TodЛs somos políticЛs. TodЛs hacemos política.

Antes de verano publiqué un primer artículo acerca del mito relativo a las pensiones que defiende que “hay que trabajar más porque vivimos más”. Pero como vimos ya en tal artículo, la esperanza de vida como indicador sociodemográfico es de hecho bastante problemática para ser tomada como referencia para la edad de jubilación, debido a (1) la manera en que se calcula, (2) su independencia del buen estado de salud y (3) las desigualdades (de clase y de género) que se pueden dar tanto en tal indicador como en el buen estado de salud de los individuos.

Con la misma perspectiva “desmitificadora”, en este artículo quisiera comentar el mito que defiende que «España se va a convertir en un geriátrico». Como habrá notado el lector, esta idea se plantea constantemente, de manera más o menos alarmista, en artículos periodísticos, tertulias televisivas al uso, conversaciones informales, etc. Todos hemos oído alguna vez comentarios apocalípticos acerca del número de pensionistas por trabajador que habrá en 2050 y estadísticas de este género, como si fueran cifras absolutamente inevitables, un futuro colectivo ineludible y catastrófico —los «España tendrá…» y «en España habrá…» circulan por doquier. Un buen ejemplo sería un artículo como éste que compara la situación de España y las pensiones con el hundimiento del Titánic, y añade, para dar nombre al mito, que España se está convirtiendo en «un geriátrico». Pero en realidad, y aunque el envejecimiento de la población es algo seguro, hay formas de moderar los efectos de tal envejecimiento para que no sea tan contundente. Considérese para una tasa de dependencia, que se calcula como número de pensionistas/población activa o afiliados a la Seguridad Social (SS): tal tasa es la que nos interesa para tratar con un sistema de pensiones de reparto [1]. El número de pensionistas futuros es ineludible, debido a la jubilación en masa de la generación “baby boom”; pero se pueden hacer políticas destinadas a aumentar la población activa y compensar así, al menos en parte, tal aumento de los pensionistas. Así pues, a continuación comentaré algunas de estas posibles políticas.

1. Favorecer la inclusión femenina en el mercado laboral. España es, junto al resto de países del sur de Europa, un país históricamente conservador, con la imagen de la familia que ello implica. Históricamente, pues, la mujer se ha visto mayoritariamente limitada a encargarse de las tareas domésticas y de cuidados, y ello ha conllevado importantes consecuencias de largo alcance, como que (a) las mujeres no cotizaran a la SS por su trabajo (pues, aunque lo sea, éste no se considera oficialmente como tal, por lo que ni se cobra ni se cotiza) y (b) que tales labores permanecieran en la economía sumergida, no como actividad económica común, sujeta a impuestos  y regulaciones. Así, la inclusión de la mujer en el mercado laboral tiene ese doble efecto de aumentar la población activa (oficial) y de disminuir la economía sumergida, pues «las mujeres, al insertarse en el mercado laboral [2], externalizan trabajos que antes realizaban ellas (lavanderías, cuidado de familiares dependientes)» (Callao y Recuenco, 2011).

Y es que, aunque la situación haya mejorado, la tasa de actividad femenina es aún notablemente más baja que la de hombres: en 2016, según datos de Eurostat, la tasa de actividad era del 73,7% para mujeres de entre 20 y 64, y del 84,6% para hombres de la misma edad: casi 11 puntos de diferencia. Los últimos datos disponibles del INE, del último trimestre del 2017, informan que en España hay cerca de 2.150.000 mujeres de entre 20 y 64 años inactivas a causa de que se dedican a las tareas del hogar (para hacernos una idea, el mismo dato en hombres es de 350.000). Esto ocurre sobre todo con mujeres de 30 años o más, como se puede apreciar en la Tabla 1.


Posiblemente la mejor manera de promover la inclusión de la mujer en el mercado laboral sea que el Estado aumente sus políticas de apoyo a las familias, pues cuando haga esto las mujeres que tradicionalmente se encargaban de tales tareas tendrán más tiempo disponible, pudiendo así entrar en el mercado laboral. Se trata de políticas como escuelas de infancia para niños de 0 a 3 años, viviendas asistidas, viviendas públicas para jóvenes, asistencia doméstica para ancianos y discapacitados, etc. De hecho, tales políticas, junto a la redefinición de las responsabilidades en el hogar y la promoción del cambio de valores en la sociedad, es el secreto de la alta tasa de actividad laboral e igualdad de género en los países nórdicos, de tradición socialdemócrata (Navarro, 2006). Otra forma es aumentar el número de empleos flexibles (lo cual no implica necesariamente una menor protección), que permitan compatibilizar trabajo y maternidad, o bien aumentar el permiso de paternidad. Como se verá más adelante, tales medidas también servirían para promover la fecundidad.

