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Desigualdad en tiempos de crisis

Durante estos duros ocho años de crisis – cuyo final parecemos alcanzar – los ciudadanos de este país hemos tenido que aprender día tras día qué devastadoras consecuencias conlleva un fenómeno económico de este tipo: paro, precariedad laboral, infelicidad… Pero no cabe duda de que uno de los efectos más graves que ha azotado a nuestra sociedad ha sido la desigualdad.

Con nuestra economía creciendo entorno al 3%, y con una tasa de paro que cae hasta el 18%, parece que a nivel macroeconómico estamos yendo por el buen camino (con algunos matices). Ver la luz al final del túnel y dirigirnos a ella sin titubeos es algo positivo, pero no por ello debemos de ignorar todo lo que dejamos atrás. Debemos de analizar el empobrecimiento y desigualdad de nuestra sociedad, ver qué grupos se han visto más perjudicados, y tomar medidas para paliar inmediatamente esta situación. El crecimiento económico debe de ir indudablemente ligado a una mejora social, y es en este aspecto donde tenemos los grandes desafíos a los que hacer frente.

El primer punto que deseo analizar es el Índice de Gini. Éste nos indica el grado de desigualdad de una sociedad, tomando valores que van desde el 0 (sociedad perfectamente igualitaria) hasta el 1 (sociedad completamente desigual). Es por esto por lo que lo ideal sería tener Índices de Gini bajos.

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Como podemos observar en el gráfico, España ha tenido tasas de crecimiento del Índice de Gini (es decir ha sufrido incrementos en la desigualdad) mucho mayores que países como Francia, Portugal o Alemania; situándose también por encima del Euro18 y de países que han sufrido fuertemente la crisis como Italia o Grecia.

Sin embargo, hay que analizar también a qué se debe este incremento. Como ya he mencionado, el Índice de Gini mide la desigualdad de un país, pero dicha desigualdad puede surgir por diferentes motivos: un enriquecimiento de las clases más altas (ceteris paribus), un empobrecimiento de las clases más bajas (ceteris paribus), o disgregación de la clase media (ceteris paribus). Por lo tanto, es importante ver qué variaciones en la distribución de la renta son las que han propiciado este incremento en el Índice de Gini.

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Lo que nos muestra el gráfico es cómo se distribuía el ingreso total por deciles en 2008 y cómo se distribuye ahora. Analizando solo estos datos vemos que a priori dicha distribución parece igual salvo en el caso del decil más bajo. Sin embargo, la mejor forma de obtener conclusiones es utilizando las tasas de variación.

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Como vemos, ha sido la clase baja (deciles 1 y 2) los que han sufrido fuertemente el impacto de la crisis, con reducciones en la distribución del ingreso que llegan hasta el 45% en el decil más bajo.

Por su parte, la clase media ha tenido efectos dispares en su interior. Los deciles 3 y 4, que se corresponden con la clase media-baja han experimentado ligeras caídas. Los deciles 5 y 6, no han sufrido prácticamente variación alguna con respecto a la distribución pre-crisis. Mientras que los deciles 7 y 8, que se corresponden a la clase media-alta han visto incrementada su distribución del ingreso, siendo incluso en el caso del decil 8 superior a la obtenida por las clases más altas (deciles 9 y 10).

Al analizar este gráfico es importante tener en cuenta que no estamos comparando el nivel de renta de cada decil con respecto a 2008, sino que nos centramos en ver cómo se está distribuyendo la renta. En otras palabras, estamos viendo cómo se reparte “el pastel” por cada decil, pero no si el pedazo de pastel es mayor o menor que el que había en 2008.

Vemos por tanto que esta distribución desigual de la renta, que ha afectado gravemente a las clases más bajas, pero que ha beneficiado a las clase media-alta y alta, es la que ha producido este incremento en la desigualdad del país, y por ende del Índice de Gini.

Pero, ¿a qué se debe esta fuerte vulnerabilidad de las clases más bajas? Principalmente a la dualidad en el mercado de trabajo

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El mercado laboral en España se caracteriza por tener una fuerte dualidad. Así, los contratos indefinidos tienen una protección muy alta, mientras que los contratos temporales pecan de precisamente lo contrario. Esta situación produce que, en épocas de crisis, sea más fácil el despido de los contratos temporales y no de los indefinidos; y que, por tanto, la mayor parte de trabajadores despedidos procedan de este tipo de modalidad contractual.

