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Una oportunidad para Europa

Probablemente a estas alturas sea prescindible empezar introduciendo la difícil situación que vive la Unión Europea. La crisis de los refugiados y la aparente incapacidad de las instituciones europeas por manejarla, el ascenso de los populismos y la salida del Reino Unido hacen pensar en el fin del proyecto común. “La UE va a ser destruida por la extrema derecha” sentencian. Y posiblemente tengan razón, aunque probablemente se equivoquen.

El objeto de estas líneas será plantear un escenario donde la Unión Europea, de saber aprovechar las oportunidades brindadas, saldría reforzada.

En los manuales más básicos de economía se explica que el empresario busca obtener los máximos beneficios con los factores dados y busca la manera de mejorar su margen de beneficio. Por fortuna para la Unión Europea esto no es siempre cierto. La literatura ha demostrado cómo la mayoría de las empresas 1) no siempre buscan mejorar su actual eficiencia incluso siendo posible y 2) no siempre buscan el máximo beneficio sino uno suficiente para satisfacer sus necesidades. Debemos aceptar que las personas somos conformistas en demasiadas ocasiones.

Hirschman, en su libro Salida, Voz y Lealtad, comienza haciendo una vista de pájaro a la literatura sobre una cuestión a la que no dedica muchas más páginas en esa obra: la ineficiencia de las personas. La conclusión es que, cuanto más riesgo corramos de ser dañados o incluso de desaparecer (una empresa, un sistema político, o una persona), más eficientes tenderemos a volvernos.

Una empresa puede producir de la misma forma durante décadas un mismo producto mientras obtenga beneficios. Puede que use materiales caros y no tan buenos como otros más baratos, o que su atención al cliente sea mala. Pero, a pesar de que haciendo las cosas de otra forma podría ganar más, el hacerlo así no supone que desaparezca la empresa puesto que obtiene beneficios. Si un día le surgiera un competidor que usase otros materiales mejores y vendiese el mismo producto más barato con mejor atención al cliente, la primera empresa se vería obligada a mejorar o simplemente desaparecería ante la ausencia de clientes.

Observamos cómo las condiciones adversas incentivan al ser humano a usar toda su capacidad y buscar formas de mejorar su eficiencia. Además, recordamos que el ser humano en condiciones favorables no siempre emplea al máximo sus capacidades actuales ni desarrolla las futuras.

Si unimos ambas afirmaciones, la falta de suficientes incentivos para mejorar en situaciones favorables y los incentivos para mejorar al someterse a un riesgo, podemos sacar la conclusión de que las condiciones adversas pueden ser beneficiosas, al menos en el largo plazo y a costa de un riesgo.

La importancia de esta idea es estudiar si los cambios provocados por las circunstancias adversas se mantienen cuando éstas desarparecen. Si estos cambios se mantuviesen, podríamos determinar que la aparición de las condiciones adversas, lo cual era tomado en principio como algo negativo, habría resultado positiva para el sistema. Es decir, si después de la aparición del competidor que hizo a la empresa mejorar su forma de organizarse o descubrir mejores materiales para sus productos, éste desapareciese y la primera empresa mantuviese las mejoras que se vio obligada a introducir, obteniendo ahora mayores márgenes de beneficios y ofreciendo mejores productos a la sociedad, podríamos determinar que la aparición de un competidor ha supuesto una suerte, no sólo para los consumidores, algo ya aceptado en la literatura económica, sino también para la propia empresa.

No obstante, la teoría del incentivo de las condiciones adversas debe ser matizada por dos causas.

La primera es que a veces tendemos a hiperracionalizar al ser humano. Puede que una empresa necesite introducir cambios para sobrevivir, y esto supone un gran incentivo para realizar estos cambios, pero no implica que necesariamente los vaya a realizar.

La segunda se dará cuando, aun teniendo la voluntad de introducir cambios, la empresa no sea capaz de encontrar la mejora necesaria para que sus productos vuelvan a ser competitivos.

¿En qué medida afecta esto a Europa?

