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El feminismo del Partido Popular

Si tuviésemos que hacer una lista de los imputados por corrupción del Partido Popular tan sólo en los últimos 5 años es probable que necesitásemos para elaborarla una larga tarde de domingo, un cuaderno sin estrenar y un bolígrafo. Mejor dos. De tan vergonzoso e interminable listado, donde aparecen los pomposos nombres de Acebes, Rato, Fabra, Bárcenas, Matas, sale a relucir no obstante un dato muy llamativo: una aplastante mayoría, un resultado estalinista de 90 y pico por cierto son hombres (1). ¿Dónde están las mujeres corruptas? De esta pregunta pueden surgir otros interrogantes ¿Son las mujeres menos corruptas? ¿Son más cuidadosas para que no huelan estas cosas? ¿Tienen un mismo acceso a la corrupción?

En cualquier caso, la participación política de las mujeres en procesos internos y externos de los actuales partidos como el PP es bastante alto, cuanto no oficialmente sobredimensionado en cuanto a cuestiones cuantitativas y formales (obviamente las cuestiones cualitativas, como el empoderamiento de la mujer es algo complicado de medir y más propenso a descompensarse). De hecho estamos en una época de tipos-Thatcher españolas cuyos exponentes serían Esperanza Aguirre, Cifuentes, Cospedal, Soraya, Sánchez-Camacho… A menudo parace incluso que ellas sean quienes de verdad llevan las riendas del partido, y no el desaparecido Rajoy o los torpes Fabras.

En la teoría feminista contemporánea se establece una divisón jerárquica generada por el patriarcado entre dos esferas que ocupan diferenciadamente los dos sexos: la esfera pública y la esfera privada. Esta primera esfera sería la tradicionalmente esfera masculina del poder público y político, la del trabajo fuera de casa (porque el trabajo doméstico es trabajo, sin remunerar, pero trabajo) y la que ofrece oportunidades de prestigio, poder y dinero. La esfera privada sería en cambio la impuesta a las mujeres, basada en el trabajo doméstico, los cuidados, la dependencia de la otra esfera y, si eso, una interconexión con otras esferas privadas (reunión de mujeres, que no podría llamarse “espacio público”) o una administración del dinero destinado al consumo del hogar.

Es aquí donde entra el Partido Popular, heredero del franquismo cultural, del nacional-catolicismo y de los valores que más operan en esta división patriarcal, a subvertir los esquemas y estereotipos que tenían reservado una imagen acorde a la división sexual del trabajo en el partido. ¿Qué ocurre con esta división en el seno del Partido Popular? El ejemplo de la corrupción es tal vez el más ilustrativo: los hombres se han relegado a un lucrativo y privado segundo plano alejado de la vida pública, donde administran las cuentas del hogar, donde se dedican a tareas internas del partido y parecen dejar las tareas públicas asociadas al prestigio, a la imagen y al poder (no económico, claro, que se lo quedan ellos) para las mujeres del partido. ¿Estará el Partido Popular en la vanguardia de la lucha feminista en España con esta fuerte división invertida, que mantiene en el hogar a los hombres y en la vida pública a las mujeres?

Nótese el tono irónico de las interrogaciones. Ni siquiera en el Gobierno actual (donde solo 5 de las 17 personas que han pasado por él son mujeres), como tampoco en el Comité Ejecutivo Nacional del PP se llega a un mísero 35% de proporción femenina. En cuanto a los presidentes autonómicos, los números son parecidos: de 19 presidencias, 5 son mujeres (2). Ni siquiera los números oficiales, es decir, la cuestión formal que es la más fácilmente realizable, se cumple. Cuando metemos otros factores discrimintativos, como los techos de cristal o los suelos pegajosos, y nos fijamos en el empoderamiento y responsabilidad de las mujeres, la suposición ácida que hemos planteado se esfuma instantáneamente.

No obstante, dos hechos son empíricamente contrastables: el Partido Popular está potenciando a algunas mujeres de su partido en la esfera pública dotándolas de instrumentos de prestigio y poder y por otro lado está excluyéndolas de las actividades de corrupción y tareas internas. Si cruzamos la proporción mujeres/hombres en las altas y medias esferas del partido con la proporción mujeres/hombres imputadas en casos de corrupción, se produce un diferencial significativo que nos hace pensar en la existencia de prácticas o dinámicas internas que excluyen a la mujer de los repartos en B y demás corruptelas. La causa que subyace es mucho menos hilarante de lo que se planteaba al principio. De lo que se trata es de un diferencial en cuanto a acceso al poder económico (que en los partidos políticos, una de sus variantes más cuantiosas es la corrupción), es decir, de otra discriminación más hacia la mujer. (4)


  1. Podemos encontrar listados de imputados del PP por corrupción en muchos lugares, entre ellos: http://www.bolsamania.com/noticias/politica/la-lista-del-pp-de-imputados-por-corrupcion–612071.html, http://es.slideshare.net/LVAROSNCHEZSNCHEZ/listado-de-polticos-del-pp-imputados-y-condenados-por-corrupcin o http://wiki.nolesvotes.org/wiki/Corruptódromo

  2. Datos oficiales de su web: http://www.pp.es/actualidad-noticia/miembros-del-comite-ejecutivo-nacional

  3. Sobre el techo de cristal y el suelo pegajoso y teoría feminista en general: https://generoyeconomia.wordpress.com/2009/04/30/entre-el-techo-de-cristal-y-el-suelo-pegajoso/

  4. Para un análisis serio de las políticas públicas de género del PP en el Gobierno, en comparación al PSOE y otros partidos, véase el trabajo de Antonia María Ruiz Jiménez de la Fundación Juan March: http://digital.csic.es/bitstream/10261/2112/1/01-03.pdf

Fidel Oliván Navarro

Fidel Oliván Navarro

(Zaragoza, 1993). Politólogo y sociólogo por la Universidad Carlos III de Madrid. Investigador en Fundación RAIS. Promotor y coordinador de un proyecto de intervención social a través del boxeo.

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