Lógicamente, el grueso de trabajadores con contratos temporales se corresponde a puestos de trabajo de baja cualificación, siendo estos ubicados rápidamente en los deciles más bajos de la sociedad. Por su parte, los contratos indefinidos suelen encontrarse en sectores de alta cualificación, y que, por tanto, se ubican en los deciles más altos.

Esta fuerte dualidad ha producido que, precisamente, sean estos deciles más bajos los que se vean más afectados por el desempleo, y esto, unido a la fuerte precariedad laboral existente hace que estos vean menguada considerablemente su distribución de ingresos.

Uniendo todos estos puntos (desigualdad, paro y precariedad laboral) en un mismo cóctel obtenemos una de las situaciones más preocupantes actualmente en nuestro país: el riesgo de pobreza.

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Lo que vemos en el gráfico es que, salvo Letonia, todos los países incluidos en él han visto cómo el porcentaje de su población en riesgo de pobreza ha aumentado durante la crisis. Este hecho era previsible, por lo que debemos centrarnos en 2 cuestiones:

  1. El incremento experimentado por España nos sitúa al mismo nivel que países como Lituania o Letonia en porcentaje de población en riesgo de pobreza, dato cuanto menos demoledor, especialmente si nos comparamos con países de nuestro entorno como Francia, Portugal o Italia, todos por debajo nuestra.
  2. Que las variaciones sufridas por cada país respecto a 2008 son muy dispares, situándonos como el país que más ha incrementado este dato, ligeramente por encima de Alemania, pero muy por encima de Portugal, Francia y sobre todo de Italia.

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Esto demuestra que, aunque es previsible que en épocas de crisis aumente la población en riesgo de pobreza, la intensidad con la que se ha producido este hecho es muy distinta entre los países, siendo España el más afectado.

Otro dato importante a señalar sobre este significativo incremento de la población en riesgo de pobreza es que se ha producido de forma desigual entre grupos de edad

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Observamos dos grupos muy diferenciados:

-EN PRIMER LUGAR LOS ANCIANOS Y LOS MÁS JÓVENES.
Los primeros han visto reducido significativamente su peso en la población en riesgo de pobreza respecto a 2008. El principal motivo es que, si bien es cierto que las pensiones prácticamente no han sufrido incremento alguno, la dependencia de este colectivo con el desempleo es nula. Mientras otros grupos de edad se ven afectados por el paro, los pensionistas reciben mes tras mes la pensión, al igual que en 2008. Esto, unido a la deflación experimentada, especialmente en vivienda, ha generado esta importante reducción.

Los más jóvenes, por su parte, han sufrido un incremento cercano al 2,5%, pero éste no parece del todo significativo, pues estructuralmente ya eran un grupo muy vulnerable en el año 2008, por lo que apenas han experimentado variación (al margen de la preocupación de que este dato se encuentre cercano al 30%).

– EN SEGUNDO LUGAR LA POBLACIÓN EN EDAD ACTIVA.
En su conjunto han sido los que más han sufrido este incremento, debido a su fuerte dependencia con el mercado laboral y el empleo. Sin embargo, el incremento experimentado afecta principalmente al grupo más joven dentro de este colectivo, es decir, a los que se sitúan entre los 16 y los 29 años, debido principalmente a la dificultad para acceder al mercado laboral y a la precariedad existente en los empleos que obtienen.

El “central” del colectivo también ha sufrido un importante incremento, pero por debajo del que observamos en la gente mayor de los 45 años, quienes han sufrido el desempleo, pero también una mayor dificultad para poder encontrar posteriormente un nuevo puesto de trabajo.

Es evidente que la situación social en nuestro país es, cuanto menos, delicada. No podemos dar por terminada la crisis hasta que todos estos colectivos en riesgo de pobreza vean solucionada su situación, y sin que consigamos alcanzar una sociedad menos desigual. Para ello, es necesario reforzar el Estado del bienestar desmantelado por el actual Gobierno, aumentando partidas como sanidad, educación o dependencia; así como una reforma del sistema fiscal que garantice su suficiente progresividad, y un cambio de la reforma laboral que elimine completamente la precariedad laboral que por desgracia hoy padecemos.