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El desarrollo: ¿al servicio del feminismo?

Cuando hablamos de feminismo en general es fácil perderse en la noción de que el feminismo tiene un único objetivo dirigido solo a nuestra sociedad; la variante internacional del feminismo es fácil de olvidar, ya sea porque obviamos esa parte o la desconocemos al no tenerla cerca. Pero el feminismo debe ser un movimiento clave en otras zonas del mundo. Tiene importantes responsabilidades dentro del desarrollo de países y sociedades ajenas a la nuestra, especialmente aquellas en que el patriarcado a todos los efectos sigue siendo una fuerza muy presente, dominante y no ha sufrido erosión alguna.

Para poder entender mejor qué sociedades son esas que necesitan al feminismo de forma estructural en sus procesos de desarrollo, las definiremos como «sociedades tradicionales no industrializadas» o «en proceso de industrialización». La situación social de la mujer en estos países y sociedades difiere enormemente, y puede existir una dominación del hombre que varíe de mínima, como en el caso de los Inuits, a total, como sucede en Arabia Saudí o en las tribus de indios Yanamamö. Esto nos hace darnos cuenta de cuán heterogéneo es el grupo de sociedades en desarrollo y cuánto lo serán las vías para poder alcanzar la igualdad en esos países. Aun así, podemos encontrar teorías de por qué esta dominación masculina se halla incluso en sociedades más tradicionales y mucho menos desarrolladas. Podríamos teorizar que la división de trabajo se basa en que el concepto de propiedad favorece a aquellos que tienen mayor movilidad: los hombres (al no cargar con la responsabilidad de los hijos), teoría bastante consistente con otros conceptos económicos de género como la brecha salarial.

Sabemos que los tiempos cambian y las dinámicas económicas y sociales también. La dominación del patriarcado no es perpetua pero los efectos del desarrollo en los problemas de género son muy dispares. Por ejemplo, si centráramos el foco sobre la subcontratación en México, (ese proceso en el que multinacionales de todo tipo trasladan la producción de sus empresas a países en desarrollo para reducir costes tanto de transporte como salariales o incorporarse a un nuevo mercado), vemos que está resultando tremendamente beneficiosa para las mujeres [1]. Habitualmente subcontratar también implica problemas sociales: Las multinacionales rara vez otorgan derechos laborales a sus trabajadores fuera del primer mundo. Como consecuencia del proceso de subcontratación hombres de mayor salario son sustituidos por mujeres de menor salario, trabajadoras mucho más atractivas para las empresas ya que son más pacientes, exigen menos días libres y son menos costosas. Este proceso, que en primera instancia parece negativo, ha permitido a la mujer mexicana obtener poder de mercado, al ser vista como más valiosa, logrando que a lo largo del tiempo ese salario inicialmente bajo alcanzara estándares más altos, visibilizando a la mujer como la mano de obra de alta calidad que es en México dentro de las manufacturas.

Cambiando el foco a la industria textil India, encontramos una situación de exclusión total para la mujer. La política colonial británica, proteccionista desde 1912, prohibió a mujeres y niños trabajar en fábricas textiles. Esto afianzó la idea en la sociedad de que el trabajo de fábricas no era beneficioso para la mujer ya que perjudicaba a la familia y los niños. Tras la independencia, las nuevas fábricas textiles se instalaron principalmente en las ciudades. El éxodo rural, como suele ser habitual, lo lideran aquellos individuos con mayor movilidad: los hombres. Así, a la hora de contratar en las fábricas, toda la plantilla resulta ser masculina. Este alejamiento de la mujer de los medios tecnológicos, sumado al prejuicio creado en la época colonial, provoca que la mujer dentro de la industria textil india sea una rara avis [2] –a pesar de que en el siglo XVIII fueran mayoría y contaran con un sistema fijado en el Arthashastra, desde el siglo V antes de Cristo, que les garantizaba no solo el mismo salario que los hombres sino también condiciones laborales que impedían cualquier tipo de acoso y abuso.

El desarrollo también puede destruir estructuras antepuestas a los patriarcados. Otro caso íntimamente ligado al éxodo rural es el de Kenia [3]. Los núcleos familiares rurales en Kenia son principalmente matriarcales: entre un 60% y un 80% de las familias están encabezadas por una matriarca y esto precisamente ha provocado el empeoramiento relativo de las condiciones de la mujer. Es el hombre el que tiene incentivos para emigrar a la ciudad, consiguiendo un mayor salario en el proceso, al no tener la responsabilidad de liderar la familia ni la posibilidad de heredar ese liderazgo. El hombre no está atado a la familia, mientras que la mujer a pesar de tener la posición de poder sí está atada, impidiendo la mejora de sus condiciones, lo cual perjudica mucho la posición de la mujer keniata.

Con estos ejemplos quiero ilustrar que el desarrollo puede traer mayor igualdad de género, pero también puede traer una mayor desigualdad. Cada país y sociedad es diferente y en temas de desarrollo el contexto es clave. No podemos pensar que el desarrollo es una panacea en materia de género, únicamente porque desde nuestra perspectiva veamos en nuestra sociedad más igualdad que en otras. El desarrollo económico no siempre viene de la mano del desarrollo social. Aún así, hay propuestas y políticas de posible aplicación en cualquier país y sociedad que garantizan una mayor igualdad de género al menos en el reparto económico, lo que puede dar lugar a un aumento del poder de negociación social y a la posibilidad de una mejora de las condiciones de la mujer.

