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El otro CIS

Más allá del titular que la mayoría de las cabeceras de este país han expuesto en su portada (la subida del PSOE en intención de voto), el barómetro de julio elaborado por el CIS nos ofrece también información relevante sobre otros aspectos del comportamiento electoral nacional.

Para el análisis, cuatro han sido las variables seleccionadas, combinándolas con el recuerdo de voto en las elecciones de junio de 2016: 1) el nivel de polarización, 2) la valoración de Sánchez entre los votantes de UP, 3) la fidelización de los votantes y 4) la opinión de los electores de cada formación sobre el modelo territorial del Estado. Para darle un cariz comparativo, se han buscado los mismos datos para el barómetro de julio del año pasado. ¿Por qué estas variables?

  1. Entendemos polarización como la distancia ideológica que separa a dos actores políticos. En una legislatura con un Congreso tan fragmentado, podía preverse un entendimiento entre fuerzas. En muchos casos, las sesiones parlamentarias han transcurrido entre gritos, insultos y subidas de tono, dificultando el normal proceso legislativo. ¿Las élites del PP y de Unidos Podemos están tan polarizadas como sus respectivos votantes?
  2. Las primarias celebradas el reciente mayo han devuelto la secretaría general a Pedro Sánchez. Después de las primeras medidas del nuevo PSOE (no a los Presupuestos, abstención en la moción de censura y abstención en el CETA), ¿qué valoración recibe entre los electores de Unidos Podemos?
  3. Con el viraje de nuestro sistema de partidos hacia un multipartidismo moderado, una de las preguntas más recurrentes era si la nueva política había venido para quedarse. En otras palabras, si Ciudadanos y Unidos Podemos serían capaces de mantener su bolsa de votantes y evitar posibles fugas. ¿Qué ha sucedido a lo largo de este último año?
  4. El proceso catalán ha activado el eje territorial-identitario. Algunos actores ven en la reforma de la organización estatal una solución para suavizar el clima en Catalunya. ¿Qué posiciones mantienen los votantes de los diferentes partidos? ¿Ha cambiado algo en el último año?

Polarización

De acuerdo con la información extraída en el último estudio del CIS, un 55,3% de los españoles no votaría nunca a la formación fundada por Fraga, siendo el partido que más rechazo suscita entre la población. A muy poca distancia, le sigue Unidos Podemos, con un 54,5%. El PSOE es el más tolerado, pues solo un 35,7% asegura que no le votaría nunca. Ciudadanos entra en la zona caliente. El 45% de los encuestados no votaría jamás a los naranjas.

Si se pregunta por recuerdo de voto, el nivel de polarización emerge con claridad. El 89% de los votantes de Unidos Podemos nunca depositaría en una urna la papeleta del PP. Para el caso de los conservadores, el 86% de su electorado afirma que no apoyaría la formación liderada por Pablo Iglesias en ningún caso. La conclusión es clara. Existen dos identidades políticamente antagónicas, con sus mitos, sus símbolos y sus relatos, reduciendo la capacidad de fijar acuerdos. La distancia no es solo ideológica. Véase la posición de ambos partidos en el conflicto venezolano o en las conmemoraciones de las víctimas del terrorismo.

Aunque el CIS del año pasado no incluyó esta pregunta, Metroscopia si ofreció en mayo de 2016 información al respecto (con un tamaño de muestra más reducido). La empresa demoscópica distinguía entre partidos suaves y duros. En la primera tipología, Ciudadanos y PSOE se mostraban como las formaciones más abiertas a los electorados del resto de competidores. En la segunda, PP y Unidos Podemos se consolidaban como los partidos más detestados.

Es curiosa la trayectoria de Ciudadanos en este sentido. Si en mayo de 2016 era el partido con mayor tolerancia entre el electorado oponente (14%), los datos del CIS apuntan a un cambio de tendencia (con la cautela del tamaño de muestra). Es posible que la política de pactos llevada a cabo con el PP haya impulsado la imagen de ‘marca blanca de la derecha’ en un sector específico de los ciudadanos.

Valoración de Pedro Sánchez entre los votantes del Unidos Podemos

Si el barómetro de julio muestra la subida general del PSOE (a cuatro puntos del PP), además de aumento en la intención de voto en la columna central de la izquierda según autoubicación ideológica, a eso debemos añadirle el ascenso en valoración personal de Sánchez entre los votantes de UP.

En el estudio de julio de 2016, los electores de la formación morada otorgaron al secretario general del PSOE un 3,77 de media. El acuerdo forjado con Ciudadanos parecía distanciar al líder socialista del caladero de UP. Un año más tarde, las cosas han cambiado, pues Sánchez ha conseguido mejorar su prestación personal, consiguiendo una media de 4,46.

El famoso ‘no es no’ acuñado por el equipo de Pedro Sánchez durante las primarias tiene un significado relevante. La convergencia programática entre partidos ha sido señalada por algunos trabajos (Jana Morgan) como uno de los factores que explican la quiebra de los sistemas de partidos. La baza de la ‘alternativa a la derecha’ la jugó Sánchez en el proceso interno del partido, defendiendo un proyecto autónomo y nítidamente de izquierdas, en contraposición con las últimas medidas que acercaban al PSOE a los postulados de la derecha (recortes de mayo de 2010 y abstención frente al segundo gobierno de Rajoy).

