenta.

Esto ha tenido como punto final unas previsibles consecuencias económicas. Para arrojar unos simples datos, en la actualidad solo 21 de las 500 personas más ricas de Alemania viven en el Este (de las cuales 14 en Berlín) y, a pesar de representar casi una quinta parte de la población, solo una de las 20 ciudades más prosperas del país se encuentra dentro del exenclave socialista (Jena).

ECONOMIA y DESEMPLEO


Como se puede observar, la RDA y RFA siguen existiendo en temática laboral y económica. Alemania Oriental no se ha recuperado de la decadencia de su obsoleto tejido industrial tras la reunificación y no ha captado del mismo modo que su vecina del Oeste las mejoras y avances surgidos en las últimas décadas. Aún a día de hoy, el desempleo en el Este sigue siendo el doble que en el Oeste (12% vs 6,1% en 2015) y, dado el mencionado tejido productivo de ambas regiones y demás factores analizados, no hay perspectivas de cambios reales a corto o medio plazo.

Tras 10.361 días de la caída física del muro, y el reloj del muro puesto de nuevo a cero, se puede afirmar que Alemania ha conseguido la ardua tarea de unir un país con dos modelos económicos antagónicos, así como tener una sociedad cohesionada y fraguar estas dos realidades en una nueva identidad conjunta deseada por ambas partes. No obstante, casi 30 años después del colapso socialista sigue existiendo un muro que separa las formas de vida de ambos territorios y que hace prevalecer viejas costumbres, un muro sociológico y también económico que provoca que una parte importante de la población siga actuando en base a los antiguos patrones, un muro que no va a ser tan sencillo de derribar como su predecesor: el otro muro de Berlín.