La primera de estas políticas consiste en garantizar el acceso a la educación: no es ninguna novedad sugerir que gran parte del desarrollo de un país proviene de la educación que la población recibe, y además hay pruebas de que los beneficios que la mujer recibe en el acceso a la educación son mayores en su caso que en el del hombre, ayudando a reducir las diferencias de género[4][5][6].

La segunda es obligar a las empresas a tener horarios flexibles de trabajo: esto reduciría la ventaja competitiva del género masculino a la hora de encontrar trabajo y mantenerlo, favoreciendo la igualdad y reduciendo el perjuicio laboral que supone tener un hijo para las mujeres. Una alternativa menos intervencionista a esta política sería potenciar aquellos sectores que tienen más facilidad para ofrecer horarios flexibles de trabajo, como, por ejemplo, el montaje de productos electrónicos.

También es conveniente la abolición de toda ley que impida a las mujeres trabajar en ciertos sectores o ser propietarias de ciertos bienes: ya vimos las consecuencias de una política así en el ejemplo del sector textil indio. Además, el impedimento de poseer determinados bienes como la tierra resulta ser un fuerte freno al desarrollo y las condiciones de la mujer. Este último ejemplo es increíblemente relevante considerando la influencia de las reformas agrarias en el desarrollo [7][8].

Otra medida es el acceso al aborto de forma segura y gratuita: aunque difícilmente aplicable a países de escaso desarrollo económico, se trata de una asignatura pendiente en muchos países en vías de desarrollo (y del primer mundo). América Latina especialmente debería dar pasos hacia delante en esta materia. [9]. Hay una relación causal demostrada entre acceso al aborto y reducción de la pobreza[10]. Un hijo es una carga tremendamente grande para una mujer, limitando su movilidad en gran medida e impidiendo el acceso al mercado laboral, lo cual disminuye la igualdad de género y perpetua la pobreza de forma muy aguda.

La última consistiría en potenciar los sistemas de microcréditos: ya siendo per se un fuerte instrumento para el desarrollo de la estructura económica de una región, los sistemas de microcréditos tienen un claro beneficio para las mujeres. Hasta un 90% de los clientes de microcréditos del Grameen Bank, paradigma de la microfinanciación, son mujeres que quieren empezar su propio negocio. Esto es así ya que las mujeres son menos capaces a la hora de conseguir préstamos de sus familias o bancos; un microcrédito, al tener más garantías de devolución, les facilita enormemente el acceso a la liquidez necesaria para empezar un negocio [11][12].

Conforme la inexorable marcha del progreso llega a los países no desarrollados y en desarrollo, la pregunta de si este proceso mejorará la situación de la mujer queda abierta. Es responsabilidad de los legisladores, las empresas, los filántropos y las organizaciones internacionales aplicar o no las medidas necesarias para garantizar una mayor igualdad. Las organizaciones internacionales como la Unión Europea, y los estados donantes de ayuda financiera, deberían condicionar más duramente las ayudas al desarrollo a estas medidas (o a otras más específicas, ya que como se ha mostrado el contexto importa enormemente) para poder garantizar el justo desarrollo en otras zonas del mundo. Si no tomamos medidas ahora hacia la igualdad, las consecuencias podrían perdurar durante siglos, y ése es un legado que no nos podemos permitir dar en herencia al futuro.


  1. Lourdes Beneráia, "Gender and the Dynamics of Subcontrating in Mexico City". Gender in the workplace, eds. Clair Brown and Joseph A. Pechman (Washington, D.C.: Brookings Institution, 1987): 159-188.

  2. Mira Savara, Changing Trends in Women´s Employment: A case Study of the Textile Industry in Bombay (Bombay, India: Himalaya Publishing House, 1986).

  3. Jaqueline Agesa & Richard U.Agesa, "Gender differences in the Incidence of Rural to Urban Migration: Evidence from Kenya" Journal of Develoment Studies 35, no. 6 (August 1999): 36-58.

  4. World Bank, World Development Report 1991: 50. Nota final 70 del capítulo 6.

  5. Kristin Mammen & Christina Paxson, "Women´s Work and Economic Development," Journal of economic Perspectives 14, no.4 (Fall 2000): 141-164

  6. Rodger Doyle, "Leveling the Playing Field: Economic Develoment Helps Women Pull Even with Men

  7. Bina Agarwal, A Field of One´s Own: Gender and Land Rights in South Asia (Cambridge, U.K.: Cambridge University Press, 1994).

  8. Carmen Diana Deere & Magdalena Leon, Empowering Women: Land of Property right in Latin America (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2001)

  9. Marta Llamas, "El aborto en la agenda del desarrollo en América Latina" Perf. latinoam. vol.16 no.31 México ene./jun. 2008

  10. Reuters: Denial of abortion leads to economic hardship to low income women.

  11. Sharon L. Holt and Helena Ribe, "Developing Financial Institutions for the Poor and Reducing Barriers to Access for Women," World Bank Discussion paper no.177 (1991)

  12. Anne Marie Goetz and Rina Sen Gupta, "Who Takes the Credit? Gender power and Control over Loan Use in Rural Credit Programs in Bangladesh," World development 2, no.1 (January 1996): 45-63.

  13. Joyce P. Jacobsen, "The economics of Gender" Blackwell Publishing. Third Edition 2007.

Ivan Logrosán Tercero

Economista con un sentido del humor lejano de la moral. Pretendo descubrir como este mundo nuestro funciona artículo a artículo. Tengo dos aficiones: La música y los videojuegos orientales.

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