Como he comenzado introduciendo, sobra explicar las condiciones adversas a las que se enfrenta la Unión Europea. Creo que también sobra explicar cómo, mucho antes de la crisis de refugiados, Trump, Brexit y derivados, la UE ya actuaba en muchas ocasiones de forma ineficiente.

La idea planteada es si la amenaza a la que se enfrenta la Unión Europea, que pone en peligro su existencia, puede llegar a convertirse en algo positivo.

Antes de la crisis política, la Unión Europea parecía ser una realidad asumida por sus dirigentes. Esto tiene dos lecturas. Por una parte, había un amplio consenso sobre el apoyo a la existencia de la UE por parte de los gobiernos, pero por otra no entendían que tuvieran que realizar cambios para mejorarla. Podríamos pensar que, como el empresario conformista, los dirigentes pensaban que la UE funcionaba bien y por ello no hacía falta mejorarla. Sin embargo, muchos vemos la Unión Europea como un gran proyecto inacabado que, de dejarse a medias, puede traer consecuencias desastrosas que empeoren la situación inicial. La soberanía retirada de los parlamentos nacionales sin crear un sistema verdaderamente representativo a nivel estatal, una unión monetaria que quita flexibilidad sin estar acompañada de una unión fiscal y un sinfín de ejemplos similares evidencian esta teoría.

La crisis económica mermó de forma considerable la confianza en la UE. La desconfianza política llegaba también a los parlamentos nacionales donde en cada elección se reducía la participación de forma sistemática y las instituciones nacionales cada vez eran peor valoradas. En palabras de Mair, a la par que las élites se alejaban de la ciudadanía, la ciudadanía se alejaba de las élites y de la democracia representativa. Había ausencia de un demos europeo tan necesario para la creación de una identidad nacional. Muy pocos eran los defensores del proyecto europeo y mucho sus detractores. Antes del ascenso de Le Pen y de la aparición de Wilders, la UE estaba encarrilada a su fin.

Entonces apareció el populismo de extrema derecha con un mensaje claro: destruir la Unión Europea. Por si no fuese suficiente su advertencia, Reino Unido votó ante la incredulidad de Europa su salida del proyecto común, y el otrora aliado al otro lado del Atlántico se convirtió en un enemigo con un crío en la Casa Blanca fotografiándose con todos los enemigos de la Unión. Y entonces el mensaje caló.

Pero la aparición de una amenaza tan real de que Europa se desmembrase de este a oeste provocó una respuesta por parte de sus defensores. Tras el anuncio de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, de la sociedad civil emergieron movimientos en su defensa por todas las capitales europeas, como Pulse of Europe, ciudadanos reuniéndose y manifestándose en defensa de la unión europea. Pareció ser necesaria la salida del Reino para que los líderes de las grandes potencias se reunieran para defender el proyecto común, primero en la isla de Ventotene con Alemania, Francia e Italia, y luego en Versalles con la participación de España.

Pero antes de que las élites políticas reaccionasen, habían surgido ya movimientos proeuropeos que, frente a los partidos tradicionales, se erguían como la verdadera alternativa a los partidos xenófobos. Las elecciones en los Países Bajos fueron el ejemplo de cómo, ante la amenaza de un partido radical, la erosión del apoyo a los partidos tradicionales se produjo en gran medida a favor de nuevas alternativas que defendían programas más europeístas, como los verdes o los liberales. Podemos decir que la aparición del partido radical en los Países Bajos tuvo como consecuencia un parlamento más europeísta que el anterior. No sólo eso, sino que la participación electoral rompió récords en décadas, lo cual es algo a celebrar por los defensores de la democracia.

Las dos próximas citas electorales, tanto en Francia, presidenciales y legislativas, como en Alemania, girarán en torno a Europa: proeuropeos frente a extrema derecha. Si los primeros volviesen a vencer, si Europa volviese a ser el objetivo primordial de los gobiernos europeos gracias a la aparición de partidos xenófobos, podríamos decir que el proyecto europeo ha sido relanzado por aquellos que pretendían destruirlo.

Quién sabe si en un futuro tendremos que incluir a Le Pen junto a nombres como Schuman o Monnet al hablar de los Padres de la Unión Europea.