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El camino de la libertad (I)

“A liberal is someone too broadminded to take its own side in a quarrel” La frase de Robert Frost puede recibir muchas interpretaciones. Desde la apertura de mente de los liberales y su posibilidad de distinguir entre lo justo y lo bueno hasta el vacío de contenido de una ideología excesivamente dúctil, capaz de integrar todo género de respuestas a las preguntas de la teoría política. ¿Qué es el liberalismo?, ¿quiénes son los liberales?

Si observamos la serie de autoidentificación ideológica del CIS desde 2011 vemos que la definición como liberal se mantiene entre un 11 y un 14 por ciento de los encuestados, hasta una caída hacia el 9,5% en el último año. Esa cifra se corresponde, aproximadamente, con el porcentaje de voto típico de los partidos liberales en la actualidad, aunque, evidentemente, no se concentra en una sola formación. Siguiendo la preelectoral del CIS de las elecciones del 20D Ciudadanos y UPYD tenían la mayor proporción de liberales en sus filas…pero IU, PSOE, PP Y Podemos contaban con entre el 7 y el 13% de ellos entre sus hipotéticos votantes. Tras las del 26J la mayoría se había quedado en el PP y en Ciudadanos…pero con un 16,8% de los mismos en Unidos Podemos y casi 10 en el PSOE. Las múltiples caras del liberalismo de nuevo a escena.

Por supuesto debemos distinguir entre el liberalismo académico y el concepto que se maneja a la hora de responder la pregunta. Cuando uno se identifica como liberal puede serlo tanto en lo económico como en lo civil como en una actitud hacia la vida tendente a desafiar las tradiciones. Y es precisamente esa ambigüedad la que hace que la distinción entre el academicismo y la variable de las encuestas no sea tan precisa como debiera. Duncan Bell cita una frase de Judith Shklar al respecto: “Overuse and overextension have rendered it so amorphous that it can now serve as an all-purpose Word, whether of abuse or praise”

Aunque la palabra “liberal” proviene de los revolucionarios españoles que en 1812 se dotaron de una Constitución lo cierto es que el término suele remontarse, en una genealogía histórica, a Locke y Adam Smith como dos de las almas fundadoras. Junto con ellos se ha incluido a Kant, a los levellers ingleses, a ilustrados franceses y a toda una panoplia de pensadores, haciendo buena la frase antes citada. Para tratar de definir el campo liberal de principios del Siglo XIX, cuando la ideología realmente comienza a tomar cuerpo político a partir, eso sí, de muy variadas fuentes y siempre fundamentándose en la racionalidad, la igualdad de derechos y la libertad económica frente a las ataduras estamentales y gremiales del Antiguo Régimen, tomaremos la frase de Harold Laski: “El liberalismo era la ideología de la oposición y la destrucción”

Y a buen seguro que durante sus primeras décadas de existencia lo fue. Tenía como objetivo derruir todo aquello que había hecho, en su opinión, del Antiguo Régimen un orden contrario a los derechos inalienables del hombre: la falta de representación, el sometimiento de la burguesía, la falta de libertades civiles y económicas. Sin embargo toda labor de demolición conlleva una construcción, y ahí comenzaron los problemas. ¿Qué hacer con la religión? Si el anticlericalismo había sido la bandera del liberalismo en sus primeras etapas luego supuso una división entre moderados y exaltados (por usar la terminología española), ¿y el sufragio?, ¿y las guerras? La Escuela de Manchester, dirigida por Richard Cobden, abogaba por el fin del imperialismo y por la extensión del libre comercio por todo el planeta, mientras que los orleanistas franceses viraban hacia el conservadurismo en el continente. Así se abrieron las primeras brechas del consenso liberal y se multiplicaron sus corrientes.

Sería en el Reino Unido donde surgiría el desafío más importante al liberalismo clásico dentro de la propia ideología en la forma del “New Liberalism” anunciado por Stuart Mill y predicado posteriormente por T.H Green, John A. Hobson o Hobhouse (Cuyo libro-Liberalismo- es un cántico a un nuevo modelo de sociedad más orgánica, a la redistribución e incluso al reconocimiento nacional para Irlanda). Sus alianzas con el obrerismo y su reformismo hicieron al partido liberal una vanguardia en la Europa de la época, pero la división suscitada por el problema del Home Rule Irlandés y la Guerra Mundial socavaron sus esperanzas.

Los conflictos mundiales supusieron el certificado de la destrucción política de la predominancia liberal que ya se había larvado en las anteriores décadas (lo trataremos en futuros artículos) pero no el fin del debate sobre el contenido de la ideología. Al New Liberalism y los problemas de la socialdemocracia contestaría Hayek (Road to Serfdom), abriendo el camino para un grupo de pensadores contestatarios con el desarrollo del Estado de Bienestar, temiendo que un excesivo intervencionismo pudiera llevar a sistemas totalitarios.

La disputa entre ambas corrientes alcanzaría una cima intelectual con la publicación en 1971 de la Teoría de la Justicia de John Rawls y en 1974 de “Anarquia, Estado y Utopía” de Robert Nozick. La discrepancia entre liberalismo igualitario y libertarianismo se acrecentaba, y el propio Rawls excluiría, en sus `lecciones de Historia de la filosofía política a los libertarios de la categoría de liberales. Las posturas de ambos se irían matizando ante el ataque de los críticos, pero desde la revolución que supuso el libro del primero todo se ha mantenido en términos similares sin poder dar respuesta a la pregunta: ¿qué defiende el liberalismo?

Creo que, por lo antes dicho, queda claro que responder a esa pregunta de forma tajante es imposible. El liberalismo ha defendido derribar y ha defendido construir, ha querido apartar al Estado y ha sabido incluirlo y hacerlo crecer, ha sido internacionalista pero también ha pugnado por el reconocimiento nacional. Y, pese a todo este compendio de pensamientos aglutinados que parecen difuminar sus fronteras y hacer que verdaderamente no defienda nada, hay un principio que subyace a todas las teorías liberales, desde la más igualitaria hasta la menos estatista: la defensa de la libertad.

*“Primer principio de justicia: el máximo esquema posible de libertades compatible con el esquema de libertades de otros”

**Sobre esto hablaremos en próximos artículos.

Tirso Virgós Varela

Tirso Virgós Varela

(Ferrol, 1993) Derecho y Políticas por la UC3M, European Politics en Oxford. Liberalismo, federalismo e historia de las ideas. Hablo europeo en la intimidad.

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