A continuación, podemos observar dos gráficos sobre estas cuestiones. El primer gráfico muestra la clara relación entre gasto público social (en términos de % del PIB) y tasa de actividad femenina. El segundo muestra la evolución de la tasa de actividad femenina en los países del sur de Europa durante los últimos 10 años, comparada con la de Suecia (que tiene la mayor tasa de la UE15).

Como se puede apreciar, la tasa de actividad femenina en España ha subido desde la crisis, especialmente los primeros años. Es necesario seguir tal tendencia a aumentar la tasa de actividad femenina, y ejemplos como el de Suecia muestran que todavía hay mucho camino por recorrer en este sentido.

2. Favorecer la llegada de inmigrantes. Al fin y al cabo, es una manera directa y efectiva de aumentar la población activa, y por ende las cotizaciones. En España, como es conocido, hubo una gran ola de inmigración desde principios de los 2000 hasta el estallido de la crisis, e incluso con ella el nivel de inmigrantes afiliados a la SS sólo bajó moderadamente, y de hecho en los últimos años ya está volviendo a subir, como se puede apreciar en el Gráfico 3.

No en vano, el FMI, en un informe de hace unos meses, aconsejaba a España que atrajera hasta cinco millones y medio de inmigrantes hasta 2050, algo especialmente necesario para compensar la jubilación del “baby boom”. Se han elaborado muchos estudios empíricos sobre el impacto de la inmigración sobre la economía, arguyendo la mayoría de ellos que su impacto es positivo, como resume este informe de la OCDE. Pero para lo que aquí nos interesa, lo fundamental es que la inmigración dispara el porcentaje de población en edad de trabajar del país receptor (véase Gráfico 4), compensando así gran parte del envejecimiento de la población nativa. Es por ello que se prevé que, a medida que la economía española vaya mejorando, el número de trabajadores extranjeros crezca de nuevo (véase Gráfico 5).

3. Aumentar la fertilidad. Ésta es, obviamente, una estrategia a largo plazo para reducir la tasa de dependencia. Promover el aumento de la fertilidad de una sociedad supone que haya más individuos disponibles en el mercado laboral en un futuro. Todo es cuestión, parece ser, de dedicar más recursos a la protección social, pues esto favorecerá que las familias tengan más recursos para mantener a sus hijos, conciliando vida familiar y laboral. De entre estas políticas, destaca la inversión en educación de niños de 0 a 3 años, es decir, en escuelas de infancia, pues tal política presenta una fuerte relación con la fertilidad (Gráfico 7). Y es que tal inversión, además de ser altamente rentable y socialmente positiva, supone más libertad para los padres, al poder compatibilizar el hecho de tener hijos con su vida laboral. Y es que, en España, una de cada cuatro mujeres españolas renuncia a tener hijos por cuestiones laborales o económicas. Como se aprecia en el siguiente gráfico, España presenta una gran diferencia entre fertilidad ideal y fertilidad efectiva, debido a las dificultades laborales y económicas existentes.

Es pues necesario emprender políticas que favorezcan la conciliación familiar y, por lo tanto, la fertilidad, posibilitando que la tasa de fecundidad efectiva se acerque a la ideal (es decir, al número de hijos que las mujeres declaran de media querer tener en un país, superior al 2,1 necesario para el reemplazo natural de la capacidad reproductiva [3] en casi todos los países de la OECD, entre ellos España).


Navarro, V. (2006). El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias. Anagrama: Barcelona.

Callao, A. & Recuenco, L. (2011). Las pensiones en España: políticas para mejorar su viabilidad. En ‘’Por un sistema de pensiones públicas sostenible’’. Fundació Campalans, 2011.

[1] Las pensiones se financian en España mediante un sistema de reparto, lo cual significa que las pensiones se financian mediante la cotización de los trabajadores a la SS, y no mediante el ahorro de los jubilados. Es por ello que el ratio de dependencia (recordemos, número de pensionistas/población activa) es tan importante.

[2] Añadiré que, como bien avisa Silvia Federici, no hay que caer en la trampa de promover tal inclusión sin promover a su vez un cambio de responsabilidades en el hogar. De lo contrario, las mujeres acabarían realizando a la práctica dos jornadas laborales.

[3] Se fija la cantidad en 2,1 porque la “tasa de reemplazo” mide en realidad el hecho de que cada mujer tenga de media 1 hija, manteniéndose así la capacidad reproductiva de la sociedad en cuestión. Y como nacen algo más de niños que de niñas, se calcula que de media una mujer debe tener ‘’2,1 hijos’’ para que uno de ellos sea niña.