Este cambio de estrategia ha sido identificado por los votantes de Unidos Podemos. Veremos si el ascenso es algo coyuntural debido al famoso periodo de gracia que se otorga a los líderes (en Italia, por ejemplo, los gobiernos suelen tener altos índices de popularidad en los primeros meses para luego ver mermado su apoyo) o bien adquiere cierta regularidad. De momento, las relaciones entre el PSOE y UP se han descongelado y hay visos de acuerdo en distintos ámbitos (desempleo juvenil, cambio climático).

Fidelización

El resultado de las elecciones europeas de 2014 anunciaba el desgaste del bipartidismo que sostenía la representación política de nuestro país. La duda residía en si los nuevos actores serían capaces de mantener sus buenos resultados electorales. Ignacio Camacho, columnista de ABC, escribía el día después de las elecciones: ‘’En cualquier caso resulta arriesgado establecer tesis categóricas a partir de una convocatoria electoral que por su propia condición tiene mucho de espejismo sociológico’’.

Al final, el espejismo mutó en pura realidad, y las elecciones generales de 2015 y 2016 confirmaron un escenario multipartidista. ¿Serían eficaces Unidos Podemos y Ciudadanos a la hora de consolidar una bolsa de votantes? De los datos del CIS se desprenden datos interesantes, en comparación con el publicado un año atrás.

En julio de 2016 el Partido Popular era la formación que más lealtad aglutinaba, pues un 87% de sus votantes no tendría inconvenientes en volver a hacerlo. Esto ha sido considerado por los analistas como un activo de los conservadores: la existencia de un electorado poco amigo de los vaivenes de la volatilidad electoral. Un año más tarde, los populares se desploman más de 10 puntos: solo un 73,8% de los votantes del PP repetirían elección en una nueva cita. Veremos si este descenso se traduce en movimientos interpartidos, previsiblemente hacia Ciudadanos.

El dato más sorprendente es el que ofrece Unidos Podemos. Se convierte en el partido con el electorado más fiel (78,6% de sus votantes repetiría papeleta). Si lo comparamos con el barómetro de julio de 2016, la subida es de casi 20 puntos (60,7%). Llama la atención que ninguno de los cuatro grandes partidos consigue superar la barrera del 80%, dibujando una cierta reticencia de los españoles a identificarse plenamente con los partidos políticos. En el caso del PSOE, los datos del CIS delinean una lealtad ‘flexible’. El 74, 6% de sus votantes optaría de nuevo por Sánchez, constatando una caída si tomamos como punto de referencia julio de 2016 (83,9%). Nunca ha sido el fuerte del PSOE. Hace exactamente 10 años, cuando todavía los efectos de la crisis económica no se habían hecho notar, la fidelidad apenas alcanzó el 61%, revelando un electorado nada encapsulado.

Ciudadanos sigue sin mejorar sus prestaciones en este apartado. Solo 7 de cada 10 votantes de C’s repetirían voto en una hipotética consulta electoral, cuando hace un año lo harían casi 8 de cada 10. Su gran debilidad (véanse los flujos de voto entre el 20-D y el 26-J).

Preferencias sobre el modelo territorial

Respecto a las preferencias del modelo territorial del Estado, el CIS describe tres espacios. El primero formado por los votantes de C’s y PP, que defienden posiciones más o menos centralistas (la existencia de un solo Gobierno/ devolución de competencias autonómicas). La suma de estas dos opciones recibe un 48, 7% de apoyo entre los electores conservadores y un 47,6% entre los centristas. Nada nuevo. Ciudadanos nació en Cataluña con la vocación de ser el partido hegemónico de centro-izquierda no independentista. Su leitmotiv ha sido, desde 2006, la defensa de la unidad de España y la negación de la dicotomía español-catalán. En comparación con el año pasado, el electorado de Ciudadanos se ha vuelto más centralista (48,6%) y menos defensor del Estado autonómico (37% frente a 39%). De acuerdo con los datos disponibles, se perfila un bloque, conformado por PP y C’s, muy reticente y/o crítico a cualquier reforma que mejore el autogobierno de las comunidades.

El segundo espacio lo ocupa el PSOE. La mayoría de su electorado (55,2%) se decanta por un Estado de las autonomías tal y como lo conocemos. Sin cambios. Si lo comparamos con 2016, encontramos información contradictoria. De un lado, los votantes defensores del status suben cinco puntos (50% vs 55%), pero al mismo tiempo se observa un ascenso de los votantes federalistas (11% vs 17%). Se advierte una competición interesante en este campo entre Unidos Podemos y el PSOE, pues uno de los puntales de Sánchez durante las primarias ha sido el formalizar constitucionalmente las particularidades de las naciones históricas.

Éste último, el federalismo, dibuja el tercer espacio. Los votantes de Podemos son los más proclives a otorgar mayor autonomía a los CCAA (un 22,8%), aunque la posición mayoritaria es la de mantener la organización territorial tal y como está (34,7%). Uno de los éxitos de la formación morada ha sido la de conjugar la implantación estatal del partido con un discurso marcadamente plurinacional.

Enrique Clemente Yanes

Enrique Clemente Yanes

Politólogo. Interesado en el estudio de los procesos de construcción nacional, colaboro con el Departamento de Historia del Pensamiento Político en la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM.

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